Salmo 23:1-2

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Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.

El Salmo 23 es quizás el salmo más conocido. Está lleno de descripciones reconfortantes de verdes pastos, aguas tranquilas, un banquete y una copa desbordante, todo lo cual apunta a la restauración y a la abundante bondad y misericordia de Dios.

Pero justo en la mitad del salmo encontramos «Aunque ande en valle de sombra de muerte…» (Salmos 23:4). Podemos sentirnos tentados a pensar que este versículo no encaja en el contexto, pero en realidad transmite una verdad fundamental acerca de la vida del creyente: aunque nuestro Pastor nos guía y cuida, experimentaremos períodos de adversidad, sufrimiento y desánimo. Es parte de vivir en un mundo caído.

No obstante, Dios nos da promesas asombrosas en medio de los valles oscuros. Nunca caminamos solos a través de ellos, porque el Señor promete estar con nosotros. Incluso cuando no podemos sentir su presencia, Él está a nuestro lado. Y su Palabra es nuestro principal medio de consuelo; en ningún otro lugar es posible encontrar el alivio que buscamos. Todos nuestros mecanismos de fortaleza nos dejarán vacíos, pero las verdades de las Sagradas Escrituras nos aseguran el amor y el poder de Dios, que nos permiten resistir e incluso crecer a través de las experiencias difíciles.

Si usted está hoy atravesando un valle oscuro, recuerde que el Señor le acompaña. Su bondad y su misericordia todavía le siguen, porque nuestro Buen Pastor nunca abandona a sus amadas ovejas.» 

«…Contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré…» (Hebreos 13:5-6). 

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1 Corintios 15:33

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No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

La influencia de los demás es una vía por la cual podemos ser ayudados u obstaculizados en nuestra búsqueda de santidad. Si nos asociamos con personas que no comparten nuestros estándares, estaremos tentados a comprometer nuestras convicciones. Cuando nuestra mente, voluntad, emociones y conciencia, están guiados y enfocados correctamente por la Palabra de Dios, por el contrario, puede detectar los obstáculos que entorpecen su crecimiento y señalar los ajustes que debe hacer. 

«El que anda con sabios, sabio será; Mas el que se junta con necios será quebrantado.» (Proverbios 13:20).

¿Qué tipo de personas tienes como amigos?

¿Qué tipo de conversaciones tienes?

¿Qué tipo de pensamientos llenan su mente? ¿Está usted siendo influenciado por amigos, la televisión, las redes sociales u otras cosas más que por la Palabra de Dios?” 

«Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte.» (Proverbios 14:12). 

«Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.» (Mateo 6:21).

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¿Cómo se hace una estrella?

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Con trocitos de papel

de chocolate de ayer.

Con chocolate de bizcocho

de la nariz de Pinocho.

Con ruedas de bicicleta,

con raqueta de un atleta.

Con trocitos de un planeta,

con trocitos de un poeta.

Así se hace una estrella.

*

Y también se puede hacer:

haciendo reír a un pez,

dando saltos sobre un pie,

dando un beso sin por qué

¡Así se hace una estrella!

Gloria Fuerte. España, (1908-1998)

Mateo 7:22-23

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Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Una buena manera de evitar el engaño espiritual de sí mismo es sencillamente conocer y esquivar las trampas religiosas en las que se puede caer. En primer lugar, excesiva preocupación con las simples actividades religiosas. El enfoque externo sobre la asistencia a los cultos y a los estudios bíblicos, el escuchar sermones, el cantar himnos y otras buenas actividades como esas pueden en realidad apartarlo del conocimiento del Dios a quien piensa que está sirviendo.

En segundo lugar, dependencia superficial de las actividades religiosas y las ceremonias pasadas. El hecho de que usted fuera bautizado cuando era niño, de que asistiera a la escuela dominical o a la escuela bíblica de vacaciones, o que se uniera a una iglesia no significa necesariamente que ahora esté justificado ante Dios.

En tercer lugar, conocimiento religioso de por sí. Usted puede comprometerse con una determinada denominación y sus tradiciones, o tener un gran interés académico en la teología. Pero todo eso es inútil si no está interesado también en ser más semejante a Cristo y más obediente a su Palabra. 

» …¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.» (1 Samuel 15:22).

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Salmo 51:9-10

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Esconde tu rostro de mis pecados,Y borra todas mis maldades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Uno de los consejos más engañosos que podemos recibir es la recomendación de seguir los dictados de nuestro corazón. Dios dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso…” (Jeremías 17.9). Todos llegamos a este mundo con una inclinación hacia el pecado y la egolatría, y no hay manera de que podamos cambiarlo. En vez de confiar en un corazón pecador, lo que en realidad necesitamos es un corazón nuevo y limpio, y solo el Señor puede dárnoslo.

Nuestro Padre celestial envió a su Hijo a este mundo para morir en la cruz y pagar el castigo por nuestros pecados. Solo de esa manera podemos ser perdonados y recibir un corazón limpio del que fluyan deseos puros. A través del Señor Jesucristo, somos apartados para Dios, acogidos en su familia como hijos adoptivos, y llenos de su Espíritu Santo.

Como resultado de recibir un corazón nuevo y la presencia transformadora del Espíritu Santo, podemos tener una vida de obediencia al Señor. En vez de vivir con un corazón engañoso, ahora podemos acercarnos a Dios en comunión y comprender la verdad de su Palabra. Con gratitud por nuestro nuevo corazón, confiemos en el poder del Espíritu para ayudarnos a discernir el error, y tomar decisiones sabias. 

«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.» (1 Juan 1:9).

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Romanos 12:15-16

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Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes…

Dios quiere que seamos sensibles ante las tristezas o dificultades de los demás. Eso es compasión, que por definición va más allá del deber de solidarizarse o simpatizar con alguien. Quiere decir entrar en el sufrimiento ajeno.

Dios es un Dios compasivo, «porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres.» (Deuteronomio 4:31), “…nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana, grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3:22-23). El Hijo de Dios era genuinamente compasivo, mostrando la compasión del Padre cuando lloró con María y Marta ante el sepulcro de su hermano Lázaro, «Jesús lloró.» (Juan 11:35).

Si usted es hijo de Dios, ¿cómo puede menos que demostrar el carácter compasivo de su Señor? “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”  (Colosenses 3:12).

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