Apuntes a Jueces, 15:9-20

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v.9 Subieron los filisteos y acamparon en Judá, y se esparcieron por Lehi. 10Y los hombres de Judá dijeron:¿Por qué habéis subido contra nosotros? Y ellos dijeron: Hemos subido para prender a Sansón a fin de hacerle como él nos ha hecho.

La revisión cuidadosa de los episodios revela el humor de la salvación provista por el Señor. El todo de los capítulos 14-16 constituye una larga broma israelita de los filisteos. La historia está llena de ironía sutil pero poderosa. Cada movimiento de los filisteos, éxito temporal, termina en desastre gracias a Sansón. Ahora bien, la narración no “hace lavado” de Sansón, sin embargo hasta en su caída logra que los filisteos aparezcan como bufones. 

Algunas pensarán que encontrar humor así en la Escritura constituye una irreverencia, que no guarda relación con la teología real del texto. La realidad es que la Biblia utiliza el humor cuando puntualiza un punto sombrío. 

El humor es divino, no solo humano.

Los filisteos son enemigos del pueblo de Dios. Aquí son ridiculizados. ¿Por qué? Para que veamos el fin de quienes se constituyen enemigos del pueblo de Dios (incluso del pecaminoso pueblo de Dios). Oh la eterna fidelidad de nuestro Señor, el Dios de Israel! (Salmo 2:4 en contexto: El que se sienta en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos).

Una historia puede ser de humor y tragedia a la vez. Los filisteos respondieron fuego con fuego, Sansón se airó y tomó venganza. Hay algo más profundo aquí, dentro de Israel -parece decirnos el escritor- la letargia del pueblo de Israel (15:9-13). 

Los filisteos concluyen que solo un esfuerzo conjunto terminará el “problema Sansón” así que organizan un asalto militar en regla. “Subieron” de sus territorios en la planicie costera y acamparon nada menos que en Judá, la madre de las tribus de Israel (1:1-2).

Lehi es el diminutivo de Ramath-lei (La Colina de la Quijada) por lo sucedido después. Localizada al parecer entre la meseta y la costa, unos 13 km de Etam, donde Sansón se había escondido.

Los hombres de Judá mencionados en el v.10 al parecer son milicianos asignados a la defensa contra los invasores. Aparentemente los judaítas desconocen las actividades de Sansón y demandan saber por qué los filisteos se han movido contra ellos. Observen de nuevo el patrón: diálogo antes de la batalla. Los filisteos responden Hemos subido para prender a Sansón a fin de hacerle como él nos ha hecho. 

Noten el principio: le haremos como él nos ha hecho. Como todos los conflictos, ambos bandos expresan quejas legítimas y creen que su reacción es justificada. Pero la actitud de los filisteos conlleva una advertencia implícita, “venimos solo por Sansón, pero si no lo entregan…” Si recuerdan, Sansón le puso límite a su venganza (v.7), pero ahora los filisteos dicen a los hombres de Judá “dejen que las cosas sigan su curso, no inflamen la situación o habrá guerra.” En otras palabras: sopesen bien la situación, el costo de defender a Sansón.

v.11 Tres mil hombres de Judá descendieron a la hendidura de la peña de Etam, y dijeron a Sansón: ¿No sabes que los filisteos reinan sobre nosotros? ¿Qué, pues, es esto que nos has hecho? Y él les dijo:Como ellos me hicieron, así les he hecho. 12aY ellos le dijeron: Hemos descendido para prenderte y entregarte en manos de los filisteos.

No sabemos si hubo deliberación entre los hombres de Judá. La pregunta inicial es una tristeza total. He aquí 3,000 hombres van donde Sansón para arrestarlo y entregarlo. Si son 3,000, o solo 75, la implicación es la misma: estos hombres han accedido a continuar como lacayos (esclavos), no imaginan otro estado de cosas. Ven a Sansón como luchando en contra de ellos, no a favor (¿Qué, pues, es esto que nos has hecho?). Sería interesante ver la entrevista hecha al representante de prensa de Judá señalando “su honda preocupación por las acciones del danita Sansón en contra de los intereses de Judá.”

Pero Sansón no come cuentos: Como ellos me hicieron, así les he hecho.

¡Sansón filosofando! hasta copia las palabras filisteas para justificarse: aquellos han reaccionado más allá de la cuenta y ustedes se están dejando presionar. 

Por supuesto que la situación es más compleja. Nadie percibe que la mano de Dios está detrás de todo lo que ha sucedido. Sin embargo, si se trata de un asunto de honor, nadie sale bien parado. Es un día para avergonzarse, Sansón, los hombres de Judá y todo Israel.

