7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
¿Cómo se hace misericordioso un corazón? O, ¿de dónde proviene la misericordia?
¿Qué es misericordia? O ¿cómo luce alguien misericordioso?
¿Deberá alguien misericordioso mostrar siempre misericordia? o ¿puede un creyente ser un fiscal acusador?
¿Por qué solo el misericordioso encontrará misericordia de Dios en el día de juicio final, si la salvación es por gracia mediante la fe?
Hay un cambio de dirección en las bienaventuranzas. En las primeras cuatro vimos la relación del hombre con Dios, una relación vertical: el proceso de salvación pasa a ser proceso de santificación (pobres en espíritu, renacemos nuestra condición, nuestra carencia de recursos espirituales y como resultado, nos dolemos, crecemos en humildad), y a medida que maduramos aumenta nuestra hambre y sed no por nuestros deseos, sino de justicia en Cristo.
Y Cristo extiende bendición sobre nuestras necesidades. Ahora veremos como Cristo bendice nuestras obras. Las bienaventuranzas guardan cierta similitud con el decálogo de la Ley, que inicia con esa misma relación vertical entre Dios y el hombre y luego se enfoca en temas como no mentir, no codiciar, asuntos entre los hombres, etc.
Tiene sentido. Cristo mismo dice que “vino a cumplir la ley y los profetas.” La regla de oro: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, fuerza y mente (vertical), y a tu prójimo como a ti mismo (horizontal). El mismo patrón, siempre verdadero. Las primeras cuatro nos enseñan el proceso de arrepentimiento (pobreza de espíritu, duelo, humildad, hambre y sed), las segundas cuatro tienen que ver con los resultados -el fruto- del arrepentimiento. ¿Cómo respondemos al mundo que nos rodea? Cristo señala misericordia, pureza, reconciliación e identificación.
Quizás, la mejor ilustración de misericordia se encuentra en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo). El escriba haciendo preguntas trampa (capciosas), pero los judíos son expertos en responder preguntas con otra pregunta. 🙂 Observen que en la respuesta final el escriba evita utilizar la palabra “samaritano” de modo que Cristo ilustra la amplitud de ese segundo mandamiento (ama a tu prójimo) e incluyendo la misericordia con una descripción muy gráfica.
Tenemos una fotografía bien detallista aquí:
la misericordia ve la desgracia ajena (v.33)
la misericordia responde compasivamente hacia la persona en desgracia (v.33)
la misericordia responde en lo externo con algún esfuerzo práctico para aliviar la desgracia ajena (v.33)
la misericordia actúa incluso cuando la persona en desgracia sea enemiga (v.33)
Ojos para ver, corazón compasivo, esfuerzos de ayuda, a pesar de enemistad. Eso es misericordia. Igual que en Mateo 9:13 (Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio): el sacerdote y levita como ejemplos del formalismo religioso. Cuidémonos de no ser víctimas del formalismo, de permanecer en rutinas mecánicas de actividad religiosa, sin ojos para ver la desgracia ajena, sin corazón para responder, sin hacer esfuerzo alguno para llevar el consuelo del evangelio.
Misericordia no es un sentimiento, es algo que nos lleva a la acción. Observen las palabras del escriba “el que usó de misericordia”; misericordia es algo práctico, parte de lo cotidiano. El samaritano buscó obrar en el contexto de la necesidad inmediata puesta delante de él, y trajo alivio.
Miserere = miseria, necesidad, compadecerse, compasión (valor que conjuga la empatía y la comprensión hacia el sufrimiento ajeno); Cordis, de Cor = corazón; ia = hacia los demás. Misericordia es la capacidad de sentir compasión y brindar apoyo; capacidad de sentir la desdicha ajena y ofrecer ayuda. Pero OJO: misericordia no es lástima, lástima es enternecimiento y compasión provocada por males de otros, lástima es un sentimiento temporal que no mueve a la acción, no necesariamente termina en un acto bondadoso. No hay que irse a un país lejano para ser misericordioso, empecemos con los de cerca, pues todos somos pastores los unos de los otros.
