Blasón

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Soy el cantor de América autóctono y salvaje:

mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.

Mi verso no se mece colgado de un ramaje

con un vaivén pausado de hamaca tropical…

 

Cuando me siento inca, le rindo vasallaje

al Sol, que me da el cetro de su poder real;

cuando me siento hispano y evoco el coloniaje,

parecen mis estrofas trompetas de cristal.

 

Mi fantasía viene de un abolengo moro:

los Andes son de Plata, pero el león, de oro;

y las dos castas fundo con épico fragor.

 

La sangre es española e incaico es el latido;

y de no ser poeta, quizás yo hubiera sido

un blanco aventurero o un indio emperador.

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)

Apuntes a Jueces 1:27-36

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Jueces 1:27-36 relata cómo Israel no expulsó a los canaanitas sino que v.28 “cuando se hizo fuerte, sometieron a los cananeos a trabajos forzados”  No obedecieron el mandato divino.

Manasés no expulsó…

Efraín no expulsó…

Zabulón no expulsó…

Aser no expulsó…

Neftalí no expulsó…

OBEDIENCIA: (Del lat. oboedientĭa).

1. Acción de obedecer. 2. Especialmente en las órdenes regulares, precepto del superior. 3. En las mismas órdenes, permiso que da el superior a un súbdito para ir a predicar, o asignación de oficio para otro convento, o para hacer un viaje. 4. En dichas órdenes y en las congregaciones religiosas, oficio o empleo de comunidad, que sirve o desempeña un religioso por orden de sus superiores.

PRECEPTO: (Del lat. praeceptum).

1. Mandato u orden que el superior hace observar y guardar al inferior o súbdito. 2. Cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento o manejo de un arte o facultad. 3. Cada uno de los del Decálogo o mandamientos de la ley de Dios.

Lecciones de geografía teológica

¿Recuerdan la caída del norte? los versos denotan la derrota progresiva de las tribus del norte para poseer sus territorios. Luego de un éxito inicial por las tribus de José, los esfuerzos se van apagando hasta que, con los de Dan, la conquista experimenta un flujo reverso (v.34). 

Luego se levanta nuestra impaciencia ante el incesante listado de lugares, como si la inspirada pluma hubiera caído en manos de un cartógrafo. No de un predicador. Un predicador que martilla su mensaje: tal y tal tribu “no expulsaron”, siete veces acusa (v.27,  28, 29, 30, 31, 32, 33). 

Lo que tenemos no es tedio geográfico sino acusación teológica, geografía teológica.

Sin duda que había razones pragmáticas del por qué Israel necesitaba control absoluto. 

Tiempo después verían la necedad de no haber conquistado Bet-seán (v.27), sitio crucial que guardaba la entrada a los valles del Jordán y de Jezreel, nada menos que las arterias principales del mundo antiguo. Vivirían para arrepentirse de no haber dominado Taanac, Dor, Ibleam y Meguido, ciudades fortalezas en la Llanura de Esdraelon; puntualizar lo estratégico de Gezer (v.29)…

Pero la motivación principal era espiritual, no pragmática. Jehová había advertido a Moisés: Exodo 23:33 Ellos no habitarán en tu tierra, no sea que te hagan pecar contra mí; porque si sirves a sus dioses, ciertamente esto será tropezadero para ti.

El remanente canaanita no sería una amenaza militar sino un cáncer espiritual (Exodo 23:23-33; 34:11-16; Deuteronomio 1:1-5). He aquí la razón del por qué Israel debía eliminar a los canaanitas y otros semejantes, destruir y demoler todos sus centros de adoración (toda capilla de Nuestra Señora de la Cosecha, todo altar del Santo Varón en la Colina, etc). Es verdad que Dios permitiría que lo hicieran en forma gradual (Ex 23:29-30). Pero había qué hacerlo. Si se toleraban estas poblaciones, pronto habrían matrimonios mixtos, y adiós al pacto de fe (Ex 34:15-16; Deut 7:3-4). Los nietos conocerían a Dios como el dios de la fertilidad… 

De modo que el énfasis del escritor en “no expulsaron…” es un timbre de emergencia espiritual. Es la acusación del predicador al pueblo de Dios por fallar el pacto.  Es como el cirujano que remueve solo una parte del cáncer porque el cáncer tiene derecho a crecer. Tolerancia y suicidio son compañeros.

