No remiendes tu traje

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Rico, no remiendes tu traje, ni
recojas la espiga que se cae de tu
carro; son bienes del pobre. Es el
viento el que abre tu mano y es la
zarza la que te desnuda.

Del árbol deja la fruta caída.
Alguien la desprendió por la
noche para otra boca que no es la
tuya.

Deja la caza que escapa de tu
campo; para otro puchero distinto
del de tu mesa está destinada.

No lamentes hasta oscurecer
tu vida y marcar con arrugas la
serenidad de tu frente, la moneda
que huyó a escondidas de tu
bolsillo, que de seguir aligeró el
peso de tu andar.

Duélete, sí, si cayó en cepo de
codicia, mas sólo porque dañará a
tu hermano.

Josefina Zendejas
(México).

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