Proverbios 16:6-7

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Con misericordia y verdad se corrige el pecado, Y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal. Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, Aun a sus enemigos hace estar en paz con él.

Dios puede constreñir al enemigo a desistir de hacerme daño, aunque tenga la intención de hacerlo. Esto hizo con Labán, que persiguió a Jacob, pero no se atrevió a tocarlo. O puede dominar la ira del enemigo, y volverlo amigable, como lo hizo con Esaú, que se reunió con Jacob de una manera hermanable, aunque Jacob había temido que lo hiriera a él y a su familia con la espada. El Señor puede también convertir a un furioso adversario en un hermano en Cristo, en un compañero obrero, como lo hizo con Saulo de Tarso.  ¡Oh, que hiciera esto en cada instancia en que aparezca un espíritu perseguidor! Bienaventurado es el hombre cuyos enemigos son reducidos a ser lo que los leones fueron con Daniel en el foso: ¡tranquilos y amigables!

«Guárdame, oh Jehová, de manos del impío; Líbrame de hombres injuriosos, Que han pensado trastornar mis pasos.» (Salmos 140:4).

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Lucas 6:36-37

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Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso (…) perdonad, y seréis perdonados.

¿Cómo puede usted anular la deuda de sus deudores si no comprende su propia deuda? ¿Cómo puede ofrecer libertad si usted nunca la ha recibido? Uno de los mayores obstáculos para perdonar a los demás es nuestra incapacidad de comprender la profundidad del perdón de Dios para con nosotros. Hasta que acepte que el Señor ha pagado la pena por su deuda, no pondrá fin a sus esfuerzos para cobrar a los demás.

«soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» (Colosenses 3:13)

Si usted cree lo que Dios dice, esta gloriosa libertad puede comenzar a hacerse clara en su conciencia. Entonces será capaz de comenzar el proceso de ofrecer el perdón total a quienes le hayan agraviado. Debe decidir dejar todo castigo o represalia al Señor. Es vital que renuncie a sus “derechos”, ya sea de desquitarse o de que se haga justicia. Recuerde que podemos confiar por completo en que Dios manejará como corresponde toda injusticia que hayamos sufrido, porque Él es el juez final. 

«No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.» (Romanos 12:19).

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No te detengas

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz,

sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

*

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,

nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa:

tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños, es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por el techo de este mundo” -dice el poeta.

*

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar

en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

*

Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo

y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron,

de nuestros “poetas muertos”, te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros: los “poetas vivos.”

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

Walt Whitman. USA (1819-1849) 

Apocalipsis 5:11-12

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Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

La revelación que hace Juan del trono celestial, es una imagen de alabanza verdadera. Describe el lugar lleno de adoración y glorificación a Cristo. Los presentes están motivados a cantar su amor por Cristo porque saben quién es Él. Es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, «…He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.» (Juan 1:29). Él es el León de Judá, «…He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.» (Apocalipsis 5:5), el único digno de juzgar la Tierra y lograr su renovación. «…Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con su verdad.» (Salmos 96:13).

¿Qué motiva a los creyentes a levantar las manos y la voz en adoración? ¿No debería ser la razón para alabar al Salvador por quién es? Para hacerlo, debemos tomarnos el tiempo para saber todo lo que podamos acerca del Señor. Esto se consigue mediante el estudio constante de la Biblia y al orar con menos énfasis en las necesidades personales.

Una vez que vislumbramos una faceta del carácter de Cristo, que es más grande y sorprendente de lo que creíamos, anhelamos saber más. Tenemos hambre y sed de Dios porque solo Él puede satisfacernos de verdad, «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.» (Mateo 5:6).

La alabanza es parte de un ciclo: aprender más del carácter de Dios, amarlo con más profundidad, adorarlo, servirle mejor y recibir plenitud espiritual. Incluso cuando estamos satisfechos, anhelamos más de su presencia en nuestra vida. Y entonces profundizamos en su Palabra y nos enriquecemos más y más en el Señor.

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Marcos 10:51-52

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¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.

La Biblia enseña que nuestro Dios trino es omnisciente y conoce todas las cosas. Ninguna acción o persona se oculta de su vista; y el pasado, el presente y el futuro están delante de Él.

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”  (Hebreos 4:13)

El Señor “…escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos…” (1 Cronicas 28.9). Por lo tanto, nos conoce y entiende lo que necesitamos. El amor y la preocupación de Dios por nosotros no cambian, aunque nuestro dolor sea el resultado de nuestras propias acciones pecaminosas.

Cristo demostró una y otra vez el amor y el cuidado de Dios por las personas. De hecho, gran parte de su ministerio consistió en aliviar el sufrimiento, junto con la enseñanza de cómo entrar en el reino de los cielos. Mientras viajaba a Jerusalén camino a la cruz, se encontró con un mendigo ciego que gritaba: “…¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10.48). Aunque la multitud le decía que se callara, Cristo se detuvo para restaurar su vista y reconocer su fe.

