Adolescentes.1

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Tedd Tripp es Senior Pastor of Grace Fellowship Church in Hazleton, Pennsylvania. Este artículo apareció en Journal of Biblical Counseling, Volume 23 Number 3, Summer 2005. Por su relevancia publicaremos algunos extractos como una pequeña serie. El artículo completo lo encontrarán en la dirección de la página web. Gracias!
© 2005, 2010 – The Christian Counseling and Educational Foundation.
http://www.ccef.org/communicate-teens

La vida del adolescente está llena de complejidad. Fuerzas poderosas compiten por su atención. A menudo tienen inseguridad. Se preocupan de su apariencia. Gastan mucho tiempo arreglando sus ropas y cabello. Se cambian de ropa tres y cuatro veces antes de salir. Practican frente al espejo: “¿es mi mejor sonrisa? ¿es éste mi mejor lado? ¿qué pensarán los demás? ¿tendré amigos?
Se sienten vulnerables en el mundo de los adultos. Un adulto dirá “si quieres que te traten como adulto, actúa como adulto” y al minuto siguiente el mismo adulto les dirá “no te creas más grande de lo que eres, todavía eres un mocoso.”

Los adolescentes nunca están exactamente seguros de lo que se espera de ellos. Son inestables en el mundo de las ideas. Sufren bombardeos por todas partes. No saben qué pensar o por qué. Algunas veces prueban ideas justo a la hora de la comida, diciendo cosas injustas. Observan a sus padres y esperan que les digan por qué esas cosas son injustas. Algunas veces los padres están fuera de lugar cuando se intercambian tales ideas y reaccionan en exceso por su causa.

Son inestables en lo emocional. Por un momento se sienten maravillosamente felices y al poco rato como si el mundo estuviera por acabar, por tercera vez en el mismo día. Sus vidas son montañas rusas emocionales. Es difícil encontrar tierra sólida.
Encaran tentaciones y problemas de adultos: un amigo suicida, deseos y oportunidades sexuales, acceso a drogas y alcohol, consciencia de que alguien sufre abusos, o les asaltan memorias de sus propias experiencias depredadoras por causa de otros. Pero los adolescentes encaran estos problemas por primera vez.
Les preocupa el futuro. ¿Cómo llegarán a ser útiles? ¿Qué voy a hacer? ¿Quiénes serán mis amigos? ¿Encontraré a quién amar? ¿Me amarán?

Necesitamos interactuar con nuestros adolescentes, con sabiduría en grandes cantidades. Necesitamos emplear manos de terciopelo. Necesitamos comunicarnos.
Errores comunes al tratar con adolescentes
Suscitan multitud de reacciones en los adultos -algunas veces buenas, pero más a menudo no tan buenas. Algunas veces los adolescentes hacen surgir nuestras peores respuestas. ¿Reconoce alguna de las siguientes?

 

(1) Espía contra espía. Un montón de padres desarrollan esta clase de relación con sus hijos. Los muchachos tratando de salirse con la suya siempre que puedan y los padres tratando de atraparlos en “la movida.” El juego del gato y el ratón.
(2) Abandono. Los padres simplemente se dan por vencidos en la instrucción o en ser influencia para sus hijos. Limitan su cuidado a algunos consejos, advertencias y cosas por el estilo. Los jóvenes reciben más influencia de sus amigos que de sus propios padres. Los padres piensan que “no les importa lo que yo piense, total, si les digo algo escogen lo contrario.” En lugar de aparecer en la etapa más cruenta de la batalla en el tiempo más importante de sus vidas, estos padres abandonan y carecen de influencia alguna sobre sus hijos.
(3) Autoritarismo versus Influencia. Autoritarismo no significa ejercicio apropiado de la autoridad, sino dureza: “no te puedes salir con la tuya, te equivocas, yo siempre estaré ‘alante’, te castigaré más fuerte.” En lugar de pretender mayor autoridad, debiéramos aprender a caminar junto a nuestros adolescentes como una mayor influencia positiva. Necesitamos ser aquella persona que capta sus oídos, que les muestra amor, que les ayuda a ser exitosos en las cosas que desean obtener, que ha ganado el derecho de hablarles. Necesitamos convertirnos en la persona influyente en sus vidas. Que estén dispuestos a escuchar lo que decimos. En los años que transcurren de la infancia a la adultez, nuestra autoridad disminuye, pero nuestra influencia debiera aumentar.
(4) Palabras descompuestas. El proverbio dice que las “palabras descompuestas hieren como espadas, pero la lengua de los sabios trae sanidad.” Piensa.
(5) Graduación en ligas menores. Los padres tienden a enfocarse en asuntos de gusto y estilo. Los adolescentes quieren vestirse a su manera. Como regla general, necesitamos dejarlos hacer.
Pero hemos de escoger las batallas cuidadosamente. Escoge aquellas con significado moral, donde hay verdades bíblicas en juego. Cada generación intenta distinguirse de la anterior. No te pierdas en batallas sobre gustos y estilos que no tienen ninguna relevancia moral o significancia ética.

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