Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
No importa cuán lejos se haya alejado de Dios, siempre es bienvenido a volver a Él. Esa es la enseñanza de la parábola del Señor acerca del hijo pródigo, el hijo insensato que siguió un camino lleno de placeres que lo llevó a la ruina, antes de regresar a su padre y encontrar la salvación, «Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.» (Lucas 15:17-19). Cualquiera que sea su historia de distanciamiento, haga que este sea el día en que vuelva al Padre celestial.
Al igual que con cualquier pecado, el primer paso para retomar el rumbo es confesar su pecado, reconociendo que se ha alejado del Señor, «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» (1 Juan 1:9).
Luego debe arrepentirse. Si se pregunta cómo hacerlo, esto es lo que yo hago: cada mañana entrego mi vida al Señor. Durante el día, si considero que estoy yendo tras algo que va en contra de su plan, el Espíritu Santo me recuerda que no me pertenezco a mí mismo.
«¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.» (1 Corintios 6:19-20)
En el pasaje de hoy, Pedro nos advierte que debemos estar en guardia contra actitudes e ideologías que nos alejen de la verdad (2 Pedro 3.17). En vez de eso, elija remar su bote salvavidas en la dirección del Señor, meditando en la Biblia, al orar y vivir en obediencia. La práctica de estas disciplinas espirituales mantiene nuestro interés en Dios.
Lee, Medita y Aplica!