Apuntes a Santiago

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TEMA 4. FE GENUINA Y OBEDIENCIA. 1:18-27

18En el ejercicio de su voluntad, El nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas.

En este versículo Santiago añade otra evidencia a que Dios no es responsable, ni directa ni indirectamente, de nuestras tentaciones. Responde 4 preguntas acerca de la regeneración, del nuevo nacimiento, que dan luz a la evidencia de que Dios no es responsable de nuestras tentaciones ni de los pecados que resultan por sucumbir a ellas. Más bien, El es responsable de nuestra rectitud.
1) ¿Quién lo hace? El, de su voluntad (1:18a). Nadie ha venido al mundo por su propia voluntad o plan. La concepción, gestación y nacimiento de un niño están por completo fuera de su conciencia y control. Es receptor pasivo. Así el hombre, nadie tiene la voluntad de crear una nueva naturaleza dentro de sí mismo (Jeremías 13:23 ¿Puede el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Así vosotros, ¿podréis hacer el bien estando acostumbrados a hacer el mal?). Dios declaró la única forma, Jeremías 31:31-34.
2) ¿Qué hace? nos hizo nacer (1:18b). La regeneración es un milagro de Dios por el cual se implanta el principio de la vida nueva en el hombre y se hace santa la disposición que gobierna su alma. Esto es el nuevo nacimiento, el nacer de nuevo (Juan 3:3-8; Efesios 2:5-6; 1 Pedro 1:23; Ezequiel 36:25-27 “Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré.” Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. “Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas).
3) ¿Cómo lo hace? por la palabra de verdad (1:18c). logo aletheias (palabra de verdad), toda la Palabra de Dios en sentido general y en particular el evangelio.
4) ¿Para qué lo hace? para que seamos primicias de sus criaturas (1:18d). Las primicias eran lo primero y lo mejor de los cultivos que se estaban cosechando y eran por lo general un indicador de cómo sería el resto de la cosecha. Un campesino estaría tentado a tomar esa cosecha temprana y guardarla, por si acaso el resto se perdiera por alguna sequía, plaga de langostas u otra calamidad. Pero el Señor exigía que lo primero y lo mejor debía darse a El. Santiago escribe que los regenerados por medio de Cristo serán las primicias de sus criaturas en su postrer creación del cielo nuevo y de la tierra nueva (Apocalipsis 14:4 Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; Romanos 8:22-23 Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo). Somos recipientes del fruto del Espíritu, ofrecido a Dios porque El lo merece y como parte de la promesa. Como recién nacidos somos promesa de lo que vendrá, los primeros frutos de la Resurrección -qué hermosa imagen!- por tanto no seamos ligeras del costo pagado por nosotras, no seamos ligeras lo que significa entregarse a tentaciones sino que como nuevas criaturas caigamos de rodillas e imploremos a Dios que nos fortalezca en el camino que andemos, un camino de puerta estrecha, pero un camino que termina en corona de vida.

primicia
Del lat. primitiae, -arum ‘primicias’.
1. Fruto primero de cualquier cosa.
2. Noticia, hecho que se da a conocer por primera vez.
3. Prestación de frutos y ganados que además del diezmo se daba a la Iglesia.
4. Principios o primeros frutos que produce cualquier cosa no material.

19Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; 20pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
21Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras almas.

Santiago presenta ahora la tercera prueba de un verdadero creyente. La 1ra. fue respuesta a las pruebas, la 2da respuesta a la tentación. La 3ra. es respuesta -obediencia- a la verdad revelada en la Palabra de Dios.
La palabra “obediencia” es el pegamento que une estos versos. A medida que leemos, Santiago quiere que nos demos cuenta que tratar a un pobre igual que a una persona rica es otra forma de obediencia a la ley: nos muestra cómo fe y obras, aunque distintas, son inseparables en nuestra relación con Dios (2:14-26).

