Corderito

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Corderito mío,
suavidad callada:
mi pecho es tu gruta
de musgo afelpada.

Carnecita blanca,
tajada de luna:
lo he olvidado todo
por hacerme cuna.

Me olvidé del mundo
y de mí no siento
más que el pecho vivo
con que te sustento.

Y sé de mí solo
que en mí te recuestas.
Tu fiesta, hijo mío,
apagó las fiestas.

Gabriela Mistral
(Chile, 1889-1957)

Historia de la Redención (4)

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Israel se revela y anda errante por el desierto (12 espías), serpiente de bronce.

Llegó el día de partir y todo el pueblo levantó el campamento y se dispuso a partir hacia la tierra que Dios les había prometido. En el transcurso del camino Israel se queja nuevamente por falta de carne, a lo que Dios les respondió enviándoles codornices.

Después de dos meses llegan a Cades-Barnea y desde allí envían espías para que fueran a explorar la tierra que Dios les había prometido. Cuando estos espías entran, notan que era una tierra fértil, tal como Dios les había dicho. Sin embargo al retornar y dar su reporte dicen que no podrán poseerla porque está habitada por gigantes. Sólo Josué y Caleb, quienes traen uvas como muestra de la fertilidad de la tierra, dan un reporte esperanzador; pues llaman al pueblo a confiar en el Dios que los había sacado de Egipto. Sin embargo el pueblo, falto de fe, decidió creer en el reporte negativo de los diez espías. Aquí nuevamente el pueblo se rebela contra Dios y desea su muerte.

Entonces Dios viendo la rebelión del pueblo, habla con su siervo Moisés y le dice que verdaderamente ninguno de esa generación entraría a la tierra, excepto Josué y Caleb. Después de esto el pueblo peregrinó en el desierto hasta que toda esa generación incrédula pereció. Aquí también murieron María y Aarón hermanos de Moisés. Tristemente Moisés ve llegar sus últimos días en este lugar, no pudiendo entrar a la tierra prometida al igual que sus hermanos. Sólo pudo verla de lejos ya que Dios le permitió verla. Finalmente, sabiendo él que sus últimos días habían llegado comisiona a Josué para que sea el nuevo líder, el que introduciría el pueblo a la tierra. Moisés deja este mundo no sin antes exhortar al pueblo a la fidelidad, adoración y obediencia al único Dios verdadero.

Josué entra, conquista y habita Canaán (12 tribus).

Estando Josué al mando del pueblo, Dios nuevamente ratifica su pacto con este pueblo y le dice a Josué que no temiera porque Él no abandonaría a su pueblo, más bien lo introduciría a la tierra que había jurado a sus padres.

Al igual que Moisés, Josué envió a dos espías a Jericó para que la inspeccionaran; pero estos dos espías fueron descubiertos y perseguidos. Ellos se escondieron en la casa de una ramera llamada Rahab. Esta les salvó la vida y les hizo jurar por el nombre de Jehová su Dios que cuando Jehová le entregara la ciudad ellos salvarían su familia. Así lo prometieron y salieron de la ciudad descolgados por un cordón de la casa de esa mujer. Este cordón ella debía colgarlo para que la ubicaran el día de la batalla y todo el que estuviera en su casa fuera librado de la muerte.

Los espías llegan a Josué y le dicen que ciertamente el Señor había entregado la ciudad en sus manos pues el temor llenaba los corazones de todos sus habitantes. Josué organiza el pueblo camino a Jericó, los sacerdotes delante con el arca y el ejército detrás. Al llegar a las poderosas murallas de Jericó, el Señor les dice que la rodeen por seis días y que al séptimo se prepararan porque sus murallas caerían.

Sucedió tal como Dios había dicho, los israelitas destruyeron la ciudad menos a los de la casa de Rahab. Después el ejército de Israel derrota la ciudad de Hai, a los amorreos y a otros pueblos más, aunque no exterminaron por completo a todos los pueblos aledaños que habitaban en aquella región.