Hemos conocido la progresión de las BV donde el Señor describe el carácter cristiano, el ADN del ciudadano de la ciudad celestial: quien ama la justicia crece en santidad y estará lleno de misericordia.
...La que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
Si permite que Cristo guarde sus labios, todo lo que diga beneficiará a otras personas. Estimular y fortalecer espiritualmente a los demás. ¿Es eso lo que ocurre cuando habla con ellas? ¿Se van edificadas en Jesucristo? Madres, cuando están con sus hijos durante todo el día, ¿los edifican las palabras de usted? Padres, cuando saca a pasear a sus hijos, o está con ellos, ¿sus conversaciones son edificantes y estimulantes?
El versículo de hoy también indica que debemos dar a los demás la “necesaria” edificación, lo que significa que nuestras palabras satisfagan la necesidad. Cuando yo era niño, cada vez que le decía a mi mamá “¿Sabes lo que hizo fulano?”, ella me respondía: “¿Es necesario saberlo?” A menudo lo que yo quería decir era interesante, pero sin duda no era necesario.
Por último, nuestras palabras deben “dar gracia a los oyentes”. ¿Bendicen sus palabras a quienes las oyen? ¿Hay gracia en lo que usted dice? Puede estar seguro de que, si permite que el Señor ponga guarda a su boca y deja que su Palabra more en usted, entonces sus palabras serán las palabras de gracia de Dios, y obrarán para su Gloria y bien de los que la escuchan.»
«Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.»
Espantaos ante esto, cielos, y estremeceos con gran horror, dice el Señor. “Dos pecados ha cometido mi pueblo: me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen el agua«.
¿Qué es idolatría? Es lo que hago cuando tengo sed. Es correr tras lo que la vida ofrece. La idolatría es lo que hago cuando no estoy satisfecho y me siento vacío; es la búsqueda incansable de satisfacción y plenitud. Podríamos definirlo e ilustrarlo parafraseando el Salmo 42:1-2: “Como el ciervo jadeante busca agua en el desierto, así mi alma busca algo para reponerse y saciarse. Tengo sed de algo divino, de algo celestial, y por eso me pregunto: ¿Qué es eso que, en este momento, promete darme vida? Sediento y desesperado, correré tras esto para tratar de saciar mi sed.”
La idolatría es la respuesta del corazón cuando algo bueno que Dios creó se convierte en nuestra razón de vivir. ¿Qué? En realidad, podría ser cualquier cosa, aunque la mayoría de las veces es algo bueno. «C. Screwtape Letters de S. Lewis es un diálogo extenso entre Screwtape, un demonio mayor, y su joven sobrino de Wormwood, un tentador menor. Screwtape está dando consejos para arruinar a la gente; o, podríamos decir, haciéndolos descontentos: ‘Nunca olviden que cuando estamos tratando con cualquier placer en su forma sana, normal y satisfactoria, estamos, en cierto sentido, en el terreno del Enemigo [es decir, de Dios]. Sé que hemos ganado muchas almas a través del placer. De todos modos, es Su de él [es decir, la] invención de él de Dios, no nuestra. Hizo los placeres: toda nuestra investigación hasta ahora no nos ha permitido producir uno. Todo lo que podemos hacer es animar a los humanos a tomar los placeres que nuestro Enemigo ha producido, en momentos, formas o grados que Él ha prohibido.’”
Para un cristiano, la idolatría es sufrir de amnesia. Es la pérdida de la memoria de Dios. Es abandonar la dulce cercanía del Padre para entregarse al “reino del descontento”. George Bernard Shaw dijo: “Hay dos tragedias en la vida. Una es perder el deseo de tu corazón. la otra es para ganarla.” Jeremías lo dijo delante de él; ninguna cisterna que encontremos “podría contener agua”. Ya sea que obtengamos lo que tanto deseamos o no, nada sino Dios puede satisfacernos.
Jeremías lo dijo al pueblo de Israel; Jesús a la mujer samaritana: “Cualquiera que beba de esta agua, pronto volverá a tener sed. Pero los que beban del agua que yo doy nunca más tendrán sed. Se convierte en un manantial fresco y burbujeante dentro de ellos…”. (Juan 4:13-14, NTV).
El problema no es desear algo; el problema es desear algo más de lo que deseamos a Dios; lo está reemplazando. Cuando hago esto, abandono al Único que verdaderamente puede satisfacer y le pido al reino del “descontento” que haga algo que él no puede hacer: satisfacerme.
UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios. Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Hambre y sed constituyen necesidades físicas fundamentales. Pero ¿hambre y sed de justicia?
Dios ha sembrado este anhelo de eternidad en nuestro corazón, luego buscamos vacaciones con paisajes de ensueño, grandes obras de arte, películas, extravagancias, rigores ascéticos. Pero el anhelo continúa en nuestro interior(Isaías 55:2-3 ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura.Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David; Jeremías 2:12-13 Espantaos, cielos, sobre esto, y horrorizaos; desolaos en gran manera, dijo Jehová. Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua).
La idea de buscar justicia no es muy popular en nuestros días, muchos buscan “madurez espiritual, felicidad real, el poder del Espíritu” y no sé cuántas cosas más; otros van de conferencia en conferencia o de pastor en pastor buscando alguna vaga “bendición” de lo alto. Tienen hambre de experiencia espiritual, tienen sed de la consciencia divina. ¿Pero cuantos tienen hambre y sed de justicia?
Por favor no mal entiendan, lo anterior es deseable pero no básico. Para algunos, las bienaventuranzas son una especie de mapa de direcciones para alcanzar el reino de los cielos. Pero hemos aprendido que las bienaventuranzas señalan las características de alguien que ya llegó, es decir que ha entrado al reino de los cielos.
Las bienaventuranzas son más bien un espejo que muestra la realidad. Piensa, ¿por qué o para qué nos miramos en un espejo? Oh, para constatar la condición en que estamos, ver si es necesario corregir esto o aquello, pero nada más. ¡Los espejos no ofrecen direcciones!
Ya vimos que los discípulos tenían hambre y sed de poder, autoridad, reconocimiento, estaban cansados de la tiranía romana. Pero Jesucristo señala que los ciudadanos del reino se distinguen por hambre y sed de justicia, y serán saciados. Este ciudadano está marcado por pobreza de espíritu, dolor por su pecado personal y social, se acerca a Dios en humildad y en consecuencia anhela con hambre y sed la justicia de Dios. No puede vivir sin justicia.
¿Cómo definimos justicia? ¿De qué clase de justicia se trata?
La idea de justicia aparece con regularidad en el Sermón del Monte, se puede decir que es uno de sus temas principales:
5:6 hambre y sed de justicia
5:10 persecusión por causa de la justicia;
5:20 justicia que excede la de escribas y fariseos;
6:1 realizar actos de justicia;
6:33 ante todo, buscar el reino de Dios y su justicia, sabiendo que todo será provisto.
Como ven, la palabra “justicia” aparece cinco veces en el Sermón del Monte, es bueno repasar el contexto para obtener más claridad en la palabra “justicia”. Las referencias más cercanas son 5:10 y 5:20.
¿Qué significa en 5:10?
Recordemos que hay 8 bienaventuranzas, el v.10 es la última y el v.11 es una expansión de la misma. La primera (v.3) y la última (v.10) terminan igual: «porque de ellos es el reino de los cielos.” (un sandwich). Ahora bien, en la estructura encontramos dos grupos de 4, donde ambos terminan con la misma referencia: “justicia”.
El primer grupo de 4 termina en el v.6.
