Proverbios 3:1-3

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Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Atalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón;

Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» (Juan 15:5).

A medida que llevemos a cabo los planes de Dios por medio del poder de su Espíritu, nuestra vida tendrá significado y sentido.

Cuando valoramos algo, pensamos en ello a menudo, lo estudiamos con regularidad y aprendemos lo más que podemos del mismo. Al estudiar la Biblia aprendemos muchas cosas importantes acerca de nuestro Dios, entre ellas su identidad, su plan y sus promesas. La meditación habitual en las Sagradas Escrituras desarrolla nuestra capacidad de pensar bíblicamente, y profundiza nuestra relación con el Señor. 

Una de las señales de que atesoramos su Palabra es un cambio de conducta; nuestras decisiones serán guiadas cada vez más por sus preceptos, y nuestras acciones reflejarán el fruto del Espíritu, «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.» (Gálatas 5:22-23).

El cristianismo genuino y verdadero, no sólo se basa en teoría (conocimiento), más bien se refleja en la práctica, de modo que su vida es coherente con lo que dice ser. 

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Isaías 6:8

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Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Dios quiere un corazón dispuesto en el momento y en el lugar señalado que escuche sus órdenes. También quiere un corazón lleno de verdadera adoración. Todo el afecto y el pensamiento del creyente deben ponerse en Cristo. Todas sus metas, propósitos y proyectos se dirigen a Él. Él es suyo en definitiva.

«Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.» (1 Corintios 10:31).

¿Está dispuesto? ¿Es un adorador? ¿Es su propósito en la vida concentrarse en la persona de Cristo? ¿Es Él causa de su deleite? El tener esa actitud significa estar controlado por el Espíritu Santo, que es el único que puede hacer que usted llame a Jesús Señor; «…Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.» (1 Corintios 12:3). Todos sus bienes y recursos, todo su tiempo, toda su energía, todo su talento y todos sus dones deben estar controlados por Él, y centrados en Él.

Eso también significa estar concentrado en la Palabra (la Biblia) porque es en la Palabra donde se ve a Cristo. Se mira su Gloria en la Palabra. Así como Cristo vino al mundo para dar su vida a fin de atraer a las personas hacia sí mismo, usted debe hacer lo mismo.

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.» (Romanos 11:33-36).

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Romanos 12:17-18

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No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.

Por definición, una relación apacible no tiene un solo lado. Usted debe hacer su parte para cerciorarse de que su lado es correcto. Su deseo interior, con la ayuda de Dios, debe estar en paz con todo el mundo, aun con las personas más pecadoras y con quienes es más difícil llevarse bien.

«No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.» (1 Pedro 3:9).

Sin comprometer la Palabra de Dios, usted debe extenderse hasta edificar puentes de paz hacia quienes lo persiguen y lo odian. Si usted pone a un lado toda murmuración o cualquier amargura y con sinceridad de corazón perdona a sus enemigos, puede buscar sinceramente la reconciliación con ellos, para poder abordarlos con la verdad del Evangelio.

«Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos…»  (Mateo 5:44-45).

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Romanos 12:9

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El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.

El mal es la antítesis de la santidad y por tanto la antítesis de la piedad. El hijo de Dios aborrece lo malo porque Dios aborrece el mal, «El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa, aborrezco.» (Proverbios 8:13).

Si verdaderamente usted ama a Dios aborrecerá toda forma de maldad. Como amaba tanto a Dios, David resolvió que, “corazón perverso se apartará de mí; no conoceré al malvado” (Salmo 101:4). El fiel cristiano no se compromete con lo malo.

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Proverbios 16:1-3

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Del hombre es hacer planes en el corazón; de Jehová es poner la respuesta en la lengua. Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión, pero Jehová es quien pesa los espíritus. Encomienda a Jehová tus obras y tus pensamientos serán afirmados.