Finalmente, llega el momento de repartir y poseer la tierra entre las tribus de Israel. La repartición de la tierra entre las nueve tribus y media se llevó a cabo por medio de suertes, bajo la vigilancia de Josué y el sumo sacerdote Eleazar. A cada tribu se le dio conforme a su necesidad y tamaño. Las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés habían tomado posesión al este del río Jordán. Para los hombres de estas tribus era tiempo de volver a sus familias pues ya habían cumplido lo prometido a Moisés de luchar junto al pueblo hasta la conquista de la tierra. Así habitó Israel la tierra que Jehová había prometido a sus padres Abraham, Isaac y Jacob.

Al igual que lo hiciera Moisés, Josué ya siendo viejo dio un discurso final recordando al pueblo la fidelidad de Dios, sus portentos y milagros. Les pidió que se esforzaran en guardar todo lo que estaba escrito en la ley de Moisés y que no se apartaran ni a derecha ni izquierda; que guardaran con diligencia sus corazones para amar a Jehová. Después de estas cosas murió Josué a la edad de ciento diez años y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sabían todas las obras que Jehová había hecho por Israel.

Bianka Reyes de Suriel

Apuntes a Santiago. 5:12-20

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TEMA 10. FE GENUINA Y PACIENTE ORACION. 5:12-20

Saber que el Señor viene, ¿debiera cambiar la forma en que vivimos?
Quien espera pacientemente el regreso del Señor no tiene necesidad de cambiar su conducta porque está viviendo su vida de tal forma que si Cristo vuelve la encontrará lista.

La frase “y sobre todo” marca el inicio del fin de la carta, Santiago toca tres temas que considera críticos para la comunidad, noten que cada uno de ellos tiene algo que ver con el discurso.
(1) en el último ensayo de un tema claro, Santiago prohibe la clase equivocada de discurso -en este caso, repetir votos con frivolidad (v.12).
(2) Santiago estimula a la oración mutua tanto para necesidades físicas como espirituales (v.13-18).
(3) Exhorta a tomar las enseñanzas de la carta y aplicarlas a quienes estuvieran pecando en cualquiera de las formas que ha señalado (v.19-20).

12Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento; antes bien, sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo juicio.

¿Acaso lo más importante de la carta sea esta prohibición de juramentos? ¿Más importante que ser hacedores de la palabra, que obedecer el mandato para amar, que someterse a la gracia de Dios en Cristo? Por supuesto que no.
Santiago reorienta sobre algo que Cristo mismo enseñó: Pero yo os digo: no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni un solo cabello (Mateo 5:34-36).

¿Es malo hacer jurar, o hacer votos? No. Tampoco están prohibidos de modo consistente en la Escritura. Dios mismo hace votos garantizando el cumplimiento de lo que ha prometido (Hebreos 3:11 como juré en mi ira:“No entrarán en mi reposo”, 18; 4:3; 6:13; 16; 7:21). Típico y significativo para Santiago es Levítico 19:12 “Y no juraréis en falso por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios; yo soy el Señor.
El AT no prohibía votos pero demandaba que la persona fuese fiel al voto que había hecho. Sin embargo los votos fueron devaluándose y surgió la moda de jurar por cualquier cosa (Mateo 23:16-22).
Jesús fue más lejos, al ordenar a sus discípulos no jurar “por nada” (Mateo 5:34). Su enseñanza es muy importante para entender a Santiago, es más, si las ponemos juntas tal parece que Santiago hace un copy paste fiel:

Mateo 5:34-37
No juréis de ninguna manera…
ni por el cielo…
ni por la tierra…
ni por Jerusalén…
Ni por tu cabeza…
Que tu hablar sea sí, sí o no, no;
lo que es más de esto procede del malo.
Santiago 5:12
No juréis…
ni por el cielo,
ni por la tierra,
ni con ningún otro juramento; sea vuestro sí, sí, o no, no,
para que no caigáis bajo juicio.
¿Por qué juramos?
Cuando intentamos fortalecer un argumento débil. Para reforzar la verdad de algo que hemos dicho o para comprometernos a una conducta futura (“te juro que lo haré, por mi madre que sí”). Piensen en esto. Como si hablar de esa manera hiciera la historia más creíble.
Como creyentes, somos llamadas a ser veraces, hablar con integridad significa decir lo que queremos significar. ¿Se acuerdan del problema del sarcasmo? Generan desconfianza porque no dicen lo que quieren significar. No dan seguridad, no son confiables.
Lo mismo pasa con juramentos para fortalecer argumentos débiles, estaremos apelando a algo mayor que nosotras mismas, pero no tan alto como Dios. Se nos olvida que el Juez está a la puerta: toda palabra nuestra queda registrada. Ese es el punto de Santiago.

13¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración. ¿Está alguno alegre? Que cante alabanzas.
¿Hay alguno falto de sabiduría…? Todas nos podemos situar en ambas preguntas!
¿Dónde te encuentras ahora mismo en el círculo de tu vida? ¿Estás alegre? ¡Alaba a Dios! ¿En sufrimiento? ¡Clama al Señor! [proseuchomai]
Los usos positivos de la lengua, en pocas palabras.

14¿Está alguno entre vosotros enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia y que ellos oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor; 15y la oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará, y si ha cometido pecados le serán perdonados.
16Por tanto, confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos por otros para que seáis sanados.
Enfermo o débil, porque en griego la palabra empleada es aplicable a toda clase de situaciones: mentales, espirituales, físicas, conscientes, constitutivas.
El tema es que si hay que llamar a los ancianos el asunto es serio, no es algo simple. Observen que la práctica está en tiempo presente, no ha prescrito; y sobre el uso del aceite, simbólico o no simbólico [la obra del Espíritu Santo o medicinal; la parábola del buen samaritano], el foco de Santiago se encuentra en la oración.
Luego aparece el tema del perdón de pecados. Hay versos en la Escritura que unen enfermedad y pecado, pero también tenemos historias como la del ciego que fue curado por el Señor Jesús: nadie pecó, su enfermedad era para manifestar la gloria de Dios.

Es decir que no hay consistencia entre enfermedad y pecado, no debemos asumir que existe conexión por que sí; ahora bien, si nos encontramos frente a una enfermedad tan terrible que es necesario ir a buscar a los ancianos y orar, recordemos que en el sufrimiento somos más vulnerables al pecado, a perder esperanza. Luego hay ciertos patrones de pecado que quizás no nos demos cuenta pero que están ahí, de modo que meditar en este verso puede darnos perspectiva: en medio de lo que atravieses, eres vulnerable a un nuevo grupo de pecados que pudieran tentarte, ¡confiesa, ora a Dios, salte de ahí!

Sobre el calificativo de la oración: la fe, hemos de ser muy cuidadosas para no caer en la trampa de añadir carga a una persona ya enferma que ora y no ve resultados, luego entonces se asume que su fe es débil o de plano que no tiene. Esto es profundamente anti-bíblico.
Y ¿qué decir de los ancianos que van y oran tampoco hay resultados?
Saben, nuestra cultura ha perdido el rumbo aquí, piensan que la oración de fe se refiere a fe en un resultado particular. Si estoy orando por un resultado X, entonces estoy orando con fe.
Pero la oración de fe no tiene nada que ver con resultados, sino con el Dios de los resultados.

Amadas hermanas, hemos de recordar la relación que existe entre la soberanía de Dios y nuestras oraciones. La fe ejercitada en la oración es fe en el Dios que soberanamente cumple Su voluntad. Cuando oramos, nuestra fe reconoce, de modo explícito o implícito, el propósito del gobierno providencial del Señor. Orar por sanidad es orar reconociendo la suprema voluntad de Dios en el asunto, y sabemos que Dios no siempre sana al creyente (Pablo, 2 Corintios 12:7-9; Trófimo, Tito 3:20). Se decía de Pablo que sanaba con el roce de su pañuelo, sin embargo varios de sus mejores amigos murieron cerca de él; además viajaba con un médico, Lucas.

El mismo Señor Jesús sanó montones de gente, de hecho fue una de las razones para que la multitud lo persiguiera, sin percatarse que El sanaba lo físico apuntando hacia lo espiritual: “¿creen que esto es mucho? Yo puedo sanar su alma!” [el paralítico que los amigos bajaron por el techo].
Todos los que Jesús sanó se murieron. Hasta Lázaro.
El punto no era restauración física sino visualizar algo mucho mayor.