En la primera parte del capítulo la preocupación de Santiago ha sido estimular a creyentes bajo presión a responder con perseverancia apoyada en fe invariable. Constancia, consistencia, unidad de propósito, son virtudes cristianas clave. Tal clase de lealtad a Dios se expresa en obediencia a la Palabra de Dios.

Ahora nos ofrece 3 áreas de trabajo específicas; cada una tenemos la tendencia natural a ser lentas para escuchar, rápidas para hablar y rápidas para la ira. ¿Analizaron sus relaciones? ¿Cuál tendría mayor impacto si seguimos a Santiago?
Al inicio cualquiera piensa que esas 3 cosas que Santiago menciona se refieren a nosotros, a cómo nos relacionamos con otras personas y cómo les impactaría si cambiamos.

Ira y lenguaje son temas tradicionales de la literatura judía (Proverbios 17:28 Aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio, cuando cierra los labios, por prudente.; 10:19 En las muchas palabras, la transgresión es inevitable, mas el que refrena sus labios es prudente.; 11:12-13 El que menosprecia a su prójimo carece de entendimiento, pero el hombre prudente guarda silencio. El que anda en chismes revela secretos, pero el de espíritu leal oculta las cosas; 13:3 El que guarda su boca, preserva su vida; el que mucho abre sus labios, termina en ruina; 17:27 El que retiene sus palabras tiene conocimiento, y el de espíritu sereno es hombre entendido).
En Santiago, de entrada pensamos que las 3 áreas se refieren a nuestra relación con otra gente y el impacto que tendría nuestro cambio. Pero si vemos el contexto, Santiago se refiere en todo momento a la Palabra de Verdad: no podemos oírla solamente, también hay qué cumplirla; ¿qué sucede cuando la Palabra de Dios nos confronta de pecado? Lo obediente es que seamos rápidas para oír, lentas para hablar y lentas para airarnos.

¿Qué hacemos cuando queremos escuchar a tal o cual persona, conferencista, etc.?
Eliminamos distracciones, queremos buen sonido e iluminación -un ambiente adecuado; nos concentramos en la persona que habla; si es una conversación privada luego repetimos lo que nos dicen; hacemos preguntas buscando claridad; y en especial si son niños, hemos de resistir la urgencia a interrumpir, a ofrecer consejos o, peor, a cambiar el foco de la otra persona hacia nosotros mismos.
El proceso es muy similar cuando Dios tiene algo qué decirnos.
Al escuchar la Palabra de Dios, es sabio eliminar distracciones, concentrarnos en El, repetir Sus palabras… he aquí el por qué de nuestra lectura repetitiva, hasta que ganar entendimiento. Es bueno preguntar, es bueno clamar y decir “Señor mira lo difícil, ¡ayúdame!” ¿No dice Santiago que pidamos sabiduría?

¿Cómo respondes a lo que Dios te dice?
Resiste la urgencia de interrumpir -el famoso plan B-, resiste el impulso de tomar las palabras y enseñanza de Dios y egoístamente pensar solo en ti.
Dios nos amonesta a ser rápidas para oír de Su Palabra. Priorizar nuestro tiempo haciendo esto mismo, escuchando buena enseñanza, leyendo, sumergidas en escuchar las palabras de Dios.

Pero, ¿qué sucede luego cuando oímos a Dios?
Luego resulta incómodo y ¿qué hacemos? Buscamos excusas…pero-pero-pero… Si la Palabra nos trae convicción, entonces somos rápidas para hablar y buscar excusas.

Tardo para hablar… porque si hablamos, ¿qué aprendemos? Es imposible hablar y aprender al mismo tiempo. Tenemos dos orejas fuera de la cabeza y una sola lengua oculta dentro de la boca: rápidas para oír, lentas para hablar y para airarse. Luego pasa que algo nos produce convicción de pecado y respondemos con ira y frustración.