¿Alguna vez ha elegido un camino y luego se ha arrepentido de esa decisión? Enfrentar encrucijadas puede parecer abrumador, pero tenemos a un Dios omnisciente que nos guía. Por tanto, hemos de prepararnos de antemano para las decisiones que tengamos que tomar con rapidez.

La Biblia es nuestra fuente primaria de dirección y sabiduría. Si estudiamos, memorizamos y meditamos en la Palabra de Dios, el Señor traerá la verdad a nuestra mente en el momento apropiado. Además, tenemos su Espíritu que mora en nosotros para guiarnos. Los cristianos que tratan de sopesar los pros y los contras solos se pierden el sabio consejo del Omnisciente.

También es sabio estar conscientes de nuestro estado mental al tomar cualquier decisión. No debemos hacerlo cuando tengamos hambre, estemos enfadados, cansados o nos sintamos solos, pues es más probable que tomemos malas decisiones. Al considerar las opciones, vale la pena esperar hasta un momento más favorable.

Nuestras decisiones afectan la dirección de nuestra vida, así que considere con mucho cuidado lo que el Señor quiere que haga. La Biblia dice que nosotros percibimos débilmente, «Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.» (1 Corintios 13:12), pero Dios ve todo el panorama. Por eso es vital confiar en su sabiduría, verdad y dirección al tomar decisiones.

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Exodo 2:11-14

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En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto.

Cada vez que surgen problemas hay dos maneras de reaccionar: según la manera de Dios o según la nuestra. En el pasaje de hoy vemos lo que sucedió cuando Moisés tomó el asunto en sus manos. Aunque deseaba aliviar el sufrimiento de su pueblo, su método fue incorrecto. Moisés…

•SE CENTRÓ EN LA DIFICULTAD EN VEZ DE EN EL SEÑOR. ¿Cuántas veces hemos hecho lo mismo? Si la injusticia o el dolor de una situación se apoderan de nuestra atención, podemos perder de vista a nuestro Dios todopoderoso.

•CONFIÓ EN SU PROPIA FUERZA Y ENTENDIMIENTO. Cuando nos enfrentamos a un problema, lo más natural es hacer todo lo posible para solucionarlo. Nuestro camino puede parecer muy lógico en ese momento, pero no logrará los propósitos de Dios.

•ACTUÓ IMPULSIVAMENTE EN VEZ DE ESPERAR EN EL SEÑOR. Si una situación parece urgente, solucionar el problema lo más rápido posible se convierte con mucha facilidad en nuestra prioridad máxima.

En algún momento, nosotros hemos actuado de manera semejante y sufrido las consecuencias de la autosuficiencia. Pero Dios no rechazó a Moisés ni canceló sus planes que tenía. En cambio, el Señor refinó su carácter a través de las pruebas y le dio otra oportunidad. ¿No cree usted que nuestro amoroso Padre hará lo mismo con nosotros?

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Salmo 23:1-2

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Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.

El Salmo 23 es quizás el salmo más conocido. Está lleno de descripciones reconfortantes de verdes pastos, aguas tranquilas, un banquete y una copa desbordante, todo lo cual apunta a la restauración y a la abundante bondad y misericordia de Dios.

Pero justo en la mitad del salmo encontramos «Aunque ande en valle de sombra de muerte…» (Salmos 23:4). Podemos sentirnos tentados a pensar que este versículo no encaja en el contexto, pero en realidad transmite una verdad fundamental acerca de la vida del creyente: aunque nuestro Pastor nos guía y cuida, experimentaremos períodos de adversidad, sufrimiento y desánimo. Es parte de vivir en un mundo caído.

No obstante, Dios nos da promesas asombrosas en medio de los valles oscuros. Nunca caminamos solos a través de ellos, porque el Señor promete estar con nosotros. Incluso cuando no podemos sentir su presencia, Él está a nuestro lado. Y su Palabra es nuestro principal medio de consuelo; en ningún otro lugar es posible encontrar el alivio que buscamos. Todos nuestros mecanismos de fortaleza nos dejarán vacíos, pero las verdades de las Sagradas Escrituras nos aseguran el amor y el poder de Dios, que nos permiten resistir e incluso crecer a través de las experiencias difíciles.

