Threescore and ten

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To me the years have gentler grown,

and time more gracious now than then,

though here I sit and muse alone,

threescore and ten.

The best of living is the last,

and life seems sweetest at its close;

and something richer than the past,

these days disclose.

I mourn not now the silvered hair,

the trembling hand, the failing power,

as here I wait and calmly dare,

the coming hour.

What dreams of honor or of gain,

of wreaths or crowns to grace my brow,

once stirred my spirit, none remain,

to stir me now.

The tossing life, the hope and fear,

the strife, the pain of earlier days,

on these, all past, I look with clear,

unshrinking gaze.

And even when I sorrow most,

yet happy are the tears I shed,

and bright the memories of the lost,

the pious dead.

The increase of the corn and wine,

and growing gladness in the heart,

and wondrous grace and joy are mine,

from men apart.

Alone, but not alone, I stand;

around, above, a power divine

is shining, and a heavenly hand,

is touching mine.

Strange glories gild my closing day,

and one bright star from out the west

calls me in tender tones away,

from work to rest.

And voices which amid the din

of outward life I could not hear

are gently whispering within,

their words of cheer.

So, welcome is each flying year,

and welcome is this silent bliss;

nothing the noisy world can yield,

compares with this.

And so, reclining on the slope

of life, apart from busy men,

I firmly grasp this larger hope,

threescore and ten!

Edward Morris. UK (¿1607-1689?)

Apuntes a Hebreos 8:1-13

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Para coronar el argumento que ha venido desarrollando, habiendo establecido la superioridad del sacerdocio de Cristo, el autor procede ahora a relacionar tal sacerdocio con los temas del pacto, del santuario, y de los sacrificios. 

1Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es este: tenemos tal Sumo Sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, 2como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. 

Tenemos tal Sumo Sacerdote: alguien que intercede directamente por nosotros delante de Dios, que no es un ordinario, débil, pecador, sumo sacerdote, como en los antiguos días. 

Tenemos tal Sumo Sacerdote sentado a la diestra del trono de Dios, ministro en el Lugar Santísimo, quien cumplió y puso final al sistema sacrificial antiguo y centró nuestra atención en sí mismo y en su ministerio para nosotros en los cielos.

3Porque todo Sumo Sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual es necesario que este también tenga algo que ofrecer. 4Así que si Él estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; 5los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales, tal como Moisés fue advertido por Dios cuando estaba a punto de erigir el tabernáculo; pues, dice Él: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.

Copia y sombra de las cosas celestiales (Exodo 25:40; 25:9; 26:30; 27:8): símbolos que apuntan a realidades celestiales. El patrón que Dios estableció a Moisés para el sistema de sacrificios era sombra de lo que vendría con nuestro Señor Jesucristo. Se podría decir que Moisés “vió con los ojos del alma las ideas (formas inmateriales) de los objetos que serían: de ahí su total apego a realizar las cosas conforme al modelo que le fue mostrado. Mmmm… de hecho la orden fue directa: haz todas las cosas como se te ha mostrado. ¿Por qué? Porque el patrón es copia o sombra de lo celestial. El Tabernáculo, sus especificaciones y contenido es ¡copia o sombra de verdades celestiales!

Literalmente, el autor de Hebreos enseña a la audiencia la nueva realidad en Cristo: lo que a ustedes les resulta tan familiar, es solo copia y sombra de las cosas celestiales.

Y esa realidad llegó con Jesucristo:

6Pero ahora Él ha obtenido un ministerio tanto mejor, por cuanto es también el mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. 7Pues si aquel primer pacto hubiera sido sin defecto, no se hubiera buscado lugar para el segundo. 8Porque reprochándolos, Él dice:

Mirad que vienen días, dice el Señor, en que estableceré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá;

9 

no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;

porque no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

10 

Porque este es el pacto que yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en la mente de ellos, y las escribiré sobre sus corazones.

Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

11 

Y ninguno de ellos enseñará a su conciudadano ni ninguno a su hermano, diciendo: «Conoce al Señor»,

porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.

12 

Pues tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados.

 

Jesucristo fue sin pecado.

