No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
¿Le sorprende que Pablo haya escrito cuando se encontraba en una prisión? No sabía lo que le depararía el futuro, ¿sería liberado, castigado o asesinado?, pero había aprendido a estar satisfecho en todas las circunstancias, buenas o malas. ¿Cuántos de nosotros podemos hacer esa misma afirmación?
No es raro sentir descontento cuando no podemos controlar nuestra situación. Mientras nuestra satisfacción dependa de que todo vaya bien, las circunstancias nos seguirán robando la paz. Pablo no estaba diciendo que nunca más sentiremos ansiedad o frustración; más bien, lo que importa es cómo reaccionamos cuando esos sentimientos se apoderan de nosotros.
Esto es algo que Pablo tuvo que aprender. Soportó enormes sufrimientos, desde naufragios y hambre hasta encarcelamientos injustos y palizas. Sabía tan bien como cualquiera que las situaciones pueden ser dolorosas y desesperantes. Pero al final descubrió que el verdadero contentamiento provenía del Señor, no de la situación en que se encontraba.
¿Cómo reacciona usted cuando las circunstancias están fuera de su control? Pablo eligió entregar sus preocupaciones al Señor a cambio de la paz que “sobrepasa todo entendimiento…” (Filipenses 4.7).
Lee, Medita y Aplica!
Anónimo