Devocional

Estándar

De nuestra amada hermana Argelia, promovida al reino de los cielos junto a nuestro Señor y Rey y Salvador. He aquí uno de sus devocionales personales.

“Gracias Señor porque mi oración no vuelve vacía. Te he encontrado y me has guardado durante mi vida. Me has conducido hacia Tus fuentes de vida y has cercado mis pasos para guardarme.

Has dado entendimiento a mi alma, prudencia, y has quitado de mí la necedad. Mi alma está solo pendiente de hacer el bien, para agradarte.
Has fortalecido mis debilidades -que son muchas- y has puesto en mi corazón la gracia de la cruz de Cristo para hacerme digna delante de Ti.”

“Porque el que me halla, halla la vida, y alcanza el favor del Señor.” Proverbios 8:35

Mujeres que enseñan

Estándar

Enseño la Biblia a mujeres, tengo la esperanza de llegar a ver a muchas maestras calificadas, levantadas en la iglesia para hacer avanzar el conocimiento de la Biblia. Mas para que esta esperanza se convierta en realidad, se necesita ayuda pastoral. Sé que esta ayuda es posible porque he sido receptora de ella, he sido beneficiaria de abundante enseñanza y aliento pastoral.

‪En general, no hay gran desacuerdo en que las mujeres pueden y deberían enseñar a otras mujeres en el mundo cristiano. Pero, si las mujeres han recibido el don de la enseñanza, ¿cómo podría un pastor valorar, cultivar y emplear adecuadamente el don de las mujeres que enseñan?

‪Pastor, creo que usted podrá hacer exactamente eso si equilibra con cuidado dos verdades.

‪Usted la necesita

‪Puede que usted sea el mejor predicador del planeta. Pero Dios no le habría dado el don de enseñanza a las mujeres a menos que su enseñanza no fuese absolutamente necesaria para el bienestar espiritual de las mujeres de su iglesia. Usted necesita su ayuda. He aquí cuatro formas en las que una mujer que enseñe puede aliviar su carga:

‪1. Ella es un ejemplo que usted no puede ser. Cuando una mujer ve a alguien que se parece a ella, que suena como ella, y que enseña la Biblia con pasión e inteligencia, comienza a reconocer que también ella puede amar a Dios con su entendimiento -quizás más allá de lo que creyó que era posible o necesario. Las mujeres que solamente escuchan a hombres manejar bien la Biblia, luego olvidan considerar que ellas son capaces de hacer lo mismo. Nos beneficiamos de ver a una mujer inteligente y diligente que sirva de ejemplo de lo que significa exponer la Palabra con reverencia y habilidad.

‪2. Ella puede proporcionar una perspectiva que usted no trae. Cuando los hombres enseñan, de manera natural extraen ejemplos que resuenan mejor con otros hombres. Esto significa que las mujeres que solamente escuchan enseñanzas masculinas recibirán un buen número de ilustraciones llenas de testosterona, ilustraciones sacadas de los deportes o películas de acción o los negocios. Y eso está bien. Pero una mujer que enseñe puede también hablar el lenguaje de las novelas de Jane Austen. Y probablemente extraerá unas cuantas observaciones diferentes del texto que estudia, diferentes de las que sacaría un hombre. Esto no quiere decir que vaya a “feminizar” el pasaje, sino a que probablemente enfatice aquellos elementos del texto que destacan el papel de la mujer en la historia redentora, o que hablará de problemas con el pecado que comúnmente enfrenta una mujer.

‪3. Ella tiene una autoridad que usted no tiene. [ups!] Una mujer puede decirle a otras que dejen de idolatrar sus carreras profesionales o sus familias en una forma que usted no puede. Una mujer puede confrontar a otra acerca de la vanidad, el orgullo, la sumisión y el contentamiento en una forma que usted no puede. Ella tiene autoridad empática sobre sus estudiantes femeninas. Tiene la capacidad de decir: “Entiendo los pecados dominantes de ser mujer, y les encomiendo al consejo suficiente de las Escrituras”. Puede aligerar su carga confrontando pecados que provocarían resentimiento si usted tan siquiera los abordara. Ella puede decir cosas como “El síndrome premenstrual no es excusa para el homicidio” y no recibir ni siquiera un solo correo desagradable al día siguiente.

‪4. Ella ve necesidades que usted no ve (y que posiblemente su esposa tampoco puede ver). Al luchar semana tras semana en su ministerio, la maestra obtiene un sentido del estado anímico femenino que su esposa no posee [ni alcanzará, si tampoco participa] de las mujeres de su iglesia. Las mujeres tienen la tendencia de presentar la mejor cara de sí mismas a las esposas de los ministros, pero no a sus líderes ministeriales femeninas. Pastor, si su propia esposa es un misterio para usted, considere que puede necesitar ayuda para entender las necesidades de la mitad femenina de su congregación. Una mujer que enseñe puede darle visión sobre el terreno.