El segundo grupo de 4 termina en el v.10
En el primer grupo, las 3 bienaventuranzas que conducen a hambre y sed de justicia son descripciones de carencia o pasividad: pobreza de espíritu (v.3), lloro de nuestra miseria (v.4), mansedumbre que acepta críticas sin caer en retaliación o en estar a la defensiva (v.5). No son características de alguien super satisfecho. De modo que ahora el Señor hace una transición, de carencia a abundancia, al señalar que quienes tienen hambre y sed de justicia son bienaventurados.
Las siguientes 3 bienaventuranzas, luego de ser saciados, inició con los misericordiosos (v.7) ¿Por qué? Porque la persona está llena y rebosante. v.8 habla de pureza de corazón y v.9 que es alguien pacificadora (no pacífica, ojo). Ahora bien, algo muy importante a tener presente es que las primeras tres son pasivas en esencia, se refieren a la condición interna del creyente: puedo exhibir mansedumbre porque me duelo por mi condición porque reconozco quién soy delante de Dios. Una bienaventuranza lleva a la otra, cada una depende de las anteriores.
Pero ahora, 6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados implica búsqueda, un anhelo, es pues una bienaventuranza activa.
¿Ven la estructura? El primer grupo describe al doliente, pobre, que en quietud percibe hambre y sed de justicia. El segundo grupo describe al misericordioso, puro, pacificador, de manera tal que “justicia” es aquello que nos llena de misericordia, pureza y hacedores de paz. Justicia es un patrón de vida conforme a la voluntad de Dios. No es alguien perdido en rituales religiosos o en trivialidades doctrinales.
Si recordamos, Cristo habla a un grupo de personas versadas en las escrituras del AT. En el AT, “justicia” es sinónimo de “salvación.”
Isaías 32:17
Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre
eternidad
Isaías 46:12-13
Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia: Haré que se acerque mi justicia; no se alejará, y mi salvación no se detendrá. Y pondré salvación en Sion, y mi gloria en Israel.
paralelismo entre justicia y salvación
Isaías 51:5-6
Cercana está mi justicia, ha salido mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos; a mí me esperan los de la costa, y en mi brazo ponen su esperanza. Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad abajo a la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir, y de la misma manera perecerán sus moradores; pero mi salvación será para siempre, mi justicia no perecerá.
mi justicia [mi salvación] no perecerá
Isaías 56:1
Así dijo Jehová: Guardad derecho, y haced justicia; porque cercana está mi salvación para venir, y mi justicia para manifestarse.
paralelismo entre justicia y salvación
Esto fue lo que entendieron quienes escuchaban las palabras del Señor en lo alto de la montaña. Pero ahora,
¿Qué significa en 5:20?
(si vuestra justicia no fuere mayor que la de escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos).
El contexto demanda que entendamos plenamente el significado de “ser saciados con justicia.” El Señor concede a tal persona hambrienta y sedienta los deseos de su corazón pero al mismo tiempo aumenta ese mismo deseo de hambre y justicia (Juan 4:14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna; 6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás). Una paradoja que refiere el mismo Pablo cuando dice “yo sé en quién he creído… (2 Timoteo 1:12) quiero saber más!Filipenses 3:10).
El resto del capítulo ofrece 6 ejemplos de cómo nuestra justicia debe sobrepasar la de escribas y fariseos (los escrupulosos guardianes de la ley):
v.21-26, no matar y aún más, no guardar rencores sino procurar la paz;
v.27-30 no cometer adulterio, aún más, no codiciar las personas;
v.31-32 no condonar el divorcio solo por la provisión legal del AT, sino aún más, preservar nuestros compromisos;
v.33-37 no solo mantener nuestros pactos sino aún más, ser la clase de personas que no necesita hacer juramentos;
v.38-42 no sacar ojo x ojo, sino aún más, colocar la otra mejilla y devolver bien siempre
v.43-48 no solo amar a nuestra vecina sino aún más, amar a nuestro enemigo y orar por quienes nos persiguen.
