B et C: Salmo 119:14-16

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Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras. Salmos 119:14-16.

En esta era tecnológica es difícil saber qué es lo más novedoso. Por ejemplo, algunas personas solo aprenden los conceptos básicos de cómo manejar un teléfono inteligente. Pero si aprendieran un poco más, encontrarían que dicho dispositivo es más útil de lo que se imaginan. Al poner un límite a su conocimiento, se pierden de los beneficios que ofrece el dispositivo para facilitar las tareas.

Luego tenemos el mismo problema en nuestra vida espiritual. La Biblia declara que cuando llegamos a la fe en Jesucristo, somos “nuevas criaturas». «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…» (2 Corintios 5:17). En su Palabra, Dios ha provisto todo lo que necesitamos para saber cómo vivir como nuevas creaciones, pero hemos de crecer en nuestro conocimiento de dicha vida nueva.

¿Está usted tratando de vivir con los conceptos básicos de la Palabra de Dios sin profundizar ni descubrir verdades y percepciones más ricas?

Si es así, está limitando su crecimiento espiritual y perdiendo los beneficios que otorga una mayor comprensión de Dios, sus caminos y sus deseos. Puede que esté sobreviviendo, pero no está prosperando como el Señor desea. Nunca es demasiado tarde para aprender más y comenzar a disfrutar de los beneficios de la nueva vida en Cristo.

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B et C: Marcos 10:51-52

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L

Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino. Marcos 10:51-52

La Biblia enseña que nuestro trino Dios es omnisciente, conoce todas las cosas. Ninguna acción o persona se oculta de su vista; y el pasado, el presente, y el futuro están delante de Él.

“Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.”  (Hebreos 4:13)

El Señor “…escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos…” (1 Cronicas 28.9). Nos conoce, y entiende lo que necesitamos. El amor y la preocupación de Dios por nosotros no cambian, aunque nuestro dolor sea el resultado de nuestras propias acciones pecaminosas.

Cristo demostró una y otra vez el amor y el cuidado de Dios por las personas. De hecho, gran parte de su ministerio consistió en aliviar el sufrimiento, junto con la enseñanza de cómo entrar en el reino de los cielos. Mientras viajaba a Jerusalén camino a la cruz, se encontró con un mendigo ciego que gritaba: “…¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Marcos 10.48). Aunque la multitud le decía que callara, Cristo se detuvo para restaurar su vista y reconocer su fe.

Él también escuchará nuestros gritos de ayuda, porque su amor se extiende como un manto sobre nosotros. Cuando nuestras circunstancias nos tienten a dudarlo, recordemos nuestra perspectiva limitada y confiemos en la naturaleza de nuestro Dios. De manera que, acepte la invitación de Cristo de llevar sus cargas a Él, y encuentre descanso para su alma.

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;” Mateo 11:29.

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B et C: Juan 15:16

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No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Juan 15:16

Pedir en el nombre de Cristo conlleva doble significado. Primero, los creyentes hemos de pedir por asuntos que armonicen con el plan de Dios. Necesitamos preguntarle si nuestras oraciones coinciden con su voluntad. Dios tiene varias formas de asegurarnos si estamos en el camino correcto; por ejemplo, puede aumentar los anhelos correctos o disminuir los incorrectos. Otra posibilidad es que usará su Palabra para redirigir nuestros pasos o confirmar que estamos yendo por el camino correcto. De cualquier manera, Dios creará una senda para que hagamos su voluntad.

Segundo, invocar el nombre de Cristo significa que deseamos glorificarlo. Santiago hace esta advertencia: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Para entender eso, consideremos como ejemplos a los que oran para salir de un problema económico. ¿Quiere la persona salir de sus deudas para tener más dinero y salir de preocupaciones? ¿O para utilizar lo que tiene de maneras que honren al Señor? Los motivos son evidentes para Dios, y no favorecerá a quienes están arraigados en el pecado.

En el nombre de Jesucristo hay poder abundante. Sin embargo, invocarlo en oración no es un amuleto para obtener lo que queremos. Más bien, es una señal de que estamos dejando a un lado nuestros deseos personales y nuestra manera de hacer las cosas. Al hacerlo, nos comprometemos a seguir a Dios y honrarle con nuestros deseos y peticiones. 

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Brevitas et Claritas: Salmo 51:2-4

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Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas. Salmo 51:2-4.

