El Magnificat de María

Estándar

Cuando el ángel Gabriel anunció a María que tendría un bebé que sería el Hijo de Dios y reinaría por siempre sobre la casa de Jacob, ella preguntó “¿Cómo puede ser esto?” La respuesta de Gabriel fue que el Espíritu Santo vendría sobre ella, de tal modo que la concepción del niño sería divina. Acto seguido le confirmó a María que nada es imposible para Dios al contarle que su prima Elisabet, la estéril, también estaba embarazada.

María entonces se levantó y fue apresuradamente a la región

montañosa, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías

y Elisabet. Y aconteció que cuando Elisabet oyó el saludo de María, 

la criatura saltó en su viente; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,

y exclamó a gran voz “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito

el fruto de tu vientre! ¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que 

la madre de mi Señor venga a mí?

Porque he aquí, apenas la voz de tu saludo llegó a mis oídos, 

la criatura saltó de gozo en mi vientre. Y bienaventurada la que

creyó que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor.”

El ángel le había dicho a Zacarías que su hijo Juan sería lleno del Espíritu aun desde el vientre de su madre (Lucas 1:15). Esto es, el Espíritu de Dios ejercería control único de este hombre desde que estuviera en el vientre de su madre hasta que completara su ministerio como adulto. Lucas confirma la profecía y añade las palabras de gozo de Elisabet.

SANTIDAD DE MARIA

Fue suficiente. María ve a Dios con claridad: El está a punto de cambiar el curso de toda la historia humana. ¿Y dónde está Dios? Ocupándose de dos oscuras, humildes, mujeres -una vieja y estéril, la otra joven y virginal. María se conmueve tanto ante esta visión del Señor que prorrumpe en una gran canción de júbilo la cual conocemos como el Magnificat:

Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.

Porque ha mirado la humilde condición de esta su sierva; pues he aquí, desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrán por bienaventurada.

Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; y Santo es su nombre.

Y de generación en generación es su misericordia para los que le temen.

Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes; a los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías.

Ha ayudado a Israel, su siervo, para recuerdo de su misericordia tal como dijo a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre.

María y Elisabet son maravillosas heroínas en el recuento de Lucas. Es evidente que Lucas ama la fe de estas mujeres, pero lo que más le impresiona y por lo visto quiere también impresionar a Teófilo es con la mansedumbre y humilde regocijo de ellas.

Unicamente almas como María y Elisabeth pueden magnificar al Señor -gente que reconoce su baja condición y es abrumada por la condescendencia de un Dios magnificente.

¿Recuerdan la historia de Ana y Samuel? Pienso que la santidad de María puede mostrarse de otra manera. Ana no tenía hijos y sufría el abuso de otras mujeres, más ella oraba y el Señor le concede un hijo. Ana profiere un canto de alabanza muy similar al de María:

Mi corazón se regocija en el Señor, mi fortaleza en el Señor se exalta; mi boca sin temor habla contra mis enemigos, por cuanto me regocijo en tu salvación.

No hay santo como el Señor; en verdad, no hay otro fuera de ti, ni hay roca como nuestro Dios.

No os jactéis más con tanto orgullo, no salga la arrogancia de vuestra boca; porque el Señor es Dios de sabiduría, y por El son pesadas las acciones. Quebrados son los arcos de los fuertes, pero los débiles se ciñen de poder.

Los que estaban saciados se alquilan por pan, y dejan de tener hambre los que estaban hambrientos.

Aun la estéril da a luz a siete, mas la que tiene muchos hijos languidece.

El Señor da muerte y da vida; hace bajar al Seol y hace subir.

El Señor empobrece y enriquece; humilla y también exalta. Levanta del polvo al pobre, del muladar levanta al necesitado para hacerlos sentar con los príncipes, y heredar un sitio de honor; pues las columnas de la tierra son del Señor y sobre ellas ha colocado el mundo.

El guarda los pies de sus santos, mas los malvados son acallados en tinieblas, pues no por la fuerza ha de prevalecer el hombre. Los que contienden con el Señor serán quebrantados,

El tronará desde los cielos contra ellos.

El Señor juzgará los confines de la tierra, a su rey dará fortaleza, y ensalzará el poder de su ungido.

¿Pueden escuchar las ideas y paralelismos? Observa ejemplos:

Ana (1Samuel 2)

María (Lucas 1)

v.1 mi corazón se regocija en el Señor, mi fortaleza en el Señor se exalta v.46 Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
v.2 no hay otro fuera de ti, v.49 Santo es su nombre.
v.4Quebrados son los arcos de

los fuertes, pero los débiles se ciñen de poder.

v.52 Ha quitado a los poderosos de sus tronos; y ha exaltado a los humildes;
v.5 Los que estaban saciados se alquilan por pan, y dejan de tener hambre los que estaban hambrientos. v.53 a los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías.

