Trenzaré mi tristeza

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Decía mi abuela,

que cuando una mujer se sintiera triste,

lo mejor que podía hacer

era trenzarse el cabello;

de esta manera el dolor

quedaría atrapado

entre los cabellos

y no podría llegar hasta el resto del cuerpo.

Había que tener cuidado

de que la tristeza

no se metiera en los ojos,

pues los haría llover.

Tampoco era bueno dejarla entrar

en nuestros labios,

pues los obligaría

a decir cosas que no eran ciertas.

“Que no se meta entre tus manos -me decía-, 

porque puedes tostar de más el café

o dejar cruda la masa;

y es que a la tristeza

le gusta el sabor amargo.

Cuando te sientas triste, niña,

trénzate el cabello.

Atrapa el dolor en la madeja

y déjalo escapar 

cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red

capaz de atraparlo todo,

es fuerte como las raíces del ahuehuete

y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida

la melancolía mi niña,

aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos,

por alguna ausencia.

No la dejes meterse en ti,

con tu cabello suelto,

porque fluirá en cascada por los canales

que la luna ha trazado entre tu cuerpo.

Trenza tu tristeza -decía- 

siempre trenza tu tristeza…

Y mañana, 

que despiertes con el canto del gorrión,

la encontrarás pálida y desvanecida

entre el telar de tu cabello.”

Paola Klug. México (1980- )

Blessing the boats

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May the tide

that is entering even now

the lip of our understanding

carry you out

beyond the face of fear

may you kiss

the wind then turn from it

certain that it will

love your back may you

open your eyes to water

water waving forever

and may you in your innocence

sail through this to that

Lucille Clifton. Estados Unidos (1936-2010)

Won’t you celebrate with me?

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Won’t you celebrate with me

what I have shaped into

a kind of life? I had no model.

Born in Babylon

both nonwhite and woman

what did I see to be except myself?

I made it up

here on this bridge between

starshine and clay,

my one hand holding tight

my other hand; come celebrate

with me that everyday

something has tried to kill me

and has failed

Lucille Clifton. Estados Unidos (1936-2010)

Con tal que te duermas

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La rosa colorada

cogida ayer;

el fuego y la canela

que llaman clavel;

el pan horneado

de anís con miel,

y el pez de la redoma

que la hace arder:

todito tuyo

hijito de mujer,

con tal que quieras

dormirte de una vez.

La rosa, digo:

digo el clavel.

La fruta, digo,

y digo que la miel;

y el pez de luces

y más y más también,

¡con tal que duermas

hasta el amanecer!

Gabriela Mistral. Chile (1889-1957)

Que el clavel y la rosa

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Que el clavel y la rosa,

¿cuál era más hermosa?

El clavel, lindo en color,

y la rosa, todo amor;

el jazmín de honesto olor,

la azucena religiosa,

¿cuál es la más hermosa?

La violeta enamorada,

la retama encaramada,

la madreselva mezclada,

la flor de lino celosa.

¿Cuál es la más hermosa?

Que el clavel y la rosa,

¿cuál era más hermosa?

Tirso de Molina. España (1579-1648)

La tierra de mis huesos

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“Después de muchos años, cuando yo sea un montoncito de polvo callado, jugad conmigo, con la tierra de mis huesos. 

Si me recoge un albañil, me pondrá en un ladrillo, y quedaré clavada para siempre en un muro, y yo odio los nichos quietos.

Si me hacen ladrillo de cárcel, enrojeceré de vergüenza oyendo sollozar a un hombre; y si soy ladrillo de una escuela, padeceré también por no poder cantar con vosotros, en los amaneceres.

Mejor quiero ser el polvo con que jugáis en los caminos del campo. Oprimidme: he sido vuestra; deshacedme, porque os hice; pisadme, porque no os di toda la verdad y toda la belleza.

O, simplemente, cantad y corred sobre mí, para besaros los pies amados.”

Gabriela Mistral. Chile (1889-1957)

La flor del aire

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(fragmento)

Yo la encontré por mi destino,

de pie a mitad de la pradera,

gobernadora del que pase,

del que le hable y que la vea.

Y ella me dijo: “Sube al monte.

Yo nunca dejo la pradera,

y me cortas las flores blancas

como nieves, duras y tiernas.”