¿Quiere un mayor desarrollo espiritual en su vida? ¿Pecar menos cada vez? Entonces acepte su responsabilidad.

No le eche la culpa a sus circunstancias, a su cónyuge, a su novio o a su novia, a su jefe, a sus empleados o a su pastor. Ni siquiera le eche la culpa a Satanás. Su pecado es culpa suya. Sin duda que Satanás y el sistema del mundo pueden contribuir al problema, pero el pecado ocurre en definitiva como un acto de la voluntad; mi voluntad, usted es responsable. Lo dice la Biblia: «sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.» (Santiago 1:14).

Tal vez uno de los mejores ejemplos de alguien que aprendió a aceptar su responsabilidad sea el del hijo pródigo. Cuando volvió a casa con su amoroso padre, dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lucas 15:21). Estuvo incluso dispuesto a que se le tratara como a un modesto jornalero porque sabía que no merecía nada, «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.» (Lucas 15:19). He aquí la actitud de alguien que reconoce y confiesa su pecado. 

«Él que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.» (Proverbios 28:13).

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Brevitas et Claritas: Santiago 1:2-3

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Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia.

Nunca dude que las pruebas lograrán algo positivo. Están destinadas a producir “paciencia” o, mejor traducido, “resistencia” o “perseverancia”. Con cada prueba forjamos la tenacidad de espíritu que resiste bajo presión mientras esperamos con paciencia que Dios quite la prueba a su debido tiempo y entonces nos recompensa. Eso nos fortalece a medida que obtenemos más resistencia.

Dios nos edifica de la misma manera que un corredor va desarrollando poco a poco la capacidad de correr largas distancias. Comienza por lo más insignificante y va aumentando hasta la capacidad máxima. Dios permite mayores pruebas en nuestra vida a fin de aumentar nuestra resistencia para un mayor servicio y gozo, ya que cuanto más difícil la batalla, tanto más grata la victoria. Cuando usted sale de una prueba difícil, puede regocijarse por la liberación que Dios le ha dado. Eso prueba que se puede confiar en Él, y eso fortalece su fe.

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Brevitas et Claritas: Proverbios 6:6-8

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Ve a la hormiga, oh perezoso, Mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. 

A veces es difícil ver el pecado en nuestra propia vida, sobre todo si es algo que no parece malo.

Ese es el problema de la pereza: parece una debilidad aceptable en lugar de un pecado. A quienes son perezosos le es difícil ver lo que están haciendo mal, y sienten que las críticas son injustas, «En su propia opinión el perezoso es más sabio que siete que sepan aconsejar.» (Proverbios 26:16).

¿Quiere determinar si está siendo perezoso? Considere las siguientes características:

•Pone excusas para no hacer una tarea.

•Evita ocuparse de algo que le desagrada, aunque sea su responsabilidad.

•No considera las consecuencias de su falta de acción.

•Necesita presión externa para realizar las tareas.

Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado. (Proverbios 6:9-11).

Las consecuencias de la pereza son serias. En el lugar de trabajo, existe la posibilidad de recibir críticas frecuentes, ser puesto a prueba o incluso ser despedido. En el hogar, la acumulación de frustración puede dar lugar a palabras hirientes, y los hijos pueden copiar los hábitos indeseables de sus padres y sufrir por ello.

«…vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne(Romanos 13:14).

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Brevitas et Claritas: Santiago 1:6-7

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El que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 

Quien duda y no cree que Dios puede dar sabiduría es como el mar ondulante e intranquilo, que se mueve de un lado a otro con sus interminables olas, que no mantiene calma. No tiene sentido alguno que tal persona suponga que recibirá algo del Señor.

Cuando se enfrenta a una prueba, un incrédulo que dice conocer a Cristo dudará de Dios, se enojará con Él y finalmente se apartará de la iglesia. Un cristiano espiritualmente inmaduro pudiera reaccionar de igual manera, porque reacciona emocionalmente ante sus circunstancias difíciles y no entiende plenamente a Dios. En medio de una prueba, no tendrá una actitud gozosa, una mente comprensiva, una voluntad dócil ni un corazón creyente. Parecerá incapaz de buscar la sabiduría de Dios y no estará dispuesto a aprovecharse de los recursos que Él ha provisto, sin conocer la solución de que puede disponer mediante la fiel y constante oración al Señor.

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5).