Ni María ni Lucas están citando el Antiguo Testamento. La similitud no es palabra por palabra, más bien luce que María está tan versada en las Escrituras que, con toda naturalidad, cuando prorrumpe en alabanza las palabras que brotan de sus labios son las palabras de la Escritura.

¡Qué lección tenemos aquí! Para todos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes (ella no tendría más de 15 años): llenar nuestra mente y corazones de Escritura, noche y día, de tal modo que los pensamientos y palabras que fluyan de nuestra boca con toda naturalidad provengan de la Escritura.

Pudiéramos decir que el Magnificat consta de tres secciones. 1) las expresiones del corazón de María -regocijo (v.46-47); 2) lo que Dios ha hecho por ella como individuo (v.48-49): a pesar de su baja condición, Dios ha hecho grandes cosas con ella y le ha concedido reputación permanente de bienaventurada; 3) la mayor parte describe el carácter de Dios en general. Este carácter general de Dios es la razón del por qué la ha tratado como lo ha hecho incluso en su baja condición y es la razón que la induce a regocijarse y magnificar al Creador.

3) EL DIOS SANTO AYUDA A LOS HUMILDES

Santo es su nombre. Esto es, su esencia es santidad. Todos Sus atributos son perfectos y coalescen en una armonía perfecta llamada santidad. Ahora bien, lo que María enfatiza es la manera como esta santidad se expresa a sí misma. Sus palabras son una advertencia a Teófilo y a nosotros para que evitemos cometer el error de pensar que como Dios es grande, él es parcial con grandes hombres; o debido a que El es exaltado, favorecerá entonces a los exaltados entre los hombres.

Todo lo contrario. La santidad de Dios se expresa a sí misma y se expresará mediante la exaltación de los humildes y el abatimiento de los soberbios.

Es muy claro que Dios no es parcial con los ricos, los poderosos o los orgullosos. ¿Cuántos no han perecido por su enamoramiento de riquezas, poder, orgullo? Teófilo, como alto oficial romano, probablemente tenía los tres.

De modo que el Magnificat de María no es un simple registro.

Son palabras de advertencia y de salvación. Teófilo, date cuenta cómo es Dios. No se impresiona para nada con tu opulencia, poder u orgullo. Tiene misericordia de los que le temen, que se humillan a sí mismos, se alejan de la perversa acumulación de ego y riquezas, y se acercan a la mortificación de sí mismos en beneficio de otros. Dios es así, Teófilo. Así expresa su santidad.

2) EL DIOS SANTO BENDICE A MARIA

Condesciende y hace madre a esta joven mujer. La madre de Dios Hijo. Bendición tan singular e inimaginable que todas las generaciones futuras reconocen su estado bienaventurado.

Sin embargo hay una advertencia implícita contra la veneración excesiva de María, en Lucas 22:27-28: y sucedió que…una de las mujeres en la multitud alzó su voz y le dijo: ¡Dichosa la matriz que te concibió y los senos que te criaron! Pero El dijo: al contrario, dichosos los que oyen la palabra de Dios y la guardan.

Y en otra ocasión, su madre y sus hermanos llegaron adonde El estaba, pero no podían acercarse a El debido al gentío. Y le avisaron: tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte. Pero respondiendo El, les dijo: mi madre y mis hermanos son estos que oyen la palabra de Dios y la hacen.

De modo que las doctrinas católico romanas sobre la ausente vida de pecado de esta mujer, su virginidad perpetua, su asunción corporal al cielo, etc., son doctrinas carentes de fundamento bíblico.

El Señor Jesús fue muy claro con el tema de su madre y sus hermanos, no hay indicación alguna para que María fuese venerada por sí misma o colocada en una clase moral aparte.

1) EL CORAZON DE MARIA MAGNIFICA AL DIOS SANTO

Ahora bien, no nos perdamos en lo claro. Es indudable que merece y debiera tener nuestra admiración. Su belleza espiritual alcanza un clímax emocional en la primera parte de su canción cuando exclama con todo su corazón “mi alma engrandece al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.”

¿Cómo magnifica un alma a Dios? La boca habla y canta. ¿Y el alma? 

Más que verbalizar una oración silenciosa, María expresa el sentir de su alma frente a la grandeza, la santidad y la misericordia de Dios. Su sentimiento es de ¡gozo inefable!

Magnificamos a Dios cuando nos regocijamos en El. Aprendamos a magnificar a Dios regocijándonos en El. Buena noticia porque se nos manda a glorificar o magnificar a Dios (1Corintios 10:33; Romanos 1:20). Y este mandato no es carga alguna.

MEDITATION ON THE MAGNIFICENT. Dec 8, 1980. John Piper

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