Las paredes oyen

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(fragmento)

Tus sentimientos encareces

sin escuchar mis disculpas.

Cuanto sin razón me culpas,

tanto con razón padeces.

Si miras lo que mereces,

verás como la pasión

te obliga a que, sin razón,

agravies, en tu locura,

con las dudas, la hermosura;

con los celos, la elección.

 

Juan Ruiz de Alarcón. México (1581-1639)

Horas alegres

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Horas alegres que pasáis volando

porque a vueltas del bien mayor mal sienta;

sabrosa noche que en tan dulce afrenta

el triste despedir me vas mostrando.

 

Importuno reloj que, apresurando

tu curso, mi dolor me representa;

estrellas con quien nunca tuve cuenta,

que mi partida vais acelerando.

 

Gallo que a mi pesar has denunciado,

lucero que mi luz va oscureciendo,

y tú, mal sosegada y moza aurora,

 

si en vos cabe dolor de mi cuidado,

id poco a poco el paso deteniendo,

si no puede ser más, siquiera un hora.

 

Gutierre de Cetina. España (1520-1557)

Madrigal

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Ojos claros, serenos,

si de un dulce mirar sois alabados,

¿por qué, si me miráis, miráis airados?

 

Si cuando más piadosos,

más bellos parecéis a aquel que os mira,

no me miréis con ira,

porque no parezcáis menos hermosos.

 

¡Ay, tormentos rabiosos!

 

Ojos claros, serenos,

ya que así me miráis, miradme al menos.

 

Gutierre de Cetina. España (1520-1557)

Nanas de la cebolla

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La cebolla es escarcha cerrada y pobre.

Escarcha de tus días y de mis noches.

Hambre y cebolla,

hielo negro y escarcha grande y redonda.

 

En la cuna del hambre mi niño estaba.

Con sangre de cebolla se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar, cebolla y hambre.

 

Una mujer morena resuelta en luna

se derrama hilo a hilo sobre la cuna.

Ríete, niño,

que te traigo la luna

cuando es preciso.

 

Alondra de mi casa, ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos la luz del mundo.

Ríete tanto

que mi alma al oírte

bata el espacio.

 

Tu risa me hace libre, me pone alas:

soledades me quita,

cárcel me arranca.

Boca que vuela,

corazón que en tus labios relampaguea.

 

Es tu risa la espada más victoriosa,

vencedor de las flores y las alondras,

rival del sol,

porvenir de mis huesos y de mi amor.

 

La carne aleteante, súbito el párpado,

el vivir como nunca coloreado.

¡Cuánto jilguero

se remonta, aletea, desde tu cuerpo!

 

Desperté de ser niño: nunca despiertes.

Triste llevo la boca: ríete siempre.

Siempre en la cuna,

defendiendo la risa pluma por pluma.

 

Ser de vuelo tan alto, tan extendido,

que tu carne es el cielo recién nacido.

¡Si yo pudiera 

remontarme al origen de tu carrera!

 

Al octavo mes ríes con cinco azahares.

Con cinco diminutas ferocidades.

Con cinco dientes

como jazmines adolescentes.

 

Frontera de los besos serán mañana,

cuando en la dentadura sientas un arma.

Sientas un fuego

correr dientes abajo buscando el centro.

 

Vuela niño en la doble luna del pecho:

él, triste de cebolla,

tú, satisfecho.

No te derrumbes.

No sepas lo que pasa ni lo que ocurre.

 

Miguel Hernández. España (1910-1942)

En una cajita de fósforos

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En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

 

Un rayo de sol, por ejemplo

(pero hay que encerrarlo muy rápido,

si no, se lo come la sombra);

un poco de copo de nieve,

quizá una moneda de luna,

botones del traje del viento,

y mucho, muchísimo más.

 

Les voy a contar un secreto.

En una cajita de fósforos

yo tengo guardada una lágrima,

y nadie, por suerte, la ve.

Es claro que ya no me sirve.

Es cierto que está muy gastada.

Lo sé, pero qué voy a hacer

tirarla me da mucha lástima.

 

Tal vez las personas mayores

no entiendan jamás de tesoros.

Basura, dirán, cachivaches,

no sé por qué juntan todo esto.

 

No importa, que ustedes y yo

igual seguiremos guardando

palitos, pelusas, botones,

tachuelas, virutas de lápiz,

carozos, tapitas, papeles,

piolín, carreteles, trapitos,

hilachas, cascotes y bichos.

En una cajita de fósforos

se pueden guardar muchas cosas.

Las cosas no tienen mamá.

 

María Elena Walsh. Argentina (1930-2011)

Los ratones

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Juntáronse los ratones

para librarse del gato;

y después de largo rato

de disputas y opiniones,

dijeron que acertarían

en ponerle un cascabel,

que andando el gato con él,

librarse mejor podrían.

 

Salió un ratón barbicano,

colilargo, hociquirromo

y encrespando el grueso lomo,

dijo al senado romano,

después de hablar culto un rato:

-¿Quién de todos ha de ser

el que se atreva a poner

ese cascabel al gato?

 

Lope Félix de Vega y Carpio. España (1562-1635)

Mariposa del aire

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Mariposa del aire,

qué hermosa eres,

mariposa del aire

dorada y verde.

 

Luz del candil,

mariposa del aire,

¡quédate ahí, ahí, ahí!

No te quieres parar,

pararte no quieres.

 

Mariposa del aire

dorada y verde.

Luz de candil,

mariposa del aire,

¡quédate ahí, ahí, ahí!

¡Quédate ahí!

Mariposa, ¿estás ahí?

 

Federico García Lorca. España (1898-1936)

Abril

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El chamariz en el chopo.

¿Y qué más?

El chopo en el cielo azul.

¿Y qué más?

El cielo azul en el agua. ¿Y qué más?

En agua en la hojita nueva.

¿Y qué más?

La hojita nueva en la rosa.

¿Y qué más?

La rosa en mi corazón.

¿Y qué más?

¡Mi corazón en el tuyo!

 

Juan Ramón Jiménez. España (1881-1958)

Lavanderas del Grijalva

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Pañuelos del adiós,

camisa de la boda,

en el río, entre peces

jugando con las olas.

 

Como un recién nacido

bautizado, esta ropa

ostenta su blancura

total y milagrosa.

 

Mujeres de la espuma

y el ademán que limpia,

halladme un río hermoso

para lavar mis días.

 

Rosario Castellanos. México (1925-1974)