Romanos 5.17

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TEMOR Y GRATITUD

Texto: Romanos 11:17-24

Idea central: Al pensar en los judíos o personas que se hayan apartado de Dios, nuestra reacción no debiera ser de orgullo, pensando que somos mejores que ellos, sino de reflexión, autoexamen, y gratitud.

Lecciones particulares: Si estamos bajo el Nuevo Pacto, siguiendo el Nuevo Testamento, en un nuevo pueblo… ¿Para qué darle mente a un pueblo que sabemos está bajo el juicio de Dios? ¿Debieran importarme los judíos (especialmente si no conozco ninguno)?

— Es cierto que parte de los judíos fueron cortados del pueblo espiritual de Dios y que nosotros, que “no éramos pueblo” (cf. Romanos 10:19), somos contados como descendencia de Abraham (cf. Ro. 2:28,29), pero esto no es excusa para enorgullecernos (vv.17,18a). Recuerda, la única diferencia entre ellos y tú es su incredulidad y la fe que tienes en Dios (vv.19,20a).

— No te enorgullezcas ni eches a un lado a los judíos (como platos de segunda mesa o reliquias del pasado), pues nuestra relación con Dios no sustenta la salvación de los santos del Antiguo Testamento, pero la relación de Abraham con Dios es la raíz de la que proviene nuestra salvación (v.18b; cf. Ro. 4:16,22-25).

— En lugar de motivarnos al orgullo, cuando pensemos en los judíos y su caída, debiéramos ser motivados a dos reacciones: 1. Humildad y sobriedad (v.20b), sabiendo que Dios no hace acepción de personas (v.22; cf. Ro. 2:11) y que, si nos enorgullecemos como ellos, seremos cortados por igual (v.21). Esto no significa que un electo pudiera llegar a ser “de-seleccionado” y perder su salvación, sino que “por sus frutos los conoceréis” y “árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego” (Mateo 7:16-23). [Ver Lecciones 4.4 y 4.12]. 2. Gratitud, considerando la gracia de Dios, quien nos injertó en su pueblo aunque no le buscábamos, ni le conocíamos, ni nos interesaba (v.22; cf. Ro. 10:19,20).

— Más aún, no te enorgullezcas contra los judíos porque, si Dios quiere, así como produjo fe en nosotros, también es capaz de producir fe en ellos, haciéndolos otra vez parte de su pueblo escogido (vv.23,24).

Preguntas de introspección:

¿Cuál es tu opinión de los judíos contemporáneos, como individuos y como nación? ¿Cuáles son tus sentimientos hacia ellos? ¿Qué te indican tu opinión y sentimientos (o ausencia de ellos) acerca de la actitud de tu corazón y tu percepción de tu elección? ¿Cómo puede una apreciación bíblica del pueblo judío permitirte apreciar las riquezasdel Antiguo Testamento (las promesas, el carácter de Dios…)? ¿Cómo puedes asegurarte de no entumecerte y olvidarte de los judíos que viven hoy? ¿Cómo puedes aportar consistentemente para su salvación?

¿Dónde están tus ojos cuando consideras la caída de grupos que antes seguían a Dios (e.g. los judíos, la iglesia católica, un sinnúmero de denominaciones e iglesias protestantes…)?

¿Dónde están tus ojos cuando consideras la caída de hombres que una vez fueron considerados santos? ¿Te enfocas en sus fallas y tus virtudes, o “pones tu barba en remojo” y reconoces la misericordia de Dios? ¿Por qué es importarte lidiar con el orgullo que pudiera surgir en nuestros corazones al compararnos con personas que han caído? Si hay orgullo en nuestro corazón, ¿permanecemos, realmente, en “la bondad (la gracia) de Dios – o estamos pensando en nuestros méritos?

Historia sugerida: 

Historia de Jonás y su opinión de Nínive (Jonás 4); parábola del hermano mayor del hijo pródigo (Lucas 15:25-32).

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