Romanos 3.7

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PERO, ¿QUÉ ME ASEGURA QUE DIOS, REALMENTE, ME SEGUIRÁ AMANDO?

Texto: Romanos 5:6-11

Idea central: Dios no nos abandonó cuando era más difícil amarnos, así que podemos estar seguros de que no nos abandonará ahora que ya estamos en Jesús.

Lecciones particulares: 

– Podemos estar seguros de que Dios nos ama, de que no se cansará de nosotros:

  •  Cristo te ama tanto que prefirió morir a perderte, aunque eso es algo que casi nadie haría, incluso si tú hubieses sido perfecto (v.7).
  • Cristo te ama tanto que prefirió morir a perderte, aún cuando tú eras débil (v.6): aún cuando no le traías ninguna ventaja ni podías aportarle nada.
  • Cristo te ama tanto que prefirió morir a perderte, aún cuando tú eras pecador (v.8): aún cuando tenerte cerca era acercar aquello más contrario a su propia naturaleza.- Si eso fue cuando éramos culpables, ¿nos despreciará Dios ahora que somos justificados? ¡Gracias a Jesús, ya Dios no está enojado con nosotros! (v.9)

    —  Si eso fue cuando éramos enemigos, ¿nos dejará Dios ahora que estamos reconciliados? ¡Gracias a Jesús, tenemos una relación viva con Dios! (v.10)

    — ¡Alégrate! (v.11) ¡El Padre (v.10), el Hijo (v.6) y el Espíritu Santo (v.5) todos te aman por medio de Jesús!

    Preguntas de introspección: ¿Te has detenido a pensar en el amor que Dios mostró cuando dio a su Hijo por ti? ¿Has considerado que, cuando Jesús murió por ti, lo hizo aunque tú no podías aportarle nada? ¿Has considerado que, cuando Jesús murió por ti, eras una muestra de cómo había sido echada a perder su obra de arte? ¿Has considerado que, incluso si fueras justo y bueno, es probable que no encontraras a nadie más que estuviera dispuesto a sacrificarse así por ti? ¿Vives agradecido a Dios por todo esto? ¿Confías en el amor que Dios ha demostrado que te tiene? ¿Encuentras ánimo para seguir levantándote cuando caes, sabiendo que Dios jamás dejará de extenderte la mano? ¿Te recuerdas a ti mismo esta buena noticia todos los días, de modo que no te apartes de Dios?

    Historia sugerida: Parábola del hijo pródigo (Lucas 15:11-32).

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