Ancianidad

Estándar

Deseáis, señor Sarmiento, saber en estos mis años

sujetos a tantos daños,

cómo me porto y sustento,

yo os lo diré en brevedad,

porque la historia es bien breve,

y el daros gusto se os debe con toda puntualidad.

Salido el sol por oriente de rayos acompañado,

me dan un huevo pasado

por agua, blando y caliente.

Con dos tragos del que suelo llamar yo néctar divino,

y a quien otros llaman vino

porque nos vino del cielo.

Cuando el luminoso vaso toca en la meridional,

distando por un igual

del Oriente y del ocaso,

me dan asada y cocida una gruesa y gentil ave,

con tres veces del suave 

licor que alarga la vida.

Después que cayendo, viene

a dar en el mar Hesperio,

desamparado el imperio

que en este horizonte tiene;

me suelen dar a comer tostadas en vino mulso,

que el enflaquecido pulso

restituyen a su ser.

Luego me cierran la puerta,

yo me entrego al dulce sueño,

dormido soy de otro dueño;

no sé de mi nueva cierta.

Hasta que, habiendo sol nuevo

me cuentan cómo he dormido:

y así de nuevo les pido

que me den néctar y huevo.

Ser vieja la casa es esto:

veo que se va cayendo,

vóile puntales poniendo

porque no caiga tan presto.

Más todo es vano artificio;

presto me dicen mis males

que han de faltar los puntales 

y allanarse el edificio.

Baltasar del Alcázar. España (1530-1606)

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