Colosenses 4:2

Estándar

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;

La oración es una prioridad para todo cristiano. Si Cristo, que era el Hijo de Dios, se escabullía a menudo para hablar con su Padre, ¡entonces nosotros seguramente la necesitamos aún más! Sin la oración y la lectura de la Biblia, somos propensos a sentirnos desanimados y distantes de Dios.

Cuando se avecinan problemas, ¿busca usted opciones creadas por el hombre en lugar de llevar sus preocupaciones al Señor? Buscar cualquier otro tipo de soluciones solo le aleja de Dios y de su voluntad. Es más, son efímeras en el mejor de los casos y fracasos totales en el peor. En tales condiciones, el desánimo es inevitable. Pero un creyente que está inmerso en la oración y la lectura de las Sagradas Escrituras encuentra seguridad en el poder y la presencia de Dios.

Aunque el hábito de descuidar la oración tiene consecuencias negativas, la dirección puede revertirse en cualquier momento. Primero, confiese su falta de oración. Luego, pídale al Señor que le dé las fuerzas y el deseo de hacer de la comunicación con Él una disciplina. Luego, reserve un tiempo cada día para leer su Biblia y orar. En esos momentos de comunión, Él aliviará las cargas, le dará ánimo y le llenará de confianza en cuanto a su fidelidad y el cuidado que tiene de usted. 

Lee, Medita y Aplica!

Filipenses 1:21

Estándar

Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.

Personalice el versículo llenando los espacios en blanco:

“Porque para ________ el vivir es_______, y el morir es _______”.

Si usted puso riqueza en el primer espacio, el morir no es ganancia, sino pérdida. Lo mismo puede decirse si usted escogió prestigio, fama, trabajo, poder o posesiones, ya que ninguna de esas cosas permanece después de la muerte: se pierde el prestigio, se olvida la fama, el poder es inútil y otros se quedan con las posesiones. Para que el versículo de hoy tenga sentido como lo escribió Pablo, solo Cristo puede llenar el primer espacio en blanco. De otra manera, la muerte es inevitablemente una pérdida. La Biblia lo explica de esta manera; «Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.» (Apocalipsis 20:14-15)

Algunos que lean esto dirán que pusieron a Cristo en el espacio en blanco. Pero si lo piensan bien comprenderán que lo que en realidad quisieron decir fue Cristo más la riqueza, Cristo más el poder o Cristo más las posesiones. Cristo no puede compartir el primer espacio con ninguna otra cosa. Los que verdaderamente viven para Cristo no tienen temor alguno de la muerte y hacen el mejor uso de la vida, glorificando a Cristo en ambos casos.

«…Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.» (Eclesiastés 12:13-14).

«Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.» (1 Juan 2:16-17).

Lee, Medita y Aplica!

Aire durando

Estándar

¿Quién ha matado este hombre, que su voz no está enterrada?

Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja…

*

Este sudor, ¿por quién muere?

¿Por qué cosa muere un pobre?

¿Quién ha matado estas manos?

¡No cabe en la muerte un hombre!

Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja…

*

¿Quién acostó su estatura, que su voz está parada?

Hay muertos como raíces que hundidas, dan fruto al ala.

¿Quién ha matado estas manos, este sudor, esta cara?

Hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja…

Manuel del Cabral. República Dominicana (1907-1999)

2 Corintios 4:4-6

Estándar

En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.

Piense en la luz y la oscuridad, y en el modo en que afectan su capacidad de ver. En la oscuridad no tenemos sentido de dirección ni valor para avanzar, pero en la luz todo está claro. En un sentido muy real, esta perspectiva también es válida en el ámbito espiritual. Quienes habitan en la oscuridad espiritual no pueden percibir las realidades de Dios.

Sin embargo, el Señor tiene el poder de ayudarnos a discernir la verdad. Él dijo: 

“…Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12). Por eso la frase “la luz del evangelio de la gloria de Cristo” es la descripción perfecta del mensaje de salvación. Es la buena noticia que puede trasladar a alguien de las tinieblas espirituales a la luz de Jesucristo, «el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,» (Colosenses 1:13).

Quienes hemos aceptado al Señor Jesucristo como Salvador somos ahora “hijos de la luz” «Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz» (Efesios 5:8).

