La balada de la vuelta del juglar

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-Dolor, ¡qué callado vienes!
¿Serás el mismo que un día
se fue y me dejó en rehenes
un joyel de poesía?
¿Por qué la queja retienes?
¿Por qué tu melancolía
no trae ornadas las sienes
de rosas de Alejandría?
¿Qué te pasa? ¿Ya no tienes
romances de juglería,
trovas de amor y desdenes,
cuentos de milagrería?
Dolor: tan callado vienes
que ya no te conocía…

Y él nada dijo. Callado,
con el jubón empolvado,
y con gesto fosco y duro,
vino a sentarse a mi lado
en el rincón más oscuro,
frente al fogón apagado.

Y tras lento meditar,
como en éxtasis de olvido
en aquel mudo penar
nos pusimos a llorar
con un llanto sin ruido…

Afuera sonaba el mar…

Luis G. Urbina
(México, 1864-1934)

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