Salmo 100:1-5

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[1] Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.

[2] Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo.

[3] Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.

[4] Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre.

[5] Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia,y su verdad por todas las generaciones.

Padre Nuestro, Dios de gracia y de perdón,  a ti venimos llenos de gozo para recibir tu cálido abrazo, tus bendiciones y todo lo que ya has preparado para cada uno de tus hijos amados.  Gracias por este nuevo amanecer, por el descanso a nuestro cuerpo, por la paz de nuestras almas, estamos confiados  y seguros de todo el bien que viene a través de ti, Gran Señor! Bendito seas por toda la eternidad. A ti y solo a ti traemos alabanzas, todo el honor y la gloria que mereces. ¡Agradecidos porque eres nuestro Padre!

Te suplicamos que sigas guiando nuestros pasos, que nos des más y más de tu fortaleza, sabiduría, que nos ayudes a hacer el bien, que nuestra mirada y todo nuestro sentir estén puestos en ti y seamos obedientes a tu plan perfecto. Cuida y bendice a los nuestros.  

Señor perdona nuestras ofensas y debilidades. Sé propicio y despierta todos nuestros sentidos para que podamos poner por obra tu palabra santa, que podamos ser de bendición a otros. 

No nos dejes caer en tentaciones y líbranos de las asechanzas del enemigo. 

Gracias por estar atento a nuestras oraciones y por todo tu gran amor.  

En el nombre de Cristo te oramos, amén y amén!

1 Pedro 3:16-17

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Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.

La conciencia acusa o excusa, obrando como fuente de convicción o afirmación. Una buena conciencia no acusa a un creyente de pecado porque está llevando una vida de santidad. Más bien, una buena conciencia confirma que todo anda bien, mientras que una mala conciencia indica pecado.

Un creyente debe vivir con la conciencia tranquila para que el peso de la culpa no lo abrume cuando se enfrenta a la crítica hostil. Sin embargo, si no tiene pasión por hacer el bien y servir a Cristo, conocerá el tremendo peso del merecido sentido de culpa. Una conciencia manchada no puede estar tranquila ni soportar el ataque furioso de las pruebas. Pero una conciencia tranquila lo ayudará a no estar ansioso ni atribulado durante sus pruebas. 

«Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.» (2 Pedro 1:8).

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El último viaje

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Sé que en la tarde de un día cualquiera

el sol me dirá su último adiós,

con su mano ya violeta

desde el recodo de Occidente.

Como siempre, 

habré musitado una canción,

habré mirado una muchacha,

habré visto el cielo con nubes

a través del árbol que se asoma a mi ventana.

*

Los pastores tocarán sus flautas

a la sombra de las higueras,

los corderos triscarán en la verde ladera

que cae suavemente hacia el río;

el humo subirá sobre la casa de mi vecino…

y no sabré que es por última vez.

*

Pero, te ruego, Señor,

¿podría saber, antes de abandonarla,

por qué esta tierra me tuvo entre sus brazos?

Y, ¿qué me quiso decir la noche con sus estrellas?

Y mi corazón, ¿qué me quiso decir mi corazón?

*

Antes de partir,

quiero demorarme un momento,

con el pie en el estribo,

para acabar la melodía que vine a cantar.

¡Quiero que la lámpara esté encendida

para ver tu rostro, Señor!

Y quiero un ramo de flores para llevártelo,

Señor, sencillamente.

Rabindranath Tagore, India (1861-1941)

Lucas 23:34-35

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Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes. Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios.

Jesús no amenazaba a pesar del increíble sufrimiento, no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; «quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;» (1 Pedro 2:22). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, Santo e Inmaculado, con el Poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.

Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien les ofreció el perdón. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento.

Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 Pedro 3:17-18)

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Salmo 16:1-3

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[1] Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.

[2] Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti.

[3] Para los santos que están en la tierra, y para los íntegros, es toda mi complacencia

Bueno y misericordioso es nuestro Padre Celestial, su bondad no tiene límites y su amor es incomparable e incondicional. Por eso estamos de nuevo hoy, Gran Señor, acercándonos en plena confianza, buscando tu rostro, sintiendo tu presencia y ese cálido abrazo diciendo a nuestras almas: «Heme aquí, estoy contigo, nunca te dejaré, ni te desampararé. Eres mi hija amada.»

Padre, Tú eres nuestro Señor y Dios y no hay ni habrá nada fuera de ti.  

Agradecidas  por este nuevo despertar, por todo lo que has hecho y harás en la vida de cada uno de tus hijas, por tu sostén, por nuestras familias y porque Tú escuchas nuestros ruegos, nuestro clamor.  Bendícenos, porque cuando Tú bendices, bendito es sobre todos las cosas. 

Ayúdanos cada día  a caminar en total dependencia tuya, agarradas y firmes en ti, en tu palabra , en todo lo que proviene de ti.  Sigue orando a favor nuestro y de los nuestros, abre los ojos del entendimiento para que podamos escuchar tu voz de alerta frente al pecado y todo  aquello que no te agrada. Obra en nuestras familias e inquieta sus corazones para que se realice ese encuentro contigo y vengan a ti arrepentidos y en fe. Te necesitamos Señor, eres esa fuente de agua que calma nuestra sed, esa luz que alumbra nuestras sendas.

Alabado seas por siempre. ¡Sé propicio a nosotros! Amen y Amen.

(De la hermana Josefina Genao, con afecto).

