Salmo 118:27-29

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[27] Jehová es Dios, y nos ha dado luz; atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar.

[28] Mi Dios eres tú, y te alabaré; Dios mío, te exaltaré.

[29] Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia.

Padre bueno, Santo, Santo, Santo eres, gran Señor y Dios bendito entre tu pueblo. A ti traemos nuestra alabanza y gratitud por todo lo que eres, has sido y serás en todo tiempo. Siempre estás ahí atento a nuestras súplicas,  nuestras necesidades, nuestro clamor. Podemos venir con toda confianza, pues sabemos que escuchas nuestros ruegos y que en tu tiempo nos darás la respuesta adecuada.

Señor ayúdanos a entender tus tiempos, que nuestra fe y esperanza nunca falten, que nuestra mirada no se aparte y que siempre estemos enfocadas y aferradas a tus promesas, a tu palabra fiel. Dános de tu sabiduría celestial en cada situación que nos encontramos y que por nada estemos afanosa, temerosas, desalentadas. Tú eres nuestro sostén y fuerza y sobre todo eres bueno y eres nuestro Padre. Bendice y cuida de nuestras familias, llévalas por camino de bien y líbralas de tentaciones. Perdona sus pecados y los nuestros también. En el nombre de Jesucristo  te oramos, amén y amen.

Filipenses 3:7-9

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Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

Conocer a Jesucristo es tener su justicia, su santidad y su virtud imputadas a nosotros (es decir, pegadas a uno), lo que nos hace justos delante de Dios.

En los primeros años de su vida, el apóstol Pablo trató de alcanzar la salvación por el apego estricto a la ley. Pero cuando fue confrontado por la admirable realidad de Cristo, estuvo dispuesto a cambiar toda su justicia propia y moralidad externa, buenas obras y ceremoniales religiosos por la justicia concedida a él mediante la fe en Cristo. Pablo estuvo dispuesto a perder la débil y descolorida vestidura de su reputación si podía ganar el espléndido e incorruptible manto de la justicia de Cristo.

Ese es el mayor de todos los beneficios porque garantiza nuestra posición delante de Dios. Es el don de Dios para el pecador el apropiarse por fe de la obra perfecta de Cristo, que satisface la justicia de Dios.

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;»(Romanos 5:1).

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Efesios 2:1-2

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Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia

Cualquiera que se considere una persona bastante buena debería pensarlo mejor. Efesios 2.1 dice que venimos al mundo espiritualmente muertos, gobernados por Satanás, la mundanalidad y nuestra naturaleza pecaminosa. Desde la perspectiva divina, merecemos ser castigados.

Ahora bien, Dios es tan puro y santo que está separado de todo pecado. No puede mirar el pecado con ningún favor o aprobación, «Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio…» (Habacuc 1:13). Todo lo que Él hace es puro y correcto, y en comparación, incluso las acciones justas de los hombres son como trapos de inmundicia, «Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.» (Isaías 64:6). Sin embargo, a pesar de que no tenemos nada de valor que ofrecer, el Señor nos quiere como suyos y obra para que nos acerquemos a Él.

Cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo, somos vivificados espiritualmente en Él, y todos nuestros pecados son perdonados. ¡Qué contraste tan sorprendente entre lo que éramos antes y lo que somos ahora en el Señor! Pero este cambio no tiene nada que ver con lo buenos que hemos sido. Incluso la fe que ponemos en el Salvador viene de Dios. Nunca podremos hacernos dignos de su perdón; este es un regalo de Él. Y una vez que nos declare justificados, nunca más volveremos a ser declarados culpables.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.» (Efesios 2:8-9).

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Salmo 117:1-2

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[1] Alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos, alabadle.

[2] Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya.

Amado padre celestial, soberano Dios, alabado seas en todo tiempo,  ¡exaltado sea tu nombre, oh Jehová! Grandes son tus misericordias y tu amor es infinito  . Aquí estamos , de nuevo en este despertar, postradas ante tu Santa presencia y agradecidas por todos tus favores y por tu gran cuidado. Señor , gracias  por tu bondad, no lo merecemos, pero a ti te plació escogernos y amarnos con tan grande amor, que cada día nos asombrados más y más y solo nos queda agradecer, levantar nuestros ojos hacia ti y rendirnos a tus pies. Oh Señor , nunca nos dejes ni desampares, necesitamos más y más de tu presencia, de tu consejo, de tu sabiduría sin igual. Te suplicamos, ayúdanos a trillar el camino de la obediencia,  a ser humildes y mansos de corazón. Que nada perturbe nuestra paz, que solo Tú llenes nuestro corazón de tal manera que rebose de amor hacia ti y hacia nuestros semejantes. Ten piedad de nosotros y de nuestras familias. Perdona nuestras culpas . Apártanos de caminos malos y tenebrosos. Ayúdanos a hacer lo bueno y a estar enfocados  en las cosas que a ti pertenecen.Ayudanos a difundir tu palabra y ser luz y sal en donde estemos. Sé propicio a nosotras , te lo suplicamos en el nombre de Jesucristo,  amén.

