Jeremías 17:5-7

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Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.

¿Ha conocido a alguien que se haya negado a aceptar cualquier tipo de ayuda? Tal vez le dijo: “No necesito que me ayuden” o “¡Puedo hacerlo solo!”. En cierto modo, respetamos la decisión de estas personas de tomar su propio camino en la vida. Sin embargo, esta perspectiva puede ser un indicio de problemas espirituales que podrían estar frenándolas.

«Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9)

El libro El gran divorcio es una mirada alegórica a la eternidad. En él, el autor C. S. Lewis describe un personaje que solo quiere “lo que se merece”, ni más ni menos. Esto aparenta ser un acto de humildad, pero en realidad no es más que falsa humildad motivada por el orgullo. De manera similar, cuando decidimos resolver problemas por nuestra cuenta, terminamos fracasando, en especial cuando se trata del tema del pecado.

Romanos 3.23 deja en claro que el pecado es un problema de todos, cuyo precio a pagar es la muerte. «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,» (Romanos 3:23). Si nosotros, como el personaje orgulloso del que habla Lewis, aceptamos solo “nuestros derechos”, entonces el pecado y la muerte reinarán en nuestra vida. Podemos superar dicha actitud con verdadera humildad y aceptando lo que no merecíamos: el amoroso sacrificio de Jesucristo por nosotros. Démosle gracias por darnos lo que no podíamos lograr por nosotros mismos: nuestra salvación.

«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.» (Romanos 6:23).

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Hebreos 4:16

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Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

¿Te has sentido así? ¿Como si la mayor parte del día se hubiera desperdiciado sin ninguna posibilidad de tomar buenas decisiones? Mañana será un nuevo día; el de hoy no fue nada bueno. Tomamos la misma mala decisión cuando se trata de la comida: No seguí mi dieta para el almuerzo, así que voy a comer en exceso en la cena y disfrutar de un pastelito antes de dormir. Debería haber tenido un buen desayuno saludable, pero como no lo tuve, todo el día fue un desastre. Lo haré mejor el lunes… o el próximo mes.

¿De dónde sacamos la idea de que una mala decisión debe ser seguida por otra? Quizás de no entender el verdadero significado de un versículo escrito por el profeta Jeremías en el libro de Lamentaciones y citado con cierta frecuencia: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.» (Lamentaciones 3:22-23)

Lo que un versículo de la Biblia no quiere decir es tan importante como lo que quiere decir. Jeremías no está diciendo que una nueva mañana sea el único tiempo en que vayamos a recibir misericordia. No hay nada místico relacionado con el reloj que marca la medianoche. Las mañanas no son el único momento en que Dios repone sus misericordias. 

Lo que Jeremías enfatiza es que siempre tendremos una nueva oportunidad, porque así de bueno es Dios. Nosotros tenemos la opción de acudir a él por la mañana, al mediodía o por la noche, una vez al día, nueve veces al día, cada hora si lo necesitamos, y solicitar la ayuda que nos haga falta para vencer en la batalla en la que en un momento dado nos encontremos. No tenemos que esperar al comienzo del día. Podemos buscar la gracia cuando la necesitemos. 

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5).

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Hebreos 12:11

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[11] Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Amado Dios y Padre nuestro, bendito sea tu nombre, oh Jehová, Dios todopoderoso y de justicia. Grande son tus obras y grande  es también tu gracia y misericordia, a lo cual nos acogemos cada día. 

He aquí,  estamos ante ti con corazones rendidos y humillados ante tanta grandeza y plenitud. Eres nuestro Dios  y Rey. Te adoramos por siempre. Nada es comparado a ti, tu gran majestad y poder son infinitos y tu santa voluntad es incuestionable,  pues tu haces lo que quieres, siempre con un propósito., exaltar Tu gloria.

Damos gracias por este nuevo amanecer y por todo lo que has permitido y haz hecho en la vida de cada uno de tus hijos, nos acogemos a tu bendita y santa voluntad. Señor enséñanos a ser obedientes y humildes de corazón y a confiar plena y totalmente  en tu plan perfecto. Llévanos de la mano, pues solo en ti estamos seguras. Ayúdanos a ver y discernir tu verdad, tu camino, a ser valientes para defender tu verdad.  Agradecidas  también por nuestras familias, protégelas y guárdalas de todo mal. Perdona sus culpas y las nuestras también,  y no permitas que el enemigo nos tiente a hacer lo malo. Queremos hacer el bien y agradable en todas las cosas. Es nuestro anhelo y oración estar siempre contigo y seguir trillando ese camino hasta llegar a parecernos a ti en santidad.  Gracias por Jesucristo nuestro abogado e intercesor ante ti y nuestro redentor, en su nombre oramos, Amén y Amén.

