Génesis 3:1-2
EstándarPero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer.
Vivir en este mundo caído puede hacernos cuestionar la bondad de Dios. Podríamos preguntarnos por qué no siempre arregla nuestros problemas y nos da lo que queremos. Por ejemplo, cuando Eva escuchó las mentiras de la serpiente, comenzó a dudar de que el Señor hubiera tomado la decisión correcta al prohibirle comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Nuestros pensamientos son parecidos a los de Eva cuando no estamos de acuerdo con el Señor en cuanto a lo que es mejor para nosotros. Desde una perspectiva humana, “bueno” se refiere a lo que es agradable, cómodo o beneficioso. Pero Dios tiene un estándar mucho más alto y siempre está obrando para desarrollar en sus hijos un carácter semejante al de Cristo.
Detrás de cada restricción o mandamiento del Señor está su amoroso cuidado por nosotros. Él conoce las consecuencias del pecado y quiere evitar que tomemos decisiones que arruinarán nuestras vidas.
Adán y Eva aprendieron por medio de la desobediencia que Dios sabe qué es lo mejor. Cada día tenemos la oportunidad de descubrir su bondad escuchando su voz, obedeciendo sus órdenes y confiando en su sabiduría. No importa lo que se nos cruce en el camino, podemos saber que Él está trabajando para nuestro bien temporal y eterno.
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Nehemías 2:4-5
EstándarMe dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.
Los cristianos utilizamos la palabra carga para referirnos a un peso espiritual en nuestro corazón al que, por lo general, Dios quiere que le prestemos atención. Por ejemplo, Nehemías tuvo la carga de interceder por el pueblo judío que había quedado vulnerable por el derrumbe de los muros de Jerusalén. El Señor ya conocía los problemas de los israelitas, por lo que, sin duda, no necesitaba las oraciones de este hombre.
Más bien, la carga era para el bien de Nehemías, quien se puso a disposición de Dios para bendecir a su pueblo. Tan grande era el amor de Nehemías por sus compatriotas, que dejó de lado su temor y se dirigió al rey persa para pedirle ayuda.
Sobrellevar unos las cargas de los otros es una manera en que podemos fortalecer a la Iglesia. Es propio de nuestra naturaleza humana sentirnos conectados con quienes hemos ayudado. Eso es cierto incluso para las personas que nunca descubren que hemos intercedido por ellas. De este modo, Dios une entre sí a los creyentes para formar un todo coherente, al que llama “Cuerpo de Cristo” «así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.» (Romanos 12:5).
Nuestro Padre celestial está buscando personas dispuestas a tener en sus corazones una carga por sus hermanos en Cristo. Le animo a que esté listo para interceder a favor de otra persona. Fortalecer el Cuerpo de Cristo es un privilegio maravilloso.»
«Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.» (Gálatas 6:2).
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EstándarRomanos 3:24
EstándarSiendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
Todo creyente recibe la gracia de Dios como resultado de responder a las buenas nuevas. Y las buenas nuevas son que la salvación es por gracia.
El apóstol Pablo dijo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). La gracia de Dios que trae salvación ha aparecido para todas las personas. Se ofrece totalmente independiente de cualquier cosa que pudiéramos haber hecho para recibir el favor de Dios. Es el favor inmerecido de Dios, que en su misericordia y su clemencia nos da la salvación como un regalo. Lo único que tenemos que hacer es sencillamente responder creyendo en su Hijo.
Entramos en el reino de Dios solo por la gracia de Dios. No hay lugar para la propia alabanza ni la proeza humana. Recuerde darle gracias a Dios por concederle una salvación tan misericordiosa.»
«Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.» (Salmos 139:14).
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Amo la lluvia
EstándarAmo la lluvia
cuando besa la tierra
siembra su aroma.
Luis Gabriel Vázquez Castillo. México (2011 – )
Salmo 34:1-2
EstándarBendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán.
Es muy fácil mantenerse ocupado sirviendo a Dios: cantar, enseñar, predicar y evangelizar. Nada de eso es malo; de hecho, todo es bueno. Pero a menudo puede ser un intento fallido de relacionarnos con el Padre celestial.
¿Por qué podemos llegar a elegir tener una cercanía artificial con el Señor cuando todo lo que quiere darnos es auténtico? Una de las razones es que ser conocido por Dios y recibir su gracia requiere de nuestra vulnerabilidad y humildad. Después de todo, no hay nada que podamos hacer para expiar nuestros pecados. Otra razón es que todas las relaciones exitosas, incluyendo la que tenemos con Dios, requieren esfuerzo.
En algún momento, tenemos que dejar de solo hacer cosas para el Señor, y entonces comenzar a disfrutar estar con Él. Ahí es donde comienza nuestra relación personal con Dios. Cuando leemos la Biblia y llenamos nuestra mente con su verdad, podemos conocer y obedecer los principios de nuestro Padre celestial. Una vida de oración vibrante también es esencial para relacionarnos con Dios. Pero nada de eso sucede así como así, se requiere esfuerzo e intencionalidad.
Cuando vivimos en íntima comunión con Dios, el deseo de esforzarnos por alcanzar la santidad con nuestras propias fuerzas desaparece. Y entonces nuestro servicio, nuestras ofrendas y nuestra adoración glorificarán al Padre celestial de verdad.»
«Cercano está Jehová a todos los que le invocan, A todos los que le invocan de veras.» (Salmos 145:18).
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EstándarIsaías 25:1
EstándarJehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza.
Aunque algunas situaciones de la Biblia no parezcan tener sentido para nosotros, ninguna fue casualidad. Dios, quien conoce todas las cosas y ve el final desde el principio, estuvo trabajando en su plan de redención en todo momento.
Considere el hecho de que un censo del gobierno obligó a María a viajar en su noveno mes de embarazo, y es probable que César Augusto pensara que el censo fue idea suya. Pero la realidad es que su autoridad estaba siendo anulada. Dios estaba llevando a esta familia a Belén, cumpliendo una profecía que Miqueas había escrito siglos antes: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5.2).
Después de soportar un viaje incómodo, José y María solo pudieron encontrar un establo, con un pesebre para la cuna del bebé. No era un lugar adecuado para un Rey. Pero esto, tampoco, fue casualidad: el Padre celestial había decidido que el Cordero de Dios nacería en un lugar humilde.
¿Qué circunstancias difíciles está usted enfrentando hoy? ¿Se pregunta por qué el Padre celestial permite esas pruebas? Tenga la seguridad de que el Señor lo sabe todo, y de que tiene un buen propósito.
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Elegía
EstándarA veces
me dan ganas de llorar,
pero las suple el mar.
José Gorostiza. México (1901-1973)