El gallo despertador

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Kikirikííí…

estoy aquí

decía el gallo Colibrí.

*

El gallo Colibrí era pelirrojo,

y era su traje

de hermoso plumaje.

*

Kikirikííí…

levántate campesino,

que ya está el sol de camino.

*

Kikirikííí…

levántate labrador,

despierta con alegría, 

que viene el día.

*

Kikirikííí…

Niños del pueblo despertad con el ole,

que os esperan en el “cole”.

El pueblo no necesita reloj,

¡le vale el gallo despertador!

Gloria Fuertes. ESPAÑA

(1908 – 1998)

Jonás 1:1-3

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Vino palabra del Señor a Jonás, hijo de Amitai, diciendo: Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta mí. Pero Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Y descendiendo a Jope, encontró un barco que iba a Tarsis, pagó el pasaje y entró en él para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor (Jonás 1:1-3)

¿Alguna vez ha tratado de huir de Dios? La mayoría de nosotros no intentaremos escapar físicamente huyendo a otro lugar, como lo hizo Jonás. Pero somos expertos en ignorar los mandatos de Dios, en distraernos con las ocupaciones, y ofrecer un plan alternativo en lugar de la total obediencia. No importa cómo lo justifiquemos y nos excusemos, la rebelión solo conduce al dolor y al sufrimiento.

Mientras huía del Señor, Jonás pasó por alto algunos aspectos esenciales que todos deberíamos tener en cuenta. Supuso equivocadamente que huir sería una manera de evitar obedecer a Dios, pero el Señor no se deja disuadir por nuestros intentos de manipulación. Como escribió David en una ocasión, «Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.» (Salmo 139:9-10).

Jonás también pasó por alto el hecho de que la desobediencia, en sentido figurado, hace descender a una persona. Observe que el renuente profeta en realidad experimentó esto de una manera más literal también, pues después de descender a Jope, bajó a un barco y terminó sumergido en las profundidades del mar, «Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor.» (Jonás 1:15).

Huir de Dios es inútil; no hay lugar para esconderse porque siempre estamos a la vista del Señor. Por eso, en vez de tratar de huir de su presencia, recibamos con complacencia.

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

1 Pedro 2:1-2

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Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación (1 Pedro 2:1-2)

Si alguien en realidad ha sido salvo, será evidente hambre por la Palabra de Dios. Esto es porque, como creyentes, hemos saboreado la bondad del Señor y, por tanto, anhelamos conocerlo a profundidad. Mordisquear por costumbre las Sagradas Escrituras no hace mucho para estimular nuestro apetito. La Palabra de Dios es un gusto adquirido, y cuanto más la consumamos, mayor será nuestra hambre por ella.

Si usted ha perdido su deseo de la Palabra, pídale al Señor que le restaure el apetito por leerla todos los días. A medida que se familiarice más con la Biblia, notará que su entendimiento y deseo de ella aumentan. Y lo mejor de todo, es que su amor y su devoción por su Salvador crecerán también. 

Haga suya la convicción y devoción que tenía David en la Palabra de Dios;» 

«¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.» (Salmos 119:97).

«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.» (Salmos 119:103).

«Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.» (Salmos 119:105).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Salmo 15:1-2

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Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo?¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón (Salmos 15:1-2).

¿Cómo definir la integridad?

En el diccionario, se define como «apegarse a los principios morales y éticos». En la vida cotidiana, la integridad se define como ser honesto y confiable. Si basamos la integridad en estas dos definiciones, terminamos viviendo vidas basadas en una verdad moral de nuestra elección y esperando que otros nos vean como confiables y correctos. Ambas definiciones son correctas y, al mismo tiempo, incompletas. La integridad es mucho más.

Integridad es esto: vivir, actuar y hablar en coherencia con lo que decimos ser, basados en lo que Dios dice que es correcto. Significa basar nuestras palabras y nuestras acciones en Sus principios y verdad. ¿Por qué basarnos en los principios de Dios? Porque Él es el autor de todo lo que es justo, correcto y verdadero.

Dios nos creó para recibir de Él nuestros principios éticos y morales. Cualquier otro origen en que basemos valores o verdades son opiniones de hombres, no es integridad real. La verdad de Dios es la única que nos guiará a una vida de integridad. Así que vivir con integridad significa decir «sí» a lo que Dios dice que es recto y bueno; decir «no»  a lo que Dios señala como no bueno ni recto.

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Romanos 12:14

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Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis (Romanos 12:14).

La Biblia nos ordena no solo a que no aborrecer ni buscar venganza contra quienes puedan perjudicarnos, de hecho enseña que debemos ir más allá y bendecirlos. Eso es lo que les dijo Jesús a quienes oyeron su Sermón del Monte: “Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28).

Para amar verdaderamente a sus enemigos, entonces tratarlos como si fueran sus amigos. 

«Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua; Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza,Y Jehová te lo pagará.» (Proverbios 25:21-22).

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo

Romanos 12:13

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Compartiendo para las necesidades de los santos… (Romanos 12:13).

Según la sociedad cada uno de nosotros tiene determinadas posesiones. Según Dios, no tenemos nada, no somos dueños de nada. Somos sencillamente administradores de aquello con lo que Dios nos ha bendecido. Y parte de esa responsabilidad administrativa es también compartir los recursos personales con los hermanos necesitados.

El espíritu de compartir se vio de inmediato en la iglesia primitiva cuando los creyentes después de Pentecostés, “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones… [y] todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hechos 2:42, 44). También medite en lo siguiente; «Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado.» (Proverbios 11:24-25). Pídale al Señor que le ayude y enseñe a demostrar un espíritu de compartir.

Lee. Medita. Aplica.

Anónimo