Proverbios 26:12-15

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[12] ¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él.

[13] Dice el perezoso: El león está en el camino, el león está en las calles.

[14] Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama.

[15] Mete el perezoso su mano en el plato; se cansa de llevarla a su boca.

Amado Padre Celestial, grande es tu bondad y tu misericordia.  Bendito y alabado seas por toda la eternidad.  He aquí , en este nuevo despertar, agradecidas  por el descanso que nos das, por abrir nuestros ojos, por estar contigo en este tiempo y poder expresar nuestra gratitud, nuestro amor y así mismo recibir tu cálido abrazo, tu protección, tu dirección y toda la fortaleza, necesaria para enfrentar cada reto que se nos presente en este día.

Con tu ayuda y sabiduría de lo alto, sabemos  que todo es posible. Oh Señor , que bueno es saber que tenemos un Padre atento a cada situación y que de antemano tiene todo bajo su control absoluto por lo que no habrá temor ni angustia a nada que pueda hacer el hombre,  pues tú Señor estas ahí  con tu gran ejército para defendernos de cualquier ataque o situación desagradable. Tú eres nuestra esperanza y sabemos en quien hemos confiado. Ayuda y protege a los nuestros, pon un cerco a su alrededor. Sé propicio a nuestro caminar y a todo aquello con lo cual tengamos que hacer y que tú, Señor, seas el centro de todo para la honra y la gloria de tu santo nombre y de tu reino. Te oramos en el nombre de de tu hijo Jesucristo, nuestro Salvador, Amén.

Salmo 18:30-32

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En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino;

A la gente le gusta sentir que tiene el control de su tiempo, lo cual puede causar frustración cuando las cosas no salen de acuerdo a lo planeado. Sin embargo, quien desee caminar en obediencia a Dios debe cooperar con el plan que Él ha dispuesto.

Considere cómo ora. Sin darse cuenta, es posible que esté exigiendo que el Señor siga el plan que usted ha diseñado según su entendimiento humano tan limitado. No obstante, si creemos que Dios es quien dice ser, ¿cómo no nos será de provecho rendirnos a su voluntad?

A diferencia de nosotros, el Señor tiene un conocimiento total sobre nuestro mundo y de los detalles de cada vida individual, pasada, presente y futura. Él entiende cada motivo, mientras que nosotros no somos capaces de juzgar con precisión ni siquiera nuestras propias intenciones. Dios también actúa movido por el amor que siente por su pueblo y le da respuesta a cada necesidad en el momento preciso.

Someterse al plan de Dios requiere fe y valentía. Crea en la bondad de su corazón y en sus planes, y tome la decisión de esperar hasta que Él le haga avanzar. Luego, a medida que siga su plan, experimentará el gozo de ver una manifestación de su gloria maravillosa.

«¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (Romanos 11:33).

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Mi escuela, mi escuela

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Yo voy a una escuela muy particular,

cuando llueve se moja 

como las demás.

*

Yo voy a una escuela muy sensacional:

si se estudia, se aprende,

como en las demás.

*

Yo voy a una escuela muy sensacional,

los maestros son guapos,

las maestras son más.

*

Cada niño en su pecho 

va a hacer un palomar

donde se encuentre a gusto

el pichón de la paz.

Yo voy a una escuela muy sensacional.

Gloria Fuerte. España, (1908-1998)

Hebreos 11:24-27

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Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.

Moisés fue un líder importante del pueblo hebreo, y muchos lo consideran un héroe del Antiguo Testamento. Fue llamado a hacer grandes cosas con la ayuda del Señor, y se encontró con la presencia del Todopoderoso de manera personal. Pero todas sus asombrosas hazañas fueron posibles solo por su fe.

El pasaje de hoy es parte de lo que se conoce como el “Salón de la fe” de la Biblia. Los mencionados en este capítulo le creyeron a Dios y demostraron su confianza con la acción obediente. Santiago 2.14 dice que toda fe genuina resulta en acción, y eso también es cierto para nosotros.

«Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?» (Santiago 2:14)

Andar por fe no significa que estemos en un camino fácil. Puede implicar dificultades e incluso persecuciones. Pero cuando nos mantenemos fieles al Señor a pesar de todo, nuestra fe demuestra ser genuina y nos volvemos más semejantes a Cristo.

¿Está usted dispuesto a confiar en el poder de Dios en su debilidad? ¿Cree que Él le dará poder para mantenerse firme si enfrenta la adversidad? El Señor responde a la fe al capacitarnos para soportar las dificultades, demostrando su poder en nuestra debilidad, y dándonos satisfacción y gozo en medio del sufrimiento.

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Salmo 100:1-5

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[1] Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.

[2] Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo.

[3] Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.

[4] Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre.

[5] Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia,y su verdad por todas las generaciones.

Padre Nuestro, Dios de gracia y de perdón,  a ti venimos llenos de gozo para recibir tu cálido abrazo, tus bendiciones y todo lo que ya has preparado para cada uno de tus hijos amados.  Gracias por este nuevo amanecer, por el descanso a nuestro cuerpo, por la paz de nuestras almas, estamos confiados  y seguros de todo el bien que viene a través de ti, Gran Señor! Bendito seas por toda la eternidad. A ti y solo a ti traemos alabanzas, todo el honor y la gloria que mereces. ¡Agradecidos porque eres nuestro Padre!

Te suplicamos que sigas guiando nuestros pasos, que nos des más y más de tu fortaleza, sabiduría, que nos ayudes a hacer el bien, que nuestra mirada y todo nuestro sentir estén puestos en ti y seamos obedientes a tu plan perfecto. Cuida y bendice a los nuestros.  

Señor perdona nuestras ofensas y debilidades. Sé propicio y despierta todos nuestros sentidos para que podamos poner por obra tu palabra santa, que podamos ser de bendición a otros. 

No nos dejes caer en tentaciones y líbranos de las asechanzas del enemigo. 

Gracias por estar atento a nuestras oraciones y por todo tu gran amor.  

En el nombre de Cristo te oramos, amén y amén!

1 Pedro 3:16-17

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Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

La conciencia acusa o excusa, obrando como fuente de convicción o afirmación. Una buena conciencia no acusa a un creyente de pecado porque está llevando una vida de santidad. Más bien, una buena conciencia confirma que todo anda bien, mientras que una mala conciencia indica pecado.

Un creyente debe vivir con la conciencia tranquila para que el peso de la culpa no lo abrume cuando se enfrenta a la crítica hostil. Sin embargo, si no tiene pasión por hacer el bien y servir a Cristo, conocerá el tremendo peso del merecido sentido de culpa. Una conciencia manchada no puede estar tranquila ni soportar el ataque furioso de las pruebas. Pero una conciencia tranquila lo ayudará a no estar ansioso ni atribulado durante sus pruebas. 

«Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.» (2 Pedro 1:8).

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El último viaje

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Sé que en la tarde de un día cualquiera

el sol me dirá su último adiós,

con su mano ya violeta

desde el recodo de Occidente.

Como siempre, 

habré musitado una canción,

habré mirado una muchacha,

habré visto el cielo con nubes

a través del árbol que se asoma a mi ventana.

*

Los pastores tocarán sus flautas

a la sombra de las higueras,

los corderos triscarán en la verde ladera

que cae suavemente hacia el río;

el humo subirá sobre la casa de mi vecino…

y no sabré que es por última vez.

*

Pero, te ruego, Señor,

¿podría saber, antes de abandonarla,

por qué esta tierra me tuvo entre sus brazos?

Y, ¿qué me quiso decir la noche con sus estrellas?

Y mi corazón, ¿qué me quiso decir mi corazón?

*

Antes de partir,

quiero demorarme un momento,

con el pie en el estribo,

para acabar la melodía que vine a cantar.

¡Quiero que la lámpara esté encendida

para ver tu rostro, Señor!

Y quiero un ramo de flores para llevártelo,

Señor, sencillamente.

Rabindranath Tagore, India (1861-1941)

Lucas 23:34-35

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Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.

