El salto de Jimenoa

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¡Cabellera de los siglos:

destrenzada en una salvaje cólera de espumas!

¡Que en un prisma del iris,

matizada, soberbiamente tu coraje empinas!

-Tras los cielos de brumas-

mientras dejas correr tranquilamente,

con el zigzag de una serpiente

tus sinfónicas aguas cristalinas.

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera iluminada, tal como si fuera

barnizada en sus rostros vagabundos,

que la mañana dora,

con la sangre divina de los astros

y el oro enrojecido de la aurora!

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Hirsuta, como el sinuoso doblez de una viruta

arrancada del pecho de un diamante!

Y colgada después

sobre la cresta inaccesible,

colosal, enhiesta de un altivo peñón,

donde los pinos ¡tus cantores hermanos!

se alargan en un ansia delirante

como brazos humanos,

florecidos de pájaros y trinos.

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera que te descuelgas airadamente

fiera sobre un hombro colosal de rocas vivas!

Para caer pesadamente,

en un diluvio de gotas fugitivas

que te nimban la frente.

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera que al aire flotas

igual que en una bandera!

Cuando de ti se eleva como un canto

la divina soberbia del paisaje:

eres entonces toda como un manto,

bordado en la blancura de un encaje.

Y desde tu andamiaje de basalto,

cayendo eternamente de lo alto, ruges, ruges.

Y tu rugir retumba profundamente lejos,

como una catedral que se derrumba,

entre una hecatombe de reflejos.

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera: que si el hombre quisiera

se la enroscara al cuello a una turbina!

Para trocar en realidad potente

la maravilla de las maravillas: el Jimenoa

con su voz rugiente ¡dándole luz

a todas las Antillas!

Franklin Mieses Burgos. República Dominicana (1907-1976)

1 Pedro 4:8

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Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. 

Los cristianos debemos amar hasta más no poder, que incluye el cubrir “multitud de pecados”. Se debe afrontar el pecado pero también se debe perdonar. Eso es lo que implica “cubrir”. Debemos poner una frazada sobre el pecado pasado ya resuelto.

Examínese. ¿Le guarda rencor a alguien? Si lo hace, recuerde que Jesucristo le perdonó a usted, y de esa manera debe perdonar, el mandato divino es muy claro, medite lo siguiente; «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» (Colosenses 3:13). Su incapacidad para perdonar contradice su amor. Y si la falta de perdón es característica de su vida, tal vez usted no sea cristiano.

Inevitablemente, los que tienen un gran sentido del perdón están dispuestos a perdonar a los demás. Las personas que saben que se les ha perdonado mucho pueden perdonar mucho. Espero que eso le suceda a usted. 

«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.» (Mateo 6:14-15).

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1 Corintios 2:12-14

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Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Dios llama a sus hijos a vivir en santidad. No obstante, en nuestros intentos por obedecer este mandamiento, a menudo nos comprometemos a cambiar nuestra conducta, solo para fracasar unos días después. El problema es que empezamos en el punto equivocado.

Las acciones impías fluyen de pensamientos y actitudes pecaminosas, tales como egoísmo, codicia, celos, ira y resentimiento. Estos pueden ser cambiados solo cuando nuestra mente es renovada por el Espíritu Santo. Cuando pasamos tiempo cada día en las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo transforma nuestra mente y fortalece nuestro ser interior. Pero cuando descuidamos la Palabra de Dios, nos abandonamos a la influencia del mundo y de nuestra “carne”, que se oponen a la vida piadosa. Entonces, si tratamos de cambiar nuestro comportamiento sin ajustar nuestro pensamiento, nos encontraremos haciendo justo lo que queremos evitar, «Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.» (Romanos 7:15).

La santidad, en cambio, abarca todo nuestro ser, por lo que Cristo dijo que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas, «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.»(Marcos 12:30). Es un proceso que dura toda la vida y que requiere guardar y adoptar los pensamientos de Dios. Entonces, en la medida en que el Espíritu Santo desarrolle en nosotros la mente de Cristo, nuestras acciones serán más santas.

«sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.» (1 Pedro 1:15-16).

