1 Juan 2:16-17

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Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Muchas personas pueden parecer estar bien, pero si pudiéramos mirar bajo la superficie, veríamos otra cosa: lugares en sus almas que han tratado de llenar con éxito mundano, posesiones o popularidad. Pero la verdad es que esas cosas nunca satisfacen. Solo Dios puede darnos satisfacción y paz genuinas. «Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.» (Juan 6:35).

Ahora bien, esto no significa que la vida siempre será perfecta u ordenada a nuestro gusto. De hecho, el Señor Jesús nos dijo que en este mundo tendremos dificultades, «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33). Si estamos en Él, experimentaremos una sensación de plenitud que nunca podrá ser quitada. Es posible que sigamos deseando otras cosas, pero debido a que estamos completos en Cristo, esos deseos no ejercerán una atracción tan fuerte sobre nosotros. Ya sea que se nos presenten o no, podemos permanecer verdaderamente satisfechos con Aquel que nos llama sus hijos amados, 

«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.» (1 Juan 3:1). Podemos descansar en la suficiencia de su amor y en el gozo de la vida en Él.

PIENSE EN ESTO;

¿Siente usted alguna carencia en su interior? ¿Cómo ha tratado de llenarla a lo largo de los años? ¿Todavía sigue sin lograrlo?»

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1 Corintios 4:16

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Por tanto, os ruego que me imitéis.

Como todos los cristianos son imperfectos, necesitamos el ejemplo de alguien que también sea imperfecto, pero que sepa cómo resolver la imperfección. Tal vez sirva esta ilustración. Supongamos que decido participar en una peligrosa expedición de alpinismo. Un helicóptero deja caer a un guía en la cumbre de la montaña, y este mira hacia abajo y me dice: “Esta es la cumbre. Sube hasta aquí; este es el lugar donde quieres estar”. Este guía no sería de tanta ayuda como alguien que vaya subiendo delante de mí y me diga: “Sígueme. Conozco el camino hacia la cumbre”.

Cristo nos muestra la meta que debemos alcanzar, pero también necesitamos a alguien que sea ejemplo del proceso de alcanzar la meta. Solo venciendo el pecado podemos ser más semejantes a Cristo, de modo que necesitamos hallar a otro cristiano que también esté luchando para vencer el pecado. Un ejemplo humano y espiritual puede mostrarle cómo afrontar todas las consecuencias de nuestra condición pecaminosa. Comience a buscar y a seguir a un guía espiritual.

«Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.» (1 Corintios 11:1).

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Salmo 117:1-2

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[1]Alabad a Jehová, naciones todas; pueblos todos, alabadle.

[2]Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia, y la fidelidad de Jehová es para siempre. Aleluya.

Amado padre celestial, soberano Dios, alabado seas en todo tiempo,  exaltado sea tu nombre, oh Jehová. Grandes son tus misericordias y tu amor es infinito. Aquí estamos, en este nuevo despertar, postradas ante tu Santa presencia y agradecidas por todos tus favores y por tu gran cuidado.  Señor , gracias  por ser tan bueno, no lo merecemos,pero a ti te plació escoger y amarnos con tan grande amor, que cada día nos asombrados más y más y solo nos queda agradecer, levantar nuestros ojos hacia Ti y rendirnos a tus pies. Oh Señor, nunca nos dejes ni desampares, necesitamos más y más de tu presencia, de tu consejo, de tu sabiduría sin igual. Te suplicamos nos ayudes a trillar el camino de la obediencia, ser humildes y mansos de corazón. Que nada perturbe nuestra paz, que  solo Tú llenes nuestros corazones y se rebosen de amor hacia ti y hacia nuestros semejantes.

Ten piedad de nosotros y de nuestras familias. Perdona nuestras culpas . Apártanos de caminos malos y tenebrosos. Ayúdanos a hacer lo bueno y a estar enfocados  en las cosas que a ti pertenecen. Ayúdanos a difundir tu palabra y ser luz y sal en donde estemos. Sé propicio a nosotras , te lo suplicamos en el nombre de Jesucristo,  Amén.