¿Qué es nuestro cuerpo?
2 Pedro 1:12-14 Por tanto, siempre estaré listo para recordaros estas cosas, aunque vosotros ya las sabéis y habéis sido confirmados en la verdad que está presente en vosotros. Y considero justo, mientras esté en este cuerpo[esta tienda, tabernáculo], estimularos recordándoos estas cosas, sabiendo que mi separación del cuerpo[el abandono de mi tienda] terrenal es inminente, tal como me lo ha declarado nuestro Señor Jesucristo.
2 Corintios 5:1-8 Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos. 2Pues, en verdad, en esta morada gemimos, anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial; 3y una vez vestidos, no seremos hallados desnudos. 4Porque asimismo, los que estamos en esta tienda, gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos, sino vestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía. 6Por tanto, animados siempre y sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor 7(porque por fe andamos, no por vista); 8pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor.

Podrá haber sanidad hoy, podrá haber sanidad después. Pero algún día, la tienda que es mi cuerpo será puesta aparte para morada eterna. Esto es gratificación retardada.

En toda la carta Santiago nos llama a ser sumisas delante de Dios, ¿cuánto más en momentos de sufrimiento?

Fe, oración y sanidad en esencia son tres dispensaciones de la gracia de Dios. Significa que la relación entre ellas no está gobernada por leyes de causalidad sino por la voluntad e intención de Dios.

La oración eficaz del justo puede lograr mucho. 17Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras [con una naturaleza semejante como la nuestra], y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.

¿Por qué es tan poderosa la oración de una persona justa?
Porque la voluntad de una persona así se encuentra alineada con el mismo carácter de Dios. ¡Oh Señor hazme desear lo que Tú quieres! No trata de pretender ser una “supersanta”
Nos da el ejemplo de Elías, ser humano como cualquiera de nosotras, no te pierdas, pero fíjense bien: oró fervientemente, [gr. oró con oraciones, valga la redundancia].
1 Reyes 17-18 narra cuándo oró por lluvia: cuando Dios le reveló que llovería y, por tanto, que orara. Sin embargo Dios no siempre nos dice cuál será el resultado de una situación difícil, el llamado es a que seamos fieles y fervientes al orar lo que desea nuestro corazón, y si nuestro deseo no es similar al de Dios, que entonces El cambie los deseos de nuestro corazón.

19Hermanos míos, si alguno de entre vosotros se extravía de la verdad y alguno le hace volver, 20sepa que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.

Por última vez utiliza la palabra “hermanos” ahora para estimularlos a hacer volver al camino real. ¿Recuerdan cuál era el apodo de Santiago? Rodillas de camello viejo.
Un hombre que pasaba tanto tiempo orando, perseverante, que probablemente sospechara terminaría siendo parte del capitulo 11 de Hebreos (como así fue).
No nos llama a obediencia radical solo con palabras, sino con el ejemplo de su vida.

¿Qué vimos en Santiago?

Pasaje

Tema

Página

1

Introducción

2

1:1-12

Fe genuina y pruebas

3

1:13-18

Fe genuina y tentaciones

4

1:19-27

Fe genuina y obediencia

5

2:1-13

Fe genuina y favoritismo

6

2:14-26

Fe genuina y acciones

7

3:1-12

Fe genuina y obras

8

3:13-4:10

Fe genuina y sabiduría

9

4:11-5:6

Fe genuina y sumisión

10

5:7-20

Fe genuina y paciente oración

11

Resumen

Tengo aquí un billete de… pero en la Antigüedad eran monedas.
Las monedas eran hechas por el emperador de turno, se utilizaban para transacciones comerciales, pagar los impuestos, etc. Las monedas eran propaganda también. Exhibían la imagen, autoridad y el poder del César de turno. Observen lo que dice el denario: Hijo del divino…no es solo César, también es dios. Impreso en la moneda, es decir que todo el mundo sabe.

Cuando Jesús pregunta “¿De quién es esta imagen y la inscripción?” y los fariseos junto con los herodianos muestran la moneda, significa que estaban negociando con los romanos. ¿Ven la hipocresía? (Mateo 22:15-21)

Luego no entendemos la respuesta del Señor “dad a César lo que es de César y a Dios lo que es Dios” pero aquí está apelando directamente a Génesis 1creados a la imagen y semejanza de Dios” es decir tú y yo somos estampas vivas de la imagen de Dios.
Tenemos Su Ley escrita en nuestros corazones.
Y debiéramos estar exhibiendo Su propaganda por dondequiera que vayamos, no siendo solo oidoras sino hacedoras eficaces, de tal modo que al hacerlo sea más visible la imagen de nuestro Padre celestial en nosotras, ser Sus monedas.

