Apuntes a Jueces, 17:1-13

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Entramos a la IIIra y última sección de Jueces. Sentimos la diferencia. Es como si anduviéramos en el pavimento y de repente caminamos sobre piedras. No hay restricción a la apostasía, no se anuncia nueva opresión, ninguna figura central. El escritor incluso cambia el estilo para mostrarnos la confusión de Israel y su depravación.

depravar. (Del lat. depravāre).1. Viciar, adulterar, pervertir, especialmente a alguien.

Las dos últimas narrativas son como un espejo: el problema no es el enemigo fuera, sino el cáncer dentro. Sin embargo, el texto es puramente descriptivo. No observamos juicio o aplicación moral ni del escritor ni del Señor (por ejemplo, contraste con 2 Samuel 11:27 Cuando pasó el luto, David mandó traerla a su casa, y ella fue su mujer; y le dio a luz un hijo. Pero lo que David había hecho fue malo a los ojos del SEÑOR). 

El epílogo completo aparece en forma extendida en 17:6 y 21:25, y abreviado en 18:1 y 19:1, lo cual nos ofrece un patrón invertido:

A

17:6

En aquellos días no había rey en Israel;

cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien

B

18:1

En aquellos días no había rey en Israel;

B’

19:1

En aquellos días no había rey en Israel;

A’

21:25

En esos días no había rey en Israel;

cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus ojos.

Las dos narraciones, unidas por esta estructura, tienen tanto en común que lo natural es unirlas. Ambas caracterizan a un levita que, en cada caso, tienen que ver con Belén de Judá -por un lado- y las montañas de Efraín -por el otro. El levita de la primera historia vive en Belén pero viaja a la zona montañosa de Efraín; el levita de la segunda historia vive en Efraín pero viaja a Belén. En ambos casos sus historias se convierten en el centro.

La primera historia concluye con una referencia al santuario en Silo.

La segunda concluye con el secuestro de “las hijas de Silo.”

La presencia de levitas desempleados, a la deriva, sugiere el tiempo luego de separarse Israel (el reino del norte) de Judá, cuando Jeroboam I nombró como sacerdotes a personas que no eran levitas (1 Reyes 12:31), o luego de las reformas de Ezequías o de Josías, cuando muchos altares fueron cerrados… hay varias posibilidades, sin embargo lo que es claro es que ambas narrativas constituyen el epílogo al Libro de Jueces. 

Proveen la historia de la migración de Dan (prevista en 1:34), y la pregunta hecha en 20:23 (¿Nos acercaremos otra vez para combatir contra los hijos de mi hermano Benjamín?) es un eco de la realizada en 1:1 (¿Quién de nosotros subirá primero contra los cananeos para pelear contra ellos?), es decir que leemos el final del libro a la luz del principio.

17.1 Había un hombre de la región montañosa de Efraín, llamado Micaía.

2Y él dijo a su madre: Las mil cien piezas de plata que te quitaron, acerca de las cuales proferiste una maldición a mis oídos, he aquí, la plata está en mi poder; yo la tomé. Y su madre dijo: Bendito sea mi hijo por el SEÑOR. 3Entonces él devolvió las mil cien piezas de plata a su madre, y su madre dijo: Yo de corazón dedico la plata de mi mano al SEÑOR por mi hijo, para hacer una imagen tallada y una de fundición; ahora, por tanto, yo te las devuelvo.

4Cuando él devolvió la plata a su madre, su madre tomó doscientas piezas de plata y se las dio al platero que las convirtió en una imagen tallada y una de fundición, y quedaron en casa de Micaía.

De inmediato conocemos al protagonista, Micaía, cuyo nombre significa “¿Quién es como Jehová?” La montaña de Efraín, la zona central al norte de Jerusalén, en el territorio de la tribu más prominente y poderosa.

  • 1,100 piezas de plata robadas a la madre de Micaía (otra mujer sin nombre)
  • ella profiere maldición contra el ladrón, sin saber que fue su hijo
  • Micaía escucha la maldición
  • va y ¿confiesa? a su madre que él tomó el dinero, y lo regresará
  • ella bendice al hijo ¡en el nombre del Señor!
  • Micaía devuelve el dinero
  • al recibirlo, su madre le dice que ha consagrado el dinero al Señor, para hacer un ídolo para su hijo
  • ella toma 200 piezas (¿no eran 1,100?) el platero hace un ídolo
  • el ídolo termina en la casa de Micaía, como su madre quería

¿Historia con final feliz? 

sincretismo. (Del gr. συγκρητισμός, coalición de dos adversarios contra un tercero). 1. Sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes. 2. Expresión en una sola forma de dos o más elementos lingüísticos diferentes.

Vaya, devoción a Jehová e idolatría, desconexión entre palabras y actos, o la sátira completa del episodio.

v.5 Y este hombre Micaía tenía un santuario, e hizo un efod e ídolos domésticos, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote.

Vaya, un santuario en su casa. El efod era vestuario sacerdotal, es probable que el hecho por este hombre era una réplica sencilla, al igual que los idolillos, comunes en las casas. Literalmente consagra a uno de sus hijos -que no eran levitas, tampoco el padre- de modo que todo es irregular. 

Se supone que su casa contiene elementos para pensar en “casa de Dios”, pero el hecho de contener un ídolo e idolillos significa que es una “casa de dioses.” Pero ni Micaía ni la madre parecen notar la diferencia, el pasaje revela hasta dónde ha caído la adoración; antes veíamos un Israel vacilante entre fidelidad a Jehová o descarrío, pero al menos se daban cuenta. Este hombre se ha convertido en el propietario y patrón de una casa de ídolos.

v.6 En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien.

La historia de Sansón es la de un hombre que “vio a una mujer”, demanda su posesión “porque ella está bien a sus ojos.” Ahora todos hacen lo que bien les parece. Micaía y su madre son lo corriente, no la excepción.

Teología de la pata de conejo

v.7-13 Y había un joven de Belén de Judá, de la familia de Judá, que era levita y forastero allí. Y el hombre salió de la ciudad, de Belén de Judá, para residir donde encontrara lugar; y mientras proseguía su camino, llegó a la región montañosa de Efraín, a la casa de Micaía. Y Micaía le dijo:¿De dónde vienes? Y él le respondió: Soy un levita de Belén de Judá; y voy a residir donde encuentre lugar. Entonces Micaía le dijo: Quédate conmigo y sé padre y sacerdote para mí, y yo te daré diez piezas de plata por año, el vestido y la comida. Y el levita entró. Consintió el levita en quedarse con el hombre; y el joven fue para él como uno de sus hijos. Micaía consagró al levita, y el joven vino a ser su sacerdote, y moró en la casa de Micaía. Y Micaía dijo: Ahora sé que el SEÑOR me prosperará, porque tengo un levita por sacerdote.

No pensemos ni por un momento que estamos exentas. ¿En qué cosas te apoyas? ¿Qué cosas crees que son agradables a Dios, que El está obligado a tener cuidado de ti?

  • soy una buena madre, limpio mi casa, disciplino mis hijos, seguro que el Señor me dará hijos que me hagan sentir orgullosa…
  • soy buena esposa, hago todo lo necesario, seguro que…
  • soy buena empleada, es más, hago misiones, doy consejería, cuido niños, seguro que el Señor me dará lo que quiero…

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