Filipenses 4:7

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Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

El verso de hoy promete calma o tranquilidad interior al creyente que confía en Dios bajo cualquier circunstancia, que ora con actitud agradecida. 

Esa paz que “sobrepasa todo entendimiento”, se refiere a su origen divino. Trasciende el intelecto, el análisis y la agudeza de los seres humanos. Ningún consejero humano puede dársela porque es un don de Dios.

El verdadero reto de la vida cristiana no es eliminar toda circunstancia desagradable de su vida, sino confiar en el Infinito, Santo, Soberano y Poderoso Dios en medio de toda situación y circunstancias.

Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Así que comience a vivir en el plano celestial, reconozca que vive en un mundo caído, y entregue toda su carga para que Dios haga su obra perfecta. Y Él le dará su paz cuando se entregue confiado en sus manos. 

«Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio es el Dios de Jacob.» (Salmos 46:10-11).

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Juan 10:2-5

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Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

¿Qué distingue a un creyente de un no creyente? El Señor Jesús señaló que sus ovejas lo conocen, escuchan su voz y lo siguen. Son aquellas por las que murió para salvarlas, y cuando las llamó, respondieron con fe y arrepentimiento, recibiéndolo como su Señor y Pastor.

Pero escuchar la llamada de Cristo a la salvación es solo el comienzo de una vida de fe mientras Él dirige nuestros pasos. El Señor dijo a los que creían en Él: “…Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos” (Juan 8.31). Es esencial que reconozcamos su voz y rechacemos todo lo que la contradiga.

La voz de Dios se escucha a través de las Sagradas Escrituras. Por eso es vital dedicar tiempo a escucharlo a través de su Palabra. A medida que llenamos nuestra mente con las verdades bíblicas, el Espíritu las utiliza para enseñarnos, reprendernos, corregirnos e instruirnos en justicia, «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.» (2 Timoteo 3:16-17)

Cualquier cosa que usted escuche, compárela siempre con las Sagradas Escrituras para que pueda diferenciar entre la verdad de Dios y la lógica o las filosofías humanas. A medida que se familiarice con la voz de Cristo, prepárese para dejar de lado algunas de sus ideas preconcebidas, y así alinear su pensamiento con la Palabra de Dios.

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Mateo 6:33

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Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

¿Cuál es la prioridad de su vida, aquello alrededor de lo cual gira todo lo demás? Cristo nos dice que el reino y la justicia de Dios deben ser nuestro mayor objetivo. Esto no se logra mediante la pasividad; Mateo 6.33 usa la palabra “buscar”, que implica actividad y perseverancia. El reino de Dios debe ser buscado cada día, momento tras momento.

La vida en este mundo transcurre en medio de dos reinos opuestos que están en constante conflicto: uno bajo el control de Satanás, y el otro bajo el reinado de Dios. Buscar el reino del Padre celestial es someterse a su soberanía en todos los aspectos de nuestra vida. Lo más importante es la obediencia. Buscar la justicia de Dios significa cooperar con su proceso de transformarnos a la imagen de Cristo. Una parte integral de este proceso es la renovación de nuestra mente con las Sagradas Escrituras. La Palabra de Dios mantiene la perspectiva y las instrucciones del Padre celestial frescas en nuestro pensamiento.

Tome un momento para evaluar quién o qué domina sus pensamientos y afectos: ¿En qué invierte su tiempo y su dinero? ¿Qué deseos gobiernan sus decisiones? Hacer que Cristo sea la máxima prioridad requiere sumisión a Dios, obediencia a su Palabra y confianza en sus caminos. Él promete suplir todo lo que usted necesite para alcanzar ese objetivo, «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:19).

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Santiago 1:10

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..pPero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.

Los cristianos que no tienen que pasar por las pruebas de la vida relacionadas con la pobreza pueden regocijarse en su “humillación”, como señala el verso de hoy. Cuando las pruebas que sufren los ayudan a comprender que sus posesiones no pueden dar la verdadera felicidad ni el contentamiento, entenderán que dependen de las verdaderas riquezas de la gracia de Dios. El cristiano rico puede regocijarse cuando sabe que las bendiciones materiales son solo temporales y que las riquezas espirituales son eternas.

