Apuntes a Jueces, 12:1-7

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Orgullo trágico

¿Cuántos hay que no se contentan con ocupar un sitio a la derecha o a la izquierda, sino que insisten en ocupar el centro?

El éxito confirma a Jefté como cabeza y líder de los galaaditas. Pero la aceptación de su autoridad solo es visible en la parte oriental (Galaad), no en la occidental (el corazón de Israel). Al remover la amenaza externa, de nuevo afloran las rivalidades y celos tribales.

v.1 Los hombres de Efraín se reunieron y cruzaron el Jordán hacia el norte, y dijeron a Jefté:¿Por qué cruzaste a pelear contra los hijos de Amón sin llamarnos para que fuéramos contigo? Quemaremos tu casa sobre ti.

Zafón era uno de los pueblos de Galaad (Josué 13:25-27), 7 km al norte de Jaboc y unos 4 km al este del Jordán. Observen el lenguaje: “cruzaste”, “no nos llamaste.” 

La implicación es que cuando Jefté salió de tour, no se confinó a la parte este de Manasés (11:29 Y el Espíritu del SEÑOR vino sobre Jefté, y pasó por Galaad y Manasés; luego pasó por Mizpa de Galaad, y de Mizpa de Galaad fue adonde estaban los hijos de Amón), sino que cruzó el Jordán para visitar también el Manasés occidental, y luego había regresado -vuelto a cruzar- para pelear contra Amón.

Gentes que se creen importantes, y que no han recibido el trato de lo que se creen: ¿Por qué nos ignoraste? Pero vienen con intención de pelea, se han movilizado para la guerra y cruzaron el Jordán, desde otra dirección.

El punto no es la tierra, sino el liderazgo.

Demandan explicación porque no están preparados para reconocer ningún líder de Israel que obre independiente de Efraín. Se sienten heridos en su importancia, después de todo pertenecían a una tribu líder, de la cordillera central, y en ese contexto amenazan a Jefté. Le montan un ataque a su credibilidad como jefe, en pocas palabras.

¿Recuerdan el caso de Gedeón? Tuvo un problema similar, menos intenso, pues entonces los efrainitas no se movilizaron contra Gedeón y de hecho reconocieron su liderazgo al traerle la cabeza de los dos príncipes madianitas.

Ahora la situación es diferente: han pasado dos meses o más de la derrota de los amonitas.

v.2 Y Jefté les respondió: Yo y mi pueblo estábamos en gran contienda con los hijos de Amón, y cuando os llamé, no me librasteis de sus manos. 3Viendo, pues, que no me ibais a librar, arriesgué mi vida y crucé contra los hijos de Amón, y el SEÑOR los entregó en mi mano. ¿Por qué, pues, habéis subido hoy a pelear contra mí? 4aEntonces Jefté reunió a todos los hombres de Galaad y peleó contra Efraín

Jefté intenta la diplomacia, rechaza la acusación y cambia la perspectiva al dar su propia historia. Apela al Señor y termina con una pregunta retórica, implicando “yo estoy en lo correcto, ustedes se han equivocado.” (vaya vaya: Jefté no usó ninguna diplomacia contra Tob…). Efraín no responde, así que Jefté ordena la batalla y de nuevo sale victorioso.

4b … y los hombres de Galaad derrotaron a Efraín, porque éstos decían: Sois fugitivos de Efraín, vosotros los galaaditas, en medio de Efraín y en medio de Manasés.

El resumen está en el v.7, y las consecuencias políticas son muy claras: las tribus al oeste del Jordán fueron sometidas y Jefté juzgó a Israel (toda la nación) durante 6 años.

v.7 Jefté juzgó a Israel seis años. Y murió Jefté galaadita, y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad.

Pero hay otro punto que emerge, si miramos de cerca: el reclamo de Efraín revela un asunto personal, y la respuesta de Jefté la confirma “yo y mi pueblo.” Y en el v.4 recluta a todos los hombres de Galaad; la animosidad intertribal es la razón oculta de la guerra:

Los hombres de Galaad arrollaron a los de Efraín porque estos dijeron “ustedes galaaditas son meros fugitivos de Efraín, en medio de Efraín y Manasés.”

El intercambio inicial de palabras semeja al realizado con los amonitas, pero el significado es muy diferente. Ahora no se habla de intervención divina, es más, Jehová no aparece por ninguna parte. La batalla no es ninguna guerra santa.

Los galaaditas responden a los insultos de los efrainitas colocándolos como pollitos en fuga, haciendo a los de Efraín los verdaderos fugitivos de la película:

v.5 Y se apoderaron los galaaditas de los vados del Jordán al lado opuesto de Efraín. Y aconteció que cuando alguno de los fugitivos de Efraín decía: Dejadme cruzar, los hombres de Galaad le decían: ¿Eres efrateo? Si él respondía: No, 6entonces, le decían: Di, pues, la palabra Shibolet; pero él decía Sibolet, porque no podía pronunciarla correctamente. Entonces le echaban mano y lo mataban junto a los vados del Jordán. Y cayeron en aquella ocasión cuarenta y dos mil de los de Efraín.

La táctica de atacar los vados del Jordán, previamente de éxito contra moabitas y madianitas, ahora es utilizada por los mismos israelitas contra israelitas, las consecuencias son devastadoras: 42,000, un genocidio.

El narrador de Jueces presenta un Jefté fuerte, decisivo, capaz, pero al mismo tiempo muy parcial, un galaadita más que israelita, embebido en celos y rencillas tribales. No hay magnanimidad para él: sirvió a los interés nacionales de modo incidental. Nada más.

De ser casi una figura mosaica termina como jefe tribal cualquiera, apoyado en la lealtad de sus hombres, dispuesto a empatársela, consolidar posiciones y extender su esfera de influencia. Una guerra santa convertida en una guerra política.

Y este es el hilo que enhebra los episodios de Jefté: la tendencia a convertir la piedad en política, de negociar con Dios en lugar de someterse a El. Sucede a nivel personal y a nivel nacional.

El patrón literario de la narración -cinco episodios, cada uno con un diálogo- destaca los diálogos y los asocia.

Pero la historia también nos enseña cómo obra Dios con Israel: profundamente personal y emocional más que meramente formal o legal. Al final, no es gobierno bajo rígidos principios de recompensa o castigo, justicia o retribución, sino que es un gobierno doloroso, bajo estrés. ¡Jehová salva a Israel bajo protesta! Airado por su apostasía y afrontado por su “arrepentimiento” y, sin embargo, no puede tolerar su continua miseria. No puede simplemente dejarlos a su suerte. Interviene brevemente para salvar de los amonitas, no interviene para aliviar la angustia o para salvar la hija de Jefté. Hay un contraste: Dios está silente, en la penumbra -otro signo de la creciente alteración de relaciones con su pueblo.

La historia revela la condición humana. Jefté es un hombre capaz -con las palabras, como guerrero; posee una personalidad fuerte, decisiva, es un líder. En su mejor momento ejerce una fe ejemplar. Pero tiene antecedentes personales que nos hacen comprender pero no justificar sus limitaciones. Es inseguro, centrado en sí mismo. No se involucra con los intereses de otros. He aquí la dureza del hombre y la razón del por qué no fue grande.

Por causa de la inseguridad y egoísmo condujo a su hija al sacrificio. No pudo ser padre. Por la misma razón no pudo ser otro Moisés u otro Josué. Al final, Jefté el galaadita (v.7) es el resumen de todo. 

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