S,H,C espirituales

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 sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo. 1 Pedro 1:18-19

Prólogo

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Estos versos, lector mío, que a tu deleite consagro, y solo tienen de buenos conocer yo que son malos, ni disputártelos quiero ni quiero recomendarlos, porque eso fuera querer hacer de ellos mucho caso.

No agradecido te busco: pues no debes, bien mirado, estimar lo que yo nunca juzgué que fuera a tus manos. En tu libertad te pongo, si quisieres censurarlos; pues de que, al cabo, te estás en ella, estoy muy al cabo.

No hay cosa más libre que el entendimiento humano; ¿pues lo que Dios no violenta, por qué yo he de violentarlo? Di cuanto quisieres de ellos, que, cuando más inhumano me los mordieres, entonces me quedas más obligado, pues le debes a mi Musa el más sazonado plato (que es el murmurar), según un adagio cortesano. Y siempre te sirvo, pues o te agrado, o no te agrado: si te agrado, te diviertes; murmuras, si no te cuadro.

Bien pudiera yo decirte por disculpa, que no ha dado lugar para corregirlos la prisa de los traslados; que van de diversas letras, y que algunas, de muchachos, matan de suerte el sentido que es cadáver el vocablo; y que,  cuando los he hecho, ha sido en el corto espacio que ferian al ocio las precisiones de mi estado; que tengo poca salud y continuos embarazos, tales, que aun diciendo, llevo la pluma trotando.

Pero todo eso no sirve, pues pensarás que me jacto de que quizás fueran buenos a haberlos hecho despacio; y no quiero que tal creas, sino solo que es el darlos a la luz, tan solo por obedecer un mandato. Esto es, si gustas creerlo, que sobre eso no me mato, pues al cabo harás lo que se te pusiere en los cascos.

Y a Dios, que esto no es más que darte la muestra del paño: si no te agrada la pieza, no desenvuelvas el fardo.

Sor Juana Inés de la Cruz. México (1648-1695)

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…a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en El, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo como resultado de vuestra fe, la salvación de vuestras almas. 1 Pedro 1:8-9

Apuntes a 1ra Pedro 1:3-12

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3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,

Frases familiares para su audiencia, la costumbre judía de iniciar con una bendición. Pero noten que el acto específico por el cual Pedro bendice a Dios es el acto de la regeneración o el nacer de nuevo, idea que los judíos no conocían (y quizás de ahí el asombro de Nicodemo, Juan 3:4) pero natural al pensamiento cristiano para explicar lo que Dios había hecho con ellos, nacer no existe para sí, sino para empezar una criatura, crecer y desarrollarla hasta la madurez. Ahora bien, Pedro de inmediato conecta la bendición con el Señor Jesucristo.

¿De quién habla en la primera frase? De Dios Padre, la primera figura de la Trinidad. Observen el hilo de pensamiento:

-por su gran misericordia

-nacer de nuevo

-a una esperanza viva

¿En qué tiempo de lenguaje habla? Sabemos de qué se trata, del momento de la conversión, un aspecto de la salvación, de algo que ocurrió en el pasado al momento cuando fuimos justificadas. Recibimos a Cristo en el corazón, recibimos perdón de todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros.

Es decir que somos libres de la Paga del pecado. No más deuda, en pocas palabras.

Al momento de salvación, nacemos de nuevo y la paga o deuda ya no se contabiliza en nuestra cuenta sino en la de Cristo. Esto es lo que Pedro dice aquí. ¿A qué hemos nacido? A una esperanza viva. Nacer de nuevo a una esperanza viva. Analiza: no a una esperanza fallida, no a una esperanza muerta, no a una esperanza mal calculada o incierta. ¿Eres de Cristo? Es imposible que vivas como si no tuvieras esperanza viva. ¿Por qué? Por que quien la aseguró vive, está sentado a la diestra de Dios Padre en los cielos.

4para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para vosotros, 5que sois protegidos [guardados] por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo.