Cuando nos percatamos de la seriedad de las palabras de Santiago, y hacemos lo que tenemos que hacer, somos conformadas más y más a la imagen de Cristo, más visible, más evidente a quién pertenecemos.
Cuando Jesús dice “dad a César lo que es de César y a Dios lo que es Dios” está diciendo “tú tienes la imagen de la semejanza de Dios!” “Dale a Dios lo que es Suyo” [tú misma].
¿Ven ahora por qué Santiago dedica 5 capítulos al mismo tema? Fe genuina.

¿Cuando se dio cuenta Santiago que su medio hermano no era un hombre cualquiera? ¿No fue cuando lo vió resucitado?
¿Meditamos en el Cristo resucitado? ¿Lo vemos resucitado?

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Hemos llegado al final de la carta de Santiago. ¡Gracias por su compañía!

El Señor nos capacite y aumente nuestra fe.

¡Dios les bendiga y guarde!

 

Apuntes básicos tomados de:
> Lecciones impartidas sobre Santiago por Jen Wilkin
> The Letter of James, Douglas J. Moo (The Pillar New Testament Commentary)
> Comentarios varios de otros autores

Hay un día feliz

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A recorrer me dediqué esta tarde
las solitarias calles de mi aldea
acompañado por el buen crepúsculo
que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño
y su difusa lámpara de niebla,
solo que el tiempo lo ha invadido todo
con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante
volver a ver esta querida tierra,
pero ahora que he vuelto no comprendo
cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
en la torre más alta de la iglesia;
el caracol en su jardín, y el musgo
en las húmedas manos de las piedras.

No se puede dudar, éste es el reino
del cielo azul y de las hojas secas
en donde todo y cada cosa tiene
su singular y plácida leyenda:
hasta en la propia sombra reconozco
la mirada celeste de mi abuela.

Estos fueron los hechos memorables
que presenció mi juventud primera,
el correo en la esquina de la plaza
y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío! nunca sabe
uno apreciar la dicha verdadera,
cuando la imaginamos más lejana
es justamente cuando está más cerca.

Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
que la vida no es más que una quimera;
una ilusión, un sueño sin orillas,
una pequeña nube pasajera.

Vamos por todas partes, no sé bien qué digo,
la emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
cuando emprendí mi singular empresa,
una tras otra, en oleaje mudo,
al establo volvían las ovejas.

Las saludé personalmente a todas
y cuando estuve frente a la arboleda
que alimenta el oído del viajero
con su inefable música secreta
recordé el mar y enumeré las hojas
en homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje
como quien de la vida nada espera.

Pasé frente a la rueda del molino,
me detuve delante de una tienda:
el olor del café siempre es el mismo,
siempre la misma luna en mi cabeza;
entre el río de entonces y el de ahora
no distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol
que mi padre plantó frente a la puerta
(ilustre padre que en sus buenos tiempos
fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
era un trasunto fiel de la Edad Media
cuando el perro dormía dulcemente
bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve
el delicado olor de las violetas
que mi amorosa madre cultivaba
para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
no podría decirlo con certeza;
todo está igual, seguramente,
el vino y el ruiseñor encima de la mesa,
mis hermanos menores a esta hora
deben venir de vuelta de la escuela:
¡solo que el tiempo lo ha borrado todo
como una blanca tempestad de arena!

Nicanor Parra
Chile (1914-?)

Historia de la Redención (3)

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B. De Egipto a Canaán (El crecimiento del pueblo de Dios) Éxodo – Josué.

Dios preserva a su Pueblo en Egipto. Crecimiento, Moisés, las 10 plagas, Pascua, Liberación.

Dios bendijo grandemente a su pueblo en la tierra de Egipto, los libró de la hambruna y les multiplicó grandemente. Después de un tiempo, llamó Jacob a sus hijos, los bendijo y profetizó sobre ellos y sus descendencias las obras maravillosas que Dios haría con ellos. También les dio mandamientos sobre dónde debían sepultarlo y al terminar entregó el espíritu.

