¡Mi Rey!

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¡Este es mi Rey!

La Biblia dice que mi rey…

Es rey de los judíos,
Él es rey de Justicia.
Él es rey de los siglos.
Él es rey de los cielos.
Él es rey de Gloria.
Él es Rey de Reyes.
Y Señor de Señores.
¡Ese es mi Rey!
¿Me pregunto… Lo conoces?

Mi rey, es rey Soberano.
Él es perdurablemente fuerte.
Él es completamente sincero.
Él es eternamente inconmovible.
Él es inmortalmente benévolo.
Él es majestuosamente poderoso.
Es imparcialmente misericordioso.
¿Lo conoces?

Él es el Hijo de Dios.
Él es el salvador de los pecadores.
Es el centro de la civilización.
Él es incomparable.
Él es inigualable.
Él es la idea más noble en la literatura.
Él es la personalidad más elevada en la filosofía.
Él es el milagro de los tiempos.
Él es el único capaz de ser el suficiente salvador.
Me pregunto si ¿Lo conoces hoy?

Él da fuerza al débil.
Él se compadece y salva.
Él fortalece y sostiene.
Él cuida y guía.
Él sana a los enfermos.
Él limpia a los leprosos.
Él perdona a los pecadores.
Él libera a los deudores.
Él libra a los cautivos.
Él defiende al endeble (a los débiles).
Él bendice a los jóvenes.
Él sirve a los desafortunados.
Él estima a los ancianos.
Él recompensa a los diligentes.
Y embellece a los mansos.
¿Te pregunto si lo conoces?

Bueno…
Él es la clave del entendimiento.
Él es la fuente a la sabiduría.
Él es la puerta de la libertad.
Él es la senda de la paz.
Él es la calzada de la justicia.
Él es la carretera de la santidad.
Él es la entrada a la gloria.
¿Lo conoces?

Bien…
Su oficio en múltiple.
Su luz es sin igual.
Su bondad no tiene límite.
Su misericordia es para siempre.
Su amor nunca cambia.
Su palabra es suficiente.
Su gracia es basta.
Su reinado es justo.
Su yugo es fácil y su carga es ligera.

Cómo me gustaría poder describirlo.
Él es invencible.
Él es irresistible.
No lo puedes sacar de tu mente.
No lo puedes quitar de tu mano.
No puedes vivir más que Él.
Y no puedes vivir sin Él.

Los fariseos no lo soportaban
Pero se dieron cuenta que no lo podían parar.
Pilatos no encontró culpa en Él.
Herodes no lo pudo matar.
La muerte no pudo con Él.
El sepulcro no lo pudo detener.
Siiiiiiiiiiiiii
¡Ese es mi Rey!
¡Mi Rey!
S. M. Lockridge (1913-2000)

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