Salmo 97:10-12

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Los que amáis a Jehová, aborreced el mal; El guarda las almas de sus santos; De mano de los impíos los libra. Luz está sembrada para el justo, y alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, en Jehová, y alabad la memoria de su santidad.

Puede ser que usted sea reacio o se resista a usar la palabra odiar en alguna situación, pero hay momentos en que es apropiado. Como hijos de Dios, debemos amar lo que Él ama y odiar lo que Él odia. Por eso el versículo 10 del pasaje de hoy nos dice: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal”.

Pero muchos cristianos no adoptan esta actitud con regularidad. En vez de eso, a menudo hay la tendencia a jugar con el mal, manteniéndolo cerca para divertirse e incluso inventando excusas por su presencia. Algunos pueden decir: “¡Bueno, no puedo escapar del mal, ya que está a mi alrededor. Así que lo mejor que puedo hacer es tratar de manejarlo de manera adecuada!”.

¡Qué engaño es este! No podemos manejar el mal, «Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.» (Romanos 7:19-21). Tan pronto como tengamos un solo pensamiento malo, ya hemos pecado. El Salmo 37.27 dice: “Apártate del mal y haz el bien…” En otras palabras, la rectitud requiere un cambio radical completo para que nos dirijamos en la dirección opuesta al mal.

Vivimos en un mundo que está impregnado de pecado, que es imposible evitarlo por completo. Pero podemos alejarnos de situaciones particularmente tentadoras. Pídale al Señor hoy la sabiduría para reconocer las trampas pecaminosas y la resistencia para hacer lo correcto.

«.…Aborreced lo malo, seguid lo bueno.» (Romanos 12:9).

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1 Corintios 13:3-6

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Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

El pasaje bíblico de hoy se conoce como el capítulo del amor. Es interesante que Pablo no haya dado una definición del amor, sino descrito su importancia y su expresión.

Este tipo de amor no es de origen humano; viene de nuestro Padre celestial y es parte de su naturaleza, «…Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.» (1 Juan 4:16). Lo que describe el apóstol es un amor altruista que actúa a favor de otra persona. El deseo de Dios es transformar a todos los creyentes a la imagen de Cristo, «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo…» (Romanos 8:29). Y somos más como Él cuando cuidamos los unos de los otros.

Los primeros tres versículos de 1 Corintios 13 son una advertencia. Sin la motivación del amor, todas nuestras buenas obras, incluyendo el servicio al Señor, no nos beneficiarán en nada. A los ojos de Dios, un espíritu amoroso es más importante que palabras impresionantes, conocimiento, fe, generosidad y sacrificio. Cuando nos presentemos ante Cristo para ser juzgados por nuestras obras, cualquier acción realizada por razones egocéntricas no será considerada digna de recompensa. 

Todos estamos ciegos hasta cierto punto con respecto a nuestros motivos, por lo que puede ser difícil discernir por qué servimos a Dios o hacemos buenas obras. Ore para conocer las intenciones ocultas de su corazón, y pídale al Señor que sustituya cualquier motivación egocéntrica con la manera en que Él ama.

«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.» (Salmos 139:23-24).

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Marcos 1:40-42

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[40]Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.

[41]Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.

[42]Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.

Bendito Dios , Padre Nuestro que moras en los cielos y en nuestros corazones,  alabado y exaltado seas en todo el universo. Agradecidas  por este nuevo despertar y por el descanso a nuestro cuerpo. Gracias porque estamos de pie y estamos aquí nueva vez recibiendo tu cálido abrazo, tus bendiciones y el favor de tus misericordias .

Te pedimos perdón, oh Dios , por nuestras debilidades, límpianos de toda maldad , así como hiciste con el leproso, solo dices la palabra y al instante seremos limpios. Oh Señor queremos llegar hasta ti con olor fragante,  puros y sin manchas. Tú mereces toda la adoracion, por lo cual nos humillamos y postramos a tus pies. Ayúdanos, Señor, pues solas no podemos. Aleja todo camino de perdición y enfoca nuestra mirada hacia ti, Rey de los Ejércitos. Ayúdanos a hacer lo bueno, a mostrar tu amor, a ser compasivos con los necesitados,  caminar por fe junto a ti siempre, pues ¡eres nuestro galardón!