Al ser sin pecado, Jesucristo no tuvo que ofrecer sacrificios por su persona.

El sacrificio de Cristo fue una vez y para siempre.

Designado por Dios Padre, hecho perfecto para siempre.

Su ministerio es eterno.

En los versos 8 al 12, el escritor de Hebreos cita a Jeremías (31:31-34), quien profetiza de un tiempo por venir, cuando el Señor proveerá un pacto infinitamente mejor al pacto que tenían. ¿Por qué? Porque Israel como pueblo no cumplió la parte que le correspondía (Deuteronomio 29:4). 

Pondré mis leyes en la mente de ellos, y las escribiré sobre sus corazones para trabajar en lo interno, ¡limpiar la conciencia! 

Lo externo es importante, pero ahora lo interno, lo espiritual, abarca toda la expresión de adoración, tanto lo interno como lo externo: “presentad vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1). “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). 

Todo el tiempo, en todas partes. 

Porque si vuestra justicia no fuere mayor que la de escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20. ¿Cómo?

Escribas y fariseos se apoyaban en los decretos del viejo pacto. Cumplían al pie de la letra y por tanto se consideraban los más justos entre todos los justos. Pero he aquí Jesucristo diciendo que nuestra justicia debe ser mayor, es decir, no restringida a lo externo sino la clase de justicia que proviene del corazón: la motivación y la acción correctas. He aquí la justicia que excede.

Y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y ninguno de ellos enseñará a su conciudadano ni ninguno a su hermano, diciendo: «Conoce al Señor», porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos

La cercanía de Dios, algo que damos por sentado, inconcebible para un hebreo de la época. ¿Conocer a Dios de tal modo que no necesitemos maestros? Mmmm. 

Necesitamos maestros. ¿Y entonces? Que hoy tenemos conocimiento más íntimo, acceso directo a la presencia del Señor (2 Corintios 4:6). Bajo el pacto mosaico, alguien solía levantarse y leer en voz alta, a menudo en tablillas de piedra o arcilla. No había ese sentido de acceso a Dios, o del testimonio interno del Espíritu Santo.

Pues tendré misericordia de sus iniquidades, y nunca más me acordaré de sus pecados.

¿Amnesia espiritual…en Dios? ¡Eso quisiéramos! Pero Dios es incapaz de olvidos. En Su misericordia, depositó nuestros pecados en su Hijo, quien pagó la deuda en nuestro lugar. Al pagar, Cristo hace que Dios Padre no piense más en nuestros pecados, nos trate con misericordia, y vista con la justicia y santidad de Cristo, puesto que Cristo ocupó nuestro lugar. Canceló nuestra culpa. Ya no hay condenación, y en ese sentido Dios nunca más se acordará de mis pecados. 

13Cuando Él dijo: Un nuevo pacto, hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer.

El nuevo sacerdocio de Cristo completa y pone fin la adoración del Antiguo Testamento, la representación del Tabernáculo y el Templo: el sacerdocio oficial, los sacrificios, las leyes dietéticas, las vestimentas sacerdotales, los actos repetitivos de contrición y reconciliación…

Reflexionemos. ¿Cuál mentalidad me domina? ¿La del Antiguo o la del Nuevo Pacto?

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Trenzaré mi tristeza

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Decía mi abuela,

que cuando una mujer se sintiera triste,

lo mejor que podía hacer

era trenzarse el cabello;

de esta manera el dolor

quedaría atrapado

entre los cabellos

y no podría llegar hasta el resto del cuerpo.

Había que tener cuidado

de que la tristeza

no se metiera en los ojos,

pues los haría llover.

Tampoco era bueno dejarla entrar

en nuestros labios,

pues los obligaría

a decir cosas que no eran ciertas.

“Que no se meta entre tus manos -me decía-, 

porque puedes tostar de más el café

o dejar cruda la masa;

y es que a la tristeza

le gusta el sabor amargo.

Cuando te sientas triste, niña,

trénzate el cabello.

Atrapa el dolor en la madeja

y déjalo escapar 

cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red

capaz de atraparlo todo,

es fuerte como las raíces del ahuehuete

y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida

la melancolía mi niña,

aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos,

por alguna ausencia.