Juan 3:16

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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Nueva vida en Jesucristo:

¿Dónde pasaré la eternidad? ¿Qué sucederá después de que mi vida termine? ¿Hay alguna esperanza para la humanidad? Estos son temas extremadamente importantes y Dios tiene una respuesta para ellos. ¡Él nos ama tanto que dio a su Hijo Jesús para que nos salvara y nos diera la oportunidad de disfrutar de una vida abundante y la eternidad con Él!

Sin embargo, para salvarnos, Dios primero tuvo que tratar con nuestros pecados. Los pecados son las decisiones equivocadas que nos separan de Dios, y todos nosotros tomamos decisiones así. ¿Alguna vez ha dicho una mentira o recogido algo que no es suyo? ¿Alguna vez ha mirado a alguien con lujuria o actuado con motivos egoístas? Cualquier persona honesta admitirá que ya cometió pecado.

La cuestión es que, cada vez que elegimos al pecado, elegimos la separación de Dios. Él es absolutamente Santo y Bueno. No hay ninguna maldad en Él y Él nunca aceptará el pecado, «Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable…» (Números 14:18). Como es imposible que alguien pueda vivir las normas de perfección de Dios, necesitamos desesperadamente la salvación y el nuevo nacimiento que Jesús vino a traer.

Un día, un líder respetado llamado Nicodemo vino a ver a Jesús con muchas preguntas intrigantes. Jesús le dijo claramente: «…De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.» (Juan 3:3).

Nicodemo pensó que estaba bien con Dios porque era una persona religiosa y buena, pero Jesús dejó claro que nadie puede ser salvo por su religión o buenas obras. ¡Quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios!

Nicodemo estaba perplejo por la respuesta de Jesús. ¿Cómo puede alguien nacer de nuevo? Jesús explicó que no se refería a un nuevo nacimiento físico, sino espiritual: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.» (Juan 3:6).

El evangelio de Juan explica que cuando ponemos nuestra fe en Jesús, Dios nos da poder para nacer de nuevo en nuestro espíritu y nos volvemos hijos de Dios, concebidos por la voluntad de nuestro Padre Celestial; «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.» (Juan 1:12-13). ¡Simplemente maravilloso! Sólo a Dios la Gloria por siempre. 

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Familia de la rosa

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La rosa es una rosa y siempre fue una rosa.

Hoy, la teoría esboza

que la manzana es rosa

y la pera, y también, sospecho, la ciruela.

Solo Dios sabe bien que más se dirá rosa.

Tú, por cierto, eres una rosa.

Pero jamás fuiste otra cosa.

Robert Frost. Estados Unidos (1874-1963)

Isaías 8:12-13

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Ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.

En la época del profeta Isaías, Acaz rey de Judá se enfrentó a una crisis en la inminente invasión del ejército asirio. Cuando Acaz se negó a hacer alianza con los reyes de Israel y Siria contra Asiria, estos también amenazaron con invadir Judá. Entre bastidores Acaz se había aliado con Asiria. Isaías advirtió a Acaz contra esa alianza impía, pero le dijo que no temiera. El rey solamente debía temer al Señor.

En igual sentido, un cristiano no ha de estremecerse por ninguna hostilidad que lo amenace. El temor al Señor lo ayudará a afrontar con valor la oposición y a ver el sufrimiento como una oportunidad de bendiciones espirituales, no como una oportunidad de comprometer su fe delante del mundo que cree.

Consagrarse al Señor ante la persecución exige que la mente y los afectos se concentren en los valores eternos, no en los terrenales. Si usted se preocupa por los bienes, los placeres y la popularidad, temerá los ataques del enemigo. Pero si tiene puesta su mirada en el cielo, se regocijará cuando tenga que pasar por pruebas.

«Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.» (Romanos 8:18).

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Juan 11:3-6

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Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.

La decepción es una respuesta emocional ante los objetivos y deseos frustrados. A veces, es el resultado de circunstancias fuera de nuestro control, pero cuando otros están involucrados es fácil culparlos por la situación. Incluso podríamos perder la fe en la persona que creemos que nos defraudó.

Marta y María podrían estar de acuerdo con esto. El Evangelio de Juan nos dice que Cristo amaba a Marta, María y Lázaro. Debido a esto, esperaban que viniera de inmediato después de enterarse de que Lázaro estaba enfermo. Pero el Señor no vino sino hasta después de la muerte de Lázaro.

Nosotros somos, a menudo, como Marta y María. Oramos para que Dios intervenga en una situación de la manera que deseamos. Pero si no lo hace, nos quedamos perplejos y decepcionados de Él. Ahora bien, tal vez no expresamos estos sentimientos, pero nos sentimos defraudados.

El pasaje de hoy nos recuerda que el Señor tiene propósitos más elevados de lo que nosotros somos capaces de percibir. No deje que su decepción moldee su visión de Dios. En vez de eso, confíe en la verdad: Que el amor de Dios por usted nunca falla y que Él dispone todos los acontecimientos de su vida para la gloria de Él y el mayor beneficio para usted. Cuando se sienta decepcionado, la mejor respuesta es confiar en Él.

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Rose family

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The rose is a rose, and was always a rose.

But the theory now goes

that the apple’s a rose,

and the pear is, 

and so’s the plum, I suppose.

The dear only knows

what will next prove a rose.

You, of course,

are a rose-

but were always a rose.

Robert Frost. EEUU (1874-1963)