Romanos 6.3

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UNA CUCHARADA DE HABILIDAD Y DOS MEDIDAS DE FE

Texto: Romanos 12:3-8

Idea central: Todo miembro del cuerpo de Cristo tiene dones y ha recibido gracia de parte de Dios. Nuestra misión es extender esa gracia a los que nos rodean en función del grado de fe que haya recibido.

Lecciones particulares:

— Dios ha dado a cada uno de nosotros porciones diferentes de su gracia, las cuales se expresan a través de nuestras diferentes habilidades (v.6a). El factor determinante de qué tanto podamos comunicar esa gracia es la medida de fe que Dios nos haya dado (v.3c).

— Por tanto, para vivir la buena vida en la iglesia, para vivir una vida de adoración en la iglesia:

  1. Es necesario que identifique cómo Dios me ha diseñado y cuál es la mejor manera de usar mis habilidades para comunicar gracia (vv.3b,6a).
  2. Es necesario que me evalúe no en función de qué tan hábil soy en hacer esto o aquello, sino en función de qué tanto atesoro a Cristo, de qué tanto confío en Cristo, de qué tanto dependo de Cristo, y de qué tanto todo lo anterior afecta mi visión de mí mismo y de los que me rodean (v.3c). El hecho de que tengamos habilidades naturales no asegura que ellas realmente transmitan la gracia de Dios cuando las utilizamos.

— La conclusión natural de una vida de adoración que es consciente de sí misma a la luz de la fe que Dios le ha dado es sencilla: se esfuerza en transmitir la gracia de Dios al resto de sus miembros a través de sus habilidades naturales, dependiendo y confiando en Dios (no en sí misma), y haciendo todo de corazón, no simplemente “para salir del paso” (vv.6-8).

— Nota que una autoevaluación guiada por la fe se caracteriza porque protege contra el orgullo y pensar que no dependo de nadie (v.3). Nota, también, que se caracteriza porque lleva a la conclusión de que Dios también me ha dado dones y gracia, y que yo debo ser diligente en aplicarlos para bendición del cuerpo, protegiéndome de negligencia e indiferencia (vv.6-8).

Preguntas de introspección: ¿Cómo cultivas en tu día a día hábitos que te ayuden a valorar a Jesús por encima de todo lo que te rodea? ¿Qué pasos prácticos tomas para (en verdad) depender de Cristo en todo lo que llevas a cabo? ¿Cómo cultivas confianza en que las promesas de Jesús son ciertas para ti? ¿En qué formas prácticas corriges los defectos en tu percepción de ti mismo y del lugar de los que te rodean? ¿Cuál es tu medida de fe?

¿Cuáles son las cosas que haces bien? De todas tus habilidades, ¿a través de cuál/cuáles necesita el cuerpo de Cristo que comuniques gracia? ¿Cuál es la diferencia entre trabajar por amor y trabajar como un asalariado? ¿Cómo puedes estimar (bíblicamente) si estás comunicando gracia a través de lo que haces?

Historia sugerida: Descripción de la primera iglesia y, en particular, de la vida de Dorcas (Hechos 4:32-37; 9:36-41).

Romanos 6.2

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UNA VISIÓN BÁSICA DE LA IGLESIA

Texto:Romanos 12:3-8

Idea central: La iglesia no es simplemente un proyecto o un club de amigos… Es el cuerpo vivo de Cristo, donde todos dependemos de todos para que la gracia de Dios fluya en salud a nuestras vidas individuales.

Lecciones particulares:

Al pensar en santificación, nuestra tendencia natural es pensar en nuestra vida individual y cómo mejorarla. No obstante, la biología de la iglesia y nuestro rol en ella es tan importante que Pablo decide tocarlo antes de considerar los detalles de la santificación personal. ¿Qué es, entonces, una iglesia y cómo me relaciono con ella?

—  El concepto que Dios tiene de “iglesia” no es de una “organización sin fines de lucro”, un “club”, un “proyecto” o “grupo de amigos”. Cuando Dios piensa en la iglesia, lo que le viene a la mente es un organismo vivo, un cuerpo (vv.4,5). Esa debe ser nuestra mentalidad cuando pensamos en la iglesia a la que pertenecemos (y debiera extenderse a nuestra visión de la iglesia regional, nacional y mundial).

—  A pesar de que no perdemos nuestra individualidad (v.5a), también es cierto que estamos unidos a Cristo (cf. Romanos 6:4-7; 7:4) y que somos un solo cuerpo en Él (v.5b). En la práctica, esto significa que cada uno de nosotros tiene una conexión real (no teórica o sentimental) con los demás: somos miembros los unos de los otros (v.5c).

—  El hecho de que yo no sea el cuerpo de Cristo, sino parte del cuerpo de Cristo significa que yo solo no puedo hacer todas las funciones necesarias para la buena salud de la iglesia – aunque posea tantas habilidades naturales que pueda pensar lo contrario. Hay otros miembros y Dios ha determinado que tenemos funciones diferentes (v.4).

—  Nuestra respuesta natural ante esta visión es individualismo y orgullo, al punto que Pablo aludió a su función como apóstol al dar esta exhortación (v.3a). Mantengámonos en guardia, pues, en contra de la autosuficiencia y de la humildad falsa, ninguna de las cuales surgen de una visión permeada de la fe de Dios (v.3c).

Preguntas de introspección: ¿Cómo formularías en una oración tu visión de la iglesia? ¿Cómo afecta esa visión la manera en la que te desenvuelves en tu iglesia local? ¿Cómo pondrías en tus palabras la visión de Dios de la iglesia, y qué pasos prácticos puedes dar para ayudar a que tu iglesia alcance esa visión?

¿Cuáles implicaciones tiene la visión bíblica de la iglesia para mi relación con los demás miembros (aquellos a los que soy afín y a los que no)? ¿Qué implicación tiene acerca de la importancia de pertenecer a una iglesia? ¿En qué formas prácticas puedes evitar el orgullo en este aspecto? ¿Cómo cultivas la humildad?

 

Historia sugerida: Historia de la elección de los primeros diáconos (Hechos 6:1-7).