Pasó un tiempo y José procedió igual, llamó a sus hermanos y les dijo que moriría, pidió que tomaran sus huesos y los llevaran a la tierra que Dios juró a sus padres que les daría; porque el Señor les visitaría y ciertamente les haría subir allá. Al tiempo se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no tenía el mismo trato con la familia de José, al contrario, les veía como una amenaza. Así que ideó un plan para someterlos a esclavitud y así fue. Además quiso impedir que siguieran multiplicándose y le dijo a las parteras que mataran a todo niño varón al momento de nacer. Pero el Señor puso su temor en sus corazones y no lo hicieron.

Por esta amenaza, cuando una familia de los hijos de Leví tuvo un hermoso niño quisieron salvarlo colocándolo en el río, cerca de donde se bañaba la hija del Faraón. Ésta, al verle, le tomó como su hijo. El nombre de ese niño fue Moisés. Moisés vivía con los privilegios del hijo de la hija del Faraón, pero Dios tenía un plan para él y su pueblo que estaba siendo maltratado en esa tierra. El Señor siguió multiplicando a su pueblo en esta tierra hasta que llegó en momento de sacarlos y llevarlos a la tierra que Él había prometido a sus padres. Para esta tarea Dios llamó a Moisés para que fuese el líder del pueblo y le pidiera al Faraón que dejara ir a su pueblo. Pero el corazón de Faraón se endureció y dijo que no les dejaría ir.

Dios entonces, para mostrar su poder y la gloria de su gran nombre, envió sobre los egipcios diferentes plagas: ranas, moscas, muerte del ganado, tinieblas y otras más. Pero el corazón del Faraón seguía endurecido. Entonces habló Jehová a Moisés y le dijo que hablara a toda la congregación que todas las familias tomaran un cordero sin mancha y lo comieran con panes sin levaduras y hierbas amargas. Además debían tomar la sangre del cordero y colocarla en los postes y en el dintel de la casa en donde estuvieran celebrando la pascua, así lo hizo todo el pueblo de Israel. Y pasó el Señor aquella noche por toda la tierra de Egipto, tal como lo había dicho, e hirió con la muerte de todo primogénito de esa tierra. Toda esa tierra lloró a sus hijos menos los Israelitas, pues fueron librados por la señal de la sangre del cordero. Sólo después de esto faraón dejó salir al pueblo de Egipto. El número de ellos era aproximadamente dos millones y medio de personas. Realmente Dios hizo de la descendencia de Abraham un pueblo numeroso.

La provisión de Dios para Su Pueblo antes del Monte Sinaí.

Mar Rojo, agua, maná, Amalec.

No pasa mucho tiempo cuando Faraón decide perseguirlos y vengar la muerte de los primogénitos. Ya los israelitas se encontraban en el desierto y con el Mar Rojo en frente. Cuando vieron que los egipcios los perseguían se llenaron de temor y empezaron a quejarse con Moisés. Así que Dios habla a Moisés y le dice al pueblo que marche hacia adelante. Entonces Dios, dando muestra de su gran poder, divide el Mar Rojo en dos y su pueblo pasa por el medio del mar como por tierra seca. Intentando hacer lo mismo los egipcios, Dios cierra el mar con ellos dentro y todos perecen. Así libró el Señor a su pueblo de los egipcios, con su gran poder y su mano extendida.

Estando ya en el desierto los hijos de Israel empezaron a quejarse contra Moisés porque no tenían qué comer. Dios entonces dice a Moisés que hablara con el pueblo para que salieran en la mañana a recoger pan del cielo o maná, la provisión que Él haría fielmente cada día. Y así sucedió.

El pueblo siguió desplazándose por el desierto y nuevamente se quejó contra Moisés a causa del agua. Nuevamente Dios proveyó para su pueblo haciendo brotar agua de entre las rocas. Durante todo el tiempo que estuvieron en el desierto el pueblo nunca tuvo necesidad de nada, Dios fue su proveedor fiel. Aunque Israel tenía un corazón quejoso Dios nunca apartó su misericordia de ellos.

