Romanos 12:13

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Compartiendo para las necesidades de los santos…

La sociedad dice que cada uno de nosotros tiene determinadas posesiones, pero Dios dice que no tenemos nada. Somos sencillamente administradores de aquello con lo que Dios nos ha bendecido. Y parte de esa responsabilidad administrativa es compartir los recursos personales con los hermanos necesitados.

El espíritu de compartir se vio de inmediato en la iglesia primitiva cuando los creyentes después de Pentecostés “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones… [y] todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hechos 2:42, 44); vea también, «Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos;» (1 Timoteo 6:18). Pídale al Señor que lo ayude a demostrar ese mismo espíritu de compartir. 

Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado. (Proverbios 11:24-25). 

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Salmo 18:30-32

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En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino;

A la gente le gusta sentir que tiene el control de su tiempo, lo cual puede causar frustración cuando las cosas no salen de acuerdo a lo planeado. Sin embargo, quien desee caminar en obediencia a Dios debe cooperar con el plan que Él ha dispuesto.

Considere cómo ora. Sin darse cuenta, es posible que esté exigiendo que el Señor siga el plan que usted ha diseñado según su entendimiento humano tan limitado. No obstante, si creemos que Dios es quien dice ser, ¿cómo no nos será de provecho rendirnos a su voluntad?

A diferencia de nosotros, el Señor tiene un conocimiento total sobre nuestro mundo y de los detalles de cada vida individual, pasada, presente y futura. Él entiende cada motivo, mientras que nosotros no somos capaces de juzgar con precisión ni siquiera nuestras propias intenciones. Dios también actúa movido por el amor que siente por su pueblo y le da respuesta a cada necesidad en el momento preciso.

Someterse al plan de Dios requiere fe y valentía. Crea en la bondad de su corazón y en sus planes, y tome la decisión de esperar hasta que Él le haga avanzar. Luego, a medida que siga su plan, experimentará el gozo de ver una manifestación de su gloria maravillosa.

«¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (Romanos 11:33).

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Hebreos 11:24-27

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Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.

Moisés fue un líder importante del pueblo hebreo, y muchos lo consideran un héroe del Antiguo Testamento. Fue llamado a hacer grandes cosas con la ayuda del Señor, y se encontró con la presencia del Todopoderoso de manera personal. Pero todas sus asombrosas hazañas fueron posibles solo por su fe.

El pasaje de hoy es parte de lo que se conoce como el “Salón de la fe” de la Biblia. Los mencionados en este capítulo le creyeron a Dios y demostraron su confianza con la acción obediente. Santiago 2.14 dice que toda fe genuina resulta en acción, y eso también es cierto para nosotros.

«Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?» (Santiago 2:14)

Andar por fe no significa que estemos en un camino fácil. Puede implicar dificultades e incluso persecuciones. Pero cuando nos mantenemos fieles al Señor a pesar de todo, nuestra fe demuestra ser genuina y nos volvemos más semejantes a Cristo.

¿Está usted dispuesto a confiar en el poder de Dios en su debilidad? ¿Cree que Él le dará poder para mantenerse firme si enfrenta la adversidad? El Señor responde a la fe al capacitarnos para soportar las dificultades, demostrando su poder en nuestra debilidad, y dándonos satisfacción y gozo en medio del sufrimiento.

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1 Pedro 3:16-17

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Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

La conciencia acusa o excusa, obrando como fuente de convicción o afirmación. Una buena conciencia no acusa a un creyente de pecado porque está llevando una vida de santidad. Más bien, una buena conciencia confirma que todo anda bien, mientras que una mala conciencia indica pecado.

Un creyente debe vivir con la conciencia tranquila para que el peso de la culpa no lo abrume cuando se enfrenta a la crítica hostil. Sin embargo, si no tiene pasión por hacer el bien y servir a Cristo, conocerá el tremendo peso del merecido sentido de culpa. Una conciencia manchada no puede estar tranquila ni soportar el ataque furioso de las pruebas. Pero una conciencia tranquila lo ayudará a no estar ansioso ni atribulado durante sus pruebas. 

«Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.» (2 Pedro 1:8).

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Lucas 23:34-35

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Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.

Jesús no amenazaba a pesar del increíble sufrimiento, no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; «quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;» (1 Pedro 2:22). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, Santo e Inmaculado, con el Poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.

Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien les ofreció el perdón. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento.

Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 Pedro 3:17-18)

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Juan 3:16

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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Nueva vida en Jesucristo:

¿Dónde pasaré la eternidad? ¿Qué sucederá después de que mi vida termine? ¿Hay alguna esperanza para la humanidad? Estos son temas extremadamente importantes y Dios tiene una respuesta para ellos. ¡Él nos ama tanto que dio a su Hijo Jesús para que nos salvara y nos diera la oportunidad de disfrutar de una vida abundante y la eternidad con Él!

Sin embargo, para salvarnos, Dios primero tuvo que tratar con nuestros pecados. Los pecados son las decisiones equivocadas que nos separan de Dios, y todos nosotros tomamos decisiones así. ¿Alguna vez ha dicho una mentira o recogido algo que no es suyo? ¿Alguna vez ha mirado a alguien con lujuria o actuado con motivos egoístas? Cualquier persona honesta admitirá que ya cometió pecado.

La cuestión es que, cada vez que elegimos al pecado, elegimos la separación de Dios. Él es absolutamente Santo y Bueno. No hay ninguna maldad en Él y Él nunca aceptará el pecado, «Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable…» (Números 14:18). Como es imposible que alguien pueda vivir las normas de perfección de Dios, necesitamos desesperadamente la salvación y el nuevo nacimiento que Jesús vino a traer.

Un día, un líder respetado llamado Nicodemo vino a ver a Jesús con muchas preguntas intrigantes. Jesús le dijo claramente: «…De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.» (Juan 3:3).

Nicodemo pensó que estaba bien con Dios porque era una persona religiosa y buena, pero Jesús dejó claro que nadie puede ser salvo por su religión o buenas obras. ¡Quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios!

Nicodemo estaba perplejo por la respuesta de Jesús. ¿Cómo puede alguien nacer de nuevo? Jesús explicó que no se refería a un nuevo nacimiento físico, sino espiritual: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.» (Juan 3:6).

El evangelio de Juan explica que cuando ponemos nuestra fe en Jesús, Dios nos da poder para nacer de nuevo en nuestro espíritu y nos volvemos hijos de Dios, concebidos por la voluntad de nuestro Padre Celestial; «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.» (Juan 1:12-13). ¡Simplemente maravilloso! Sólo a Dios la Gloria por siempre. 

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Isaías 8:12-13

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Ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.

En la época del profeta Isaías, Acaz rey de Judá se enfrentó a una crisis en la inminente invasión del ejército asirio. Cuando Acaz se negó a hacer alianza con los reyes de Israel y Siria contra Asiria, estos también amenazaron con invadir Judá. Entre bastidores Acaz se había aliado con Asiria. Isaías advirtió a Acaz contra esa alianza impía, pero le dijo que no temiera. El rey solamente debía temer al Señor.

En igual sentido, un cristiano no ha de estremecerse por ninguna hostilidad que lo amenace. El temor al Señor lo ayudará a afrontar con valor la oposición y a ver el sufrimiento como una oportunidad de bendiciones espirituales, no como una oportunidad de comprometer su fe delante del mundo que cree.

Consagrarse al Señor ante la persecución exige que la mente y los afectos se concentren en los valores eternos, no en los terrenales. Si usted se preocupa por los bienes, los placeres y la popularidad, temerá los ataques del enemigo. Pero si tiene puesta su mirada en el cielo, se regocijará cuando tenga que pasar por pruebas.

«Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.» (Romanos 8:18).

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Juan 11:3-6

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Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.

La decepción es una respuesta emocional ante los objetivos y deseos frustrados. A veces, es el resultado de circunstancias fuera de nuestro control, pero cuando otros están involucrados es fácil culparlos por la situación. Incluso podríamos perder la fe en la persona que creemos que nos defraudó.