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El gato, el lagarto y el grillo

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Ello es que hay animales muy científicos

en curarse con varios específicos,

y en conservar su construcción orgánica

como hábiles que son en la botánica,

pues conocen las hierbas diuréticas,

catárticas, narcóticas, eméticas,

febrífugas, estíplicas, prolíficas,

cefálicas también y sudoríficas.

*

En esto era tan práctico y teórico

un gato pedantísimo, retórico,

que hablaba en un estilo tan enfático

como el más estirado catedrático.

Yendo a caza de plantas salutíferas,

dijo a un lagarto: ¡qué ansias tan mortíferas!

*

Quiero, por mis turgentes semihidrópicas,

chupar el zumo de hojas heliotrópicas.

*

Atónito el lagarto con lo exótico

de todo aquel preámbulo estrambótico,

no entendió más la frase macarrónica

que si le hablasen lengua babilónica.

Pero notó que el charlatán ridículo

de hojas de girasol llenó el ventrículo,

y le dijo, ya en fin: 

-Señor hidrópico,

he entendido lo que es zumo heliotrópico.

*

¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo,

aunque se fue en ayunas del catálogo

de términos tan raros y magníficos,

hizo del gato elogios honoríficos!

*

Sí, que hay quien tiene la hinchazón por mérito,

y el hablar liso y llano por demérito.

Mas ya que esos amantes de hiperbólicas

cláusulas y metáforas diabólicas,

de retumbantes voces el depósito

apuran, aunque salga un despropósito,

caiga sobre su estilo problemático

este apólogo esdrújulo enigmático.

Tomás de Iriarte. España (1750-1791)

1 Timoteo 6:7-9

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Porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición

Todos necesitamos cierta cantidad de dinero para satisfacer las necesidades básicas, como la comida, la vivienda y el vestido. Pero son pocas las personas que se conforman con lo más esencial. Muchos de nosotros hemos sido bendecidos con mucho más de lo que necesitamos, gracias a Dios, «A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.» (1 Timoteo 6:17). Sin embargo, debemos evitar que nuestros corazones, mentes y esperanzas concentren su atención en las posesiones terrenales y no en el Señor. «porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.» (1 Timoteo 6:10)

Ganar dinero para mantener el estilo de vida que deseamos puede parecer una idea razonable, pero vivir para maximizar el poder adquisitivo es una filosofía egocéntrica, no centrada en Dios. Mientras que el mundo aboga por acumular más riquezas, el Señor nos instruye para que hagamos el bien con nuestro dinero y lo compartamos con los demás.

En vez de centrarnos en cuánto podemos conservar, es mejor pensar en cuánto podemos dar. Dios ha prometido suplir nuestras necesidades, «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.«(Filipenses 4:19), pero se complace en ver a sus hijos compartiendo con alegría lo que Él les ha dado, «Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.» (2 Corintios 9:6-7).

Para el hombre natural, negarse a sí mismo y tener menos dinero parece ilógico. Pero para los hijos de Dios ocurre lo contrario. Cuanto más obedezcamos su dirección en cuanto a la administración del dinero, mayor será nuestra satisfacción y sensación de seguridad.

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Proverbios 11:24-25

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Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.

Dios es el dador supremo, y por gratitud debemos imitarlo. Cuando Él nos proporciona bienes y riqueza material, nos convertimos en canales a través de los cuales Él bendice a otros y lleva a cabo su obra en este mundo. Convertirse en una persona generosa comienza con la mentalidad bíblica:

    ■ Recuerde la bondad y el amor de nuestro Padre celestial, que lo llevó a enviar a su Hijo a morir en nuestro lugar. Lo hizo para proporcionarnos la riqueza de la vida eterna.

    ■ Reconozca que Dios es el dueño de todo lo que existe, y que todo lo que tenemos proviene de Él.

    ■ Deje de aferrarse a la prosperidad material. Así que, comparta con generosidad y confíe en que el Señor proveerá para todas sus necesidades.

    ■ Dese cuenta de que la Iglesia es un medio no solo para difundir el evangelio, sino también para ayudar a los necesitados y apoyar a los que sirven en la obra de Dios.

    ■ Invierta su tiempo, talento y capital en el reino de Dios.

«…Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.» (1 Crónicas 29:14).