Me subí a la ácida montaña,

busqué las flores donde albean,

entre las rocas existiendo

medio dormidas y despiertas.

Cuando bajé, con carga mía,

la hallé a mitad de la pradera,

y fui cubriéndola frenética,

con un torrente de azucenas.

Y sin mirarse la blancura,

ella me dijo: “Tú acarrea

ahora solo flores rojas.

Yo no puedo pasar la pradera.”

Trepé las peñas con el venado,

y busqué flores de demencia,

las que rojean y parecen

que de rojez vivan y mueran.

Gabriela Mistral. Chile (1889-1957)

Canto de primavera

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En la casa de las pinturas

comienza a cantar,

ensaya el canto,

derrama flores,

alegra el canto.

Resuena el canto,

los cascabeles se hacen oír,

a ellos responden

nuestras sonajas floridas.

Derrama flores,

alegra el canto.

Sobre las flores canta

el hermoso faisán,

su canto despliega

en el interior de las aguas.

A él responden

variados pájaros rojos.

Netzahualcóyotl. (México, 1402-1472)

Remordimiento

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Era muy dulce, angelical y breve.

Era como un botón de amanecer,

sutil y casta, diminuta y leve,

pero yo…no la supe comprender.

 

Era un lirio prendido en la reseda,

una canción de amor hecha mujer.

Rasgué su carne de alabastro y nieve

pero yo…no la supe comprender.

 

Me dio el nirvana de su seno amante,

el éter blando de su adormecer,

el leit motiv para que vibre y cante

pero yo…no la supe comprender.

 

Y ahora, dos paralelos nuestras vidas

siempre hasta el infinito desunidas

y siempre indiferentes se han de ver.

 

Mientras en lo hondo de mi pensamiento

muerde el fantasma del remordimiento

porque yo…no la supe comprender.

 

Héctor José de Regla Díaz. República Dominicana (1910-1950)

Los inmigrantes

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Aún no se ha escrito la historia de su congoja.

Su viejo dolor unido unido al nuestro.

 

 

No tuvieron tiempo -de niños- para asir entre sus dedos

los múltiples colores de las mariposas.

Atar en la mirada los paisajes del archipiélago.

Conocer el canto húmedo de los ríos.

No tuvieron tiempo de decir:

-Esta tierra es nuestra.

Juntaremos colores.

Haremos bandera.

La defenderemos.

Hubo un tiempo

-no lo conocí-

en que la caña

los millones

y la provincia de nombre indígena

de salobre y húmedo apellido

tenían música propia

y desde los más remotos lugares

llegaban los danzantes.

Por la caña.

Por la mar.

Por el raíl ondulante y frío

muchos quedaron atrapados.

Tras la alegre fuga de otros

quedó el simple sonido del apellido adulterado

difícil de pronunciar.

La vetusta ciudad.

El polvoriento barrio

cayéndose sin ruido.

La pereza lastimosa del caballo de coche.

El apaleado joven

requiriendo la tibieza de su patria verdadera.

Los que quedan. Estos.

Los de borrosa sonrisa.

Lengua perezosa

para hilvanar los sonidos de nuestro idioma

son la segunda raíz de mi estirpe.

Vieja roca

donde crece y arde furioso

el odio antiguo a la corona.

A la mar.

A esta horrible oscuridad

plagada de monstruos.

Oyeme viejo Willy cochero

fiel enamorado de la masonería.

Oyeme tú George Jones

ciclista infatigable.

John Thomas predicador.

Winston Brodie maestro.

Prudy Ferdinand trompetista.

Cyril Chalanger ferrocarrilero

Aubrey James químico.

Violeta Stephen soprano.

Chico Conton pelotero.

Vengo con todos los viejos tambores

arcos y flechas

espadas y hachas de madera

pintadas a todo color ataviado

de la multicolor vestimenta de “Primo”

el Guloya enfermero.

Vengo a escribir vuestros nombres

junto al de los sencillos.

Ofrendaros

esta Patria mía y vuestra

porque os la ganáis

junto a nosotros

en la brega diaria

por el pan y la paz.

Por la luz y el amor.

Porque cada día que pasa

cada día que cae

sobre vuestra fatigada sal de obreros

construimos 

la luz que nos deseáis.

Aseguramos

la posibilidad del canto

para todos.

Norberto James Rawlings. República Dominicana (1945-2021)