Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
La mayoría queremos paz en nuestro corazón, en nuestras relaciones y en el mundo. Pero la esfera más importante de la paz es con Dios. Sin ella, estamos perdidos. Cuando Adán y Eva pecaron, se levantó una barrera entre la humanidad y el Creador. La armonía que había existido anteriormente entre Dios y el hombre se quebrantó, y solo Dios podía restaurarla.
El costo de la reconciliación fue la horrible muerte del Hijo de Dios mientras colgaba en la cruz, para cargar con el peso del pecado de la humanidad. Ese día Jesucristo pagó el castigo por nuestras transgresiones. En el momento de su muerte, el enorme velo del templo que dividía el lugar santo del Lugar Santísimo se rasgó en dos de arriba a abajo, lo que significaba que se había logrado la reconciliación. Ahora la paz con Dios era posible.
Aunque era un instrumento de brutalidad y muerte, la cruz permanecerá para siempre como símbolo de paz. Pero la paz con Dios se da solo a quienes, por fe, reciben al Señor Jesucristo como Salvador personal, «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.» (Juan 1:12-3)
¿Qué paz más grande podría existir que la certeza de la perfecta armonía con Dios? ¿Ha recibido usted este regalo por medio de la sumisión a Jesucristo? Él te dice…»
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo