Canción del sembrador de voces

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Caminando al azar por los caminos,

por los muchos caminos distintos de la vida,

voy tirando palabras desnudas en el viento,

como quien va tirando, distraído,

semillas de naranja sobre el agua de un río.

*

Son palabras dispersas, acaso sin sentido,

palabras misteriosas que afluyen a mi boca,

cuyo origen ignoro.

*

Algunas veces pienso que es otro quien las pone

sobre mis propios labios para que yo las diga.

Y yo las digo; pero, tan displicentemente,

como quien va tirando, distraído,

semillas de naranja sobre el agua de un río.

*

La multitud que pasa me mira y se sonríe

y yo también sonrío; pero sé lo que piensa.

*

En cambio ella no sabe que yo estoy construyendo

con esas simples voces salidas de mis labios,

la estatua de mí mismo sobre el tiempo.

Franklin Mieses Burgos. República Dominicana (1907-1976)

1 Timoteo 6:6-8

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Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.

¿Necesidad o deseo?

Hay muchos pasajes en la Biblia que hablan de que Dios satisface las necesidades de su pueblo, pero debemos tener cuidado de interpretarlas de manera correcta. Es importante entender la diferencia entre necesidades y deseos. Una necesidad es algo esencial, según la voluntad del Padre para nuestra vida. Pero un deseo es algo que queremos para nosotros o para otros, y a menudo se basa en la expectativa del placer, el bienestar o la comodidad.

No tiene nada de malo desear algo, siempre y cuando dicho deseo esté dentro de la voluntad de Dios. Después de todo, nuestro Padre celestial “…nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6.17). Pero Él nunca promete conceder todos nuestros deseos. Por tanto, no recibir lo que queremos no es un indicador de que el Señor no sea fiel. Pero sí promete satisfacer todas nuestras necesidades.

En definitiva, se requieren dos cosas para enfrentar los tiempos de necesidad: contentamiento en cada circunstancia y dependencia de Jesucristo para ser fortalecidos. Es lo que el apóstol Pablo dijo e hizo; «Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:12-13). Comience cada día pidiéndole al Señor que le provea lo que Él considere necesario; luego pida por sus deseos. Deje que el Señor determine lo que es mejor en ambas categorías, y alégrese por lo que Él decida.

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Salmo 105:17-19

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Envió un varón delante de ellos; A José, que fue vendido por siervo. Afligieron sus pies con grillos; En cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su Palabra, El dicho de Jehová le probó.

¿Alguna vez se ha adelantado al final de una historia, porque deseaba saber cómo terminaría? Esto es lo mismo que, a menudo, anhelamos hacer en nuestra vida, sobre todo en tiempos difíciles. Queremos saber cuándo acabarán nuestros problemas. Pero solo Dios conoce el futuro, así que debemos aprender a confiar en Él mientras tanto.

Es posible que José deseara poder echarle un vistazo al futuro para saber cuándo las cosas en su vida mejorarían. Entre el odio de sus hermanos que lo vendieron como esclavo, la ira y las mentiras de la esposa de su amo, y el encarcelamiento que lo dejó languideciendo, a José le habría sido fácil perder la esperanza. Esos trece años de su vida debieron haberle parecido una eternidad.

Aunque José no podía ver el futuro, el Padre celestial estuvo con él en cada paso del camino. Y al final de tantos años de dificultades, proclamó que había aprendido que “…Dios lo encaminó a bien…” (Génesis 50.20).

No podemos evitar las experiencias duras. Pero saber que Dios está con nosotros y que su propósito es bueno, nos da la esperanza necesaria para soportar las dificultades con paz.

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» (Romanos 8:28).

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Primera evasión

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Lo redondo es un ángel caído en el vacío

de su propio universo,

donde la oscura voz de su verdad resuena

llena de eternidad cerrada y de infinito.

*

Lo redondo es un río que sale y que torna

de nuevo hacia sí mismo, hacia la hueca nada

donde su ser gravita.

*

Por su forma la lengua de Dios está explicando

su gracia preferida,

la imagen con que muestra la sombra de su rostro

desnuda sobre el mundo.

¿No es su ley la que esculpe la manzana del orbe,

el anillo que muerde el pedestal del árbol,

la cabeza del hombre?

*

Lo redondo es un ángel cautivo que no sueña,

que no se translimita de su cerrado cielo;

un ángel prisionero

que está sujeto a Dios como un objeto más

de amor entre sus dedos.

Franklin Mieses Burgos. República Dominicana (1907-1976)

Mateo 28:18-20

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Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Si usted busca la palabra tocar en una concordancia bíblica, descubrirá que en muchos casos involucra al Señor Jesús. A lo largo de los evangelios, las personas fueron sanadas de enfermedades, dolencias y discapacidades cuando el Señor las tocó. Pero su toque iba más allá de lo físico y alcanzaba sus necesidades espirituales.

«El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;» (Lucas 4:18)

Hoy en día, vemos con frecuencia la palabra «tocar: en el contexto de escándalo, indecoro o inmoralidad. Sin embargo, el ministerio requiere de manos que se extiendan para ayudar y servir mientras proclamamos la buena nueva de Cristo. Tocamos vidas no solo hablando a los demás del Señor Jesucristo, sino también demostrándoles amor y compasión genuinos.

Nuestros corazones, nuestros labios y nuestras manos deben funcionar juntos para cumplir la misión de la Iglesia de cambiar al mundo. Cuando nos unimos como un Cuerpo de creyentes, impactamos vidas por medio del poder de la oración, el ministerio de la Palabra, el discipulado y el compañerismo. Todo ello es necesario cuando la Iglesia llama a los perdidos a la salvación y equipa a los creyentes para el trabajo de servir.

El Señor Jesús tocaba las vidas y, como sus seguidores, nosotros debemos hacer lo mismo. ¿Cómo podría Dios tocar un corazón por medio de usted hoy?

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Filipenses 4:7-8

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Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

La mayoría de nosotros sabemos que en el momento de la salvación, nuestros pecados son perdonados y Dios nos da la vida eterna. Pero hay mucho más que acompaña a nuestra redención: recibimos una nueva naturaleza, poder sobre el pecado y una mente renovada. Pero estas cualidades requieren ser cultivadas, lo cual se produce mediante el conocimiento de las Sagradas Escrituras y la obediencia al Espíritu Santo.

Es una buena idea evaluar cada cierto tiempo si nuestra mentalidad, actitudes y comportamiento están en línea con el carácter de Dios y su Palabra. Además, debemos tomar nota de lo que absorbe nuestra atención. No es saludable sobrecargar nuestra mente con información de los medios de comunicación o entretenimientos que no reflejan los valores de Dios. La exposición frecuente a tales mensajes puede producir ansiedad, descontento e ingratitud.

Pablo nos exhorta a fijarnos en todo lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre, virtuoso y digno de alabanza. Con la ayuda del Espíritu Santo, podemos filtrar nuestros pensamientos a través de esta lista.

Por tanto, hágase esta pregunta: ¿Qué llena mi mente? y dé prioridad a dichas categorías. En la medida en que sus pensamientos se alineen con los de Cristo, comenzará a reconocer lo que es correcto, bueno y sabio, y su vida será un reflejo de Él.

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El salto de Jimenoa

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¡Cabellera de los siglos:

destrenzada en una salvaje cólera de espumas!

¡Que en un prisma del iris,

matizada, soberbiamente tu coraje empinas!

-Tras los cielos de brumas-

mientras dejas correr tranquilamente,

con el zigzag de una serpiente

tus sinfónicas aguas cristalinas.

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera iluminada, tal como si fuera

barnizada en sus rostros vagabundos,

que la mañana dora,

con la sangre divina de los astros

y el oro enrojecido de la aurora!

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Hirsuta, como el sinuoso doblez de una viruta

arrancada del pecho de un diamante!

Y colgada después

sobre la cresta inaccesible,

colosal, enhiesta de un altivo peñón,

donde los pinos ¡tus cantores hermanos!

se alargan en un ansia delirante

como brazos humanos,

florecidos de pájaros y trinos.

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera que te descuelgas airadamente

fiera sobre un hombro colosal de rocas vivas!

Para caer pesadamente,

en un diluvio de gotas fugitivas

que te nimban la frente.

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera que al aire flotas

igual que en una bandera!

Cuando de ti se eleva como un canto

la divina soberbia del paisaje:

eres entonces toda como un manto,

bordado en la blancura de un encaje.

Y desde tu andamiaje de basalto,

cayendo eternamente de lo alto, ruges, ruges.

Y tu rugir retumba profundamente lejos,

como una catedral que se derrumba,

entre una hecatombe de reflejos.

*

¡Cabellera de los siglos!

¡Cabellera: que si el hombre quisiera

se la enroscara al cuello a una turbina!

Para trocar en realidad potente

la maravilla de las maravillas: el Jimenoa

con su voz rugiente ¡dándole luz

a todas las Antillas!

Franklin Mieses Burgos. República Dominicana (1907-1976)

1 Pedro 4:8

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Ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. 

Los cristianos debemos amar hasta más no poder, que incluye el cubrir “multitud de pecados”. Se debe afrontar el pecado pero también se debe perdonar. Eso es lo que implica “cubrir”. Debemos poner una frazada sobre el pecado pasado ya resuelto.

Examínese. ¿Le guarda rencor a alguien? Si lo hace, recuerde que Jesucristo le perdonó a usted, y de esa manera debe perdonar, el mandato divino es muy claro, medite lo siguiente; «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» (Colosenses 3:13). Su incapacidad para perdonar contradice su amor. Y si la falta de perdón es característica de su vida, tal vez usted no sea cristiano.

Inevitablemente, los que tienen un gran sentido del perdón están dispuestos a perdonar a los demás. Las personas que saben que se les ha perdonado mucho pueden perdonar mucho. Espero que eso le suceda a usted. 

«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.» (Mateo 6:14-15).

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1 Corintios 2:12-14

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Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.

Dios llama a sus hijos a vivir en santidad. No obstante, en nuestros intentos por obedecer este mandamiento, a menudo nos comprometemos a cambiar nuestra conducta, solo para fracasar unos días después. El problema es que empezamos en el punto equivocado.

Las acciones impías fluyen de pensamientos y actitudes pecaminosas, tales como egoísmo, codicia, celos, ira y resentimiento. Estos pueden ser cambiados solo cuando nuestra mente es renovada por el Espíritu Santo. Cuando pasamos tiempo cada día en las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo transforma nuestra mente y fortalece nuestro ser interior. Pero cuando descuidamos la Palabra de Dios, nos abandonamos a la influencia del mundo y de nuestra “carne”, que se oponen a la vida piadosa. Entonces, si tratamos de cambiar nuestro comportamiento sin ajustar nuestro pensamiento, nos encontraremos haciendo justo lo que queremos evitar, «Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.» (Romanos 7:15).

La santidad, en cambio, abarca todo nuestro ser, por lo que Cristo dijo que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, toda nuestra mente y todas nuestras fuerzas, «Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.»(Marcos 12:30). Es un proceso que dura toda la vida y que requiere guardar y adoptar los pensamientos de Dios. Entonces, en la medida en que el Espíritu Santo desarrolle en nosotros la mente de Cristo, nuestras acciones serán más santas.

«sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.» (1 Pedro 1:15-16).

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El gato, el lagarto y el grillo

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Ello es que hay animales muy científicos

en curarse con varios específicos,

y en conservar su construcción orgánica

como hábiles que son en la botánica,

pues conocen las hierbas diuréticas,

catárticas, narcóticas, eméticas,

febrífugas, estíplicas, prolíficas,

cefálicas también y sudoríficas.

*

En esto era tan práctico y teórico

un gato pedantísimo, retórico,

que hablaba en un estilo tan enfático

como el más estirado catedrático.

Yendo a caza de plantas salutíferas,

dijo a un lagarto: ¡qué ansias tan mortíferas!

*

Quiero, por mis turgentes semihidrópicas,

chupar el zumo de hojas heliotrópicas.

*

Atónito el lagarto con lo exótico

de todo aquel preámbulo estrambótico,

no entendió más la frase macarrónica

que si le hablasen lengua babilónica.

Pero notó que el charlatán ridículo

de hojas de girasol llenó el ventrículo,

y le dijo, ya en fin: 

-Señor hidrópico,

he entendido lo que es zumo heliotrópico.

*

¡Y no es bueno que un grillo, oyendo el diálogo,

aunque se fue en ayunas del catálogo

de términos tan raros y magníficos,

hizo del gato elogios honoríficos!

*

Sí, que hay quien tiene la hinchazón por mérito,

y el hablar liso y llano por demérito.

Mas ya que esos amantes de hiperbólicas

cláusulas y metáforas diabólicas,

de retumbantes voces el depósito

apuran, aunque salga un despropósito,

caiga sobre su estilo problemático

este apólogo esdrújulo enigmático.

Tomás de Iriarte. España (1750-1791)