Josué 7:11

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Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.

La mayoría estamos familiarizados con la victoria de los israelitas en la batalla de Jericó, pero ¿sabe qué pasó después de eso? Josué intentó tomar la ciudad de Hai, y treinta y seis israelitas murieron en la batalla antes de que su ejército se retirara atemorizado. ¿Por qué, se preguntó Josué, les hizo esto el Señor? «Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan?…» (Josué 7:7)

Obviamente, no estaba consciente de dos problemas. Primero, un israelita desobedeció cuando tomó el botín prohibido después de la caída de Jericó. «Porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.» (Josué 7:1). Segundo, Dios no dio inicio a la batalla; Josué había sido persuadido por sus consejeros. Debido a que Josué no buscó consejo celestial, no se enteró del delito del israelita hasta que fue demasiado tarde. Después de que el malvado hombre fue condenado a muerte, Josué esperó la señal de Dios para tomar Hai. Entonces, y solo entonces, el ejército hebreo tuvo éxito, 

«Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra.» (Josué 8:1)

¿Puede usted verse cometiendo un error semejante al de Josué, es decir, tratar de manejar una situación con sus propias fuerzas? Es más fácil de lo que pensamos cuando el pecado tuerce nuestro pensamiento y obstaculiza nuestra comunicación con el Padre celestial. Examinemos nuestro corazón con seriedad, confesemos cualquier pecado, pidamos a Dios que nos guíe, y luego esperemos por Él. Recuerde que la dirección de Dios siempre es la mejor, y la correcta. 

«Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados.» (Proverbios 16:3)

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2 Corintios 12:9

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Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Los problemas y el sufrimiento que experimentamos en la vida no ocurren sin ningún propósito. Dios actúa a través de ellos para nuestro bien. Es posible que no nos guste o no entendamos con exactitud lo que hace, pero conocer algunos de sus objetivos nos ayuda a confiar en Él y cooperar para cosechar los beneficios de la aflicción. Veamos algunos;

    ■Protección. Después de que el apóstol Pablo orara con fervor para que su aguijón en la carne le fuera quitado, Dios le reveló que era una protección contra el orgullo. Todos tenemos aspectos de debilidad que podrían llevarnos al pecado, y Dios en su sabiduría sabe cómo protegernos.

    ■Dependencia. El aguijón de Pablo, que lo hacía débil, también lo enseñó a depender de la gracia y del poder de Cristo. De la misma manera, los problemas a menudo nos impulsan a buscar al Señor con humilde dependencia; para entonces estar en posición de recibir la fortaleza divina que Él promete darnos.

    ■Perspectiva divina Cuando el apóstol Pablo entendió al fin lo que el Señor trataba de hacer, vio su sufrimiento de manera diferente. Dejó de centrarse en su aflicción como un dolor y un obstáculo, y se sintió contento. Pudo regocijarse porque reconoció que el poder de Cristo en él era más importante que verse libre del dolor. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.» (Filipenses 4:13).

A menos que reconozcamos que Dios siempre prioriza lo eterno sobre lo temporal, no entenderemos el valor del dolor, las pruebas y el sufrimiento.

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Marcos 1:40-42

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[40] Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.

[41] Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.

[42] Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.

Bendito Dios , Padre nuestro que moras en los cielos y en nuestros corazones, alabado y exaltado seas en todo el universo. Agradecidas  por este nuevo despertar y por el descanso a nuestro cuerpo. Gracias porque estamos de pie y estamos aquí nueva vez recibiendo tu cálido abrazo, tus bendiciones y el favor de tus misericordias . Te pedimos perdón, oh Dios , por nuestras debilidades, límpianos de toda maldad , así como hiciste con el leproso, solo dices la palabra y al instante seremos limpios. Oh Señor queremos llegar hasta ti con olor fragante,  puros y sin manchas. Tu mereces toda la adoracion, por lo cual nos humillados y postramos a tus pies. Ayúdanos, Señor, pues solas no podemos. Aleja todo camino de perdición y enfoca nuestra mirada hacia ti, Rey de los Ejércitos. Ayúdanos a hacer lo bueno, a mostrar tu amor, a ser compasivos con los necesitados, caminar por fe junto a ti siempre, pues eres nuestro galardón.

