Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,
¿Cómo practicar la moralidad en una sociedad amoral e inmoral? Cuando las costumbres del mundo parecen ser tan fuertes, puede que nos sintamos incapaces de oponernos a ellas, pero eso no es lo que la Biblia enseña. Por medio de Cristo, usted tiene todo lo que necesita para vivir en santidad.
Pero si sigue una y otra vez sus propios deseos, en un momento de tentación dejará de obedecer a Dios.
El momento para detener el pecado no es el momento del acto, sino cuando se tiene el deseo del mismo. La Biblia dice que nuestro viejo yo ha sido crucificado con Cristo, y que debemos considerarnos muertos a los malos deseos, «sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.» (Romanos 6:6).
El pecado una vez tuvo dominio sobre nosotros, pero Jesucristo ha roto su poder y nos ha liberado. Ahora tenemos un nuevo yo creado a su imagen, «No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,» (Colosenses 3:9-10).
En vez de ceder a los deseos pecaminosos, hemos de responder a las tentaciones basados en quiénes somos en Cristo. El pecado ya no va con nosotros, porque somos nuevas creaciones con el poder de Dios a nuestra disposición. Eso significa que ahora podemos resistir los malos deseos y tomar decisiones que honren a Dios.
Comience hoy mismo a reflexionar en cuanto al poder de Cristo dentro de usted, y confíe en que Él le protegerá contra pecados futuros.
Lee, Medita y Aplica!