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Brevitas et Claritas: 1 Timoteo 1:19

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Manteniendo la fe y buena conciencia… 1 Timoteo 1:19

«Haga lo que le dicte la conciencia” es una expresión muy conocida, pero no siempre un buen consejo. Porque su brújula moral será tan confiable como los principios que haya aprendido. Será confiable si usted atesora las instrucciones bíblicas. Pero usar las ideologías de la llamada cultura popular para programar su conciencia le llevará al fracaso moral.

Nuestro Padre celestial nos ha dado la conciencia como un regalo destinado a ser una herramienta del Espíritu Santo, nuestra única Guía verdadera. Como tal, está diseñada para evitar deslizamientos o andar a la deriva. Las siguientes afirmaciones, ¿son parte de su vida?

• Jesucristo es mi Señor y Salvador.

• La Biblia es la base de mi conducta.

• Tengo el firme deseo de obedecer a Dios.

• Tomo mis decisiones en oración.

• Mi conciencia me alerta cuando pienso tomar una dirección incorrecta.

• Me siento culpable al desobedecer.

• Soy movido al arrepentimiento de mi pecado.

¿Cómo cultivar una brújula interna confiable? Lea, estudie y aplique la Palabra de Dios de tal modo que sus principios sustituyan cualquier programación falsa o corrupta. Luego, con la guía del Espíritu Santo, su conciencia despierta le alertará y protegerá. Pida a Dios que la convierta en una herramienta efectiva para guiarle a lo que es aprobado por Él. 

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Brevitas et Claritas: Santiago 5:10-11

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Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo. Santiago 5:10-11. 

Aun cuando lo que sentimos nos parezca aplastante y nuestra fe comience a flaquear, hemos de mantenernos firmes en la verdad de las Sagradas Escrituras.

Podríamos pensar que nuestra teología y nuestra actitud sobre el Señor es evidente por lo que decimos creer. Pero cuando nuestras oraciones no son respondidas, y las circunstancias no cambian, la manera como esperamos dice mucho sobre lo que realmente creemos.

Job era un hombre que temía a Dios, que soportó la pérdida de sus hijos, de su salud y de sus bienes. Sin embargo, se mantuvo fiel al Señor durante todas las tribulaciones, a pesar de su apremiante necesidad de saber la causa de su aflicción. En medio de su sufrimiento, Job clamó: “¡Quién me diera que mi petición se cumpliera, que Dios me concediera mi anhelo!” (Job 6.8). Cada día estaba lleno de un dolor implacable, pero su consuelo y su alegría eran que, “…no [había] negado las palabras del Santo” (Job 6.10).

El mundo que nos rodea juzga a Dios como injusto, indiferente o maligno, pero nunca debería ser nuestro caso. Cuando el Señor guarda silencio en nuestros momentos de adversidad o confusión, acudamos a su Palabra para descubrir lo que dice sobre Su manera de ser y Sus caminos. Aun cuando lo que sentimos nos parezca aplastante y nuestra fe comience a flaquear, podemos mantenernos firmes en la verdad de las Sagradas Escrituras.

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Brevitas et Claritas: Isaías 40:12

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¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados? Isaías 40:12.

Algunas personas creen que Dios es una fuerza en algún lugar del cosmos, mientras que otras se imaginan a un tipo de abuelo benevolente que pasa por alto los “pecadillos”. Pero estas características no describen quién es Jehová. El Dios real podría sorprenderlas.

«El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar.» (Isaías 40:22).

Cuando el Padre se describe a sí mismo en su Palabra, está claro que es una persona. A lo largo de la Biblia, es llamado Jehová, Elohim, Señor, o se habla de Él usando el pronombre masculino (Él). Dios reúne todos los atributos de la identidad personal: inteligencia para razonar, emociones para sentir y voluntad para tomar decisiones.

Al mismo tiempo, la Biblia muestra la inmutabilidad de Dios: que su naturaleza y su carácter nunca cambian. Siempre es Espíritu y su amor permanece constante. Los creyentes podemos esperar que los principios y las leyes de Dios se mantengan firmes y que Él actúe justo como ha prometido. Aunque obra de manera diferente en situaciones distintas, esas respuestas (como el deleite, la ira y la misericordia) son matices de su ser, no atributos nuevos.

Dios no tiene principio ni fin y siempre es el mismo, «Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.» (Salmos 102:27). Nadie lo creó, lo cual es difícil de entender para los humanos; pero si el Señor fuera del todo explicable, no sería digno de nuestra adoración.

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