El problema

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El problema no es si te buscas o no más problemas.

El problema no es ser capaz de volver a empezar.

El problema no es vivir demostrando a uno que te exige y anda mendigando.

El problema no es repetir el ayer como fórmula para salvarse.

El problema no es jugar a darse.

El problema no es de ocasión.

 

El problema, señor, sigue siendo sembrar amor.

 

El problema no es de quien vino y se fue o viceversa.

El problema no es de los niños que ostentan papás.

El problema no es de quien saca cuenta y recuenta y a su bolsillo suma lo que resta.

El problema no es de la moda mundial ni de que haya tan mala memoria.

El problema no queda en la gloria ni en que falten tesón y sudor.

 

El problema, señor, sigue siendo sembrar amor.

 

El problema no es despeñarse en abismos de ensueño porque hoy no llegó al futuro sangrado de ayer.

El problema no es que el tiempo sentencie extravío cuando hay juventudes soñando desvíos.

El problema no es darle un hacha al dolor y hacer leña con todo y la palma.

El problema vital es el alma.

El problema es de resurrección.

 

El problema, señor, será siempre sembrar amor.

 

Silvio Rodríguez

Cuba (1946 – )

Del álbum “Rodríguez”, 1995

Stay on the anvil

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When God wants to drill a man

And thrill a man

And skill a man

When God wants to mold a man

To play the noblest part

 

When He yearns with all His heart

To create so great and bold a man

That all the world shall be amazed,

Watch His methods, watch His ways!

 

How He ruthlessly perfects

Whom He royally elects!

How He hammers him and hurts him

And with mighty blows converts him

Into shapes and forms of clay

Which only God can understand.

 

How He bends but never breaks

When his good He undertakes

How He uses whom He chooses

And with mighty power infuses him

With every act induces him

To try His splendor out —

God knows what He’s about.

Anónimo.

Sinfonía color de fresas con leche

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¡Rítmica reina lírica! Con venusinos

cantos de sol y rosa, de mirra y laca,

y polícromos cromos de tonos mil,

oye los constelados versos mirrinos,

escúchame esta historia rubendariaca,

de la princesa Verde y el paje Abril,

rubio y sutil.

 

El bizantino esmalte do irisa el rayo

las purpuradas gemas que enflora junio

si Helios recorre el cielo de azul edén

es lilial albura que esboza mayo

en una noche diáfana de plenilunio

cuando las crisodinas nieblas se ven

a tutiplén.

 

En las vívidas márgenes que espuma el Cauca

-áureo pico, ala ebúrnea- cucurruquea

de sederas verduras bajo el dosel;

do las perladas ondas se esfuma glauca;

¿es paloma, es estrella o azul idea?

Labra el emblema heráldico de áureo broquel

róseo rondel.

 

Vibran sagradas liras que ensueña Psiquis,

son argentados cisnes, hadas y gnomos

y edenales olores lirio y jazmín

y vuelas entelequias y tiquismiquis

de corales, tritones, memos y momos,

del horizonte lírico nieve y carmín

hasta el confín.

 

Liliales manos vírgenes al son aplauden

y se englaucan los líquidos y cabrillean

con medievales himnos al abedul;

desde arriba Orión, Venus, que Secchis lauden,

miran como pupilas que cintillean

por los abismos húmedos del negro tul

del cielo azul.

 

Tras de las cordilleras sombras, la blanca

Selene, entre las nubes ópalo y tetras,

surge como argentífero tulipán

y por entre lo negro que se espernanca

huyen los bizantinos de nuestras letras

hasta el Babel Bizancio, do llegarán

con grande afán.

 

¡Rítmica reina lírica! Con venusinos

cantos de sol y rosa, de mirra y laca,

y polícromos cromos de tonos mil,

éstos son los caóticos versos mirrinos,

ésta es la descendencia, rubendariaca,

de la princesa Verde y el paje Abril,

rubio y sutil!

José Asunción Silva

Colombia (1865-1896)

They were both insulting Him

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There is a truth that’s often forgotten:

on the day of the death of the only begotten,

as He hung there on death’s brim,

they were both insulting Him!

 

The whole world mocked the Savior

using the most childish and evil behavior.

 

Romans and jews continually raged

in mocking the Savior, they were actively engaged.

The criminals at His side also sang the evil hymn,

and, always remember, they were both insulting Him!

 

Never forget the plurality in the previous line.

Because both criminals were desperately lost

and did not comprehend the infinite cost

the Savior beside them was about to experience,

nor did they understand the eternal significance.

Then, suddenly, something happened.

One of the criminal’s attitude changed.

He looked at His God with different eyes

and asked to go with Him to paradise.

 

He suddenly was able to see his own sin,

and no longer were they both insulting Him.

 

You must ask what led this praise to start?

Simply, the criminal received a new heart!

 

In a sudden instant, Jesus cured his blindness,

and, in a split second, he became a witness,

rebuking the crowd for their grave mistake,

and called them to no longer the Savior forsake.

He was stuck on a cross and wasn’t free,

but he was practically bent on a knee

worshipping Christ the way He deserved

as the stunned crowd skeptically observed.

