1 Tesalonicenses 5:14-15

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También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.

Es interesante que los mandamientos en el versículo 14 del pasaje de hoy no están dirigidos a los líderes de la iglesia sino a los “hermanos”, un término que se usa para referirse a otros cristianos. ¿Hasta qué punto se siente usted adecuado para “amonestar a los ociosos, alentar a los de poco ánimo, sostener a los débiles y ser paciente para con todos”?

Nuestra vida en la comunidad de la fe no se trata solo de asistir a un servicio de adoración cada domingo. No pensemos en la iglesia como un lugar, sino como un grupo de creyentes a quienes “…se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1 Corintios 12.13). Eso significa estar allí para consolar a los afligidos, guiar a los descarriados y animar a los cansados.

Para lograrlo, debemos estar dispuestos a escuchar. Es fácil dar una respuesta rápida antes de entender la situación de alguien. Pero dado que el problema externo puede ser solo un síntoma de una lucha espiritual interna, es prudente ser paciente. Cuando a otros se les da la oportunidad de compartir, podemos discernir mejor cómo quiere Dios que respondamos.

Siempre debemos buscar lo que es mejor para los demás. En algunos casos, se requiere ayuda práctica o material; en otras ocasiones, podría significar oración o la disposición de ayudar a una persona a crecer espiritualmente. Pídale al Espíritu Santo que le muestre cuál es su papel.

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Romanos 5:3-5

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Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Dios utiliza el sufrimiento para quitar el pecado de nuestras vidas, fortalecer nuestro compromiso con Él, forzarnos a depender de su gracia, unirnos a otros creyentes, producir discernimiento, promover sensibilidad, disciplinar nuestras mentes, impartir sabiduría, ensanchar nuestra esperanza, hacer que conozcamos mejor a Cristo, hacernos anhelar la verdad, guiarnos al arrepentimiento del pecado, enseñarnos a dar gracias en tiempos de dolor, aumentar nuestra fe y fortalecer nuestro carácter. Y una vez logra tales cosas, a menudo podemos ver que nuestro sufrimiento valió la pena. Dios no quiere que simplemente nos sintamos bien. Quiere que seamos santificados. Y frecuentemente, el camino para ser santificados incluye el que no nos sintamos bien. 

«Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado.»(Salmos 32:3-5). 

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Juan 1:16-17

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Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Para tener un mayor entendimiento de la gracia de Dios, solo necesitamos mirar a Cristo, quien es la personificación de la gracia y la verdad. Ambas son evidentes en Él, y ninguna de ellas se ve comprometida en lo más mínimo. Con la verdad, Cristo hizo que las personas se dieran cuenta de su condición pecaminosa; con gracia ofreció perdón a todos los que se acercaran a Él con fe.

Esto se ve con toda claridad en las interacciones del Señor. Las personas dispuestas a reconocer sus pecados se sentían atraídas por Cristo y su ofrecimiento de perdón. Pero los fariseos, que se consideraban justos, no creían que necesitaban la gracia del Señor. Así que la rechazaron, creyendo erróneamente que sus prácticas los hacían merecedores de la aceptación de Dios, «¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo,» (Romanos 9:32).

«Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.» (Romanos 3:20).

Para encontrar la demostración más grande de gracia debemos mirar el sacrificio que fue hecho en la cruz. Allí, nuestro Salvador sufrió el castigo por nuestros pecados para que Dios-Padre pudiera extender la gracia a quienes creen en su Hijo Jesucristo. Ahora, la bondad, el amor y la misericordia divinas se derraman sobre nosotros en un suministro interminable de “gracia sobre gracia” (Juan 1.16).

Tener tal abundancia del favor de Dios debe llenarnos de gratitud y de deseo por demostrar la misma clase de gracia a los demás.

«…de gracia recibisteis, dad de gracia.» (Mateo 10:8).

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1 Corintios 9:26-27

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Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

La cultura actual está obsesionada con la diversión, los deportes, el materialismo y el placer emocional. En realidad, esas preocupaciones excesivas se han convertido en las características de nuestra superficial, amoral y a veces inmoral, sociedad.