¿En qué consiste la herencia? En nuestra salvación. Ya vimos un aspecto: somos libres de la deuda por el pecado. Noten que se trata de una herencia que no se daña (1 Corintios 9:25; 15:52), no se echa a perder, sin mancha (Hebreos 7:26; Santiago 1:27), no se marchita, que se mantiene en los cielos para nosotros (por lo tanto es segura) (Mateo 6:20). Un balance consciente entre las acciones celestiales de Dios, protegiendo el futuro, y sus acciones en la tierra, protegiendo el presente (Romanos 8:28 y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito).

¿Notas los ecos…? ¿El lenguaje del Sermón del Monte…?

Pedro sentado a los pies del Señor “no os hagáis tesoros en la tierra…”   Noten: un sentido futuro de salvación, ya no es tiempo pasado. Hemos sido salvados pero no hemos llegado. Hemos sido elegidos pero no hemos llegado.

Hasta que seamos glorificados. Hasta que entremos a la Presencia de Dios, libres de la presencia del pecado (2da P;  Presencia). Aquí en la tierra lucharemos con la presencia del pecado queramos o no, contribuyamos o no, ahora bien, eso es diferente a querer estar cerca o alrededor del pecado. Jesucristo comió con pecadores pero no pecó con pecadores.

La paga del pecado fue removida al momento de la justificación. La presencia del pecado será removida al momento de nuestra glorificación.

6En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas [tentaciones], 7para que la prueba [genuinidad] de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; 

¿Acaso entusiasma que suceda algo malo? No. La alegría es porque no habrá más aflicción. La esperanza conduce a gozo. No se trata de reírnos todo el tiempo o estar negando la realidad del sufrir, sino de anticipar el gozo que vendrá no importa las circunstancias, porque solo estamos aquí un poco de tiempo y nuestra herencia es segura y es eterna.

El poco de tiempo se refiere a nuestro momento de exilio, nuestra vida terrenal. Aflicciones que revelan lo genuino de nuestra fe. Pedro hace una paráfrasis de Job (Job 23:10 pero El sabe el camino que tomo; cuando me haya probado, saldré como el oro); piensa un momento en la historia de este hombre y cómo reflexiona ante el sufrimiento.

Algo más, Pedro está diciendo que, si bien el sufrimiento no es parte normal de la vida (puesto que no fue ordenado en la Creación) sin embargo se encuentra bajo el control del Señor. No está fuera de su soberanía. Esto no quiere decir que el sufrimiento sea bueno en sí mismo, o que sus medios de sufrimiento empleados sean buenos, o que Dios quiere que suframos.

8a quien sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en El, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, 9obteniendo, como resultado de vuestra fe, la salvación de vuestras almas. 

He aquí “salvación” otra vez. Ahora en tiempo presente. ¿De qué nos salva ahora? Del Poder del pecado (la 3ra P). Esta es la obra de santificación, el Espíritu Santo morando en nosotros, cambiando nuestros deseos, liberando del poder del viejo ser que nos produce escoger lo equivocado, ahora nos otorga deseos nuevos que nos permiten escoger lo bueno al menos parte del tiempo. Quizás con inconsistencia, pero cada vez con mayor firmeza.

¿Hay alguna área de tu vida en que puedas mirar atrás y decir “soy tan mala con ____ pero antes era peor!” A veces nos toma décadas mirar atrás y poder hablar así, pero por la gracia de Dios podríamos hacerlo. Típicamente hay áreas de nuestra vida donde agonizamos con esto. Pero eso es santificación, el Espíritu Santo pelando nuestras capas de cebolla, haciendo gemir el alma mientras lo hace. Luego creemos que nos ganamos la salvación porque “óyeme eso si duele.” No. ¡El resultado de confiar en fe es crecer en santidad!

Lo dice alguien que vió a Cristo cara a cara y le negó a la primera oportunidad.

