Háblame del mar

Estándar

Dicen que hay toros azules

en la primavera del mar.

El sol es el caporal

y las mantillas las nubes

que las mueve el temporal.

Dicen que hay toros azules

en la primavera del mar.

Háblame del mar, marinero.

Dime si es verdad

lo que dicen de él.

Desde mi ventana

no puedo yo verlo.

Desde mi ventana

el mar no se ve.

Háblame del mar, marinero.

Cuéntame lo que sientes

allí, junto a él.

Desde mi ventana

el mar no se ve.

Dicen que el barco navega

enamorado del mar.

Buscándooslos sirenas va,

Buscando sirenas nuevas

que le canten al pasar.

Dicen que el barco navega

enamorado del mar.

Háblame del mar, marinero.

Háblame del mar, háblame.

Rafael Alberti. (España, 1902-1999)

Doña Primavera

Estándar

Doña Primavera viste que es primor,

viste en limonero y en naranjo en flor.

Lleva por sandalias unas anchas hojas,

y por caravanas unas fucsias rojas.

*

Salid a encontrarla por esos caminos.

¡Va loca de soles y loca de trinos!

*

Doña Primavera de aliento fecundo,

se ríe de todas las penas del mundo…

No cree al que le hable de las vidas ruines.

¿Cómo va a toparlas entre los jazmines?

¿Cómo va a encontrarlas junto de las fuentes

de espejos dorados y cantos ardientes?

*

De la tierra enferma en las pardas grietas,

enciende rosales de rojas piruetas.

Pone sus encajes, prende sus verduras,

en la piedra triste de las sepulturas…

*

Doña Primavera de manos gloriosas,

haz que por la vida derramemos rosas:

rosas de alegría,

rosas de perdón,

rosas de cariño,

y de exultación.

Gabriela Mistral (Chile, 1889-1957)

Con dos años, dos flores

Estándar

Con dos años, dos flores

cumples ahora.

Dos alondras llenando 

toda tu aurora.

Niño radiante:

va mi sangre contigo

siempre adelante.

Sangre mía, adelante,

no retrocedas.

La luz rueda en el mundo,

mientras tú ruedas.

Todo te mueve,

universo de un cuerpo

dorado y leve.

Herramienta es tu risa,

luz que proclama

la victoria del trigo

sobre la grama.

Ríe. Contigo

venceré siempre al tiempo

que es mi enemigo.

Miguel Hernández. España (1910-1942)

Efesios 4:29-32

Estándar

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

El Espíritu Santo se entristece cuando los creyentes no cambian su antigua manera de vivir. Siente dolor cuando los creyentes mienten y ocultan la verdad, cuando se enojan y son implacables (inexorables, vengativos, crueles, empedernidos, despiadados, duros o inflexibles), cuando se niegan a compartir con los necesitados, cuando roban, cuando dicen palabras obscenas y no tienen un espíritu misericordioso.

Cuando usted fue salvo, el Espíritu de Dios puso en usted un sello que declara que usted es de Dios para siempre. Como Él ha sido tan misericordioso que le dio salvación eterna, lo selló para siempre, y ha guardado su salvación hasta el día de la redención, ¿cómo es posible que lo contriste? Él ha hecho tanto por usted que, como muestra de gratitud, no debiera contristarlo.

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.» (2 Corintios 5:17).

Lee, Medita y Aplica!

Esto es cantar

Estándar

Cantar es más que hablar.

Cantar es alabar y abrir con un ¡oh! el mundo.

Cantar es admirar, no explicar, no decir.

Cantar es saludar lo que no es explicable,

mostrar la maravilla de la realidad,

vivir en el asombro del mundo de los dioses

que es también nuestro mundo, según vemos de pronto:

el que descubrimos, como tontos con amor, al desear.

Cantar es percibir y quedar fulminado,

y dar con las palabras que, al decir, son lo que es

sin charlatanerías, ni adornos de oropel.

Cantar es descubrir el misterio del hecho

que aunque está ante nosotros, no sabemos ver.

Cantar no es hablar, es ganar y perder,

es abrir lo celeste y encontrar, ciego, en él,

al Dios que espera al hombre para poder creer.

Gabriel Celaya. España (1911-1991)

Tito 3:4-5

Estándar

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia…

Intentar ganarse el favor del Señor sería como correr un maratón sin una meta, escalar una montaña interminable o remar frenéticamente en los rápidos sin llegar a ninguna parte. Tales intentos de abrirnos pasos hacia Dios son agotadores e infructuosos, porque nunca podremos ser lo bastante buenos o hacer lo suficiente para ganar su aceptación. Solo hay una manera de recibir el favor de nuestro Padre celestial, y es a través de la fe en su Hijo, quien hizo todo el trabajo por nosotros.

El Todopoderoso nos buscó cuando todavía éramos pecadores, y envió a su Hijo a vivir una vida perfecta y morir una muerte sustitutiva por nosotros. Cristo tomó nuestros pecados y nos ofrece su justicia; lo único que tenemos que hacer es creer y recibir su regalo de perdón y vida eterna.

El favor del Señor es inmerecido y no puede ser ganado. Se da libremente a quienes no lo merecen, a través de la fe en Cristo, y continúa a lo largo de la vida del creyente. Da poder para obedecer, da la victoria sobre el pecado y proporciona acceso abierto al Padre por la oración. El rico y abundante favor de Dios está disponible para todos los que quieran recibirlo por fe. «…¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…»  (Hechos 16:30-31). «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,» (1 Timoteo 2:5).

Lee, Medita y Aplica!

Génesis 25:31-34

Estándar

Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura.

La lectura de hoy cuenta la historia de dos hermanos, uno de los cuales estuvo dispuesto a vender su primogenitura (la doble parte de la herencia de su padre) por un plato de sopa de lentejas.

¿Por qué Esaú quiso renunciar a una posesión tan valiosa por satisfacer una necesidad temporal? Según Hebreos, su insensata decisión surgió de un corazón impío, «no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.» (Hebreos 12:16). Esaú no valoraba lo que Dios le había dado, pues solo se preocupaba por sus necesidades inmediatas.

El problema con esta mentalidad es que no deja espacio para lo que tiene valor eterno, es decir, los asuntos de Dios. Por supuesto, a todos nos gusta pensar que tenemos suficiente sentido común e inteligencia para tomar buenas decisiones. Pero, como seguidores de Cristo, debemos confiar en la sabiduría del Señor en lugar de la nuestra.

Si para usted lo más importante son sus necesidades y los deseos inmediatos, pídale al Señor que le ayude a entender lo que quiere para su futuro. Lea su Palabra y pídale que le guíe hacia una senda que glorifique a Dios por la eternidad. Como le ocurrió a Esaú, ciertas decisiones que usted tome tendrán consecuencias a largo plazo. Así que, confíe en el Señor y considere con cuidado el resultado eterno antes de dar un mal paso.

Lee, Medita y Aplica!