El sapito Glo Glo Glo

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Nadie sabe dónde vive.
Nadie en la casa lo vio.
Pero todos escuchamos
al sapito: glo… glo… glo…

¿Vivirá en la chimenea?
¿Dónde rayos se escondió?
¿Dónde canta cuando llueve
el sapito Glo Glo Glo?

¿Vive acaso en la azotea?
¿Se ha metido en un rincón?
¿Está abajo de la cama?
¿Vive oculto en una flor?

Nadie sabe dónde vive.
Nadie en la casa lo vio.
Pero todos escuchamos
al sapito: glo… glo… glo…

José Sebastián Tallón
(Argentina, 1904-1954)

Este era un rey…

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Ven mi Juan, y toma asiento
en la mejor de tus sillas:
siéntate aquí, en mis rodillas,
y presta atención a un cuento.
Así estás bien, eso es,
muy cómodo, muy ufano,
pero ten quieta esa mano,
vamos, sosiega esos pies.

Este era un rey…” me maltrata
el bigote ese cariño.
Este era un rey…” vamos niño,
que me rompes la corbata.
Si vieras con qué placer
ese rey… ¡Jesús! ¡Qué has hecho!
¿Lo ves? en medio del pecho
¡me has clavado un alfiler!
¿Y mi dolor te da risa?
Escucha y tenme respeto:
Este era un rey…” deja quieto
el cuello de mi camisa.

Oír atento es la ley
que a cumplir aquí te obligo.
Deja mi reloj, prosigo.
Atención: “Este era un rey…

Me da tormentos crueles
tu movilidad chicuelo,
¿ves? has regado en el suelo
mi dinero y mis papeles.

Responde: ¿me has de escuchar? “Este era un rey…” ¡Qué locura!
Me tiene en grande tortura
que te muevas sin parar.
Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí,
al fin cesa mi tormento.
Este era un rey…” oye el cuento
inventado para ti.

Y agrega el niño, que es ducho en tramar cuentos a fe:
Este era un rey…” Ya lo sé
porque lo repites mucho.
Y me gusta el cuentecito.
Y mira ya lo aprendí:
Este era un rey…” ¿no es así?
¡Qué bonito! ¡Qué bonito!

Y de besos me da un ciento
y pienso al ver sus cariños:
los cuentos, para los niños,
no requieren argumento.

Basta con entender
su espíritu de tal modo
que nos puedan hacer todo
lo que nos quieran hacer.
Con lenguaje grato o rudo
un niño, sin hacer caso,
va dejando paso a paso
a su narrador desnudo.

Infeliz del que se escama
con esas dulces locuras:
¡si estriba en sus travesuras
el argumento del drama!

¡Oh Juan! me alegra y me agrada
tu movilidad tan terca.
Te cuento por verte cerca
y no por contarte nada.
Y bendigo mi fortuna,
y oye el cuento, y lo sabrás:
Este era un rey a quien jamás
le sucedió cosa alguna.

Juan de Dios Peza
(México, 1852-1910)

El sueño

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Con ocho horas de sueño,
si vives sesenta años
te pasas veinte durmiendo.

¡Veinte años! Será bueno
que en las horas que no duermas
te cuides de estar despierto.

José Sebastián Tallón
(Argentina, 1904-1954)

Reír llorando

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Viendo a Garrick actor de la Inglaterra
el pueblo al aplaudirle le decía:
“Eres el más gracioso de la tierra
y el más feliz…”
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
Sufro, le dijo, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión la de la muerte.

Viajad y os distraeréis.
¡Tanto he viajado!
Las lecturas buscad.
¡Tanto he leído!
Que os ame una mujer.
¡Si soy amado!
¡Un título adquirid!
¡Noble he nacido!

¿Pobre seréis quizá?
Tengo riquezas.
¿De lisonja gustáis?
¡Tantas escucho!
¿Qué tenéis de familia?
Mis tristezas.
¿Vais a los cementerios?
Mucho… Mucho…

¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

Me deja -agrega el médico- perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros.
Tomad hoy por receta este consejo:
solo viendo a Garrick podréis curaros.

¿A Garrick?
Sí, a Garrick. La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquel que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

¿Y a mí, me hará reír?
¡Ah! Sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas… ¿qué os inquieta?
Así -dijo el enfermo- no me curo.
¡Yo soy Garrick! ¡Cambiadme la receta!

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si solo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

Juan de Dios Peza
(México, 1852-1910)

Bestiario

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[Fragmento]

Si yo pudiera hablar con pájaros,
con ostras y con lagartijas,
con los zorros de Selva Oscura,
con los ejemplares pingüinos,
si me entendieran las ovejas,
los lánguidos perros lanudos,
los caballos de carretela,
si discutiera con los gatos,
¡si me escucharan las gallinas!