‪Ella lo necesita

‪Quizás asume que las mujeres encuentran de manera natural el lugar en el que pueden desarrollar y ejercitar sus dones. Se equivocará nueve de cada diez veces. He aquí tres cosas que una mujer bajo su supervisión pastoral necesita desesperadamente de usted.

‪1. Ella necesita que usted la afirme. Hablando desde la experiencia, yo nunca hubiese tenido el coraje para enseñar si mi pastor no me hubiese tomado en serio. Escuchar sus palabras de aliento y saber que tenía su apoyo entusiasta me impulsó a ejercitar mi don a pesar de mis propios temores e inseguridades. Ella necesita que usted le diga: “puedes hacer esto”.

‪2. Ella necesita de su lima, que usted pula. Una mujer tiende a tener pocas oportunidades de desarrollar su don incluso bajo un liderazgo adecuado, porque tiene restricciones de trabajo y familia. Necesita que usted recorra más de la mitad del camino. Necesita que usted moldee su teología, que la apunte hacia buenos comentarios bíblicos y podcasts, que la critique con amabilidad, que la ayude con los textos difíciles, que esté disponible para sus preguntas. Y ella necesita que usted le ofrezca hacer cosas antes de que se las pida. No suponga que su don de enseñanza va a florecer por sí mismo. Pastoréela para que llegue a ser una maestra que contribuya de forma significativa a la salud de su cuerpo de creyentes.

‪3. Ella necesita que usted la cubra. Si usted no dejaría que cualquier hombre enseñase a sus hombres, tampoco deje que cualquier mujer enseñe a sus mujeres. Examínela a ella y a sus materiales de enseñanza, tal y como lo haría con un maestro. Cuando determine que ella y sus enseñanzas son sólidas y valiosas, anímela. Manténgase a su lado si se enfrenta a críticas injustas. De fe por ella en público. Celebre sus esfuerzos y sus resultados.

Algunos hombres buenos. Y mujeres también.

‪Ninguno de estos puntos implica (o requiere) desordenar la relación esposo-esposa de nadie, ni la de ella, ni la de usted. Obviamente, el sentido común aplica a sus interacciones. Debemos desde luego ser sabios en la colaboración, pero sin caer en fobias. Hemos de encontrar formas de trabajar juntos para el bien común de la iglesia.

‪La Biblia encarga tanto a hombres como a mujeres que sean combatientes, enseñando y defendiendo las verdades de la fe cristiana. Las maestras proveen una capa indispensable de defensa que los hombres no pueden lograr, y lo hacen a través del ejemplo, perspectiva, y autoridad empática sobre otras mujeres. Poseemos inteligencia y armas que los hombres no tienen, y nuestras contribuciones son necesarias. Para ponerlo en términos distintivamente masculinos: “Nos quieren en ese muro. Nos necesitan en ese muro”.

‪Pero las maestras necesitan ayuda del liderazgo masculino. Como aquellas que estamos diseñadas de forma única para hablar la verdad a quienes son de nuestro género, necesitamos que se comprometa a ayudarnos a “manejar la verdad” con la seriedad y habilidad que se merece. Al hacerlo, usted sigue el ejemplo del mayor Maestro que caminó sobre la tierra. Ayúdenos a ayudarle. Denos un lugar en el cual equiparnos para la batalla que ambos estamos llamados a luchar, para ser armadas para la torre que ambos estamos llamados a defender.

Jennifer Wilkin. Women Teaching Bible Studies. The Gospel Coalition.

Jen Wilkin es esposa y madre de cuatro hijos,  promotora incansable de que las mujeres amen a Dios con su mente a través del estudio fiel de su Palabra. Escribe, habla y enseña a las mujeres acerca de la Biblia. Vive en Flower Mound, Texas, y su familia llama “casa” a The Village Church. Puedes encontrarla en jenwilkin.blogspot.com 

Sacerdocio de todos

Estándar

“A fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.” Efesios 4:12

Pastor: ¿Te preocupa la aparición de mujeres en los púlpitos? Lo mejor que podrías hacer es equipar -capacitar- a toda tu congregación para la obra del ministerio, decirle a cada uno (hombres y mujeres) cuán indispensable es su participación, en obediencia a la misma Palabra (1 Corintios 12).

El cuerpo necesita pies y manos, tanto como una cabeza. Y muchas de esas manos y de esos pies pertenecen al supuesto sexo “débil.” Valora, equipa, y utiliza.

🙂

El placer de servir

Estándar

Toda la naturaleza es un anhelo de servicio. Sirve la nube, sirve el aire, sirve el surco.

Donde haya árbol que plantar, plántalo tú; donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú; donde haya un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú.

Sé el que apartó la estorbosa piedra del camino; sé el que apartó el odio de entre los corazones y las dificultades del problema.