Las pruebas humillan a todos los creyentes al mismo nivel de dependencia de Dios. El dinero no saca a las personas de sus problemas, aunque pudiera resolver algunos problemitas económicos. Cuando se pierde a una hija, a un hijo, a una esposa o a un esposo, no importa cuánto dinero se tenga. Ninguna cantidad va a sacarlo a uno de semejante prueba.

Seamos pobres o ricos, sufrimos pruebas para que nos ayuden a reconocer humildemente que nuestros recursos están en Dios.

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Romanos 12:9

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…Aborreced lo malo, seguid lo bueno.

Como siervo de Jesucristo, Dios quiere que usted se comprometa con todo lo bueno, con todo lo que sea justo y digno. Esa tarea requiere el uso de discernimiento. Con la ayuda de Dios y su Palabra, usted debe evaluar todo con cuidado y decidir qué debe rechazar y qué debe seguir, «Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.» (1 Tesalonicenses 5:21-22).

A medida que se aparta de las cosas del mundo, (entiéndase el sistema anti-Dios, anti-valores, los cuáles penetran por: “…los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida…“ (1 Juan 2:16), y en cambio se llena y satura de las Escrituras, lo que es bueno irá sustituyendo lo que es malo. Entonces usted hará realidad el mensaje de Pablo a los creyentes de Roma: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romano 12:2)

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Salmo 121:1-5

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¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha.

El pasaje de hoy es uno de los salmos que cantaban los judíos mientras viajaban a Jerusalén para celebrar las fiestas del Señor. Aunque había muchos peligros en el camino, entendían que la ayuda no vendría de nadie más que del Señor.

¿Se pregunta usted qué peligros le acechan en el futuro? Solo Dios sabe lo que encontraremos, y nos asegura que, como Él es nuestro guardador, no tenemos nada que temer. El Señor nunca duerme y siempre está atento a nuestros clamores de ayuda, incluso cuando no podamos sentir su presencia.

Nuestro amoroso Padre celestial nos cuida físicamente mientras guía y guarda nuestro camino, pero su prioridad es siempre nuestro bienestar espiritual. Él vela nuestros pasos y nos proporciona todo lo que necesitamos para no pecar. El Espíritu Santo de Dios nos dirige y capacita, y su Palabra ilumina nuestro camino para que no resbalemos. Es más, Él ha proporcionado un medio de escape para cada tentación, para que podamos soportarla y permanecer fieles, «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.» (1 Corintios 10:13).

Los cristianos somos transeúntes que pasamos por esta Tierra para llegar a nuestro hogar celestial. ¡Qué consuelo es saber que el Señor guardará nuestros pasos “…desde ahora y para siempre” (Salmo 121.8).

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Salmo 17:6-8

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Yo te he invocado, por cuanto tú me oirás, oh Dios; inclina a mí tu oído, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias, tú que salvas a los que se refugian a tu diestra, de los que se levantan contra ellos. Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas,

Todos pasamos por problemas. Ya sea una crisis económica o de salud, o algún trauma, todos pasaremos por dificultades en algún momento. Como creyentes, nuestro primer impulso debería ser orar, y la manera como lo hacemos es importante.

Nuestras conversaciones con Dios se centran a menudo en problemas; sin embargo, muchos hombres y mujeres del Antiguo Testamento no se dedicaban a presentarle al Señor una lista de dificultades, sino que acompañaban sus peticiones con adoración. Por ejemplo, en el pasaje de hoy David alaba a Dios por su protección, incluso cuando implora refugio. Saldremos de nuestro tiempo de oración con vigor y confianza si, en vez de concentrarnos en nuestra dificultad, reconocemos la capacidad de Dios para manejar lo que se nos presente.

Otra manera de afrontar los retos es invitando a otros a apoyarnos en oración. Esto requiere valentía, en especial para quienes son reservados. Pero puede ser una experiencia fortalecedora y alentadora escuchar a otra persona interceder por nosotros. Además, Dios puede proporcionar una solución a través de uno de nuestros compañeros de oración.

Nuestro Padre celestial siempre está dispuesto a ayudarnos. Podemos estar seguros de que Él nos mostrará cómo enfrentar nuestras dificultades, ya sea a través de otra persona, de su Palabra o de su voz en nuestro corazón. 

