Lament

Estándar

Weep, weep for those

who do the work of the Lord

with a high look

and a proud heart.

Their voice is lifted up

in the streets, and their cry is heard.

The bruised reed they break

by their great strength, and the smoking flax

they trample.

Weep not for the quenched

(for their God will hear their cry

and the Lord will come to save them)

but weep, weep for the quenchers.

For when the Day of the Lord

is come, and the vales sing

and the hills clap their hands

and the light shines

then their eyes will be opened

on a waste place,

smouldering,

the smoke of the flax bitter

in their nostrils,

their feet pierced

by broken reed-stems . . .

Wood, hay and stubble,

and no grass springing,

and all the birds flown.

Weep, weep for those

who have made a desert

in the name of the Lord.

 

Evangeline Paterson. Ireland (1928-2000)

A wish for my children

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On this doorstep I stand,

year after year

and watch you going

and think: may you not

skin your knees; may you

not catch your fingers

in car doors.

May

your hearts not break.

May tide and weather

wait for your coming.

and may you grow strong

to break

all webs of my weaving.

Evangeline Paterson. Ireland (1928-2000)

Mar en fuga

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Cómo escapar, cómo escapar de esta sombra que solo se nombra en la oscuridad y echar a andar, esposado a la penumbra que no se deslumbra por la claridad.

Cómo salir, cómo salir de esta duda que todo lo anuda por contradicción, sin elegir una cara de la luna, pues no está en ninguna la contestación.

Como mar en fuga, entre río y nube, como mar en fuga que desciende y sube huyendo siempre de sí misma, pero siempre, pero siempre la misma mar en fuga.

Cómo olvidar, cómo olvidar la memoria que empuja a su historia a la soledad, sin recordar cada noche, cada día de la biografía que va haciendo edad.

Cómo partir, cómo partir del destrozo que queda del gozo por la destrucción, sin impedir el milagro del latido que aún sueña, dormido, en el corazón.

Luis Eduardo Aute. Filipinas (1943- )

La higuera

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Porque es áspera y fea, porque todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos, ciruelos redondos, limoneros rectos y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras, todos ellos se cubren de flores en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste con sus gajos torcidos que nunca de apretados capullos se viste…

Por eso, cada vez que yo paso a su lado, digo, procurando hacer dulce y alegre mi acento: “Es la higuera el más bello de los árboles todos del huerto.”

Si ella escucha, si comprende el idioma en que hablo, ¡qué dulzura tan honda hará nido en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche, cuando el viento abanique su copa, embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

Juana de Ibarbourou. Uruguay (1892-1979)

Melancolía

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La sutil hilandera teje su encaje oscuro

con ansiedad extraña, con paciencia amorosa.

¡Qué prodigio si fuera hecho de lino puro

y fuera, en vez de negra, la araña, color rosa!

 

En un rincón del huerto amoroso y sombrío

la velluda hilandera teje su tela leve.

En ella sus diamantes suspenderá el rocío

y la amarán la luna, el alba, el sol, la nieve.

 

Amiga araña: hilo cual tú mi velo de oro

y en medio del silencio mis joyas elaboro.

Nos une, pues, la angustia de un idéntico afán.

 

Mas pagan tu desvelo la luna y el rocío.

¡Dios sabe, amiga araña, qué hallaré por el mío!

¡Dios sabe, amiga araña, qué premio me darán!

 

Juana de Ibarbourou. Uruguay (1892-1979)

La oración de la tarde

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Tiende la tarde el silencioso manto

de albos vapores y húmidas neblinas,

y los valles y lagos y colinas

mudos deponen su divino encanto.

 

Las estrellas en solio de amaranto

al horizonte yérguese vecinas,

salpicando de gotas cristalinas

las negras hojas del dormido acanto.

 

De un árbol a otro en verberar se afana

nocturna el ave con pesado vuelo

las auras leves y la sombra vana;

 

y presa el alma de pavor y duelo,

el místico rumor de la campana

se encoge, y treme, y se remonta al cielo.

 

Joaquín A. Pagaza. México (1839-1918)

La razón contra el gusto

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Al que ingrato me deja, busco amante;

al que amante me sigue, dejo ingrata;

constante adoro a quien mi amor maltrata;

maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,

y soy diamante al que de amor me trata;

triunfante quiero ver al que me mata,

y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo;

si ruego a aquél, mi pundonor enojo:

de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo, por mejor partido, escojo

de quien no quiero, ser violento empleo,

que, de quien no me quiere, vil despojo.

 

Sor Juana Inés de la Cruz. México (1648-1695)