No la dejes meterse en ti,

con tu cabello suelto,

porque fluirá en cascada por los canales

que la luna ha trazado entre tu cuerpo.

Trenza tu tristeza -decía- 

siempre trenza tu tristeza…

Y mañana, 

que despiertes con el canto del gorrión,

la encontrarás pálida y desvanecida

entre el telar de tu cabello.”

Paola Klug. México (1980- )

Blessing the boats

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May the tide

that is entering even now

the lip of our understanding

carry you out

beyond the face of fear

may you kiss

the wind then turn from it

certain that it will

love your back may you

open your eyes to water

water waving forever

and may you in your innocence

sail through this to that

Lucille Clifton. Estados Unidos (1936-2010)

Apuntes a Hebreos 7:1-28

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El autor de Hebreos vuelve a esta figura, Melquisedec, para decir lo que tiene que decir y educar a su audiencia en madurez de fe y vida. Nos recuerda Génesis 14, cuando el rey Elamita Quedorlaomer y sus aliados invadieron y derrotaron las ciudades-estado del “circuito del Jordán” -Sodoma y alrededores- y tomaron gran cantidad de cautivos, entre ellos a Lot, el sobrino de Abraham.

Cuando las noticias llegaron donde Abraham, éste armó sus sirvientes, pidió ayuda a sus vecinos y persiguió a los invasores. Los alcanzó cerca de Damasco, atacó por sorpresa, derrotándolos, y recuperó cautivos y gran botín.

En su camino de regreso Abraham se encuentra con el agradecido rey de Sodoma, quien le propone quedarse con los cautivos y que Abraham conserve el botín como ganancia de guerra. Pero Abraham declina la oferta a causa de juramento hecho al Dios Altísimo, creador de cielos y tierra, porque antes de la propuesta del rey, Abraham había recibido la visita de Melquisedec.

1Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, salió al encuentro de Abraham cuando este regresaba de la matanza de los reyes, y lo bendijo. 2Abraham le entregó el diezmo de todos los despojos, cuyo nombre significa primeramente rey de justicia, y luego también rey de Salem, esto es, rey de paz, 3sin padre, sin madre, sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad.

He aquí todo lo que Génesis menciona sobre Melquisedec “rey de justicia y paz.” No habla de parentela, ancestros, progenie, nacimiento, muerte, pero esto no significa que fuese una anomalía biológica o un ángel disfrazado de humano. Históricamente pertenece a una dinastía de sacerdotes-reyes, un ser vivo, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo.

Tanto en las declaraciones de Génesis como en los silencios del texto lo que vemos es una tipología de Cristo: Jesucristo no sigue el patrón de Melquisedec, es al revés: Melquisedec sigue el patrón del Hijo de Dios.

4Considerad, pues, la grandeza de este hombre a quien Abraham, el patriarca, dio el diezmo de lo mejor del botín. 

Es evidente la grandeza de este hombre: acepta diezmos de Abraham y además lo bendice. Su sacerdocio es mayor que el levítico, algo tremendo de aceptar para la mente hebrea.

5Y en verdad los de los hijos de Leví que reciben el oficio de sacerdote, tienen mandamiento en [según] la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque estos son descendientes de Abraham. 6Pero aquel cuya genealogía no viene de ellos, recibió el diezmo de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. 7Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. 8Aquí, ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero allí, los recibe uno de quien se da testimonio de que vive. 9Y, por decirlo así, por medio de Abraham aun Leví, que recibía diezmos, pagaba diezmos, 10porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

El diezmo entregado por Abraham equivalía al 10% de los despojos de guerra. En tiempos de Nehemías los levitas recibían los diezmos supervisados por los sacerdotes y traían el “diezmo de los diezmos” al templo (Nehemías 10:38). El punto del autor, sin embargo, no es la administración de los diezmos sino el hecho de que los miembros de la tribu de Leví al pagar diezmos a Melquisedec reconocieron la superioridad de éste como sacerdote y rey.

El mismo Abraham lo consigna al recibir la bendición: el hijo nunca es mayor que el padre.