¿Es pecado la ira? No. La ira es una emoción, igual que el gozo o la tristeza. Las emociones no tienen valor moral asignado, este valor surge cuando añadimos emociones a un pensamiento o una acción equivocada. La ira no es pecado en sí misma, pero al igual que con cualquier otra emoción, siempre existirá la tentación porque queremos sentir de cierta manera… La psicología barata dice que como las emociones son el producto natural de la personalidad, no pueden controlarse, solo suprimirse o ignorarse. Pero Santiago dice claramente que las emociones son el producto de toda la persona, y que por la gracia de Dios y la obra del Espíritu, la persona puede ser transformada de tal modo que traiga sus emociones alineadas con la obra y voluntad de Dios.
Piensa por un momento: Jesús pasó 33 años al lado de toda clase de gente, ¿cuántas veces perdió el control? Dos, una en el templo y otra en la sinagoga donde sanó al hombre de la mano seca. Luego la gente excusa su ira diciendo “Jesús se airó.” Pero la ira del Señor no fue nunca pecaminosa, si estudian los pasajes se darán cuenta que su ira fue producto de celo por la gloria de Dios. Jesús no se airó por causa de su propia gloria, sino por causa del Padre.

¿Y cuando yo me airo? ¿De cuál gloria tengo celo? La mía propia, alguien ha violado mi voluntad. Mi ira se levanta cada vez que mi voluntad está en juego. Luego no es equivocada, pero si vuelco mi ira en acciones que intentan restaurarme a una posición de poder o de autoridad, luego entonces está mal.

¿Qué tan frecuente demostramos ira por causa de la gloria de Dios?
Saben, la mejor razón para ser lentas en airarnos es debida al mismo Dios, nuestra Padre es lento para la ira, grande en misericordia, gentileza y compasión.
De modo que ¿cuál relación quedaría más impactada al cambiar? La de nuestra Padre celestial.
Ser enseñables, ser capaces de oír Su palabra y revelar nuestra pecaminosidad, capaces de escuchar y cambiar, lentas para hablar y lentas para airarnos, esto nos será más fácil con la práctica diaria.

la justicia de Dios… Describe un atributo: Su pureza moral y en especial Su confiabilidad y fidelidad en que hará lo que ha prometido (Salmo 35:24 Júzgame conforme a tu justicia, oh SEÑOR, Dios mío; que no se rían de mí). Recuerden que la carta antecede a los escritos de Pablo, Santiago debe leerse en el contexto del Antiguo Testamento, del judaísmo, y en particular de las enseñanzas del Señor Jesús. Santiago utiliza la frase “la justicia de Dios” con el significado bíblico global: hacer lo que Dios requiere de Su pueblo (Mateo 5:20 Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.; 5:6,10; 6:33). En pocas palabras, que la ira del hombre no produce conductas que agraden a Dios.

21Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras almas.
22Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. 23Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; 24pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es.
25Pero el que mira atentamente [intencionadamente] a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.
26Si alguno se cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana.
27La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.

La palabra “inmundicia” tiene una raíz que también puede traducirse como “tapones de cera.” ¿Ven la conexión? ¿Quieres escuchar mejor? Retira todo aquello que es obstáculo para escuchar y recibir la Palabra de Dios. “Malicia” es otra palabra especial:
malicia
Del lat. malitia.
1. Intención solapada, de ordinario maligna o picante, con que se dice o se hace algo.
2. maldad (‖ cualidad de malo). Inclinación a lo malo y contrario a la virtud.
4. Interpretación siniestra y maliciosa, propensión a pensar mal.
5. Cualidad por la que algo se hace perjudicial y maligno.
6. Penetración, sutileza, sagacidad.
7. Sospecha o recelo.
8. Palabra satírica, sentencia picante y ofensiva.

Es una palabra que indica intento o pecado deliberado.