Un antídoto seguro para semejante manera de vivir es la autodisciplina que se muestra en la vida cristiana genuina. Su dirección y poder espiritual vienen del Señor, pero necesita la autodisciplina si Él va a obrar con eficiencia por medio de usted.

Pablo le escribió a Timoteo: “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8). Pablo también dijo lo siguiente con relación a cualquier logro o mérito personal que pudiera tener; «Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,» (Filipenses 3:7-8). Pídale a Dios de corazón que haga eso una realidad en su vida. 

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Mateo 14:22-24

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En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario.

Cuando surgen dificultades, ¿se sorprende de que el Señor las permita? Tal pensamiento presupone que ser un creyente obediente nos exime de problemas. Considere el pasaje de hoy: los discípulos hicieron justo lo que Cristo dijo al entrar en la barca y zarpar hacia el otro lado. Sin embargo, en poco tiempo, se encontraron golpeados y sacudidos por una poderosa tormenta.

También están los creyentes que asumen de manera automática que si surgen dificultades, ellos son el problema. Aunque Dios usa de vez en cuando las pruebas para corregirnos, no todas las dificultades son el resultado de nuestros pecados y fracasos. Pero Él puede usar todas las situaciones para que maduremos y nos transformemos a la semejanza de Cristo.

Y eso es lo que estaba pasando en Mateo 14 con los discípulos. Cristo sabía lo que estaba por venir, y los estaba entrenando para el trabajo al que los estaba llamando. En este caso, los azotadores vientos crearon una situación que los ayudaría a aprender lecciones importantes acerca de la confianza, que serían de un valor incalculable para su futuro ministerio.

Dios usa una gran variedad de medios para ayudarnos a ser siervos fuertes y eficaces de Jesucristo. En lugar de agachar la cabeza ante las luchas de la vida, miremos al Señor y busquemos su poder y sus propósitos.

«Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.» (1 Pedro 5:6-7).

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Salmo 19:1,7-8

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[1]Los cielos cuentan la gloria de Dios,Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

[7]La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.

[8]Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

El Señor es nuestro Dios, Rey del universo  y grandioso es todo lo que en el habita . Aquí estamos  amado Rendentor, alzando nuestras manos al cielo con corazones llenos de gozo, pues tú Señor eres el Dios de gloria y hoy visitaremos Tu casa de oración, Tu baluarte, reunidos exaltando y alabando con gran gozo y esperanza . Recibiremos tu palabra,  tu consejo de boca de tu siervo, esa es palabra  fiel y pura. Gracias Señor por tan gran privilegio!

Bendice a tu pueblo, a todos los pastores, dales claridad de pensamientos, denuedo al hablar, llénalos de tu Santo Espíritu y que tu palabra cause gran impacto en todo aquel que la escuche. Es nuestro ruego que muchos se arrepientan, vengan rendidos  a tus pies  y te reciban como su Señor y Salvador.

Perdona nuestros pecados , límpianos de toda maldad, santifícanos en Tu verdad. Haz que tu rostro resplandezca, que tu sola presencia sea manifiesta en todo lugar donde se predique tu palabra. Renueva nuestros corazones y que nuestra fe vaya en aumento día tras dia. Ayúdanos Señor, te lo suplicamos en el nombre de Jesucristo. Amén.

Mateo 7:25

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Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 

La casa fundada sobre la roca representa la vida de obediencia espiritual. Es la vida que tiene una perspectiva bíblica de sí mismo y del mundo, como se describe en las Bienaventuranzas de Cristo en el Sermón del Monte en Mateo 5. Es la vida que se preocupa más por la justicia interna que por la forma externa. Es una vida de autenticidad y no de hipocresía, y de justicia de Dios en vez de justicia propia.

«no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún ser humano.» (Salmos 143:2).

La casa fundada sobre la roca describe la vida que se deshace del orgullo y de las buenas obras humanas y es humilde y contrita debida a su propio pecado. Tal vida procura, con la ayuda del Espíritu, entrar por la puerta estrecha de la salvación y ser fiel al camino angosto de Cristo y de su Palabra. La vida edificada sobre la roca confía en la voluntad de Dios y espera en su Palabra por encima de todo. ¡Hágase un auto examen! ¿Dónde descansa su esperanza y dónde radica su confianza?

«Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré.» (Salmos 62:5-6).

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