Padre , he aquí también te presentamos  a nuestras  familias, te suplicamos por su salvación, no permitas que se pierdan,  vuélvelas a Ti y perdona sus culpas. Te llevamos nuestras súplicas en el nombre de tu hijo amado, Jesucristo,  nuestro Salvador y redentor,  Amén.

Gálatas 5:16-18

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Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Cristo dijo que los dos mandamientos más grandes son estos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” y “…Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22.37-39). ¡Qué tarea tan abrumadora!

Con nuestras propias fuerzas, encontraremos que tener éxito está más allá de nuestro alcance, pero el Señor ha provisto una manera para que los cristianos logremos lo imposible. El Espíritu Santo que habita en nosotros obra para producir su fruto, «Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.» (Gálatas 5:22-23). La primera cualidad mencionada es el amor, y las ocho restantes son, en realidad, descripciones de cómo se expresa.

El amor no se produce esforzándose más por mostrar buena voluntad hacia alguien que es irritante o con quien es difícil llevarse bien. En vez de eso, piense más en el proceso como si fuera la savia que corre a través de una rama en una vid. De manera similar, el Espíritu fluye a través de nosotros, produciendo el amor de Dios, para que podamos expresarlo a Él y a los demás.

Cada vez que demostramos bondad, paciencia o gentileza es obra de Dios, no nuestra. Incluso la adoración que ofrecemos no es algo que producimos en nuestro corazón sin su ayuda. Aunque el mandato de amar es abrumador, la gracia de Dios lo hace posible. 

«…Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.» (Lucas 18:27).

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Romanos 15:1-2

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Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.

Cada semana, las iglesias se llenan de personas que experimentan una amplia gama de problemas y, como creyentes, hemos de llevar las cargas los unos de los otros, «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.» (Gálatas 6:2). No es solo el trabajo del pastor, él no puede estar al tanto de todas las necesidades de la congregación. Por eso todos estamos llamados a ayudarnos unos a otros. Sin embargo, lograrlo requiere algunos cambios de nuestra parte.

SENSIBILIDAD: Si no somos sensibles a lo que las personas enfrentan, ¿cómo podemos orar por ellas u ofrecerles apoyo? Pídale al Espíritu Santo que le ayude a sensibilizarse con las luchas de los demás.

ACEPTACIÓN: Debemos aceptar a los demás creyentes como Cristo nos ha aceptado a nosotros. Eso significa estar dispuestos a compartir las cargas de los demás, sin importar quiénes sean.

DISPOSICIÓN: Ayudar a la gente puede resultar inconveniente, pero una comunidad de fe prospera cuando auxiliamos a quienes nos rodean.

El Señor es quien consuela a los que sufren y ayuda a los débiles, pero a menudo lo hace por medio de su pueblo. La Biblia nos dice que toda la ley se cumple en un solo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5.14). Y usted, ¿apoya solo a sus seres queridos, o le demuestra amor a todo el que le rodea?

«Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.» (Santiago 2:1).

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Filipenses 3:17

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Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.

Los guías espirituales son esenciales para la iglesia: necesitamos ver vivir el cristianismo delante de nosotros. Pablo le dijo a Timoteo: “…Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Un guía espiritual debe llevar una vida ejemplar porque debe mostrarles a otros la senda. Las personas pueden ver la perfección en Cristo y pueden leer acerca de Pablo, pero también necesitan a alguien a quien puedan observar y con quien puedan hablar. Necesitan ver la virtud, la humildad, el servicio altruista, la disposición a sufrir, la devoción a Cristo, el valor y el crecimiento espiritual en la vida de alguien cerca de ellas.

Una gran carga en mi corazón es que los pastores y ancianos de todas las iglesias sean el tipo de ejemplos que Dios les ordena que sean. Es muy importante enseñar la verdad, pero es igualmente importante que esa verdad sea apuntalada por una vida virtuosa.

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