The offering of the new law, the One Oblation once offered

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Once I thought to sit so high

in the palace of the sky;

now, I thank God for His grace,

if I may fill the lowest place.

 

Once I thought to scale so soon

heights above the changing moon;

now, I thank God for delay

to-day, it yet is called to-day.

 

While I stumble, halt and blind,

lo! He waiteth to be kind;

bless me soon, or bless me slow,

except He bless, I let not go.

 

Once for earth I laid my plan,

once I leaned on strength of man,

when my hope was swept aside,

I stayed my broken heart on pride:

broken reed hath pierced my hand;

fell my house I built on sand;

roofless, wounded, maimed by sin,

fightings without and fears within:

Yet, a tree, He feeds my root;

yet, a branch, He prunes for fruit;

 

Yet, a tree, He feeds my root;

yet, a branch, He prunes for fruit;

yet, a sheep, these eves and morns,

He seeks for me among the thorns.

 

With Thine image stamped of old,

find Thy coin more choice than gold;

known to Thee by name, recall

to Thee Thy home-sick prodigal.

 

Sacrifice and offering

none there is that I can bring,

none, save what is Thine alone:

I bring Thee, Lord, but of Thine own-

broken body, blood outpoured,

these I bring, my God, my Lord;

wine of life, and living bread,

with these for me Thy board is spread.

 

Christina Rossetti. (England, 1830-1894)

El día que me quieras

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El día que me quieras tendrá más luz que junio;

la noche que me quieras será de plenilunio, 

con notas de Beethoven vibrando en cada rayo

sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas

que en todo el mes de mayo.

 

Las fuentes cristalinas 

irán por las laderas

saltando cristalinas

el día que me quieras.

 

El día que me quieras, los sotos escondidos

resonarán arpegios nunca jamás oídos.

Extasis de tus ojos, todas las primaveras

que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

 

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,

luciendo golas cándidas, irán las margaritas por montes y praderas,

delante de tus pasos, el día que me quieras.

Y si deshojas una, te dirá su inocente

postrer pétalo blanco: ¡apasionadamente!

 

Al reventar el alba del día que me quieras,

tendrán todos los árboles cuatro hojas agoreras,

y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,

florecerán las místicas corolas de los lotos.

 

El día que me quieras será cada celaje

ala maravillosa; cada arrebol, miraje

de las mil y una noches; cada brisa un cantar,

cada árbol una lira, cada monte un altar.

 

El día que me quieras, para nosotros dos

cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

 

Amado Nervo. (México, 1870-1919)

Desde la ventana

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– Mi niño ¿qué miras por la ventana?

-Miro el sol que ya se va

y me dice “hasta mañana.”

Di, madre, ¿si volverá?

 

-Volverá, niño querido,

y hasta tu cuna entrará,

mas, ¿si te encuentra dormido

todavía? ¿qué dirá?

 

-¡No me ha de encontrar dormido!

¡Bien despierto me hallará!

-Niño, si te encuentra vestido

¡qué contento se pondrá!

 

Amado Nervo. (México, 1870-1919)

El humo

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El humo

de las chimeneas

se va de viaje

y por eso se pone su mejor traje.

 

Para 

no perderse

deja sus huellas

por toda

la escalera

de las estrellas.

 

Elsa Isabel Bornemann, (Argentina, 1952-2013).

Puentes

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Yo dibujo puentes

para que me encuentres:

un puente de tela,

con mis acuarelas;

un puente colgante,

con tiza brillante;

puentes de madera,

con lápiz de cera…

 

Puentes levadizos,

plateados, cobrizos.

Puentes irrompibles,

de piedra, invisibles…

 

Y tú, ¡quién creyera!

¡No los ves siquiera!

Hago cien, diez, uno…

¡No cruzas ninguno!

 

Elsa Isabel Bornemann, (Argentina, 1952-2013).

El caracol herido

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El caracol Colcol,

el otro día,

no sacó sus cuernos al sol

porque llovía.

 

El caracol Colcol,

cuando dormía la siesta,

rodó por una cuesta

y se rompió la testa.

