Lamentaciones 3:24-26

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Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.

Muchos cristianos luchan con la espera. Hay un montón de cosas que queremos ahora mismo, y con frecuencia tenemos la capacidad de hacer realidad nuestros deseos. Pero los bienes materiales no son lo único por lo que tenemos prisa. Algunas personas están tan deseosas por casarse que toman una decisión imprudente con respecto a la pareja. Otras tienen tanta prisa por tener éxito y ser respetadas en su carrera, que buscan atajos para salir adelante.

¿Por qué el Señor quiere que esperemos? Una de las razones es para protegernos. Quienes no pueden decir «no» a sus propios deseos terminan esclavizados por ellos. Dios quiere que seamos creyentes maduros que tengamos el carácter y el autocontrol para esperar que Él provea en su tiempo perfecto. Debido a que nuestro Padre celestial es omnisciente (conoce todas las cosas, aún el futuro), solo Él sabe lo que es mejor. Usted puede confiar en que si le pide que espere, es porque tiene algo más maravilloso en mente de lo que usted podría lograr por sí solo.

¿Hay algo que parece tener poder sobre usted? Si es así, puede ser un área que requiera la práctica del autocontrol. Ríndase al Señor y someta sus deseos a Él. Luego, comience a decirle que no a las tentaciones, mientras espera que Dios le revele su voluntad.

«Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.» (1 Juan 5:14).

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Romanos 6:4

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…Así también nosotros andemos en vida nueva. 

El propósito del sacrificio expiatorio de Cristo fue que “…nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia…” (1 Pedro 2:24). Pedro (no) dice que Cristo murió para que pudiéramos ir al cielo, tener paz o experimentar el amor (aunque es parte de los beneficios que recibimos). Él murió para efectuar una transformación: Hacer santos de pecadores. La obra expiatoria de Cristo permite que una persona se aparte del pecado y que entre en una nueva forma de vida: Una vida de justicia.

El apóstol Pablo dijo: “…Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:6). Hemos muerto al pecado, de modo que ya no tiene poder sobre nosotros. Nuestra identificación con Cristo en su muerte es un abandono del pecado y una nueva dirección en la vida. 

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.» (2 Corintios 5:17).

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Oda al día feliz

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Esta vez dejadme ser feliz,

nada ha pasado a nadie,

no estoy en parte alguna,

sucede solamente que soy feliz

por los cuatro costados del corazón,

andando, durmiendo o escribiendo.

*

Qué voy a hacerle, soy feliz.

*

Soy más innumerable que el pasto en las praderas,

siento la piel como un árbol rugoso

y el agua abajo,

los pájaros arriba,

el mar como un anillo en mi cintura,

hecha de pan y piedra la tierra

el aire canta como una guitarra.

*

Tú a mi lado en la arena eres arena,

tú cantas y eres canto,

el mundo es hoy mi alma,

canto y arena,

el mundo es hoy tu boca, dejadme

en tu boca y en la arena ser feliz,

ser feliz porque sí,

porque respiro

y porque tú respiras,

ser feliz porque toco

tu rodilla y es como si tocara

la piel azul del cielo y su frescura.

*

Hoy dejadme a mí solo ser feliz,

con todos o sin todos,

ser feliz 

con el pasto y la arena,

ser feliz 

con el aire y la tierra,

ser feliz,

contigo, con tu boca.

Ser feliz.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

Proverbios 16:6-7

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Con misericordia y verdad se corrige el pecado, Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, Aun a sus enemigos hace estar en paz con él.

Dios puede constreñir al enemigo a desistir de hacerme daño, aunque tenga la intención de hacerlo. Esto hizo con Labán, que persiguió a Jacob, pero no se atrevió a tocarlo. O puede dominar la ira del enemigo, y volverlo amigable, como lo hizo con Esaú, que se reunió con Jacob de una manera hermanable, aunque Jacob había temido que lo hiriera a él y a su familia con la espada. El Señor puede también convertir a un furioso adversario en un hermano en Cristo, en un compañero obrero, como lo hizo con Saulo de Tarso.  ¡Oh, que hiciera esto en cada instancia en que aparezca un espíritu perseguidor! Bienaventurado es el hombre cuyos enemigos son reducidos a ser lo que los leones fueron con Daniel en el foso: ¡tranquilos y amigables!

«Guárdame, oh Jehová, de manos del impío; Líbrame de hombres injuriosos, Que han pensado trastornar mis pasos.» (Salmos 140:4).

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Lucas 6:36-37

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Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso (…) perdonad, y seréis perdonados.

¿Cómo puede usted anular la deuda de sus deudores si no comprende su propia deuda? ¿Cómo puede ofrecer libertad si usted nunca la ha recibido? Uno de los mayores obstáculos para perdonar a los demás es nuestra incapacidad de comprender la profundidad del perdón de Dios para con nosotros. Hasta que acepte que el Señor ha pagado la pena por su deuda, no pondrá fin a sus esfuerzos para cobrar a los demás.

«soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» (Colosenses 3:13)

Si usted cree lo que Dios dice, esta gloriosa libertad puede comenzar a hacerse clara en su conciencia. Entonces será capaz de comenzar el proceso de ofrecer el perdón total a quienes le hayan agraviado. Debe decidir dejar todo castigo o represalia al Señor. Es vital que renuncie a sus “derechos”, ya sea de desquitarse o de que se haga justicia. Recuerde que podemos confiar por completo en que Dios manejará como corresponde toda injusticia que hayamos sufrido, porque Él es el juez final. 

«No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.» (Romanos 12:19).

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No te detengas

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz,

sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

*

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,

nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:

tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños, es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por el techo de este mundo” -dice el poeta.

*

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar

en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

*

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo

y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron,

de nuestros “poetas muertos”, te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros: los “poetas vivos.”

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

Walt Whitman. USA (1819-1849) 

Apocalipsis 5:11-12

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Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

La revelación que hace Juan del trono celestial, es una imagen de alabanza verdadera. Describe el lugar lleno de adoración y glorificación a Cristo. Los presentes están motivados a cantar su amor por Cristo porque saben quién es Él. Es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, «…He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.» (Juan 1:29). Él es el León de Judá, «…He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.» (Apocalipsis 5:5), el único digno de juzgar la Tierra y lograr su renovación. «…Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con su verdad.» (Salmos 96:13).

¿Qué motiva a los creyentes a levantar las manos y la voz en adoración? ¿No debería ser la razón para alabar al Salvador por quién es? Para hacerlo, debemos tomarnos el tiempo para saber todo lo que podamos acerca del Señor. Esto se consigue mediante el estudio constante de la Biblia y al orar con menos énfasis en las necesidades personales.

Una vez que vislumbramos una faceta del carácter de Cristo, que es más grande y sorprendente de lo que creíamos, anhelamos saber más. Tenemos hambre y sed de Dios porque solo Él puede satisfacernos de verdad, «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.» (Mateo 5:6).

La alabanza es parte de un ciclo: aprender más del carácter de Dios, amarlo con más profundidad, adorarlo, servirle mejor y recibir plenitud espiritual. Incluso cuando estamos satisfechos, anhelamos más de su presencia en nuestra vida. Y entonces profundizamos en su Palabra y nos enriquecemos más y más en el Señor.

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Marcos 10:51-52

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¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.

La Biblia enseña que nuestro Dios trino es omnisciente y conoce todas las cosas. Ninguna acción o persona se oculta de su vista; y el pasado, el presente y el futuro están delante de Él.

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”  (Hebreos 4:13)

El Señor “…escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos…” (1 Cronicas 28.9). Por lo tanto, nos conoce y entiende lo que necesitamos. El amor y la preocupación de Dios por nosotros no cambian, aunque nuestro dolor sea el resultado de nuestras propias acciones pecaminosas.

Cristo demostró una y otra vez el amor y el cuidado de Dios por las personas. De hecho, gran parte de su ministerio consistió en aliviar el sufrimiento, junto con la enseñanza de cómo entrar en el reino de los cielos. Mientras viajaba a Jerusalén camino a la cruz, se encontró con un mendigo ciego que gritaba: “…¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10.48). Aunque la multitud le decía que se callara, Cristo se detuvo para restaurar su vista y reconocer su fe.

Él también escuchará nuestros gritos de ayuda, porque su amor se extiende como un manto sobre nosotros. Cuando nuestras circunstancias nos tienten a dudarlo, debemos recordar nuestra perspectiva limitada y confiar en la naturaleza de nuestro Dios. De manera que, acepte la invitación de Cristo de llevar sus cargas a Él, y encuentre descanso para su alma. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” Mateo 11:29.

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Romance sonámbulo

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Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura,

ella sueña en su baranda

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

*

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha

vienen con el pez de sombra

que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

con la lija de sus ramas,

y el monte, gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?

Ella sigue en su baranda

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

Federico García Lorca. España (1898-1936)

Isaías 26:3-4

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Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.

Cualquiera que sean las cosas en las que confiemos o pongamos nuestra esperanza en este mundo efímero e incierto, será temporal. La verdadera paz, quietud, seguridad y protección, se encuentran sólo en Dios por medio de Jesús.

Aún en circunstancias adversas y difíciles, si somos fieles, perseveramos y confiamos de corazón, Él nos proveerá y proporcionará de su paz en todo tiempo, pero ten presente, paz no necesariamente es ausencia de problemas, sino más bien experimentar paz en medio de la tormenta. Las misericordias de Dios nos animan a seguir firmes y confiados hasta la meta final ya que Él ha prometido, que no nos dejará ni nos desamparará.

«Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.»(Deuteronomio 31:8)

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:7).

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