Misericordia, pureza de corazón, hacedores de paz: todo ello implicado en la palabra “justicia”.
Vivir conforme a la voluntad de Dios.
En esencia, ser justos es pureza absoluta de carácter, es traer todo el hombre interior a conformidad con la mente y voluntad de Cristo. Va de la mano con la palabra santidad. Cuando la escritura señala que Dios es santo significa que no hay pecado en él, no hay oscuridad; ¿anhelamos ser así? (1 Corintios 1:30 Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención). Hambre y sed de justicia es hambre y sed por Cristo mismo.
¿Perfección? Cuando lleguemos al cielo, correcto. Pero mientras tanto que nuestro anhelo sea ser conformados cada vez más a imagen de Cristo aquí en la tierra; ser santos en todo lo posible al ser hechos salvas. Hay un ciclo de crecimiento sencillo de entender si recordamos que la justicia del texto se refiere a vivir conforme a la voluntad de Dios, no a mera obediencia de reglas.
Y aquí entra de nuevo la famosa voluntad de Dios: ser salvos, llenos de su Espíritu, santos, sumisos, sufridos (sí), obedientes de corazón (acto de adoración).
Naturalmente habrá persecución (2 Timoteo 3:12 Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución). El costo de adoptar el carácter de Cristo es identificarse con el sufrimiento de Cristo.
¿Anhelamos este carácter sin que importe el costo?
¿Se dan cuenta que quienes carecen son los bienaventurados en el reino de los cielos?
Carecen de recursos espirituales, carecen de comodidad, carecen de agenda propia, carecen de justicia… y son llamados ¡bienaventurados!
En el Antiguo Testamento, la justicia se asocia al pacto de Dios. Dios es fiel al pacto. Dios siempre hará lo que deba hacer, es decir cumplir sus promesas. Por ello es que asociamos la palabra “justicia” a juicio o a salvación; sin embargo nos quedamos cortas, pues pensamos solo en condenación. Pero Dios no limita su justicia: (Isaías 32:17 Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre). Nos dice y luego explica su significado.
Si analizamos, nos daremos cuenta que sentir hambre o sed es una necesidad consciente, pero es también desagradable si no podemos satisfacerla [nadie disfruta pasar hambre]. Por otro lado es una sensación útil, nos recuerda la subsistencia del cuerpo. Y por último es una sensación muy real, nada imaginaria.
Así que tener hambre y sed de justicia tiene muchas caras.
anhelo de relación correcta con Dios, y por tanto ser justos delante de él;
anhelo de vivir en este mundo rectamente delante de él
anhelo de ver relaciones justas restauradas en la vida de otros
¿Conocemos este anhelo de ser cada vez más parecidas a Cristo?
(Romanos 7:14 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 2 Corintios 5:4 Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida) ¡Gemimos!
La justicia que buscamos posee tres dimensiones (nuestra correcta relación como debiera ser):
primeramente es provista por JC mismo (2 Corintios 5:21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él);
recibir a Cristo como nuestro Salvador, es decir, verle como Salvador que nos libra del poder del pecado y de su influencia; no solo perdona sino que además obra en nosotros el querer como el hacer en correcta relación con Dios ( Romanos 5:21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por [a través] la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro). No es posible tomar el regalo de Cristo (perdón) pero negar sus demandas (vida justa). Es lo que D. Bonhoeffer denominó “gracia barata”: un Salvador que nos deja tal cual estábamos, no es posible
Esta distinción es clave, luego algunos hablan de “cristianos carnales” y de “cristianos espirituales.” (citan 1 Corintios 3:1-4 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía,porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?). Sin embargo, el punto de Pablo es que quienes no muestran una práctica de justicia se comportan como gente que no son cristianas, no que muestren un “cristianismo inferior.” Tales personas son un manojo de contradicciones.