(Se estrelló en la carretera).

 

Le vió un perro galgo.

-Señor caracol, ¿le pasa algo?

-¡Ay, ay, ay, de ésta no salgo!

-¿Se ha roto la cabeza?

-¡No! ¡Me he roto la casa!

 

Llévame al veterinario

que me ponga una gasa,

una gasa, una gasa.

 

-Mejor, un esparadrapo

-dijo el doctor don Sapo.

-Doctor don Sapo, usted sepa

que tengo goteras;

la lluvia cala mi casa,

que me he roto la azotea.

 

El veterinario le operó.

Le curó la concha,

le juntó los pedazos,

le puso unas tiritas

de arriba abajo.

¡Qué trabajo!

Después le escayoló

y el caracol Colcol

se convirtió

en una pelota de pimpón.

Cuando le quitaron la escayola,

el caracol sacó los cuernos y dijo:

-¡Hola!

 

Gloria Fuerte. (España, 1908-1998)

Saludo mañanero

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Cada mañana

la luz temprana

da en mi ventana.

 

La flor despierta.

La luz es cierta,

la puerta abierta.

 

Y un pajarillo

diciendo pío

bebe rocío.

 

Francisco Morales Santos. (Guatemala 1940 – )

Cómo se dibuja un niño

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Para dibujar un niño hay que hacerlo con cariño.

Pintarle mucho flequillo,

-que esté comiendo un barquillo-.

Muchas pecas en la cara, 

que se note que es un pillo;

-pillo rima con flequillo y quiere decir travieso-.

Continuemos el dibujo: redonda cara de queso.

Como es un niño de moda, bebe jarabe con soda.

Lleva pantalón vaquero con un hermoso agujero;

camiseta americana y una gorrita de pana.

Las botas de futbolista porque chutando es artista.

Se ríe continuamente, porque es muy inteligente.

Debajo del brazo un cuento, 

por eso está tan contento.

Para dibujar un niño hay que hacerlo con cariño.

Gloria Fuertes. ESPAÑA (1908 – 1998)

Nostalgia

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Hace ya diez años que recorro el mundo.

¡He vivido poco! ¡Me he cansado mucho!

Quien vive de prisa no vive de veras:

quien no echa raíces no puede dar frutos.

Ser río que corre, ser nube que pasa, sin dejar recuerdos ni rastro ninguno, es triste; y más triste para quien se siente nube en lo elevado, río en lo profundo.

Quisiera ser árbol mejor que ser ave, quisiera ser leño mejor que ser humo;

y al viaje que cansa

prefiero el terruño:

la ciudad nativa con sus campanarios, arcaicos balcones, portales vetustos y calles estrechas, como si las casas tampoco quisiesen separarse mucho.

Estoy en la orilla de un sendero abrupto.

Miro la serpiente de la carretera que en cada montaña da vueltas a un nudo; y entonces comprendo que el camino es largo, 

que el terreno es brusco,

que la cuesta es ardua, 

que el paisaje es mustio.

¡Señor! Ya me canso de viajar, ya siento nostalgia, ya ansío descansar muy junto de los míos… 

Todos rodearán mi asiento para que les diga mis penas y triunfos; y yo, a la manera del que recorriera un álbum de cromos, contaré con gusto las mil y una noches de mis aventuras y acabaré en esta frase de infortunio:

-¡He vivido poco!

¡Me he cansado mucho!

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)

Los cocuyos

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Parpadeos de luces vacilantes

bordean la selva cuando muere el día,

a manera de extraña pedrería

que relumbra y se apaga por instantes.

 

En estados círculos errantes,

brotan cocuyos en la selva umbría

cual si alguien, con la fiebre de la orgía,

arrojara puñados de diamantes.

 

De día ocultos en la verde alfombra,

solo en las horas de nocturna calma

divagan a través de la espesura;

 

y a fuerza de brillar entre la sombra,

acrisolan su brillo, como el alma

que a fuerza de sufrir se hace más pura.

 

José Santos Chocano. Perú (1875-1934)