Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.
La Biblia nos ordena no solo a no aborrecer ni vengarnos de quienes puedan perjudicarnos, sino que nos dice que debemos ir más allá y bendecirlos. Eso es lo que les dijo Jesús a quienes oyeron su Sermón del Monte: “Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian”(Lucas 6:27-28).
Vemos muy claramente esta verdad en el plan de la salvación. Dios hizo provisión por medio de Jesucristo para reconciliarnos con Él, aún siendo nosotros sus enemigos y sin ninguna intención de buscarlo. «Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.» (Romanos 5:10).
Para amar verdaderamente a sus enemigos, debe tratarlos como si fueran sus amigos.
«Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.» (Romanos 12:20-21).
Lee, Medita y Aplica!