Si usted está hoy atravesando un valle oscuro, recuerde que el Señor le acompaña. Su bondad y su misericordia todavía le siguen, porque nuestro Buen Pastor nunca abandona a sus amadas ovejas.» 

«…Contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré…» (Hebreos 13:5-6). 

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1 Corintios 15:33

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No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

La influencia de los demás es una vía por la cual podemos ser ayudados u obstaculizados en nuestra búsqueda de santidad. Si nos asociamos con personas que no comparten nuestros estándares, estaremos tentados a comprometer nuestras convicciones. Cuando nuestra mente, voluntad, emociones y conciencia, están guiados y enfocados correctamente por la Palabra de Dios, por el contrario, puede detectar los obstáculos que entorpecen su crecimiento y señalar los ajustes que debe hacer. 

«El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.» (Proverbios 13:20).

¿Qué tipo de personas tienes como amigos?

¿Qué tipo de conversaciones tienes?

¿Qué tipo de pensamientos llenan su mente? ¿Está usted siendo influenciado por amigos, la televisión, las redes sociales u otras cosas más que por la Palabra de Dios?” 

«Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.» (Proverbios 14:12). 

«Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.» (Mateo 6:21).

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Mateo 7:22-23

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Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Una buena manera de evitar el engaño espiritual de sí mismo es sencillamente conocer y esquivar las trampas religiosas en las que se puede caer. En primer lugar, excesiva preocupación con las simples actividades religiosas. El enfoque externo sobre la asistencia a los cultos y a los estudios bíblicos, el escuchar sermones, el cantar himnos y otras buenas actividades como esas pueden en realidad apartarlo del conocimiento del Dios a quien piensa que está sirviendo.

En segundo lugar, dependencia superficial de las actividades religiosas y las ceremonias pasadas. El hecho de que usted fuera bautizado cuando era niño, de que asistiera a la escuela dominical o a la escuela bíblica de vacaciones, o que se uniera a una iglesia no significa necesariamente que ahora esté justificado ante Dios.

En tercer lugar, conocimiento religioso de por sí. Usted puede comprometerse con una determinada denominación y sus tradiciones, o tener un gran interés académico en la teología. Pero todo eso es inútil si no está interesado también en ser más semejante a Cristo y más obediente a su Palabra. 

» …¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.» (1 Samuel 15:22).

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Salmo 51:9-10

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Esconde tu rostro de mis pecados,Y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Uno de los consejos más engañosos que podemos recibir es la recomendación de seguir los dictados de nuestro corazón. Dios dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso…” (Jeremías 17.9). Todos llegamos a este mundo con una inclinación hacia el pecado y la egolatría, y no hay manera de que podamos cambiarlo. En vez de confiar en un corazón pecador, lo que en realidad necesitamos es un corazón nuevo y limpio, y solo el Señor puede dárnoslo.

Nuestro Padre celestial envió a su Hijo a este mundo para morir en la cruz y pagar el castigo por nuestros pecados. Solo de esa manera podemos ser perdonados y recibir un corazón limpio del que fluyan deseos puros. A través del Señor Jesucristo, somos apartados para Dios, acogidos en su familia como hijos adoptivos, y llenos de su Espíritu Santo.

Como resultado de recibir un corazón nuevo y la presencia transformadora del Espíritu Santo, podemos tener una vida de obediencia al Señor. En vez de vivir con un corazón engañoso, ahora podemos acercarnos a Dios en comunión y comprender la verdad de su Palabra. Con gratitud por nuestro nuevo corazón, confiemos en el poder del Espíritu para ayudarnos a discernir el error, y tomar decisiones sabias. 

«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» (1 Juan 1:9).

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