Romanos 4.17

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¡TODAVÍA FALTA MUCHO POR HACER!

Texto: Romanos 8:18-25

Idea central: Todo el dolor que vemos en el mundo es el equivalente visible de toda la gloria invisible que se perdió con el pecado. Toda esa gloria aún está por venir y saber eso nos capacita para sufrir con Cristo hoy, aunque signifique negarnos a las cosas de este mundo.

Lecciones particulares: 

Seremos glorificados con Cristo si seguimos al Espíritu no solo cuando todo va bien, sino también cuando el camino trae dolor (v.17). Pero, ¿vale la pena contentarnos con lo que Dios nos dé, en lugar de luchar por seguir nuestro propio camino?

— Sí, porque la gloria que Dios tiene reservada para mostrar a sus hijos hace que cualquier sufrimiento que tengamos o cualquier cosa que dejemos de obtener sea insignificante (v.18).

¿Cómo sé que esa gloria realmente será tan espectacular como Dios quiere que creamos?

—  La libertad de la gloria de los hijos de Dios es la antítesis de la esclavitud a la corrupción del pecado (v.21). Cuando el pecado entró al mundo y corrompió la Creación, esto no activó un gatillo de maldición automática, ni tampoco fue la decisión de la Creación misma (v.20a). Más bien, la maldición que sobrevino fue el resultado de una decisión calculada de parte de Dios (v.20b), de manera que el contraste hiciera claramente la diferencia entre vivir en esclavitud a la corrupción y vivir en la libertad de la gloria de Dios (v.20b).

—  Así, todo el dolor que vemos en la Creación a nuestro alrededor – la extinción de especies, las sequías, los desastres naturales, las hambrunas, las enfermedades… – es evidencia visible de lo mucho que se ha perdido (v.22). En otras palabras, lo profundo del dolor en la Creación está diseñado para que podamos apreciar lo inmensurable de la gloria que está por venir (v.19): viendo el agujero podemos estimar el tamaño de la pelota.

— Más aún, si realmente tenemos al Espíritu de Dios (v.23a), nosotros también hemos tenido un “gustico”, una “probadita” de lo que es la realidad espiritual de gloria. Esto hace que también sintamos la “penita”, el anhelo por ese “algo” mejor… Por la consumación final de todo y la redención de nuestro cuerpo (v.23).

Ahora bien…

—  La razón por la cual todavía tenemos esta “penita” en el corazón es precisamente porque todo lo que tenemos o que pudiéramos tener no es esa gloria suprema que explica el sufrimiento del mundo (v.24). Si lo fuera, entonces, ¿por qué esperar algo más?

—  Ahora, si realmente estamos esperando, si realmente sabemos que la gloria no es este mundo, entonces no viviremos enfocados en obtener la vida perfecta, sin sufrimiento, completamente “realizada” y exitosa. Más bien, si realmente estamos esperando, podremos esperar con paciencia, dispuestos a sufrir con Cristo si es necesario (v.17), pues sabemos que lo mejor aún está por venir (v.18).

Preguntas de introspección:

¿Qué tan sensible eres al dolor que te rodea? Si el sufrimiento de la Creación es tan profundo que apunta a la gloria por venir, ¿tienes un corazón tierno que se duele y compadece de ella, o estás tan endurecido que no te das cuenta o, peor, no le das importancia?

¿En qué maneras puedes mostrar un corazón como el de tu Padre en los cielos, que cuida hasta el más pequeño de los pajarillos del campo? ¿Cuál es tu círculo de influencia sobre el que Dios te ha dado responsabilidad?

Al ver el dolor a tu alrededor, ¿es tu corazón cínico, quejón, que huye de la responsabilidad, o tienes un corazón amoroso y valiente?

¿Qué mundo es el que llena los ojos de tu mente? ¿Cuáles son aquellas cosas, relaciones o situaciones específicas que deseas tanto que hacen que tu vista se enfoque aquí?

¿Te das cuenta de la relación que existe entre tu sensibilidad al dolor a tu alrededor y la claridad de tu fe? ¿De qué formas prácticas el dolor que ves en la Creación puede ayudarte a mantener tu vista enfocada en la gloria por venir? ¿Cómo puedes vivir con los ojos puestos en la gloria venidera, pero sin hacerte insensible al sufrimiento a tu alrededor?

Historia sugerida: Selección de las historias de los héroes de la fe (Hebreos 11).

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