Colosenses 3:17

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Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Los incrédulos prestarían más atención a nuestro mensaje evangélico si les diéramos algo especial a observar. Pudiéramos comenzar por no mentir y por decir siempre la verdad. ¿Qué sucedería si nunca nos enojáramos hasta pecar, sino que obráramos con amor; que nunca robáramos, sino que siempre compartiéramos lo nuestro; y que nunca dijéramos vulgaridades, sino que siempre pronunciáramos palabras edificantes? ¿Puede imaginarse cómo reaccionarían los perdidos si nunca nos amargáramos, ni enojáramos, ni mostráramos resentimiento, ni fuéramos violentos, ni calumniadores, sino que siempre nos caracterizara la bondad, la compasión y el perdón? Tal vez entonces prestarían más atención.

Examine su conducta. ¿Dice usted la verdad? ¿Controla usted su enojo de tal modo que solo actúa con justicia? ¿Comparte con otros lo que tiene? ¿Habla con misericordia? ¿Es usted bondadoso, compasivo y clemente? Si usted es un nuevo hombre o una nueva mujer en Cristo, vivirá de esa manera.»

«Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad)» (Efesios 5:8-9).

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Salmo 138:8

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La Biblia está llena de innumerables promesas de Dios, pero no todas son para nosotros. Piense en cómo el Señor prometió que Jericó caería después de que los israelitas marcharan alrededor de la ciudad siete veces, «Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días.» (Josué 6:2-3), o cómo Dios le dijo a Elías que los cuervos le traerían comida cada día, «Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.» (1 Reyes 17:2-4). Cada una de estas promesas estaba destinada a una persona específica, en una situación específica.

Pero aunque estas palabras no se apliquen a nosotros, sí cumplen un propósito divino en nuestras vidas. Las promesas de Dios a Josué y a Elías (y a muchos otros a lo largo de la Biblia) dan testimonio de su relación con sus hijos: Él no cambia, y la fidelidad que mostró en el Antiguo Testamento es la misma que experimentamos hoy. Cada vez que leemos que Dios cumplió una promesa específica, recordamos que también cumplirá lo que nos ha prometido, incluso la eternidad con Él para quienes crean en la muerte y resurrección de su Hijo, «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.» (1 Tesalonicenses 4:13-14)

PIENSE EN ESTO:

¿Se ha preguntado alguna vez si una de las promesas de Dios estaba dirigida a usted? ¿En qué puede afirmar con confianza que Él se ha comprometido con usted?

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Háblame del mar

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Dicen que hay toros azules

en la primavera del mar.

El sol es el caporal

y las mantillas las nubes

que las mueve el temporal.

Dicen que hay toros azules

en la primavera del mar.

Háblame del mar, marinero.

Dime si es verdad

lo que dicen de él.

Desde mi ventana

no puedo yo verlo.

Desde mi ventana

el mar no se ve.

Háblame del mar, marinero.

Cuéntame lo que sientes

allí, junto a él.

Desde mi ventana

el mar no se ve.

Dicen que el barco navega

enamorado del mar.

Buscándooslos sirenas va,

Buscando sirenas nuevas

que le canten al pasar.

Dicen que el barco navega

enamorado del mar.

Háblame del mar, marinero.

Háblame del mar, háblame.

Rafael Alberti. (España, 1902-1999)

Doña Primavera

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Doña Primavera viste que es primor,

viste en limonero y en naranjo en flor.

Lleva por sandalias unas anchas hojas,

y por caravanas unas fucsias rojas.

*

Salid a encontrarla por esos caminos.

¡Va loca de soles y loca de trinos!

*

Doña Primavera de aliento fecundo,

se ríe de todas las penas del mundo…

No cree al que le hable de las vidas ruines.

¿Cómo va a toparlas entre los jazmines?

¿Cómo va a encontrarlas junto de las fuentes

de espejos dorados y cantos ardientes?

*

De la tierra enferma en las pardas grietas,

enciende rosales de rojas piruetas.

Pone sus encajes, prende sus verduras,

en la piedra triste de las sepulturas…

*

Doña Primavera de manos gloriosas,

haz que por la vida derramemos rosas:

rosas de alegría,

rosas de perdón,

rosas de cariño,

y de exultación.

Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957)

Con dos años, dos flores

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Con dos años, dos flores

cumples ahora.

Dos alondras llenando 

toda tu aurora.

Niño radiante:

va mi sangre contigo

siempre adelante.

Sangre mía, adelante,

no retrocedas.

La luz rueda en el mundo,

mientras tú ruedas.

Todo te mueve,

universo de un cuerpo

dorado y leve.

Herramienta es tu risa,

luz que proclama

la victoria del trigo

sobre la grama.

Ríe. Contigo

venceré siempre al tiempo

que es mi enemigo.

Miguel Hernández. España (1910-1942)

Efesios 4:29-32

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Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

El Espíritu Santo se entristece cuando los creyentes no cambian su antigua manera de vivir. Siente dolor cuando los creyentes mienten y ocultan la verdad, cuando se enojan y son implacables (inexorables, vengativos, crueles, empedernidos, despiadados, duros o inflexibles), cuando se niegan a compartir con los necesitados, cuando roban, cuando dicen palabras obscenas y no tienen un espíritu misericordioso.

Cuando usted fue salvo, el Espíritu de Dios puso en usted un sello que declara que usted es de Dios para siempre. Como Él ha sido tan misericordioso que le dio salvación eterna, lo selló para siempre, y ha guardado su salvación hasta el día de la redención, ¿cómo es posible que lo contriste? Él ha hecho tanto por usted que, como muestra de gratitud, no debiera contristarlo.

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.» (2 Corintios 5:17).

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Esto es cantar

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Cantar es más que hablar.

Cantar es alabar y abrir con un ¡oh! el mundo.

Cantar es admirar, no explicar, no decir.

Cantar es saludar lo que no es explicable,

mostrar la maravilla de la realidad,

vivir en el asombro del mundo de los dioses

que es también nuestro mundo, según vemos de pronto:

el que descubrimos, como tontos con amor, al desear.

Cantar es percibir y quedar fulminado,

y dar con las palabras que, al decir, son lo que es

sin charlatanerías, ni adornos de oropel.

Cantar es descubrir el misterio del hecho

que aunque está ante nosotros, no sabemos ver.

Cantar no es hablar, es ganar y perder,

es abrir lo celeste y encontrar, ciego, en él,

al Dios que espera al hombre para poder creer.

Gabriel Celaya. España (1911-1991)