La vaca

Estándar

Brillante con el brillo de la vida,
de asta pequeña y de pezuña breve,
de piel con la blancura de la nieve
y ubres como una fuente dividida,
va a una cadena de metal prendida
la res lustrosa donde el sol luz llueve
y arrastra al hombre, cuyo paso mueve,
retozando, de todo sorprendida.

Muge, brinca, sacude la cabeza;
la espléndida salud, que es su belleza,
muestra en el ancho lomo y cuello altivo.

Y cuando cesa de jugar, cansada,
mansa, enorme, paciente y reposada,
parece, andando, un monumento vivo.

Salvador Rueda
(España, 1861-1933)

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