Me encanta Dios

Estándar

(fragmento)

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang. 

Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? 

Esto es asunto solo para agencias de viajes.

 

A mí me encanta Dios.

Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito

en el camino de las hormigas.

Y es tan juguetón y travieso 

que el otro día descubrí que ha hecho 

-frente al ataque de los antibióticos- 

¡bacterias mutantes!

 

Viejo sabio o niño explorador, 

cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, 

hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.

 

Mueve una mano y hace el mar,

y mueve la otra y hace el bosque.

Y cuando pasa por encima de nosotros,

quedan las nubes, pedazos de su aliento.

 

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos,

y manda tormentas, caudales de fuego,

vientos desatados, aguas alevosas,

castigos y desastres.

Pero esto es mentira.

Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.

 

Dios siempre está de buen humor.

Por eso es el preferido de mis padres,

el escogido de mis hijos,

el más cercano de mis hermanos, 

la mujer más amada, el perrito y la pulga,

la piedra más antigua, el pétalo más tierno,

el aroma más dulce, la noche insondable,

el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios.

Que Dios bendiga a Dios.

 

Jaime Sabines. México (1926-1999)

 

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