La función del cap.1 es marcar el inicio de un período de desobediencia en claro contraste con el período recién pasado. Hay juicio teológico, según la caracterización del pasaje. No hay líder después de Josué. Se ha fracturado la unidad de la nación. Los éxitos de la bendición divina han dado lugar a fallas para repeler el enemigo. 2:1-5 hace explícito el juicio de Dios por causa de la desobediencia de la nación.

Otra cosa más:

Si bien el escritor acusa repetidamente, no deja de describir las victorias. A menudo se pierde este punto. Cuatro veces señala que canaanitas o amoritas fueron sometidos a trabajos forzados (v.28, 30, 33, 35). ¿Qué significa esto? Nos dice que si bien de entrada las tribus de Israel no eran tan fuertes como para expulsar los residentes, luego hubo un tiempo cuando “se hicieron fuertes” (v.28) y pudieron haber dominado. Pero en lugar de expulsarlos -algo que de acuerdo al texto bíblico eran perfectamente capaces de hacer- los sometieron a trabajos forzados, en violación a los mandatos de Jehová.

La fotografía de Jueces 1 muestra un Israel controlando de forma sustancial a Canaán, un pueblo claramente exitoso pero ciertamente desobediente. Exito pragmático e insuficiencia espiritual -una combinación extraña pero posible. Israel domina pero no obedece; goza de superioridad aun cuando no mantiene fidelidad.

El texto lleno de amonestación sirve para el pueblo de Dios de cualquier época. Por una parte, nos dice que es posible en la vida de un creyente que exhiba marcas de éxito y sin embargo ser una falla a los ojos de Dios. El éxito cristiano (personal o bajo la forma de una brillante empresa evangélica) no es por necesidad lo mismo que agradar a Dios.

El texto también subraya la importancia de las fidelidades “pequeñas”. 

Observen que no hay nada trágico al final del capítulo 1. Israel no ha expulsado a los cananeos pero los tiene sometidos. Israel está en control. De ahí que su letargia luce como desobediencia “menor.” Aquí es donde debemos examinar la imagen total, la estructura general real de 1:1 a 3:6:

Título (1:1a)

Condiciones para el desarrollo de la apostasía (1:1b-36)

Tristeza sobre la Palabra de Dios (2:1-5)

Transición: la nueva generación (2:6-10)

El curso de la apostasía descrito (2:11-3:4)

Resumen y digestión (3:5-6)

3:5 resume 1:1b-2:5

3:6 resume 2:11-3:4

¿Vemos ahora cuán importante fue la falla de Israel en el capítulo 1? Israel permitió condiciones que no provocaron desastre instantáneo. El impacto será visible después (2:11-13; 19; 3:5-6). Lo que empezó como tolerancia terminó en apostasía. Lo que parecía muy razonable fue letal. 

Vivir con canaanitas conduce a adorar como canaanitas.

“El que es fiel en lo pequeño…” (Lucas 16:10), no describe ninguna tarea glamorosa. Que cada quien se examine a sí misma.

Entre paréntesis, ¿cómo enseñar obediencia a un niño? ¿Cuándo empezar? ¿Cuántas veces debo decirle “ven aquí” antes de ir a buscarlo? [Keep a Quiet Heart. Elizabeth Elliot; pp.236-238].

La instrucción comienza desde antes que el niño empiece a hablar, pues es capaz de obedecer incluso cuando no verbalice respuestas. La realidad es que cualquier niño está mucho más adelantado de lo que sus padres creen que puede entender. La primera vez que llames a tu hijo con una orden particular (ven aquí, no toques, quédate quieto):

  1. asegúrate de que cuentas con toda su atención;
  2. mírale directamente a los ojos (que sepa que tiene toda tu atención);
  3. habla con tono de voz normal, llámale por su nombre, da la orden;
  4. concede unos segundos para que la orden penetre en su cerebro;
  5. llámale otra vez por su nombre y pregunta “¿qué dijo mamá?”
  6. ordénale otra vez, con su nombre.

Si no obedece, corrige. Luego de un poco de práctica, corrige si no obedece a la primera vez. El hábito de repetir la orden instruye al niño a creer que no es verdad. Si tienes que correr detrás de tu hijo para que obedezca, le estás entrenando a no poner atención a tus palabras. Pronto sabrá que puede hacer lo que quiera hasta que alguien venga y utilice la fuerza.