Como seguidores de Cristo, debemos apoyar a la iglesia local y a los necesitados. Al devolver con generosidad al Señor una porción de todo lo que nos ha dado, experimentaremos alegría genuina, paz y seguridad. Estas bendiciones tienen más valor que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.

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El gusano de seda y la araña

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Trabajando un gusano su capullo,

la araña, que tejía a toda prisa,

de esta suerte le habló con falsa risa,

muy propia de su orgullo:

-¿Qué dice de mi tela el señor gusano?

Esta mañana la empecé temprano,

y ya estará acabada al mediodía.

Mire qué sutil es, mire qué bella…

El gusano, con sorna respondía:

-Usted tiene razón, así sale ella.

Tomás de Iriarte. España (1750-1791)

Isaías 45:9

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 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿qué haces?; o tu obra: ¿no tiene manos?

Hay varios pasajes de las Sagradas Escrituras que comparan a Dios con un alfarero y a nosotros con la arcilla. El Creador tiene derecho a transformar y moldear la vida de sus hijos como le parezca, y nos está conformando a la imagen de su Hijo, «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…» (Romanos 8:29). En otras palabras, nos está ayudando a no conformarnos al mundo o a ceder a nuestros antiguos deseos, «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2)

«Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.» (1 Pedro 1:14-16).

El problema surge cuando no nos gusta el proceso de moldeo. Entonces discutimos con nuestro Alfarero y nos quejamos de las dificultades y aflicciones que a veces resultan cuando Él nos moldea. Isaías 45.9 lo expresa de esta manera: “¿Dirá el barro al que lo labra: ‘Qué haces?’”. A nosotros nos corresponde al igual que la arcilla, permanecer flexibles y someternos a los propósitos del Señor, no dejar que partes de nuestra vida se endurezcan y se resistan a sus intentos de moldearnos.

Dios obrará para eliminar esos bultos duros con el fin de moldearnos como vasos que sean útiles y agradables a Él. Nuestra responsabilidad es aceptar cualquier cambio del Maestro Alfarero. Podemos hacerlo con confianza porque estamos en sus competentes, hábiles y amorosas manos. Y esa es la situación más segura y satisfactoria en la que podemos estar.

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Romanos 11:33-36

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¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

¿Qué situaciones le hacen dudar de Dios? ¿Le teme al futuro porque le parece incierto? ¿Las dificultades hacen que el Señor le parezca cruel? O tal vez sus expectativas y sueños se han derrumbado, y parece que Dios no se encuentra en ninguna parte.

Como nuestro Padre celestial es omnisciente (todo lo conoce), soberano y amoroso, tenemos todas las razones para confiar en Él, a pesar de las circunstancias.

DIOS ES INFINITAMENTE SABIO: Es posible que tengamos toda la información que sea posible recopilar desde el punto de vista humano, pero solo Dios conoce el futuro, los detalles de cada situación y qué es lo mejor para nuestra vida.

EL SEÑOR TIENE AUTORIDAD PLENA SOBRE TODO: Aunque los caminos de Dios están más allá de nuestra comprensión, podemos confiar en Él, con la seguridad de que tiene el control a la perfección conforme a su conocimiento pleno y gran amor.

EL AMOR DE DIOS ES INAGOTABLE: No importa a lo que nos enfrentamos, nada puede separarnos de su amor, que es en Cristo Jesús, “…Ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» (Romanos 8:39).

Tomemos un tiempo hoy para reflexionar acerca del amor, la sabiduría y la soberanía sin límites de Dios.

Cuando su confianza está puesta en Él, usted podrá seguir la senda que Él trace para su vida, y su corazón no se turbará, «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios…»(Juan 14:1).»

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La barca de Simón

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Tuvo Simón una barca

no más que de pescador,

y no más que como barca,

a sus hijos la dejó.

Mas ellos tanto pescaron

e hicieron tanto doblón

que ya tuvieron a menos

no mandar buque mayor.

La barca pasó a jabeque,

luego a fragata pasó;

de aquí a navío de guerra,

y asustó con su cañón.

Mas ya roto y viejo el casco

de tormentas que sufrió,

se va pudriendo en el puerto.

¡Lo que va de ayer a hoy!

Mil veces lo han carenado,

y al cabo será mejor

desecharle, y contentarnos

con la barca de Simón.

Tomás de Iriarte. España (1750-1791)