Él también escuchará nuestros gritos de ayuda, porque su amor se extiende como un manto sobre nosotros. Cuando nuestras circunstancias nos tienten a dudarlo, debemos recordar nuestra perspectiva limitada y confiar en la naturaleza de nuestro Dios. De manera que, acepte la invitación de Cristo de llevar sus cargas a Él, y encuentre descanso para su alma. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” Mateo 11:29.

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Romance sonámbulo

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Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura,

ella sueña en su baranda

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

*

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas.

*

Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha

vienen con el pez de sombra

que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

con la lija de sus ramas,

y el monte, gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?

Ella sigue en su baranda

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

Federico García Lorca. España (1898-1936)

Isaías 26:3-4

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Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.

Cualquiera que sean las cosas en las que confiemos o pongamos nuestra esperanza en este mundo efímero e incierto, será temporal. La verdadera paz, quietud, seguridad y protección, se encuentran sólo en Dios por medio de Jesús.

Aún en circunstancias adversas y difíciles, si somos fieles, perseveramos y confiamos de corazón, Él nos proveerá y proporcionará de su paz en todo tiempo, pero ten presente, paz no necesariamente es ausencia de problemas, sino más bien experimentar paz en medio de la tormenta. Las misericordias de Dios nos animan a seguir firmes y confiados hasta la meta final ya que Él ha prometido, que no nos dejará ni nos desamparará.

«Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.»(Deuteronomio 31:8)

«Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:7).

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Mateo 18:21-22

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Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Cuando alguien nos ofende con frecuencia, tratamos de poner un límite al número de veces que aceptaremos las disculpas. En otras situaciones, podemos intentar clasificar las ofensas que perdonaremos. Sin embargo, el perdón incondicional de Dios a nuestros pecados significa que nuestro perdón hacia los demás tampoco debe tener limitaciones, incluso cuando no se puede permitir que ciertos comportamientos continúen.

Otro problema es la tentación de aferrarnos al resentimiento, en vez de perdonar de inmediato. Si la voluntad del Padre celestial es que perdonemos, ¿por qué debemos esperar? El perdón es doloroso y costoso: Cristo sintió cada clavo, cada espina. Pero un espíritu que ha perdonado sabe que puede salir algo bueno de una situación desafortunada. Por ejemplo, “bueno” puede ser que Dios desarrolle nuestro carácter o tal vez exponga nuestra debilidad para que nos acerquemos a Él.

Darnos cuenta de que Dios es soberano nos hace más dispuestos a perdonar. Confiemos en el Señor Jesús para eliminar cualquier deseo de represalia, y para que nos dé la sabiduría y las fuerzas necesarias para actuar de la manera que le agrade. Y cuando se trata del perdón, acerquémonos a nuestro ofensor con la intención de reconciliarnos. Eso significa hacer todo lo que Dios nos indique para que nuestra relación sea correcta, tal como lo hizo el Señor Jesús por nosotros. 

«Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» (Colosenses 3:13).

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Amazonas

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Amazonas, capital de las sílabas del agua

padre patriarca,

eres la eternidad secreta de las

fecundaciones,

te caen ríos como aves,

te cubren los pistilos color de incendio,

los grandes troncos muertos

te pueblan de perfume;

la luna no te puede vigilar ni medirte.

Eres cargado con esperma verde

como un árbol nupcial,

eres plateado por la primavera salvaje,

eres enrojecido de maderas,

azul entre la luna de las piedras,

vestido de vapor ferruginoso,

lento como un camino de planeta.

Pablo Neruda. Chile (1904-1973)

Mateo 5:13-16

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Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud,sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

¿Sabía usted que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2.4)? Él quiere que cada uno de nosotros viva de tal manera que influya en los demás para su bien espiritual.

El Señor Jesús utilizó dos palabras —sal y luz— para ilustrar nuestra misión. La sal, que da sabor y conserva la comida sobre la que se rocía, cambia de manera significativa el sabor. Los cristianos debemos hacer lo mismo, al difundir el atractivo de Cristo a quienes nos rodean. Sin embargo, Él advierte que la “salinidad” de nuestra vida disminuirá si el pecado nos vuelve “insípidos” (Mateo 5.13).

El Señor Jesucristo también nos llama a ser luz, como lo fue Él en este mundo, «Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.» (Juan 1:9). La luz echa fuera la oscuridad, revela lo que está presente e ilumina el camino hacia adelante. Nosotros debemos hacer lo mismo, reflejando la presencia del Salvador a través de nuestras palabras y conducta. Así como el hollín en el vidrio disminuye la luz en una linterna, la presencia del pecado empaña nuestro testimonio y reduce nuestra influencia.

Es la mezcla de la sal y la claridad de la luz lo que nos da poder. Nuestra integridad —quiénes somos incluso cuando nadie está mirando— ayuda o daña nuestra capacidad de tener una influencia positiva.

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