El tema es obvio: quienes experimentan el nuevo nacimiento por medio de la Palabra de Dios (v.18), aceptan con humildad (v.21) la Palabra cumpliéndola (v.22-27). La “religión” que cuenta delante de Dios, capaz de salvar el alma, proviene de la expresión de un estilo de vida de obediencia a la Palabra de Dios “implantada” en cada creyente (1 Pedro 1:23-2:2 Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. Porque: TODA CARNE ES COMO LA HIERBA, Y TODA SU GLORIA COMO LA FLOR DE LA HIERBA. SECASE LA HIERBA, CAESE LA FLOR, MAS LA PALABRA DEL SEÑOR PERMANECE PARA SIEMPRE. Y esta es la palabra que os fue predicada.
1Por tanto, desechando toda malicia y todo engaño, e hipocresías, envidias y toda difamación, 2desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcáis para salvación).

Observen que la metáfora habitual de “quitarse la vieja ropa” y “vestirse con nueva” no es la que utilizan Pedro ni Santiago: ambos utilizan un imperativo positivo que es “aceptar, recibir” ¿Por qué? Porque no se trata de adoptar un nuevo código de conducta sino de algo más básico: la influencia de la Palabra de Dios para producir una nueva conducta (Jeremías 31:33 porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días -declara el SEÑOR- Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo; Ezequiel 36:24-32).
Dios planta, la hace permanente, parte inseparable del creyente, guía y presencia que comanda desde el interior.
Luego entonces en Santiago la frase “aceptar con humildad la palabra implantada en vosotros” no es un mandato a incrédulos a que se conviertan (en otras partes del NT sí) sino un mandato dado a creyentes para que permitan la influencia de la Palabra en todo lo concerniente a sus vidas. “Con humildad” es decir, abiertos y receptivos a la obra de la Palabra en el corazón, a su autoridad y guía.

¿Qué significa “recibir la Palabra”? Santiago se adentra un poco más en el tema para explicarnos que quienes solamente oyen están en terreno peligroso, se engañan a sí mismos (Lucas 11:28 Pero El dijo: Al contrario, dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan). Nadie enfatiza más que el Señor Jesús la necesidad de responder con obediencia radical luego de ser tocados por la gracia de Dios. Ambas cosas, la iniciativa de gracia y la respuesta de agradecimiento son aspectos necesarios del evangelio.
La Palabra, mediante la cual alcanzamos vida nueva (v.18) y la cual fue implantada en nosotros (v.21), es una Palabra para ser puesta en práctica.
Obedecer es mucho más que oír.
Todo el punto de aprender algo no es para que sepamos mucho o para darse la vuelta y enseñar y ya; el tema de ser discípulas de Dios es darse la vuelta y hacer.
Santiago aquí emplea la metáfora del espejo.

¿Cuántas traen un espejo en su bolsa ahora mismo?
En un día cualquiera, ¿cuántos espejos encontramos? ¿y qué hacemos? Aunque sea de reojo echamos una miradita para arreglar lo que vemos, ponerse pintalabios, peinarse, etc.
Saben, hay gente que nos levanta toda clase de espejos: espejos sobre religiones que prometen hacernos sentir bien, espejos de la cultura y de la moda, espejos de gente criticona también, espejos de revistas… montones de gentes que dicen “mira, este espejo es verdadero…”

¿Cuánto tiempo gastas mirándote en el espejo que produce resultados eternos? ¿No te parece que si fuéramos mejores estudiantes de este espejo, con determinación, si hiciéramos todo lo que esté a nuestro alcance, no te parece que los resultados serían un verdadero adorno al evangelio?

El éxito de la analogía del espejo presume que tanto la persona que mira en el espejo natural como la persona que mira en la Palabra, ambos, son capaces de respuestas diferentes.
El “oidor” falla porque no acciona sobre lo que ve en el espejo (implicando que podría hacerlo si quisiera), mientras que el “hacedor” es alabado por poner en efecto lo que ha visto en la ley de Dios (implicando que podría ignorarlo si quisiera).
El punto clave del “oidor” es su olvido.
Constantemente el Señor advierte al pueblo de Israel a “no olvidar” Sus hechos poderosos sino recordar Sus misericordias y Su Ley (Exodo 13:3; Números 15:39; Deuteronomio 6:12; 8:2; Malaquías 4:4).
“Recordar” a Dios, sus hechos y enseñanzas, es contemplarle de tal modo que impresione largamente el corazón y la mente. Quien “olvida” lo que ha visto en la Palabra de Dios es aquella que lee o escucha de manera superficial, que no impresiona, el mensaje en el alma.