3) la tercera dimensión es que anhelamos ver la justicia de Dios establecida en todas partes. Vivir en integridad moral y vivir en relaciones justas. Evangelismo y misiones (reformas sociales) son temas que van juntos. Cada parte es una aplicación de nuestro anhelo que prevalezca la justicia en el mundo de Dios (Mateo 6:10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra).
Carácter tiene hambre y sed de justicia. (Juan 7:37-39a En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo). ¡Ríos de agua viva! El consuelo del ES una vez creemos y somos salvas: fe y arrepentimiento son la clave. Creer lo que Dios dice de sí mismo y sobre nosotras. Por tanto, quien confía en Cristo muestra las características del ciudadano del reino de los cielos. Saciadas desde el instante mismo que tenemos hambre y sed de justicia y acudimos a Cristo, igual que el publicano, una y otra vez. Es un proceso continuo de santificación progresiva hasta ser completado (1 Juan 3:2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es). Una paradoja, pues al ser saciadas, tenemos más hambre y sed de Cristo mismo.
Los discípulos han empezado a comprender que este reino de los cielos, como su rey, son completamente diferentes a los reinos terrenales que conocen. Este es un reino donde el primero será último, y los últimos, primeros.
Queridas, ¡cuidémonos de las necesidades que el ambiente o el mundo nos crea, se multiplicarán las insatisfacciones! El tema no es que falte esto o aquello, sino que deseamos lo que no debemos o no necesitamos. ¿Será que el pasto parece más verde del otro lado porque tu foco central no es la justicia sino el perseguir otras cosas? Pensemos por un momento en la dedicación que nos lleva a planificar la dieta de cada día, qué comer o qué beber… que nuestra oración sea perseverar en santidad, propia, en relaciones con todos y en el mundo.
Más que otra cosa, la justicia implica pureza de carácter y relaciones correctas -entre nosotros y Dios, entre unos y otros, y en el mundo en general. Nuestra hambre y sed de justicia es producto de necesidad personal, proviene de un corazón quebrantado, y por ello esta bienaventuranza va de la mano con aquella que nos dirige a la calidad del cuidado cristiano que distingue al verdadero creyente.
Porque Él nos rescató del dominio de las tinieblas, y nos trasladó al reino de Su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados.
Este pasaje habla de dos reinos. Un primer reino donde reinan las tinieblas y un segundo reino donde reina el Hijo amado. ¿Qué imagen te viene a la mente cuando piensas en el reino de las tinieblas? ¿Un lago de fuego? ¿Satanás y sus secuaces? ¿Una imagen de demonios en una dimensión paralela? Siento decepcionarte, pero quizás ninguna de estas imágenes sea apropiada para representar este reino. De hecho, es verdad.
Satanás es el “príncipe de este mundo” (Juan 14:30, NVI), pero ¿sabes cuál sería una mejor imagen para ilustrar lo que es la “tiniebla”? Una playa de arena blanca rodeada de palmeras, el último teléfono inteligente, el logotipo de Netflix o tal vez un gran cartel rojo que dice «Oferta». ¿No estás de acuerdo conmigo? Piensa por un momento en la misma palabra “oscuridad”. ¿Por qué crees que Pablo define este reino con esa palabra (y no con otra) en la carta a los Corintios? La razón es que los que viven bajo esta regla se caracterizan por su incapacidad para ver.
La imagen se puede comparar con la de una persona que se encuentra en una carretera, conduciendo a través de una densa niebla que le impide ver el camino. La “tiniebla” empaña, oscurece, desorienta o, en términos bíblicos, produce ceguera (2 Corintios 4:3-5). ¿Qué es lo que no puedo ver cuando estoy bajo este reino? Dos grandes realidades.
Primero, no puedo ver el engaño del pecado. No veo que unas vacaciones en la playa, el último artilugio tecnológico o ver una serie de moda sea incapaz de llenar mi corazón y dejarme satisfecho. La esencia del reino de las tinieblas es el engaño de la mente. Cuando alguien vive en este reino, es seducido a elegir un camino que promete satisfacer todas sus esperanzas, pero en cambio ofrece segundos de placer y finalmente lo deja con un profundo vacío y un corazón adicto.