Ni pienses que tendrás que corregir 20 veces al día; no es cierto. Si comienzas a instruir desde temprano, pocas veces tendrás qué corregir. Si desde el inicio le enseñas cuán seria eres respecto a obedecer, no tienes idea del tremendo ahorro de fuerzas y tiempo y gritería y repetidora y salir corriendo que tendrás.

El niño estará aprendiendo a confiar en la palabra de autoridad, que a su vez facilitará que más adelante crea que Dios tiene sentido cuando habla.

De precaución: aprende a distinguir los accidentes o errores propios de la inmadurez infantil de la desobediencia deliberada. La corrección se dirige a la segunda. No le has prohibido meterse granos en la nariz, pero si lo has hecho y va y lo hace, o tira la leche desafiante, corrige. Piensa en correcciones que vayan de acuerdo al “crimen”, reserva la corrección para la desobediencia deliberada.

Tu hijo(a) pronto aprenderá que si te desafía, habrá corrección tan seguro como la noche sigue al día -estés donde estés, en la iglesia o en el supermercado. Razona después de la corrección, si es necesario. Abrázale, asegúrale tu amor, y cambia el tema.

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Lo fatal

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Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos, ni de dónde venimos!

 

Rubén Darío. Nicaragua (1867-1916)

S,H,C espirituales

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 Y por la ropa, ¿por qué os preocupáis?

Observad cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan; pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de éstos.

Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?

(Mateo 6:28-30)

Mayordomía de lo presente

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Muy amados Padres: 

Que la paz de Dios sea con ustedes. Esta pequeña carta es producto de la preocupación que experimentamos al sentirlos bajo la presión de si enviar o no enviar sus pequeños hijos a la escuela. 

Muchas escuelas y colegios han abierto cursos para niños menores de 3 años, y la influencia es tal que se acepta como lo establecido, lo que debe ser. Una corriente muy fuerte, propuesta incluso por grandes autoridades del campo de la Educación y secundada por la sociedad en general.

¿Será verdad que si no “socializamos” a nuestros hijitos pues no aprenderán? 

¿Que si no les enseñamos los colores o las primeras letras crecerán “con el cerebro tapado”, o “llegarán atrasaditos” al preprimero?

La fundadora del sistema Montessori solía repetir “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar.” Una verdad general. Si nosotros, padres creyentes, olvidamos aplicar la perspectiva bíblica a esta frase, acabaremos pensando que Perencejito de 3 años ya está en el curso que le corresponde, pues “tiene la edad”: un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. O que hemos cumplido las expectativas de vecinos, tíos, abuelos, etc. pues si es lo que todo el mundo hace, luego entonces es correcto. 

¿Qué nos hace suponer que alguien más tiene la responsabilidad de cuidar y enseñar a nuestros hijos? 

La primera infancia es tiempo de siembra -con ejemplo y no meras palabras-, siembra de aquellas cosas que querrás ver después, cuando tus hijos sean grandes (como quietud, prestar atención, dar honra, saludar con propiedad, ser generoso, obedecer con alegría, saber orar, ser agradecido y perdonador… entre otras, aparte el beneficio de cero enfermedad, pues no se contagian de gérmenes ajenos). 

Amados padres, aprovechen la tierna edad de sus pequeños, extiende tu corazón y tus manos hacia ellos, sacrifica horas de sueño y de tu preciosa comodidad por ellos, ejerce mayordomía de lo presente: evita todo aquello que se constituya en obstáculo para el fin inmortal que tu alma desea para tus propios hijos. Haz todo aquello que sea necesario para este mismo fin. 

Para sembrar hay que disponer la tierra, tener agua y recursos, y contar con buena semillas. Como padres, seamos agricultores de lo espiritual.

Nuestros hijos son seres inmortales, no “cosas u objetos para ponerlos en un lugar, de acuerdo a su edad, claro.” No, amados padres, nuestros hijos son seres iguales al resto de la raza humana y un día escogerán: vida eterna en Jesucristo o muerte eterna fuera de Cristo.

¿Quieres que la gracia de fruto? Siembra gracia. Modela gracia. Enseña a tus hijos a pensar, más que memorizar. Enséñales a aprender a aprender. Enséñales a querer aprender, a amar el estudio y saber aplicarlo. Y ora. Y espera, en confianza.

Dios les bendiga y haga resplandecer Su rostro sobre cada uno y nos conceda paz.

Con afecto especial,

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