25Pero el que mira atentamente [intencionadamente] a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.

Santiago concluye el contraste dirigiéndose específicamente al “hacedor”: el que mira intencionadamente en la perfecta ley que concede libertad para obedecer con alegría, no por obligación, la clase de obediencia que deriva de nuestra relación con el Padre.
De nuevo, hay que ser perseverantes para mirar en este espejo y vernos retratadas (piensa lo difícil que es mirarse al espejo por la mañana). Pero si perseveramos, no olvidamos y hacemos, seremos bienaventuradas! ¿Por qué? porque estaremos haciendo lo que Dios quiere que haga.

¿Cuál Ley…? Santiago no se refiere a la Ley de Moisés como tal, sino a la Ley de Moisés interpretada y suplementada por Cristo. La calificación “ley de la libertad” se refiere a la promesa del nuevo pacto de la ley escrita en el corazón (Jeremías 31:31-34).

Quien mira intencionadamente en la Ley y persevera en ella será bienaventurado en lo que hace. Observen que se trata de una bendición futura -la salvación que proviene cuando uno “acepta” la Palabra (v.21).

26Si alguno se cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana.
27La religión pura y sin mácula delante de nuestro Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.

Santiago se vuelve cada vez más práctico y específico en su llamado a responder apropiadamente a la Palabra de Dios. ¿Un “religioso” moderno? Un buen cristiano. ¿Alguna piensa que es buena cristiana?
La lengua nos echa de cabeza porque el Señor dice “que de la abundancia del corazón habla la boca” de modo que si nos creemos justas pero no controlamos la lengua, ésta revelará la verdad: hipocresía evangélica.

“Aceptar” la Palabra (v.21) se convierte en “hacer” la Palabra (v.22), que ahora se convierte en “cumplir” la Ley.
Los últimos versos culminan la progresión, Santiago sugiere 3 manifestaciones de obediencia a la Palabra, manifestaciones que establecen la agenda para el resto de la carta:
Control de la lengua (1:19-20; 3:1-12; 4:11-12)
Preocupación por los indefensos (2:1-13, 15-16; cf. 5:1-6)
Evitar la mundanalidad (4:4-10)

Calvino: “Santiago no define religión en lo general, sino que nos recuerda que religión sin las cosas que menciona no tiene valor.” Es necesario contar con acciones concretas y específicas para demostrar la premisa de que “una es religiosa.” Los temas que menciona eran problemas serios: viudas y huérfanos estaban dentro de los más indefensos de su tiempo; hoy día, viudas y huérfanos, inmigrantes que intentan adaptarse a una vida nueva, parias y descastados del tercer mundo, discapacitados, los que viven en la calle… la prueba de la verdadera religión es el grado en que extendemos ayuda a los indefensos de este mundo. El “hacedor” muestra preocupación activa por personas indefensas. La fe genuina actúa siempre.

La 3ra. marca, mundanalidad, se refiere a la filosofía y estilo de vida [placeres y vanidades] que caracteriza la vida humana que no tiene en cuenta a Dios. Santiago cuidadosamente evita dar la impresión de que la religión que agrada a Dios consiste en actos externos o en acciones sociales. No. Quienes hemos aceptado la obra reconciliadora de Dios en Cristo hemos de distanciarnos cada día más del modo de vida a nuestro alrededor, mantenernos sin mancha -inmaculados- de la influencia contaminante del mundo.
OJO: en este momento la tentación es poner el espejo frente a X o Y persona, pero Santiago habla en la segunda persona del singular y del plural: Tú, Nosotras.
¡No te pierdas!

inmaculado, da
Del lat. immaculātus.
1. Que no tiene mancha.

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