Juan 10:27-29

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Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

El cristiano tiene una seguridad que ningún heredero de cosas temporales puede tener jamás. Él sabe con absoluta certeza no sólo que la herencia le será guardada, sino también que él mismo será guardado para ella.

«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.» (1 Pedro 1:3-5).

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Romanos 3:20

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Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él (de Dios); porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

Mucha gente piensa que tratar de poseer una vida recta les garantiza un boleto al cielo. Pueden decir cosas como: “Soy una buena persona; no robo, no miento, no he matado a nadie, no engaño y no cometo adulterio, como otras personas lo hacen. Nunca he estado en prisión, y siempre trabajo duro y contribuyo a la sociedad. Entonces, ¿por qué no debería merecer ir al cielo?”. Observe que el enfoque está en “lo que yo hago”.

En verdad, esta es una mentira del Enemigo para engañar a la gente. Dios no acepta a nadie basándose en obras, y la razón es sencilla: la salvación no depende de nada que podamos lograr o hacer. Nada de lo que hagamos puede ganarla. “(Porque la redención (salvación) de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás),” (Salmos 49:8) Somos salvos solo sobre la base de lo que Cristo logró cuando murió en nuestro lugar para hacernos libres del poder del pecado y de la muerte. Si creemos esta gran verdad; sólo así haremos buenas obras como fruto de haber sido salvados.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.» (Efesios 2:8-10)

 De eso se trata la salvación, de lo que Jesucristo hizo en la Cruz a favor de los que hemos creído en su obra redentora.

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Proverbios 14:1-3

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[1] La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba.

[2] El que camina en su rectitud teme a Jehová; mas el de caminos pervertidos lo menosprecia.

[3] En la boca del necio está la vara de la soberbia; mas los labios de los sabios los guardarán.

Bendito y amado Padre Celestial, cuán grandes y maravillosas  son tus obras. Eres nuestro Padre, el dueño absoluto de nuestras vidas . Y aquí estamos de nuevo con corazones agradecidos  por este nuevo despertar.  A ti y solo a ti pertenecemos, tú nos creaste, nos diste vida  y en Jesucristo  tenemos vida eterna. Que gran privilegio  es tenerte y disfrutar  de tu Santa presencia,  buscar tu consejo, tu dirección, tus misericordias  y esa paz que solo en ti podemos encontrar. No importa la situación que atravesamos,  sabemos que estas ahí,  atento y dispuesto a darnos la salida y solucionar cada cosa, solo debemos esperar paciente y confiar en tu poder y buena voluntad.

Dios nuestro, seguimos clamando por nuestras familias, nuestros hijos, nietos; ayúdanos, abre sus ojos del entendimiento.  No permitas que se pierdan, sálvalos y tráelos hasta ti. Este es nuestro mayor anhelo. Gracias porque en Jesucristo hay perdón y vida eterna.

Alabado sea tu nombre, te damos la gloria  por siempre, amén.

Salmo 103:1-2

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Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios.

¿Está viviendo de manera reflexiva o automática? Es fácil levantarnos cada mañana, hacer nuestro trabajo, disfrutar de un poco de relajación o entretenimiento, y acostarnos cada noche sin pensar en absoluto en la participación de Dios en nuestras vidas. Pero considere los beneficios de mantener nuestros ojos y oídos espirituales abiertos a lo largo del día, para ver cómo el Señor le ha bendecido, guiado, protegido y alertado.

Ser conscientes de la presencia del Señor nos recuerda que Él siempre tiene el control y obra para lograr sus buenos propósitos. Cuando buscamos las huellas de Dios en nuestros días, descubrimos el alcance de su implicación en nuestra vida. Tal vez Él le fortaleció para una tarea o le abrió una puerta de oportunidad. Quizás dirigió sus decisiones o le ayudó a demostrar compasión a una persona difícil de tratar. Por otra parte, si nuestros oídos están atentos a las advertencias e instrucciones del Señor es menos probable que repitamos nuestros errores.