 

As we think of this story,

we are led to the truth.

And it applies to you whether you’re old or still in your youth.

You must recognize the problem of sin

and ask Jesus to make you born again.

 

In the risen Savior trust! That is my plea!

 

The proof that you can change is obvious to see.

It lies in a sentence as plain as a day, not in any way dim:

at Golgotha that day they were both insulting Him.

Jordan Standridge, (inspired by Mathew 27:44)

thecripplegate.com

Vejeces

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Las cosas viejas, tristes, desteñidas,

sin voz y sin color, saben secretos

de las épocas muertas, de las vidas

que ya nadie conserva en la memoria

y a veces a los hombres, cuando inquietos

las miran y las palpan, con extrañas

voces de agonizante dicen, paso,

casi al oído, alguna rara historia

que tiene oscuridad de telarañas,

son de laúd y suavidad de raso.

 

Colores de anticuada miniatura,

hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;

cincelado puñal; carta borrosa,

tabla en que se deshace la pintura

por el tiempo y el polvo ennegrecida;

histórico blasón, donde se pierde

la divisa latina, presuntuosa,

medio borrada por el liquen verde;

misales de las viejas sacristías;

de otros siglos fantásticos espejos

que en el azogue de las lunas frías

guardáis de lo pasado los reflejos;

arca, en un tiempo de ducados llena,

crucifijo que tanto moribundo

humedeció con lágrimas de pena

y besó con amor grave y profundo;

negro sillón de Córdoba; alacena

que guardaba un tesoro peregrino

y donde anida la polilla sola;

sortija que adornaste el dedo fino

de algún hidalgo de espadín y gola; 

mayúsculas del viejo pergamino;

batista tenue que a vainilla hueles;

seda que te deshaces en la trama

confusa de los ricos brocéateles;

arpa olvidada que al sonar te quejas;

barrotes que formáis un monograma

incomprensible en las antiguas rejas,

¡el vulgo os huye, el soñador os ama

y en vuestra muda sociedad reclama

las confidencias de las cosas viejas!

 

El pasado perfuma los ensueños

con esencias fantásticas y añejas

y nos lleva a lugares halagüeños 

en épocas distantes y mejores;

por eso a los poetas soñadores

les son dulces, gravísimas y caras,

las crónicas, historias y consejas,

las formas, los estilos, los colores,

las sugestiones místicas y raras

y los perfumes de las cosas viejas.

José Asunción Silva. Colombia (1865-1896)

Los maderos de San Juan

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¡Aserrín!

¡Aserrán!

Los maderos de San Juan

piden queso, piden pan,

los de Roque,

alfandoque,

los de Rique

alfeñique.

¡Los de triqui,

triqui, tran!

Y en las rodillas duras y firmes de la abuela

con movimiento rítmico se balancea el niño

y ambos agitados y trémulos están;

la abuela se sonríe con maternal cariño

mas cruza por su espíritu como un temor extraño

por lo que, en lo futuro, de angustia y desengaño,

los días del nieto guardarán.

Los maderos de San Juan

piden queso, piden pan.

¡Triqui, triqui,

triqui, tran!

Esas arrugas hondas recuerdan una historia

de sufrimientos largos y silenciosa angustia

y sus cabellos, blancos como la nieve están.

De un gran dolor el sello marcó la frente mustia

y son sus ojos turbios espejos que empañaron

los años y que, ha tiempo, las formas reflejaron

de cosas y de seres que nunca volverán.

Los de Roque, alfandoque.

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Mañana, cuando duerma la anciana, yerta y muda,

lejos del mundo vivo, bajo la oscura tierra

donde otros, en la sombra, desde hace tiempo están,

del nieto a la memoria, con grave son que encierra

todo el poema triste de la remota infancia,

cruzando por las sombras del tiempo y la distancia,

de aquella voz querida las notas vibrarán:

Los de Rique, alfeñique.

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Y, en tanto en las rodillas cansadas de la abuela

con movimiento rítmico se balancea el niño

y ambos conmovidos y trémulos están,

la abuela se sonríe con maternal cariño

mas cruza por su espíritu como un temor extraño

por lo que, en lo futuro, de angustia y desengaño

los días ignorados del nieto guardarán.

¡Aserrín!

¡Aserrán!

Los maderos de San Juan

piden queso, piden pan,

los de Roque,

alfandoque,

los de Rique

alfeñique.

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

¡Triqui, triqui, triqui, tran!

José Asunción Silva. Colombia (1865-1896)

Lo inefable

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Yo muero extrañamente. No me mata la Vida,

no me mata la Muerte, no me mata el Amor;

muero de un pensamiento mudo como una herida,

¿no habéis sentido nunca el extraño dolor

 

de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida

devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?

¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida

que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?

 

¡Cumbre de los Martirios! Llevar eternamente,

desgarradora y árida, la trágica simiente

clavada en las entrañas como un diente feroz!

 

Pero arrancarla un día en una flor que abriera

milagrosa, inviolable! Ah, más grande no fuera

tener entre las manos la cabeza de Dios!

Delmira Agustini. Uruguay (1886-1914)