Hemos llegado a un punto en el libro de Jueces donde necesitamos reflexionar en cómo empieza el libro para comprender el alcance del significado de lo que está sucediendo.

Al inicio, un Israel unido inquiere a Jehová sobre cómo han de proceder para cumplir la encomienda de Josué y conquistar la tierra de Caanán. La respuesta fue que la tribu de Judá iría primero, y al hacerlo, la victoria era segura (1:1-2 ). Pero ahora, en el capítulo 15, no buscan dirección de Jehová y no hay victoria. Es un hecho aceptado que Israel está bajo yugo filisteo. No hay clamor por liberación.

La única persona que pelea es Sansón, y lo hace por el fracasado matrimonio. Y aunque destinado a salvar a Israel (algún día!), los hombres de Judá (¡Judá!) únicamente lo ven como una amenaza al estado de cosas y lo arrestan para entregarlo a sus amos filisteos.

¡Qué caída más estrepitosa de la expectativa con que inicia Jueces!

La espiral toca fondo. Ahora solo un poderoso acto divino puede salvarlos.

v. 12b Y Sansón les dijo: Juradme que no me mataréis.

13Ellos le respondieron: No, sino que te ataremos bien y te entregaremos en sus manos; ciertamente no te mataremos. Entonces lo ataron con dos sogas nuevas y lo sacaron de la peña.

Sansón no pretende luchar contra israelitas, pero tampoco confía en ellos, teme lo que pueda suceder si es forzado a luchar contra ellos (observen que ha empezado a temer su propia fuerza, mm, interesante) de modo que negocia los términos de rendición.

Lo atan con dos cuerdas nuevas (tampoco los de Judá confían en él) y lo sacan de la cueva. ¿Imaginan la escena? “no, nosotros solo te vamos a amarrar, ellos se encargarán de matarte.” Los filisteos son nuestros amos, tú Sansón eres nuestro enemigo. Ni siquiera se ven a sí mismos como el pueblo libre de Dios; ni siquiera piensan en la posibilidad.

Es un día negro para Israel. Algo está mal cuando ni siquiera intentamos librarnos de verdaderos enemigos. Tal enemistad fue regalo de Jehová.

Gén 3:15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar.

El Creador de cielos y tierra no arrugó los hombres entonces y dijo “algunas batallas se ganan, otras se pierden.” No. Nuestro Dios declara guerra -enemistad- para lograr tener una simiente y un pueblo para Sí. He aquí porqué la redención es un acto de violencia, por qué Jesús vino a librar una cruenta batalla (1 Juan 3:8 El que practica el pecado es del diablo, porque el diablo ha pecado desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó con este propósito:para destruir las obras del diablo). Por qué los que amamos a Dios somos mandados a odiar la maldad (Salmo 97:10 Los que amáis al SEÑOR, aborreced el mal; El guarda las almas de sus santos; los libra de la mano de los impíos), y por qué los compiladores de los salmos no editaron los versos 19-22 del Salmo 139 (contrario a editores de himnarios modernos que parecen juzgar los versos como brutales para nuestra refinada adoración cristiana). 

¡Oh Dios, si tú hicieras morir al impío! Por tanto, apartaos de mí, hombres sanguinarios. Porque hablan contra ti perversamente, y tus enemigos toman tu nombre en vano. ¿No odio a los que te aborrecen, SEÑOR? ¿Y no me repugnan los que se levantan contra ti? Los aborrezco con el más profundo odio; se han convertido en mis enemigos.

v.14 Al llegar él a Lehi, los filisteos salieron a su encuentro gritando. Y el Espíritu del SEÑOR vino sobre él con poder, y las sogas que estaban en sus brazos fueron como lino quemado con fuego y las ataduras cayeron de sus manos.

15Y halló una quijada de asno fresca aún [o sea, con dientes], y extendiendo su mano, la tomó y mató a mil hombres con ella. 16Entonces Sansón dijo: Con la quijada de un asno, montones sobre montones, con la quijada de un asno he matado a mil hombres.

17Y al terminar de hablar, arrojó la quijada de su mano, y llamó a aquel lugar Ramat- lehi.

Tra-la-la… las cosas toman un giro inesperado. He aquí el sostén que Dios provee a su siervo. No hay transferencia de prisionero y los hombres de Judá simplemente desaparecen de la escena. Dios mismo entra a escena. Los filisteos olvidaron el Espíritu del Señor (siempre lo hacen).