Padre, he aquí también te presentamos  a nuestras  familias, te suplicamos por su salvación, no permitas que se pierdan, vuélvelas hasta ti y perdona sus culpas. Te llevamos nuestras súplicas en el nombre de tu hijo amado, Jesucristo,  nuestro Salvador y redentor.  Amén.

Juan 3:16-17

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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

La mayoría de las personas pasan por la vida sin darse cuenta del gran dilema cósmico, es decir, ¿cómo puede un Dios santo reconciliarse con la humanidad pecadora? Tampoco le dan mucha importancia a la solución que Dios mismo proveyó en el Calvario: la cruz era el lugar donde estuvieron en plena exhibición tanto su amor como su justicia.

Cuando Adán y Eva desobedecieron al Señor, condenaron a pecar a toda la humanidad. Y desde entonces, vivimos en oposición al Dios perfecto y justo que nos creó.

El Señor podría haber abandonado a la humanidad a la condenación. Pero, por amor, quiso perdonar a los pecadores y reconciliarlos consigo, sin dejar de ser justo en lo más mínimo. Su solución fue proporcionar un sacrificio perfecto para expiar sus pecados. Eso significaba que se necesitaba un sustituto perfecto para que recibiera el castigo que merecían los pecadores. Así que Dios envió a su Hijo al mundo para cargar con el pecado de la humanidad y aquietar su propia justicia.

La cruz de Cristo representa la única respuesta a este problema cósmico. Dios Padre quedó satisfecho con el sacrificio de Cristo para que con amor eterno pudiera recibir a la humanidad redimida en su santa presencia. ¿Ha puesto usted su fe en Jesucristo como Señor y Salvador de su vida, y reconocido el sacrificio que Él hizo a su favor?

«El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.» (Juan 3:18).

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Filipenses 2:9-11

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Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

¿Qué significa cuando decimos que Jesucristo es Señor? Escuchamos la palabra Señor con tanta frecuencia que a veces pierde su poder y magnitud, pero esto es mucho más que un mero título que la Biblia le da al Salvador.

Filipenses 2.9-11 nos dice que Dios dio a su Hijo “un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” y “toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Esto significa que su nombre no es otro que Señor. Como puede ver, Señor no es algo que Cristo haga; se trata de quien es Él: Nuestro Salvador es, y siempre será, el soberano gobernante de todo en el Cielo y en la Tierra.

Por tanto, cuando decimos que Jesucristo es Señor, nuestra vida debe reflejar su autoridad sobre nosotros. ¿Hay algo que usted intenta esconder de Cristo? ¿Se ha negado a llevar a cumplir con algo que le ha llamado a hacer? La Biblia dice que un día todo el mundo reconocerá a Cristo como Señor, «y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.» (Filipenses 2:11).

Entonces, debemos invitarle a las áreas oscuras de nuestra vida y permitirle que nos transforme a su imagen. Un buen punto para comenzar es con la sencilla pero profunda confesión: “Jesucristo es Señor”.

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Salmo 19:1,7-8

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[1] Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

[7] La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.

[8] Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

El Señor es nuestro Dios, Rey del universo  y grandioso es todo lo que en el habita . Aquí estamos,  amado Rendentor, alzando nuestras manos al cielo con corazones llenos de gozo, pues tu Señor eres El Dios de gloria y hoy visitaremos Tu casa de oración, Tu baluarte,  y ahí estaremos reunidos exaltando y alabando con gran gozo y esperanza . Recibiremos tu palabra,  tu consejo de boca de tu siervo, palabra  fiel y pura. ¡Gracias Señor por tan gran privilegio!

Bendice a tu pueblo, a los pastores, dales claridad de pensamiento, denuedo al hablar, llénalos de tu Santo Espíritu y que tu palabra cause gran impacto en todo aquel que la escuche. Es nuestro ruego que muchos se arrepientan,  vengan rendidos  a tus pies  y te reciban como Señor y Salvador. Perdona nuestros pecados , límpianos de toda maldad, santifícanos en tu verdad. Haz que tu rostro resplandezca, que Tu presencia sea manifiesta en todo lugar donde se predique tu palabra. Renueva nuestros corazones y que nuestra fe vaya en aumento día tras dia. Ayúdanos Señor, te lo suplicamos en el nombre de Jesucristo. Amén.