Job

Estándar

El fue quien vino en soledad callada,

y moviendo sus huestes al acecho

puso lazo a mis pies, fuego a mi techo

y cerco a mi ciudad amurallada.

 

Como lluvia en el monte desatada

sus saetas bajaron a mi pecho;

El mató los amores de mi lecho

y cubrió de tinieblas mi morada.

 

Trocó la blanda risa en triste duelo,

convirtió los deleites en despojos,

ensordeció mi voz, ligó mi vuelo,

 

hirió la tierra, la ciñó de abrojos,

y no dejó encendida bajo el cielo

más que la obscura lumbre de sus ojos.

 

Concha Urquiza. México (1910-1945)

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