Observen que el mismo Sansón entra a Lehi, y lo que sigue es una repetición de la lucha contra el león:

14:5-6

15:14-19

Un león venía corriendo hacia él

Los filisteos llegan gritando hacia él

El Espíritu del Señor cae sobre él

El Espíritu del Señor cae sobre él

“Rompe” al león en pedazos

“Rompe” a los filisteos

En ambos episodios la llegada súbita del Espíritu cae sobre Sansón. Así que no perdamos tiempo preguntando si es humanamente posible. No. Este es otro momento cuando Dios irrumpe en escena como viento huracanado y hace que suceda lo imposible.

Ambos episodios tienen el mismo carácter básico, pero hay una diferencia enorme en cómo son tratados. El asunto del león se narra minimalista. El segundo con lujo de detalles y hasta una canción de victoria. No es otro incidente cualquiera en la carrera de Sansón sino el clímax de todo el tren de eventos puesto en movimiento luego de su viaje a Timnat.

La victoria es completa, Sansón ejerce ahora dominio sobre los filisteos y reemplaza a los hombres de Judá como el líder autorizado por Dios. Observen que por tercera ocasión Sansón hace uso del mundo animal, bajo la influencia del Espíritu hasta un animal muerto le sirve. 

Ahora bien, la quijada fresca de un animal muerto, en manos de un nazareo.

Lo prudente es interpretar en función de todo el pasaje, así como el sacerdote Ahimelec dio los panes consagrados a David para comer. ¡Algunas cosas son simplemente más importantes que otras!

El verdadero héroe no es Sansón, sino Jehová, quien es más grande que la vida (al menos la vida como normalmente la experimentamos) y no está limitado por la debilidad de aquellos con los que El escoge emplear.

18Después sintió una gran sed, y clamando al SEÑOR, dijo: Tú has dado esta gran liberación por mano de tu siervo, y ahora, ¿moriré yo de sed y caeré en manos de los incircuncisos?

19Y abrió Dios la cuenca que está en Lehi y salió agua de ella. Cuando bebió, recobró sus fuerzas y se reanimó. Por eso llamó a aquel lugar En-hacore, el cual está en Lehi hasta el día de hoy.

Exhausto al fin, de repente cae en cuenta que no es ningún superhombre sino un hombre con necesidad real igual que otros. Tiene sed, tanta, que piensa en la muerte. Pero hay algo que lo atemoriza más: caer en las manos de incircuncisos. Como si todo hubiera sido en vano.

En extremis, clama al Señor, y con ello alcanzamos un momento de gran significado.

Es la primera vez que leemos donde Sansón explícitamente busca al Señor. Confiesa su dependencia en El; tenemos al salvador confesando su necesidad de salvación. De todo Israel, solo Sansón, y sólo él, clamará al Señor (15:18 y 16:28). Es verdad que clama por sí mismo, pero si leemos con atención, las palabras “esta gran liberación” son un eco de las palabras dichas a su madre (13:5), además de que reconoce como siervo del Señor, como el agente, no solo el objeto, de tan gran liberación. 

Hasta ahora, sabemos que el poder de Sansón proviene del Espíritu de Jehová, pero ahora Sansón no cae en la autosuficiencia.

En respuesta, Dios abre la roca y brota un manantial, un acto que recuerda la provisión a Israel en el desierto (Exodo 17:6; Números 20:8, 11). El Dios que libró de Egipto llenará cada necesidad incluso pequeña (Salmo 81:10 Yo, el SEÑOR, soy tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto; abre bien tu boca y la llenaré.). 

El nombre del manantial (Arroyo del que Clama) subraya la importancia del momento y lo inmortaliza para futuras generaciones. El símbolo de una verdad profunda: no importa cuán negras se vean las circunstancias, siempre hay esperanza para quienes claman al Señor -Israel, nosotros.

v.20 Sansón juzgó a Israel veinte años en los días de los filisteos.

El verso marca el final de la primera fase de la carrera de Sansón, nos enseña que, a consecuencia de lo sucedido (en especial la gran liberación en Lehi), Sansón efectivamente reemplaza a los hombres de Judá como líder de Israel. Se convierte en Juez y gobierna durante 20 años. Tal parece que el asunto de Lehi haya sido como un rito de iniciación, un momento de iluminación y comprensión de su identidad como siervo de Dios, indispensable para la transición como juez.

Sin embargo, la frase “en los días de los filisteos” es un recordatorio de sus limitaciones incluso en tal alto cargo. No salvará a Israel en todo el sentido como lo hicieran otros jueces. Su gobierno inicia y termina “en los días de los filisteos.”

Otros tendrán que completar la salvación.

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