Él nos llama a llevar el evangelio a un mundo incrédulo que no es capaz de ver en la oscuridad. Es importante que nuestro estilo de vida se distinga de la oscuridad que nos rodea. En sus interacciones diarias, ¿es usted un portador de luz que señala el camino hacia Cristo?

Lee, Medita y Aplica!

Mateo 20:26-28

Estándar

Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Servir a Dios no es opcional. La gente inventa todo tipo de excusas: demasiado viejo, demasiado joven, demasiado ocupado, demasiado cansado, demasiado enfermo— la lista es interminable. Pero cualquier razón carece de valor según las Sagradas Escrituras, que nos dicen que los creyentes somos, “…creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2.10).

El servicio no depende de la salud, la edad o la experiencia. Conozco hombres y mujeres postrados en cama que dedican su día a la oración de intercesión. Y he conocido a creyentes que nunca estudiaron en un seminario y que, sin embargo, se esfuerzan por discipular a nuevos creyentes. La diferencia entre estas personas y quienes ponen excusas es la actitud. Si nos vemos como siervos, estaremos enfocados en Dios y dependeremos del Espíritu Santo. Pero si nos pasamos preocupados sobre cómo, cuándo y a qué costo trabajamos para el Señor, entonces somos egocéntricos y de poca utilidad para Él.

Un día compareceremos ante Dios, y Él nos pedirá cuentas de cómo usamos los talentos y los dones espirituales que nos fueron dados. ¿Qué podremos decirle, que pueda justificar el desatender las oportunidades que nos dió para usar esos dones? Ninguna excusa será aceptada. La entrega completa a la voluntad de Dios es la clave para agradarlo y crecer en santidad.

«Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.» (2 Corintios 5:10).

El Señor nos da talentos y habilidades con un propósito, y nos equipará para un mayor servicio a su reino. Si le servimos de todo corazón, podremos esperar escuchar; «…Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.» (Mateo 25:21)

Lee, Medita y Aplica!

Cuando un amigo se va

Estándar

Cuando un amigo se va queda un espacio vacío,

que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.

*

Cuando un amigo se va queda un tizón encendido

que no se puede apagar ni con las aguas de un río.

*

Cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido:

la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido.

*

Cuando un amigo se va se detienen los caminos

y se empieza a revelar el duende manso del vino.

*

Cuando un amigo se va, galopando su destino,

empieza el alma a vibrar porque se llena de frío.

*

Cuando un amigo se va queda un terreno baldío

con las piedras del astillo.

*

Cuando un amigo se va, se queda un árbol caído,

que ya no vuelve a brotar 

porque el viento ha vencido.

*

Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío,

que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.

Alberto Cortez. Argentina (1940-2019)

Juan 14:23-24

Estándar

Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras…

Como cristianos, sabemos que debemos obedecer al Señor, porque la Biblia así nos lo dice. Pero no todas las obediencias son iguales, como cada padre puede testificarlo. Por amor, algunos hijos hacen voluntariamente lo que se les dice, mientras que otros obedecen aunque llenos de ira y resentimiento.

Jesucristo señaló cuál debería ser nuestra motivación cuando dijo: “…El que me ama, mi palabra guardará…” (Juan 14.23). Es nuestro amor por Cristo lo que debe alimentar nuestra obediencia. De hecho, la única razón por la que podemos amarlo, es porque Dios nos amó primero, «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.» (1 Juan 4:19). Y aquí está lo mucho que el Padre se preocupó por nosotros, incluso antes de que tuviéramos interés en complacerlo, envió a su Hijo a cargar con nuestros pecados y morir en nuestro lugar para que pudiéramos ser perdonados. Y cuando recibimos a Cristo por fe, Dios derrama su amor en nuestro corazón a través de su Espíritu Santo, 

«…Porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.» (Romanos 5:5).

El amor de Dios por nosotros y nuestro resultante amor por Cristo, nos motivan a obedecerlo en todo.

En vez de esforzarnos más por cumplir, deberíamos pedir a Dios que nos dé más amor por Cristo, porque cuanto más lo amemos, mejor podremos dejarnos guiar por su voz y obedecer de buena voluntad.

Lee, Medita y Aplica!