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1 Corintios 6:19-20

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¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Tendemos a separar nuestra vida espiritual de nuestra vida física, pero eso no es lo que Dios dispuso. Aquel que creó a cada uno de nosotros le da un gran valor a nuestro ser físico, «Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre.» (Salmos 139:13). El cuerpo humano es una obra maestra que nuestro Creador ha confiado a nuestro cuidado. Y como con cualquier otro recurso, espera que seamos administradores prudentes.

La primera carta de Pablo a los corintios aborda algunos de los aspectos negativos por los que era conocida su ciudad. La gente de la iglesia había estado participando en prácticas repugnantes, entre ellas la inmoralidad sexual y la gula, «De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.» (1 Corintios 5:1 1), «Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga.» (1 Corintios 11:21). Consideraban que este comportamiento estaba separado de su vida espiritual, como si pudieran hacer lo que quisieran con sus cuerpos y aún así ser considerados “buenos cristianos”.

Pero el cuerpo y el espíritu son uno. En 1 Corintios 6.19, Pablo pregunta: “¿Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros?”. El apóstol nos recuerda que el Espíritu Santo de Dios ha venido a morar en cada creyente. Si ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, entonces su Espíritu vive en usted, y su cuerpo se ha convertido en un testimonio andante. ¿Qué dice su ser físico acerca de su caminar con Cristo?

«No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.» (Romanos 6:12-13).

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Hebreos 6:10

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Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

En su gracia, Dios da salvación a quienes ponen su fe en Cristo. No podemos ganarla, ni la merecemos. Sin embargo, nuestro Padre está al tanto de si vivimos de acuerdo a su voluntad, y promete recompensarnos de acuerdo con lo que hayamos hecho por Él.

Apocalipsis 22.12 dice: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”. Ya sea grande o pequeño, el servicio hecho en el nombre de Cristo será bendecido. Pero debemos asegurarnos de que nuestras acciones sean para la gloria de Dios. Si los motivos son egocéntricos, el único beneficio que recibiremos es la alabanza (si la hay) que escucharemos de las personas en esta vida.

Aunque esperamos con ansias las recompensas que se darán en el cielo, algunas bendiciones se pueden experimentar ahora. Por ejemplo, hay una gran alegría al permitir que Dios bendiga a otras personas por medio de nosotros. Además, se tiene un sentimiento profundo de satisfacción cuando llevamos a una persona a Cristo y la enseñamos a caminar por fe.

Servir a los demás es una gran bendición y responsabilidad. Debemos considerar en oración nuestros motivos para asegurarnos de que nuestro objetivo sea glorificar a Dios. Solo entonces recibiremos las bendiciones de Dios, recompensas que se darán no solo en la eternidad, sino también en la Tierra.

«No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.» (Gálatas 6:9-10).

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Salmo 62:5-8

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Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; Derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.

¿Ha prestado atención a toda la inestabilidad de nuestro mundo actual? Hay mucho que temer si solo confiamos en nosotros mismos y en las otras personas. Pero Dios es nuestro protector, y cuando corremos hacia Él, podemos sentir paz en medio de la incertidumbre. Si Él es nuestra Roca, entonces no seremos sacudidos por los sucesos de este mundo ni los de nuestra vida.

El Señor es capaz de protegernos en tiempos de peligro. No importa dónde se originen los problemas —con otros, con circunstancias externas o con nuestras propias acciones— podemos encontrarnos en peligro y con miedo, pero tenemos a nuestro Dios amoroso, quien nos ofrece seguridad.

Ahora bien, eso no significa que el Señor nos librará de todos los problemas, sino que caminará con nosotros en medio de cada circunstancia dolorosa, «…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.» (Mateo 28:20). Mientras derramamos nuestro corazón a Dios y dejamos que su Palabra nos traiga consuelo, el Padre celestial renovará nuestra mente, calmará nuestros temores y fortalecerá nuestra confianza en Él.

¿Se refugia usted en Dios cuando las circunstancias son aterradoras, o cuando ve las noticias o navega por la web en busca de esperanza y consuelo? El mundo no puede proporcionar la ayuda que usted busca. Solo cuando el Señor sea su fortaleza se mantendrá firme.

«Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.» (Salmos 121:1-2).

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