El gusano de seda y la araña

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Trabajando un gusano su capullo,

la araña, que tejía a toda prisa,

de esta suerte le habló con falsa risa,

muy propia de su orgullo:

-¿Qué dice de mi tela el señor gusano?

Esta mañana la empecé temprano,

y ya estará acabada al mediodía.

Mire qué sutil es, mire qué bella…

El gusano, con sorna respondía:

-Usted tiene razón, así sale ella.

Tomás de Iriarte. España (1750-1791)

Isaías 45:9

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 ¡Ay del que pleitea con su Hacedor! ¡el tiesto con los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿qué haces?; o tu obra: ¿no tiene manos?

Hay varios pasajes de las Sagradas Escrituras que comparan a Dios con un alfarero y a nosotros con la arcilla. El Creador tiene derecho a transformar y moldear la vida de sus hijos como le parezca, y nos está conformando a la imagen de su Hijo, «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…» (Romanos 8:29). En otras palabras, nos está ayudando a no conformarnos al mundo o a ceder a nuestros antiguos deseos, «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.» (Romanos 12:2)

«Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.» (1 Pedro 1:14-16).

El problema surge cuando no nos gusta el proceso de moldeo. Entonces discutimos con nuestro Alfarero y nos quejamos de las dificultades y aflicciones que a veces resultan cuando Él nos moldea. Isaías 45.9 lo expresa de esta manera: “¿Dirá el barro al que lo labra: ‘Qué haces?’”. A nosotros nos corresponde al igual que la arcilla, permanecer flexibles y someternos a los propósitos del Señor, no dejar que partes de nuestra vida se endurezcan y se resistan a sus intentos de moldearnos.

Dios obrará para eliminar esos bultos duros con el fin de moldearnos como vasos que sean útiles y agradables a Él. Nuestra responsabilidad es aceptar cualquier cambio del Maestro Alfarero. Podemos hacerlo con confianza porque estamos en sus competentes, hábiles y amorosas manos. Y esa es la situación más segura y satisfactoria en la que podemos estar.

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Romanos 11:33-36

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¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

¿Qué situaciones le hacen dudar de Dios? ¿Le teme al futuro porque le parece incierto? ¿Las dificultades hacen que el Señor le parezca cruel? O tal vez sus expectativas y sueños se han derrumbado, y parece que Dios no se encuentra en ninguna parte.

Como nuestro Padre celestial es omnisciente (todo lo conoce), soberano y amoroso, tenemos todas las razones para confiar en Él, a pesar de las circunstancias.

DIOS ES INFINITAMENTE SABIO: Es posible que tengamos toda la información que sea posible recopilar desde el punto de vista humano, pero solo Dios conoce el futuro, los detalles de cada situación y qué es lo mejor para nuestra vida.

EL SEÑOR TIENE AUTORIDAD PLENA SOBRE TODO: Aunque los caminos de Dios están más allá de nuestra comprensión, podemos confiar en Él, con la seguridad de que tiene el control a la perfección conforme a su conocimiento pleno y gran amor.

EL AMOR DE DIOS ES INAGOTABLE: No importa a lo que nos enfrentamos, nada puede separarnos de su amor, que es en Cristo Jesús, “…Ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.» (Romanos 8:39).

Tomemos un tiempo hoy para reflexionar acerca del amor, la sabiduría y la soberanía sin límites de Dios.

Cuando su confianza está puesta en Él, usted podrá seguir la senda que Él trace para su vida, y su corazón no se turbará, «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios…»(Juan 14:1).»

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La barca de Simón

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Tuvo Simón una barca

no más que de pescador,

y no más que como barca,

a sus hijos la dejó.

Mas ellos tanto pescaron

e hicieron tanto doblón

que ya tuvieron a menos

no mandar buque mayor.

La barca pasó a jabeque,

luego a fragata pasó;

de aquí a navío de guerra,

y asustó con su cañón.

Mas ya roto y viejo el casco

de tormentas que sufrió,

se va pudriendo en el puerto.

¡Lo que va de ayer a hoy!

Mil veces lo han carenado,

y al cabo será mejor

desecharle, y contentarnos

con la barca de Simón.