Dulces, sonoras, roncas ranas,
siempre quise ser rana un día,
siempre amé la charca, las hojas
delgadas como filamentos,
el mundo verde de los berros
con las ranas dueñas del cielo.

Si es así, ¿cómo soy poeta?
¿Qué sé yo de la geografía
multiplicada de la noche?

Por eso, señores, me voy
a conversar con un caballo,
que me excuse la poetisa
y que el profesor me perdone,
tengo la semana ocupada,
tengo que oír a borbotones.

¿Cómo se llamaba aquel gato?

Pablo Neruda
(Chile, 1904 – 1973)

Sobre mi mala educación

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[Fragmento]

¿Cuál es el cuál, cuál es el cómo?
¿Quién sabe cómo conducirse?

¡Qué naturales son los peces!
Nunca parecen inoportunos.
Están en el mar invitados
y se visten correctamente
sin una escama de menos,
condecorados por el agua.

Yo todos los días pongo
no sólo los pies en el plato,
sino los codos, los riñones,
la lira, el alma, la escopeta.

No sé qué hacer con las manos
y he pensado venir sin ellas,
pero ¿dónde pongo el anillo?
¡Qué pavorosa incertidumbre!
Y luego no conozco a nadie.
No recuerdo sus apellidos.

Así, para salir de dudas
me decidí a una vida honrada
de las más activa pereza,
purifiqué mis intenciones,
salí a comer conmigo solo
y así me fui quedando mudo.
A veces me saqué a bailar,
pero sin gran entusiasmo,
y me acuesto solo, sin ganas,
por no equivocarme de cuarto.

Adiós, porque vengo llegando.

Buenos días, me voy de prisa.

Cuando quieran verme ya saben:
búsquenme donde no estoy
y si les sobra tiempo y boca
pueden hablar con mi retrato.

Pablo Neruda
(Chile, 1904 – 1973)

CANCION CON SARAMPION

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¡Ay! ¡Qué desesperación!
¡Mi pulpo con sarampión!

Sus tentáculos rosados
aparecieron punteados
con manchitas coloradas,
circulares y ovaladas.

Lo encontré muy afiebrado,
inmóvil y acurrucado
en una esquina del mar.

Llamé urgente al Calamar
por teléfono marino,
pues es el doctor más fino
inteligente y capaz
que se haya visto jamás.

Tan pronto el doctor llegó,
a mi pulpo revisó.
Lo puso en una pecera,
lo acomodó en la heladera,
hasta que, en un ratito,
la fiebre se hizo cubitos.
Entonces, lo retiró
y en su cuna lo abrigó
mientras que -con una aleta-
escribía la receta:
Comprimidos de corvina
e inyecciones de sardina
y para el fuerte catarro
unos fomentos de barro.”

Ha pasado una semana
y ya mi pulpo se sana
mas -¡oh, desgracia espantosa!-
su enfermedad contagiosa
se ha transmitido en el mar
y ahora puedo observar
los cangrejos con puntitos,
afiebrados coralitos,
la ballena acatarrada,
y las langostas manchadas.

Elsa Isabel Bornemann
(Argentina, 1952-2013)

Coleóptero

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Un paseóptero en helicóptero
a la islóptera de Cococópteros,
organisóptero un coleóptero.

Entran todópteros apretandóptero
y volandóptero van con ruidóptero,
los resongópteros muelonedópteros
testarudópteros
cascaridópteros…

Clarisa Ruiz
(Colombia)

DESEOS

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Te deseo, primero, que ames,
y que amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.

Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.
Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven
no madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena,
que la risa habitual es sosa
y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima,
por encima y a pesar de todo,
que existen, y que te rodean,
seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro
alimentes a un pájaro
y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal,
porque de esa manera, sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea,
y la acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuántas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
y que por lo menos una vez por año
pongas algo de ese dinero frente a ti y digas
«Esto es mío»
sólo para que quede claro
quien es el dueño de quién.

Te deseo también
que ninguno de tus afectos muera,
pero que si muere alguno,
puedas llorar sin lamentarte y sufrir
sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer;
y que siendo mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente,
y que cuando estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar
no tengo más nada que desearte.

Víctor Hugo
(Francia, 1802 – 1885)

Cortesía de Anix, 🙂

Alcachofa

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Una alcachofa
emperifollada
y algo rechoncha
dio un paseo
en olla express
y a su llegada
a la ensalada
dio un suspiro
y se deshojó.

Con gran frescura
Doña Alcachofa
quedó desnuda
y todos vieron
su corazón.

“¡Qué cosa tierna,
qué suavidad!”
dijo la dueña
de aquel lugar,
y las arvejas,
las habichuelas,
los pepinillos
y la lechuga,
más bien celosos,
dictaminaron:
-“¡Se va a resfriar!”

Clarisa Ruiz
(Colombia)