Aunque naturalmente hay excepciones, vivir en “tinieblas” no es estar poseído por un demonio, es estar poseído por el mundo. El reino de las tinieblas es el reino de vivir por el dinero, de percibir el éxito personal como tu objetivo final en la vida, de buscar desesperadamente la aprobación de los demás, de administrar tu tiempo de la manera más cómoda posible, de glorificar tu independencia, de no tener “apegos”, de estar emocionalmente desapegado de quienes te rodean; es el reino de vivir atrapado en una vida virtual irreal en el mundo ficticio de las redes sociales y cosas de naturaleza similar.
En definitiva, es vivir dominado por los mismos valores engañosos de quien vive sin Cristo; es decir, sin verdadero significado ni valor, y de manera completamente egocéntrica y empobrecida (Efesios 2:1-3).
Segundo, ¿sabes por qué se llama el reino de las “tinieblas”? Porque me impide ver el valor del Hijo. El reino de las tinieblas apaga, desdibuja u oscurece el atractivo del OTRO reino, el del Hijo Amado (2 Corintios 4:4). ¿Puedes verlo ahora? La “tinieblas” es todo lo que oscurece la belleza de Jesús; es cualquier cosa que eclipsa su valor; eso enturbia su atractivo.
¿Sabes que? Es bastante común definir el pecado como “hacer algo malo”, pero el pecado es algo mucho más profundo que eso. “Cualquier cosa que debilite tu razón, perjudique la ternura de tu conciencia, oscurezca tu sentido de Dios, te quite el gusto (gusto) por las cosas espirituales… esa cosa es pecado para ti, por inocente que parezca en sí misma.” ¿Qué es la idolatría? Vivir para el reino equivocado.
Ora y medita a lo largo del día:
¿Qué nubla mi afecto por Cristo hoy? ¿Qué apaga mi deseo de vivir cerca de él? ¿Qué reino gobierna sobre mí?
UN AÑO DE CAMBIOS: Un devocional centrado en disfrutar a Dios. Nicolás Emilio Tranchini. Cortesía del Hno. Hans Olivares.
El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.
La clave para obedecer la ley de Dios es el amor. Cuando amamos a los demás, automáticamente obedecemos la ley. Usted no cometerá adulterio si ama a alguien. Es porque el amor no corrompe a otros ni roba su pureza. Solamente la lujuria y el egoísmo hacen eso.
Si usted ama a alguien, su amor hace inservible el mandamiento de no matar. No necesito que se me recuerde que no mate a las personas si las amo. Cuando usted ama a alguien, tampoco le robará. Por lo tanto, no necesita que se le diga que no robe. Ni codiciará lo que es de otro cuando lo ama.
«Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» (Romanos 13:9).
El amor no substituye la ley; cumple la ley. Mediante el amor, usted puede cumplir el amor de Dios.
El poder de las palabras es doble: construir o destruir. El consejo del apóstol Pablo hoy es que; «ninguna palabra corrupta salga de nuestras bocas». Las palabras no son otra cosa sino la expresión de tus sentimientos, si éstos han sido heridos por las circunstancias, lo más probable es que tus palabras expresen la condición de tu corazón herido. «…Porque de la abundancia del corazón habla la boca.» (Mateo 12:34).
¿Existe algun remedio para este mal? Sí, el remedio se llama nuestro Señor Jesucristo. El vino para sanarnos; puedes depositar sobre El tus ansiedades, tristezas y aflicciones. El colocará su ungüento sanador en las llagas más profundas de tu corazón, calmará tus dolores y dará vida a tu espíritu, «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.» (1 Pedro 5:7). Entonces, la fuente de tu corazón será un manantial de agua pura y tus palabras un instrumento de edificación para todos.
«El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.» (Mateo 12:35-37).