Existe la alegría de ser sano y la de ser justo; pero hay, sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

¡Qué triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho, si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que acometer! Que no te llamen solamente los trabajos fáciles. ¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito con los grandes trabajos; hay pequeños servicios que son buenos servicios: adornar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña.

Aquél es el que critica, éste es el que destruye, sé tú el que sirve.

El servir nos es faena de seres inferiores. Dios, que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera llamársele así: El Que Sirve.

Y tiene Sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?

Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957)

¿Imposición o amorosa anticipación?

Estándar

¿Es imposición lo que los padres tratan de enseñar a sus hijos? ¿Atenta contra la personalidad de los retoños? ¿Será una rémora en su desarrollo?

Estas, y otras preguntas semejantes, se las formulan muchas familias al socaire de las modernas tendencias de la pedagogía. Respondiendo a esta mentalidad, formulada por un profesor en un periódico de Barcelona, alguien que firmaba simplemente “Una Madre” escribió al mismo periódico lo siguiente:

CARTA DE UNA MADRE

“Paso a mencionarle algunas de las más flagrantes violencias e imposiciones que han sufrido mis vástagos:

– Cuando han nacido mis hijos, no les he dejado decidir su sexo, ni tampoco el tamaño ni el color de los ojos y el pelo.

– Cuando los he alimentado, no les he preguntado que marca de leche ni que clase de papilla querían.

– Cuando han tenido la edad, no han podido decidir si quedarse en casa conmigo o ir al jardín de infancia.

– Cuando han enfermado, no han podido elegir médico ni tratamiento acorde con sus preferencias.

– Cuando han debido ir a la escuela primaria, no les he mostrado todas las posibles para su elección.”

“Hay también otras facetas en las que no han elegido: les he dado mi sangre y mi vida sin consultarles. Les he dado mi corazón sin consultarles. Les he dado noches sin dormir y días de dolor sin consultarles. Les he dado mis privaciones, mis esfuerzos y mis ilusiones sin consultarles.”

“Y continuaré sirviéndoles en lo que pueda sin consultarles. Creo que en cuestiones de amor no se funciona por consultas populares ni decisión de la mayoría. Y mal podrán ser útiles a la sociedad los que no saben amar.” (De un recorte de La Vanguardia, periódico español, 25/12/77)

El paso de los años no ha hecho perder actualidad a esta carta. La madre tiene razón: el amor toma la iniciativa siempre. Se anticipa de modo constante a las necesidades del ser amado.

Este ha sido siempre el método de Dios: “con amor eterno te he amado” dice Dios a Su pueblo. La bondad del Creador convertido en Salvador responde a un plan amoroso de buena voluntad hacia los pecadores, un plan sobre el cual no fuimos consultados, sino solamente beneficiados, bendecidos, salvados y transformados.

Porque el amor se anticipa, obsequia y se goza en el amado.

De su plenitud -de la plenitud de Cristo- tomamos todos, y gracia sobre gracia.”

Jose Grau (España, 1997)

Fidelidades pequeñas

Estándar

Es cierto.

Niños pequeños dan el mayor trabajo del mundo porque es necesario estar ahí 24/7. Que si la comida, que si los pañales [bueno ahora son de plástico], que si el cólico, que si duerme, que si el dientico, que si las uñas, que si el baño, que ya se ensució, y vuelta otra vez… mami, mami, mami (sí, luego hay mamitis también).

Si aprendemos a ver cada una de esas tareas como pequeñas fidelidades nos daremos cuenta de la gran oportunidad que tenemos de sembrar para la eternidad.

¿Siembra para la eternidad? ¿De quién? ¡De todos!

Porque al sembrar cada día paciencia, atención al detalle, dignidad en el trabajo de limpiar narices y otras partes, al sembrar sobriedad, gentileza en el trato, y muchas otras cosas, en cada uno de nuestros hijos y en quienes vivan a nuestro alrededor, estaremos enseñando lo valioso que es el conocimiento de Dios manifestado en carne y hueso, una copa rebosante de amor para nuestro prójimo. Y en el camino tendremos fortaleza al aumentar nuestra fe -certeza- en el único sitio posible: Dios mismo.

¿Que si es verdad? ¿Acaso no lo sabes?

NO ES BUENO

Estándar

…que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea (Génesis 2:18).

El verso no es una mera referencia al matrimonio. Es una referencia para todas las esferas de la vida, como mujeres creadas a imagen de Dios. Esferas como esposa, madre, hija, hermana, ama de casa, profesional, etc. desde el momento mismo de nuestro nuevo nacimiento en Cristo.

El plan divino es sencillo: el primer y más grande mandamiento es “amarás al Señor con todo tu corazón, alma y mente.” Y este llamado no tiene nada qué ver con el género. Todos [y todas] hemos de amarle y servirle así.

Pero nosotros todos, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.”                                                                    (2 Corintios 3:18).