Jesús no amenazaba a pesar del increíble sufrimiento, no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; «quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;» (1 Pedro 2:22). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, Santo e Inmaculado, con el Poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.

Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien les ofreció el perdón. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento.

Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 Pedro 3:17-18)

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Salmo 16:1-3

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[1] Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.

[2] Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti.

[3] Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia

Bueno y misericordioso es nuestro Padre Celestial, su bondad no tiene límites y su amor es incomparable e incondicional. Por eso estamos de nuevo hoy, Gran Señor, acercándonos en plena confianza, buscando tu rostro, sintiendo tu presencia y ese cálido abrazo diciendo a nuestras almas: «Heme aquí, estoy contigo, nunca te dejaré, ni te desampararé. Eres mi hija amada.»

Padre, Tú eres nuestro Señor y Dios y no hay ni habrá nada fuera de ti.  

Agradecidas  por este nuevo despertar, por todo lo que has hecho y harás en la vida de cada uno de tus hijas, por tu sostén, por nuestras familias y porque Tú escuchas nuestros ruegos, nuestro clamor.  Bendícenos, porque cuando Tú bendices, bendito es sobre todos las cosas. 

Ayúdanos cada día  a caminar en total dependencia tuya, agarradas y firmes en ti, en tu palabra , en todo lo que proviene de ti.  Sigue orando a favor nuestro y de los nuestros, abre los ojos del entendimiento para que podamos escuchar tu voz de alerta frente al pecado y todo  aquello que no te agrada. Obra en nuestras familias e inquieta sus corazones para que se realice ese encuentro contigo y vengan a ti arrepentidos y en fe. Te necesitamos Señor, eres esa fuente de agua que calma nuestra sed, esa luz que alumbra nuestras sendas.

Alabado seas por siempre. ¡Sé propicio a nosotros! Amen y Amen.

(De la hermana Josefina Genao, con afecto).

Juan 3:16

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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Nueva vida en Jesucristo:

¿Dónde pasaré la eternidad? ¿Qué sucederá después de que mi vida termine? ¿Hay alguna esperanza para la humanidad? Estos son temas extremadamente importantes y Dios tiene una respuesta para ellos. ¡Él nos ama tanto que dio a su Hijo Jesús para que nos salvara y nos diera la oportunidad de disfrutar de una vida abundante y la eternidad con Él!

Sin embargo, para salvarnos, Dios primero tuvo que tratar con nuestros pecados. Los pecados son las decisiones equivocadas que nos separan de Dios, y todos nosotros tomamos decisiones así. ¿Alguna vez ha dicho una mentira o recogido algo que no es suyo? ¿Alguna vez ha mirado a alguien con lujuria o actuado con motivos egoístas? Cualquier persona honesta admitirá que ya cometió pecado.

La cuestión es que, cada vez que elegimos al pecado, elegimos la separación de Dios. Él es absolutamente Santo y Bueno. No hay ninguna maldad en Él y Él nunca aceptará el pecado, «Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable…» (Números 14:18). Como es imposible que alguien pueda vivir las normas de perfección de Dios, necesitamos desesperadamente la salvación y el nuevo nacimiento que Jesús vino a traer.

Un día, un líder respetado llamado Nicodemo vino a ver a Jesús con muchas preguntas intrigantes. Jesús le dijo claramente: «…De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.» (Juan 3:3).

Nicodemo pensó que estaba bien con Dios porque era una persona religiosa y buena, pero Jesús dejó claro que nadie puede ser salvo por su religión o buenas obras. ¡Quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios!

Nicodemo estaba perplejo por la respuesta de Jesús. ¿Cómo puede alguien nacer de nuevo? Jesús explicó que no se refería a un nuevo nacimiento físico, sino espiritual: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.» (Juan 3:6).

El evangelio de Juan explica que cuando ponemos nuestra fe en Jesús, Dios nos da poder para nacer de nuevo en nuestro espíritu y nos volvemos hijos de Dios, concebidos por la voluntad de nuestro Padre Celestial; «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.» (Juan 1:12-13). ¡Simplemente maravilloso! Sólo a Dios la Gloria por siempre. 

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