Marta y María podrían estar de acuerdo con esto. El Evangelio de Juan nos dice que Cristo amaba a Marta, María y Lázaro. Debido a esto, esperaban que viniera de inmediato después de enterarse de que Lázaro estaba enfermo. Pero el Señor no vino sino hasta después de la muerte de Lázaro.

Nosotros somos, a menudo, como Marta y María. Oramos para que Dios intervenga en una situación de la manera que deseamos. Pero si no lo hace, nos quedamos perplejos y decepcionados de Él. Ahora bien, tal vez no expresamos estos sentimientos, pero nos sentimos defraudados.

El pasaje de hoy nos recuerda que el Señor tiene propósitos más elevados de lo que nosotros somos capaces de percibir. No deje que su decepción moldee su visión de Dios. En vez de eso, confíe en la verdad: Que el amor de Dios por usted nunca falla y que Él dispone todos los acontecimientos de su vida para la gloria de Él y el mayor beneficio para usted. Cuando se sienta decepcionado, la mejor respuesta es confiar en Él.

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Romanos 8:28

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Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.¿Alguna vez ha consolado a alguien que estaba pasando por momentos difíciles, recordándole la maravillosa verdad de Romanos 8.28? La mayoría de nosotros citamos este versículo para animar a los demás, pero ¿con qué frecuencia lo aplicamos a nuestra vida? ¿Qué sucede cuando somos nosotros quienes estamos pasando por un momento difícil de la vida?

No es lo mismo proclamar la fe en las verdades y las promesas de la Biblia, que aplicarlas a nuestra vida en medio de tiempos difíciles. Una cosa es conocer las Sagradas Escrituras, y otra es vivir por fe. Por tanto, las decepciones son grandes oportunidades para poner nuestra fe en acción. Dado que Dios siempre las permite para nuestro beneficio, en realidad son una evidencia de que Él nos ama. Nuestro Padre celestial usa las dificultades para hacernos más como Cristo.

Podemos sacar provecho de las circunstancias difíciles al crecer en fe, sabiduría, comprensión del carácter del Señor y en el conocimiento de Él. Aunque es posible que lo mejor de Dios no resulte ser lo que esperábamos o queríamos, Él ha prometido hacer que todo obre para nuestro bien. Es útil recordar que Él está más interesado en el valor eterno de nuestro crecimiento espiritual, que en nuestro alivio temporal de las dificultades.

«Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.» (Romanos 8:18).

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Salmo 92:4-5

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Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras; En las obras de tus manos me gozo. ¡Cuán grandes son tus obras, oh Jehová! Muy profundos son tus pensamientos. 

¿Alguna vez se ha preguntado por qué la Biblia nos dice una y otra vez que demos gracias al Señor?

La razón principal es porque Él lo merece. Dios le creó a usted y mantiene su corazón latiendo; por tanto, tratar de reclamar su vida como propia es una ingratitud. Dios le creó para que le ame, y también sacrificó mucho para hacerle libre de su pecado. Expresar gratitud honra al Señor, al reconocer todo lo que Él ha hecho.

La mayoría de nosotros admitiría que nuestras oraciones son egocéntricas. Venimos con nuestras peticiones, pero ¿cuánto tiempo pasamos dando gracias a Dios por lo que Él ya ha hecho? El salmista en la lectura de hoy nos aconseja que comencemos y terminemos cada día enfocándonos en la misericordia y fidelidad del Señor. Incluso si las últimas 24 horas trajeron algún dolor o sufrimiento, podemos expresar agradecimiento por la presencia de Dios.

Aparte tiempo para recordar lo que el Señor ha hecho por usted y exprese agradecimiento. Sea creativo y pruebe diferentes maneras de demostrar su gratitud: cante, alabe y adore con alegría a Dios. Cuando mantenemos el enfoque en Él, su benevolencia puede sostenernos todo el día. 

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.» (1 Tesalonicenses 5:18).

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