Cada noche, antes de irse a dormir, tómese un tiempo para reflexionar en cuanto a las actividades del día. Sepa que el Señor está con usted en cada instante, protegiéndole y ofreciéndole orientación. El Padre celestial quiere que entienda la vida desde la perspectiva de Él, confiando en su sabiduría y poder para enfrentar cualquier desafío.

«Yo me acosté y dormí, Y desperté, porque Jehová me sustentaba.» (Salmos 3:5).

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Romanos 12:13

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Compartiendo para las necesidades de los santos…

La sociedad dice que cada uno de nosotros tiene determinadas posesiones, pero Dios dice que no tenemos nada. Somos sencillamente administradores de aquello con lo que Dios nos ha bendecido. Y parte de esa responsabilidad administrativa es compartir los recursos personales con los hermanos necesitados.

El espíritu de compartir se vio de inmediato en la iglesia primitiva cuando los creyentes después de Pentecostés “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones… [y] todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas” (Hechos 2:42, 44); vea también, «Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos;» (1 Timoteo 6:18). Pídale al Señor que lo ayude a demostrar ese mismo espíritu de compartir. 

Hay quienes reparten, y les es añadido más; Y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; Y el que saciare, él también será saciado. (Proverbios 11:24-25). 

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Proverbios 26:12-15

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[12] ¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él.

[13] Dice el perezoso: El león está en el camino, el león está en las calles.

[14] Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama.

[15] Mete el perezoso su mano en el plato; se cansa de llevarla a su boca.

Amado Padre Celestial, grande es tu bondad y tu misericordia.  Bendito y alabado seas por toda la eternidad.  He aquí , en este nuevo despertar, agradecidas  por el descanso que nos das, por abrir nuestros ojos, por estar contigo en este tiempo y poder expresar nuestra gratitud, nuestro amor y así mismo recibir tu cálido abrazo, tu protección, tu dirección y toda la fortaleza, necesaria para enfrentar cada reto que se nos presente en este día.

Con tu ayuda y sabiduría de lo alto, sabemos  que todo es posible. Oh Señor , que bueno es saber que tenemos un Padre atento a cada situación y que de antemano tiene todo bajo su control absoluto por lo que no habrá temor ni angustia a nada que pueda hacer el hombre,  pues tú Señor estas ahí  con tu gran ejército para defendernos de cualquier ataque o situación desagradable. Tú eres nuestra esperanza y sabemos en quien hemos confiado. Ayuda y protege a los nuestros, pon un cerco a su alrededor. Sé propicio a nuestro caminar y a todo aquello con lo cual tengamos que hacer y que tú, Señor, seas el centro de todo para la honra y la gloria de tu santo nombre y de tu reino. Te oramos en el nombre de de tu hijo Jesucristo, nuestro Salvador, Amén.

Salmo 18:30-32

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En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino;

A la gente le gusta sentir que tiene el control de su tiempo, lo cual puede causar frustración cuando las cosas no salen de acuerdo a lo planeado. Sin embargo, quien desee caminar en obediencia a Dios debe cooperar con el plan que Él ha dispuesto.

Considere cómo ora. Sin darse cuenta, es posible que esté exigiendo que el Señor siga el plan que usted ha diseñado según su entendimiento humano tan limitado. No obstante, si creemos que Dios es quien dice ser, ¿cómo no nos será de provecho rendirnos a su voluntad?

A diferencia de nosotros, el Señor tiene un conocimiento total sobre nuestro mundo y de los detalles de cada vida individual, pasada, presente y futura. Él entiende cada motivo, mientras que nosotros no somos capaces de juzgar con precisión ni siquiera nuestras propias intenciones. Dios también actúa movido por el amor que siente por su pueblo y le da respuesta a cada necesidad en el momento preciso.

Someterse al plan de Dios requiere fe y valentía. Crea en la bondad de su corazón y en sus planes, y tome la decisión de esperar hasta que Él le haga avanzar. Luego, a medida que siga su plan, experimentará el gozo de ver una manifestación de su gloria maravillosa.

«¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!» (Romanos 11:33).

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