El pueblo siguió avanzando por el desierto y llegaron a Refidim. Allí fueron atacados sorpresivamente por los Amalecitas. Este pueblo atacó traicioneramente a Israel por la espalda, cuando estaban cansados e indefensos. Entonces Moisés le manda a Josué a preparar al pueblo para enfrentar al enemigo. Josué organiza a los varones israelitas para luchar contra Amalec. Entre tanto el pueblo luchaba, Moisés oraba a Dios y sucedía que cuando él oraba con sus manos arriba el pueblo tomaba ventaja en la batalla así que Moisés perseveró en la oración y Dios le dio la victoria a su pueblo. Dios también les prometió que exterminaría de la tierra a los amalecitas. Todo el pueblo estaba muy agradecido por haber sido librado y Moisés edificó un altar un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi. Después de lo sucedido Jetro, el suegro de Moisés, viendo el gran trabajo de su nuero, le aconseja que seleccione hombres sabios para que lo ayuden a lidiar con un pueblo tan grande. Así lo hizo y fue así como principió el largo proceso de organizar al pueblo.

Dios revela su palabra en el Monte Sinaí. Ley moral, ley civil y ley ceremonial.

Cuando salieron de Refidim, el pueblo llegó al desierto del Sinaí y allí acamparon por un tiempo. Dios llama a Moisés para que le diga al pueblo, de parte de Dios, que si ellos caminaban en los caminos de Dios y guardaban su pacto, ellos serían su especial tesoro sobre todos los demás pueblos sobre la tierra. Esto era sin lugar a dudas un privilegio enorme, debían estar agradecidos de la misericordia del Dios que los había librado de la esclavitud. Luego Dios señaló el día cuando descendería sobre el Monte Sinaí, todos debían bañarse y vestirse para este día especial. Nadie podía subir al monte, sólo Moisés podía, y así lo hizo. Estando Moisés en el monte Dios le entrega las leyes que regirán al pueblo en todos los aspectos de la vida.

Como ellos eran el pueblo de Dios debían conducirse diferentes a todos los pueblos sobre la tierra. Dios le dio tres tipos de leyes: Moral, Civil y Ceremonial. La primera parte de la ley divina contenía Los diez Mandamientos, los principios fundamentales sobre la moralidad y la religión. Se prohibía idolatría, robo, adulterio, etc. También se prohibía cualquier clase de crueldad e injusticia y se protegía a los menos privilegiados y al menesteroso. En la ley ceremonial se incluía todo lo relacionado a la adoración, al cómo conducirse en la casa de Dios, el tabernáculo, las ofrendas y los sacrificios. Todo esto habló Dios a Moisés, para sacrificarse para sí un pueblo santo, donde su Nombre se diera a conocer sobre toda la faz de la tierra. Y cuando acabó Dios de hablar a Moisés le dio las dos tablas del testimonio, escritas con su dedo.

Rebelión de Israel. Becerro de oro.

Viendo el pueblo que Moisés tardaba mucho en descender del monte Sinaí, se acercaron al hermano de Moisés llamado Aarón para que levantase dioses que fueran delante del pueblo pues creyeron que Moisés había muerto.

Nuevamente vemos como este pueblo es rápido en darle la espalda a Dios y dudar de su fidelidad. Aarón accedió débilmente a la petición y fabricó un becerro de oro de los adornos que le trajeron. Entonces Jehová le dice a Moisés que descienda del monte porque el pueblo se había corrompido. Al regresar, descubre con horror que el pueblo estaba practicando la idolatría. Tirando las tablas de la ley al suelo tomó el becerro de oro y lo fundió, haciéndole beber a todos. Entonces oró Moisés a favor del pueblo, para que este pecado de idolatría fuera perdonado y la presencia de Dios no se apartara del pueblo. El Señor escuchó el clamor y les perdonó y ratificó su pacto de bendecirles y hacerles el bien haciéndoles entrar en la tierra prometida.

La provisión de Dios para su pueblo después del Monte Sinaí. Agua, maná.

Entre tanto Dios seguía afirmando su pacto, su presencia se seguía manifestando. De día con una nube y de noche con una columna de fuego. Cuando se movían, el pueblo partía del sitio donde estuvieran. Antes de salir del campamento del Sinaí, se censó al pueblo, los varones de veinte años para arriba. El resultado fue de 603,550 individuos. En este tiempo ya el tabernáculo estaba en uso y se acercaba el primer aniversario de su liberación. El pueblo estaba contento y preparándose para celebrar la pascua nuevamente. Durante todo este tiempo ellos habían disfrutado de la misericordia de Dios y de su longanimidad. Cada día seguía dándoles maná y agua para el pueblo y en ganado.

Bianka Reyes de Suriel