Lo inefable

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Yo muero extrañamente. No me mata la Vida,

no me mata la Muerte, no me mata el Amor;

muero de un pensamiento mudo como una herida,

¿no habéis sentido nunca el extraño dolor

 

de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida

devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?

¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida

que os abrasaba enteros y no daba un fulgor?

 

¡Cumbre de los Martirios! Llevar eternamente,

desgarradora y árida, la trágica simiente

clavada en las entrañas como un diente feroz!

 

Pero arrancarla un día en una flor que abriera

milagrosa, inviolable! Ah, más grande no fuera

tener entre las manos la cabeza de Dios!

Delmira Agustini. Uruguay (1886-1914)

Receive ye welcome

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Let the guest sojourning here know that in
this home our life is simple. What we cannot afford we do not offer, but what good cheer
we can give, we give gladly.

We make no strife for appearance sake.
Know also friend, that we live a life of labour, therefore, if at times we separate ourselves
from thee, do ye occupy thyself according
to thine heart’s desire.

We will not defer to thee in opinion or
ask thee to defer to us. What thou thinketh ye shall say, if ye wish, without giving offense.
What we think, we also say, believing that
truth hath many aspects, and that love is
large enough to encompass them all.

So, while ye tarry here with us we would
have thee enjoy the blessings of a home,
health, love and freedom, and we pray that
thou mays find the final blessing of life…
peace.

Anonymous

Marcha triunfal

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¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines.
La espada se anuncia con vivo reflejo.

Coro. Ya viene, oro y hierro,
el cortejo de los paladines.

Ya pasa debajo los arcos
ornados de blandas Minervas y Martes,
los arcos triunfales
en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
la gloria solemne de los estandartes,
llevados por manos robustas
de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman
las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los
fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra
y los timbaleros,
que el paso acompasan con ritmos marciales.

Coro: ¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!

Los claros clarines de pronto levantan sus sones.
Su canto sonoro,
su cálido coro,
que envuelve en un trueno de oro
la augusta soberbia de los pabellones.

El dice la lucha, la herida venganza,
las ásperas crines,
los rudos penachos, la pica, la lanza,
la sangre que riega
de heroicos carmines
la tierra;
los negros mastines
que azuza la muerte,
que rige la guerra.
Los áureos sonidos anuncian el advenimiento
triunfal de la gloria;
dejando el picacho que guarda sus nidos,
tendiendo sus alas enormes al viento,
los cóndores llegan.

Coro. ¡Llegó la victoria!

Ya pasa el cortejo.
Señala el abuelo los héroes al niño;
ved cómo la barba del viejo
los bucles de oro circunda de armiño.
Las bellas mujeres aprestan coronas de flores,
y bajo los pórticos vence sus rostros de rosa;
y la más hermosa
sonríe al más fiero de los vencedores.
¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera;
honor al herido y honor a los fieles soldados,
que muerte encontraron por mano extranjera!

Coro. ¡Clarines! ¡Laureles!

Las nobles espadas de tiempos gloriosos,
desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros,
las viejas espadas de los granaderos,
más fuertes que osos,
hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros.
Las trompas guerreras resuenan;
de voces los aires se llenan…
A aquellas antiguas espadas,
a aquellos ilustres aceros,
que encarnan las glorias pasadas…

Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas,
y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros,
al que ama la insignia del suelo materno,
al que ha desafiado, ceñido el acero
y el arma en la mano,
los soles del rojo verano,
las nieves y vientos del gélido invierno,
la noche, la escarcha
y el odio y la muerte,
por ser la patria inmortal,
saludan con voces de bronce
las trompas de guerra que tocan…

Coro: ¡La marcha triunfal!

 

Rubén Darío
Nicaragua (1867-1916)

El nacimiento de la col

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En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
-Eres bella.
-Lo soy -dijo la rosa.
-Bella y feliz -prosiguió el diablo-. Tienes el calor, la gracia y el aroma. Pero…
-¿Pero?
-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas?
Esos, a más de ser frondosos, dan alimentos a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…

La rosa entonces -tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.

Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
-Padre -dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?
-Sea, hija mía -contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces vió el mundo la primera col.

Rubén Darío
Nicaragua (1867-1916)

¿Quién me compra una naranja?

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¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?
Una naranja madura
en forma de corazón.

La sal del mar en los labios,
¡ay de mí!,
la sal del mar en las venas
y en los labios recogí.

Nadie me diera los suyos
para besar.
La blanda espiga de un beso
yo no la puedo segar.
Nadie pidiera mi sangre
para beber.
Yo mismo no sé si corre
o si deja de correr.

Como se pierden las barcas,
¡ay de mí!,
como se pierden las nubes
y las barcas, me perdí.

Y pues nadie me lo pide,
ya no tengo corazón.
¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?

José Gorostiza
México (1901-1973)

Balada de los dos abuelos

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(fragmento)

Sombras que solo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.

Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.

Africa de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos…
-¡Me muero!
(dice mi abuelo negro.)
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos…
-¡Me canso!
(dice mi abuelo blanco.)

¡Oh, velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro…!
-¡Me muero!
(dice mi abuelo negro.)

¡Oh, costas de cuello virgen
engañadas de abalorios…!
-¡Me canso!
(dice mi abuelo blanco.)

¡Oh, puro sol repujado,
preso en el aro del trópico
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!

¡Qué de barcos, qué de barcos!

Nicolás Guillén
(Cuba, 1902-1989)

Mi caballero

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Por las mañanas
mi pequeñuelo
me despertaba
con un gran beso.

Puesto a horcajadas
sobre mi pecho,
bridas forjaba
con mis cabellos.

Ebrio él de gozo
de gozo yo ebrio,
me espoleaba
mi caballero:
¡qué suave espuela
sus dos pies frescos!

¡Cómo reía mi jinetuelo!

Y yo besaba
sus pies pequeños,
¡los pies que caben
en solo un beso!

José Martí
Cuba (1853-1895)

En un trozo de papel

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En un trozo de papel
con un simple lapicero
yo tracé una escalerita,
tachonada de luceros.

Hermosas estrellas de oro,
de plata no había ninguna.
Yo quería una escalera
para subir a la Luna.

Para subir a la Luna
y secarle sus ojitos,
no me valen los luceros,
como humildes peldañitos.

¿Será por que son dorados
en un cielo azul añil?
Solo sé que no me sirven
para llegar hasta allí.

Estrellitas y luceros,
pintados con mucho amor,
¡quiero subir a la Luna
y llenarla de color!

Antonio García Teijero
España (1952- )