Romanos 4.2

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4.2 UNA NUEVA IDENTIDAD… PARA SIEMPRE

Texto: Romanos 6:8-11

Idea central: Cuando pensemos en nosotros, veámonos igual que como vemos a Jesús: sin relación con el pecado y en relación imperecedera con Dios.

Lecciones particulares: 

— Si estamos en Cristo, hemos muerto con Él (vv.3-7). Si morimos con Él, también es cierto que viviremos con Él (v.8).

¿Por qué querría uno vivir con Él? ¿Cuál es la ventaja de vivir con Él?

— Como Él resucitó de entre los muertos (v.9a), la muerte ya no tiene poder sobre Él (v.9c). En otras palabras, ¡Él no volverá a morir! (v.9b).

¿Cómo podemos estar seguros de esto? ¿Cómo sé que, efectivamente, la muerte no tiene poder sobre Él?

— La muerte solamente tiene poder sobre una persona como debido al pecado (Romanos 5:12).
— Cuando Jesús murió, su muerte significó el fin absoluto de su relación con el pecado (v.10a; cf. Hb. 9:28).
— Más aún, su vida, la cual Él no puede perder (ya que no puede morir), significa que Él tiene una relación con Dios (v.10b) que es imposible que pierda.

Del mismo modo, entonces, como fuimos unidos a Él en su muerte (vv.3-7)…

— Dejemos de vernos a nosotros mismos como si fuéramos la misma persona que antes: así como, cuando pensamos en Jesús, pensamos que Él siempre tiene la fuerza para decir “¡No!” al pecado y para vivir de una forma que agrade a Dios, ¡así también pensemos de nosotros! (v.11). ¡Cambiemos la forma en que nos vemos a nosotros mismos!

Preguntas de introspección:

¿Apreciamos el efecto que tiene el pecado sobre nuestras vidas – que la mera relación con él es suficiente para matar? ¿Nos vemos a nosotros mismos de esta manera? ¿Estamos conscientes de que, si estamos en Cristo, los pecados en nuestra vida (odios, iras, malediencias, orgullo, egoísmo, lujurias, desenfreno…) no tienen forma de obligarnos a cometerlos? ¿Estamos conscientes de que, en Cristo, tenemos libertad para caminar en Coram Deo – frente al rostro de Dios, en sus caminos? ¿Estamos conscientes de que nuestra relación con el pecado y con Dios es, en esencia, la misma que Jesús tiene? ¿Cómo nos vemos frente al pecado, como víctimas derrotadas o como guerreros victoriosos? ¿Cuál es nuestra actitud al enfrentarnos al mal, pesimista y temerosa, o creyente y valerosa?

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