Tomás de Iriarte. España (1750-1791)

Colosenses 3:17

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Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Los incrédulos prestarían más atención a nuestro mensaje evangélico si les diéramos algo especial a observar. Pudiéramos comenzar por no mentir y por decir siempre la verdad. ¿Qué sucedería si nunca nos enojáramos hasta pecar, sino que obráramos con amor; que nunca robáramos, sino que siempre compartiéramos lo nuestro; y que nunca dijéramos vulgaridades, sino que siempre pronunciáramos palabras edificantes? ¿Puede imaginarse cómo reaccionarían los perdidos si nunca nos amargáramos, ni enojáramos, ni mostráramos resentimiento, ni fuéramos violentos, ni calumniadores, sino que siempre nos caracterizara la bondad, la compasión y el perdón? Tal vez entonces prestarían más atención.

Examine su conducta. ¿Dice usted la verdad? ¿Controla usted su enojo de tal modo que solo actúa con justicia? ¿Comparte con otros lo que tiene? ¿Habla con misericordia? ¿Es usted bondadoso, compasivo y clemente? Si usted es un nuevo hombre o una nueva mujer en Cristo, vivirá de esa manera.»

«Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad)» (Efesios 5:8-9).

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Salmo 138:8

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La Biblia está llena de innumerables promesas de Dios, pero no todas son para nosotros. Piense en cómo el Señor prometió que Jericó caería después de que los israelitas marcharan alrededor de la ciudad siete veces, «Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días.» (Josué 6:2-3), o cómo Dios le dijo a Elías que los cuervos le traerían comida cada día, «Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.» (1 Reyes 17:2-4). Cada una de estas promesas estaba destinada a una persona específica, en una situación específica.

Pero aunque estas palabras no se apliquen a nosotros, sí cumplen un propósito divino en nuestras vidas. Las promesas de Dios a Josué y a Elías (y a muchos otros a lo largo de la Biblia) dan testimonio de su relación con sus hijos: Él no cambia, y la fidelidad que mostró en el Antiguo Testamento es la misma que experimentamos hoy. Cada vez que leemos que Dios cumplió una promesa específica, recordamos que también cumplirá lo que nos ha prometido, incluso la eternidad con Él para quienes crean en la muerte y resurrección de su Hijo, «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.» (1 Tesalonicenses 4:13-14)

PIENSE EN ESTO:

¿Se ha preguntado alguna vez si una de las promesas de Dios estaba dirigida a usted? ¿En qué puede afirmar con confianza que Él se ha comprometido con usted?

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Háblame del mar

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Dicen que hay toros azules

en la primavera del mar.

El sol es el caporal

y las mantillas las nubes

que las mueve el temporal.

Dicen que hay toros azules

en la primavera del mar.

Háblame del mar, marinero.

Dime si es verdad

lo que dicen de él.

Desde mi ventana

no puedo yo verlo.

Desde mi ventana

el mar no se ve.

Háblame del mar, marinero.

Cuéntame lo que sientes

allí, junto a él.

Desde mi ventana

el mar no se ve.

Dicen que el barco navega

enamorado del mar.

Buscándooslos sirenas va,

Buscando sirenas nuevas

que le canten al pasar.

Dicen que el barco navega

enamorado del mar.

Háblame del mar, marinero.

Háblame del mar, háblame.

Rafael Alberti. (España, 1902-1999)

Doña Primavera

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Doña Primavera viste que es primor,

viste en limonero y en naranjo en flor.

Lleva por sandalias unas anchas hojas,

y por caravanas unas fucsias rojas.

*

Salid a encontrarla por esos caminos.

¡Va loca de soles y loca de trinos!

*

Doña Primavera de aliento fecundo,

se ríe de todas las penas del mundo…

No cree al que le hable de las vidas ruines.

¿Cómo va a toparlas entre los jazmines?

¿Cómo va a encontrarlas junto de las fuentes

de espejos dorados y cantos ardientes?

*

De la tierra enferma en las pardas grietas,

enciende rosales de rojas piruetas.

Pone sus encajes, prende sus verduras,

en la piedra triste de las sepulturas…

*

Doña Primavera de manos gloriosas,

haz que por la vida derramemos rosas:

rosas de alegría,

rosas de perdón,

rosas de cariño,

y de exultación.

Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957)