Pedro está siendo de alivio inmenso a sus oyentes: ¡ustedes no le han visto, y sin embargo no le han negado! ¡Ustedes tienen el Espíritu Santo! ¡Quien ha nacido de nuevo recibe el favor especial de Dios!

¿Cuántos hay que dicen “si tan solo pudiera verlo cara a cara de seguro obedecería”? No es cierto. No lo harían. Sobreestiman, igual que Pedro, quien caminó años con Cristo.

10Acerca de esta salvación, los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron, 11procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían.

¡Los profetas quisieron saber! El Antiguo Testamento es Cristo hablando de Cristo por medio de los profetas, ¿cuál era la naturaleza del evangelio, las buenas nuevas de salvación? No pudieron verlo todo. Abraham tuvo un poco. Moisés supo un poco. Predicciones de los sufrimientos del Cristo por doquier en el Antiguo Testamento, razón por la cual, cuando Cristo mismo señala sus próximos sufrimientos y Pedro se espanta, revela que Pedro no había hecho la conexión de las profecías sobre Quién era Cristo y Su obra a realizar.

El testimonio del Espíritu ofrece dos puntos: los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. Los sufrimientos son de interés especial para Pedro porque él estuvo presente y porque son un paralelo a lo que experimenta su audiencia. Las glorias que seguirían, se refieren a la resurrección de Cristo, su ascensión, glorificación presente y futura revelación, en la cual participaremos todos los nacidos de nuevo. El orden es crítico: las glorias después de los sufrimientos. Primero la corona de espinas, después la corona de glorias. Sin embargo los profetas no lo entendieron.

Pero ahora Pedro mismo dice “¡todo estaba ahí!” Y los profetas indagaron y preguntaron.

12A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a vosotros, en estas cosas que ahora os han sido anunciadas mediante los que os predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar [alcanzar un vislumbre claro].

¿A quién se predican estas cosas? A sus contemporáneos y a nosotros, que ahora disfrutamos la narrativa completa. Reveladas por el mismo Espíritu que inspiró a los profetas, enviado para inspirar a los mensajeros (apóstoles) quienes a su vez mostraron el verdadero significado de lo que escribieron los profetas.

Pero hay algo más: los ángeles no entienden el evangelio. ¿Cómo es esto? Porque nunca han pecado.

Se alegran y regocijan pero no tienen entendimiento de primera mano de lo que significa ser redimidos de los caminos vanos de sus padres. Como cuando escuchamos que alguien describe una pintura, la descripción de un bello atardecer, etc. Los ángeles escuchan y se entusiasman y disfrutan nuestra respuesta al evangelio, pero ellos mismos no responden de la misma manera.

En el Antiguo Testamento, en la descripción del Arca del Pacto hay dos ángeles en la parte superior. Dos querubines, las instrucciones son precisas: uno frente al otro con las miradas dirigidas hacia abajo.

¿Qué había dentro del Arca? Una copia de los 10 mandamientos, que Jesucristo cumplió. La vara de Aarón que reverdeció, que Jesucristo cumplió. Una jarra con maná, que Jesucristo cumplió como el Pan de vida. Y los ángeles simbólicamente viendo hacia abajo, anhelando mirar, anhelando entender la verdad que tú y yo comprendemos.

Pedro quiere estimular a estos creyentes bajo fiera persecución al decirles “¿se dan cuenta?” los profetas tan reverenciados por ustedes no tuvieron lo que ustedes tienen. ¿Se dan cuenta?”

Poseer la salvación de Cristo, la que era, y es, y ha de ser, provoca el anhelo mismo de los ángeles.

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No me mueve, mi Dios, para quererte

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No me mueve, mi Dios, para quererte,

el cielo que me tienes prometido;

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor; muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido;

muéveme el ver tu cuerpo tan herido;

muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, en tal manera

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera;

porque aunque lo que espero no esperara

lo mismo que te quiero te quisiera.

 

Fray Miguel de Guevara, 

España (1585-1646)