11Ahora bien, si la perfección era por medio del sacerdocio levítico (pues sobre esa base recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad había de que se levantara otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y no designado según el orden de Aarón? 12Porque cuando se cambia el sacerdocio, necesariamente ocurre también un cambio de la ley. 13Pues aquel de quien se dicen estas cosas, pertenece a otra tribu, de la cual nadie ha servido en el altar. 14Porque es evidente que nuestro Señor descendió de Judá, una tribu de la cual Moisés no dijo nada tocante a sacerdotes. 

Recordemos que el autor escribe a hebreos, es decir, a gentes conocedoras de las Escrituras. La objeción era inevitable: ¿otro sacerdote… descendiente de la tribu de Judá? ¡No hombre!

15Y esto es aún más evidente, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote, 16que ha llegado a serlo, no sobre la base de una ley de requisitos físicos, sino según el poder de una vida indestructible. 17Pues de Él se da testimonio:

Tú eres sacerdote para siempre

según el orden de Melquisedec.

18Porque ciertamente, queda anulado el mandamiento anterior por ser débil e inútil 19(pues la ley nada hizo perfecto), y se introduce una mejor esperanza, mediante la cual nos acercamos a Dios. 

¡La declaración anuncia la derogación de la ley anterior! “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec (Salmo 110:4)” evidencia que el sacerdocio de Cristo no se basa en genealogía sino en vida indestructible, eterna.

El cambio debía suceder pues pese a la solemnidad del ritual y ministerio sacerdotal de la ley anterior, no se alcanzaba real paz de conciencia ni acceso inmediato a Dios. Lo sublime del evangelio de Cristo es que pone delante nuestro la esperanza, nos acerca a Dios, nos da libre acceso a la perfección que la ley no puede obtener.

El autor quiere que absorbamos la belleza del santuario, nos lleva desde la parte exterior hasta el santuario íntimo, hasta el Lugar Sagrado. Ojo. ¿Tendremos idea de cuán sorprendidos estuvieron los oyentes de la carta? ¿Cuántas personas podían acercarse a Dios en el Lugar Santísimo? Una.¿Cuán a menudo? Una vez al año.

20Y por cuanto no fue sin juramento, 21pues en verdad ellos llegaron a ser sacerdotes sin juramento, pero Él por un juramento del que le dijo:

El Señor ha jurado

y no cambiará [no se arrepentirá]:

«Tú eres sacerdote para siempre»,

22por eso, Jesús ha venido a ser fiador [garantía] de un mejor pacto. 

23Los sacerdotes anteriores eran más numerosos porque la muerte les impedía continuar, 24pero Él conserva su sacerdocio inmutable [intransferible] puesto que permanece para siempre. 25Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre [completamente] a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.

26Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores y exaltado más allá de los cielos, 27que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo. 28Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, designa al Hijo, hecho perfecto para siempre.

El nuevo sacerdocio es mejor porque el sacerdote es Cristo. Cristo, quien soportó tentaciones terrenales. Cristo, quien derramó su corazón en oración ferviente a Dios. Cristo, quien aprendió en el sufrimiento cuán duro es el camino de la obediencia. Cristo, quien intercedió por sus discípulos para que su fe no faltara cuando llegara la hora de la prueba. Cristo, quien ofreció su vida a Dios como ofrenda por el pecado -el mismo Cristo, sumo sacerdote e intercesor de cuantos vienen a Dios por medio de El.

Aunque vino al mundo “en semejanza de carne”, vivió entre pecadores, recibió pecadores, comió entre pecadores, fue conocido como amigo de pecadores, sin embargo él mismo nunca pecó y ahora es exaltado sobre todos los cielos, a la diestra del trono de Dios.

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Won’t you celebrate with me?

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Won’t you celebrate with me

what I have shaped into

a kind of life? I had no model.

Born in Babylon

both nonwhite and woman

what did I see to be except myself?

I made it up

here on this bridge between

starshine and clay,

my one hand holding tight

my other hand; come celebrate

with me that everyday

something has tried to kill me

and has failed

Lucille Clifton. Estados Unidos (1936-2010)